El desmoronamiento del mundo socialista en Europa Universidad de Costa Rica Escuela de Estudios Generales Sección de Historia de la Cultura Consejo Editorial de Cuadernos de Historia de la Cultura Dr. Mauricio Menjívar Ochoa (coordinador) Dr. Roberto Marín Guzmán Dra. Erika Gólcher Barguil M. Sc. Carolina Mora Chinchilla Dra. Carmen Fallas Santana Licda. Valeria Morales Rivera Magister William Elizondo Calderón M. Sc. Javier Agüero García Universidad de Costa Rica Escuela de Estudios Generales Sección de Historia de la Cultura Javier Agüero García 28 Cuadernos de Historia de la Cultura 2 0 1 9 Edición aprobada por la Comisión Editorial de la Universidad de Costa Rica. Primera edición: 2016. Primera reimpresión: 2019. Editorial UCR es miembro del Sistema de Editoriales Universitarias de Centroamérica (SEDUCA), perteneciente al Consejo Superior Universitario Centroamericano (CSUCA). Corrección filológica: María Benavides. • Revisión de pruebas: Gabriela Fonseca. 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SOCIALISMO – HISTORIA – PAÍSES COMUNISTAS – 1945-1989. 2. PAÍSES COMUNISTAS – POLÍTICA Y GOBIERNO – HISTORIA. I. Título. II. Serie. CIP/3384 CC/SIBDI. UCR · A Adys, por su comprensión y apoyo durante la preparación de este fascículo. · ix · AGRADECIMIENTO · Estoy en deuda con Erika Gólcher, coordinadora de la Sección de Historia de la Cultura, por sugerirme que escribiera este fas- cículo dentro de la serie de cuadernos redactada por profeso- res de dicha cátedra. Además, quiero dejar constancia de mi gratitud a Mauricio Menjívar, coordinador de la Comisión de Cuadernos de Historia de la Cultura, quien, desde su condición, atendió un sinnúmero de dudas surgidas a lo largo del proce- so de preparación del documento. Asimismo, no tengo con qué pagar los atinentes comentarios al manuscrito que hicieran en diferentes momentos Eduardo González, Roberto Marín y Ro- berto Vindas; todos compañeros de la academia. A todos, muchas gracias por la dedicación de su valioso tiempo que, sin duda alguna, redundaron en la mejora del documento que se presenta al lector. Además, agrego que las omisiones y errores de contenido y de forma de este fascículo son entera responsabilidad del autor. xi · CONTENIDO · ABREVIATURAS ............................................................................................................................................................................ xiii INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO DE LA HISTORIA CONTEMPORÁNEA ................................................... xv · 1 La Segunda Guerra Mundial: un referente necesario ............................................. 1 · 2 El socialismo realmente existente: 1945-1989 .................................................................... 13 La consolidación de una economía planificada ....................................................................... 13 Una sociedad controlada ........................................................................................................................................ 22 El autoritarismo en los años de la Guerra Fría.......................................................................... 31 · 3 El derrumbe del socialismo realmente existente, 1989… ..................................... 43 Hacia una economía de libre mercado ................................................................................................ 44 Los dilemas de la sociedad ................................................................................................................................... 56 El desmoronamiento de los Estados nacionales...................................................................... 64 CONCLUSIONES ........................................................................................................................................................................... 83 GLOSARIO .......................................................................................................................................................................................... 91 ANEXO .................................................................................................................................................................................................. 103 BIBLIOGRAFÍA .............................................................................................................................................................................. 105 ACERCA DEL AUTOR .................................................................................................................................................................. 113 xiii · ABREVIATURAS · BRICS Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica CEI Comunidad de Estados Independientes COMECON Consejo de Ayuda Mutua Económica EUA Estados Unidos de América OTAN Organización del Tratado del Atlántico Norte PCUS Partido Comunista Soviético RDA República Democrática Alemana RFA República Federal Alemana UE Unión Europea URSS Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas xv · INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO DE LA HISTORIA CONTEMPORÁNEA · La comprensión adecuada del mundo actual pasa por el tamiz del reconocimiento de la realidad social a través de la historia, disciplina encargada del estudio del pasado que proporcio- na los insumos necesarios para interpretar el acontecer más inmediato. Lo sucedido en el tiempo más próximo conforma una historia reciente. La importancia de establecer el vínculo del pasado con el pre- sente es consustancial a la historia como un saber encargado de acercarse al mundo pretérito para, a partir de ahí, identifi- car aquellos elementos que pueden dilucidar de manera crítica el acontecer más próximo. Los problemas de hoy, transmitidos por distintos periódicos y noticieros, deben ser ubicados ne- cesariamente en una perspectiva histórica; de lo contrario, se incurriría en el error de asumir que lo acaecido en el mundo circundante es producto de un presente sin más. Según esta úl- tima forma de aprehensión de la realidad tan generalizada, que vive en un aquí y un ahora totalmente desvinculado del ayer; se reduce el acontecer a ser comprendido con la simple y llana lectura de lo ocurrido en la inmediatez. Este es el núcleo de la corriente presentista que ha renunciado al conocimiento del pasado de las sociedades y de las diferentes culturas. El historiador E. Hobsbawm advertía que a la sociedad contem- poránea le importa un bledo el pasado al grado que no fue capaz de reconocer la significancia de la visita de François Mitterrand a los Balcanes un 28 de junio de 1992: exactamente la misma xvi El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · fecha en que se inició la Primera Guerra Mundial 78 años antes (Hobsbawm, 1996). Nadie tuvo la delicadeza intelectual de ha- cer ver la coincidencia de la fecha; continúa el mismo historia- dor británico afirmando que este significado histórico si acaso lo recordaban personas de su misma generación –E. Hobsbawm había nacido en 1917–; pero para el ciudadano común, el día y el mes de la visita de F. Mitterrand a Sarajevo, la capital de Bosnia- Herzegovina, pasaron desapercibidas. Esta forma de asumir el presente sin reconocer el pasado también conlleva el riesgo de escoger, según lo dictado por la conveniencia, lo que interesa recordar para un fin determinado. En palabras del estudioso de la historia T. Judt: Hoy sin embargo, nos tomamos el siglo pasado con ligereza. Desde luego, lo conmemoramos por todas partes: museos santuarios, inscripciones, patrimonios de la humanidad, incluso parques temáticos históricos son recordatorios pú- blicos del pasado. Pero el siglo XX que hemos elegido con- memorar tiene un carácter muy selectivo. […] El siglo XX está así en camino de convertirse en un palacio de la memo- ria moral… (Judt, 2011: 15). El olvido y la propensión a confundir la historia con una memoria selectiva en su labor de conmemorar el ayer, se han constituido en obstáculos para ubicar el pasado en una correcta dimensión. En este ensayo, se tratan de reconocer los vínculos con un pasado para abordar la historia europea del centro-este y de la Unión So- viética: el espacio del mundo que, en algún momento de la histo- ria, se denominó como los países ubicados al otro lado del “Telón de Acero”, como los llamaría en un discurso Winston Churchill en 1946. Se analizan, por tanto, aquellos estados que siguen sien- do noticia hoy y que conformaron el Bloque Socialista durante los tiempos de la Guerra Fría. Así, Sarajevo –la ciudad visitada por quien fuera el presidente francés– es también, al igual que otras regiones, objeto de estudio de este fascículo de historia. xvii · Volumen 28 · El desmoronamiento del mundo socialista en Europa La pregunta generadora que guía la exposición temática es la siguiente: ¿Cuál fue la transformación operada en el centro-este euro- peo y la Unión Soviética luego de la debacle del socialismo realmente existente? Las interrogantes secundarias se ofrecen a continuación: ¿Cuáles fueron los cambios ofrecidos en materia económica? ¿Cuál fue la transformación en términos sociales? ¿Cuáles fueron los cambios operados en el ejercicio del poder? Para responder a estas inquietudes, se toman en cuenta los as- pectos siguientes, a guisa de comentarios asociados a la historia como saber para ser considerados en la lectura de los apartados por desarrollar. En razón de que la historia es estrictamente social, su in- terés radica en estudiar todo aquello que huela a carne hu- mana (Bloch, 1992). Además, la historia se divide en partes para su análisis; por eso, en este escrito se utilizará esa mis- ma forma de abordaje, la que data de la época de la Ilustra- ción: economía, sociedad y política. F. Braudel (1970) decía que el tiempo para el historiador es como la tierra a la pala del jardinero (97); esta analogía to- davía tiene vigencia porque sin tiempo no hay historia, de ahí el interés de profundizar en las raíces que dieron origen a las características reconocidas hoy en esas sociedades. Por eso, en este escrito se hace un esfuerzo por reconocer los antecedentes del mundo bipolar. Aunque el título de este ensayo indique que se aborda lo su- cedido con la caída del socialismo realmente existente, debe señalarse que esta historia es un continuum, como todas las historias posibles, que hunde sus raíces en tiempos pretéritos xviii El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · a la conclusión misma de la Segunda Guerra Mundial. Por eso, se optó por pasar revista, en un breve apartado inicial, al análisis de las implicaciones de esta conflagración bélica sobre las que se fraguó el mundo bipolar. Luego del análisis de la situación hacia 1945, se aborda pro- piamente la transformación enunciada en la pregunta gene- radora. Para ello, se opta por poner en relieve las condiciones y características del centro-este europeo y de la Unión So- viética antes y después del colapso del proyecto socialista; en razón de que el cambio social –o más bien, el cambio histó- rico– debe verse en una dimensión claramente diferenciada, o si se quiere decir, por un punto de inflexión que en este caso lo constituyó la convocatoria de elecciones libres en el centro-este europeo y la disolución de la Unión Soviética. Finalmente, los dilemas y desafíos de estas sociedades que otrora formaron parte del bloque soviético, se analizan en un apartado final, el cual, aunque sea titulado como conclu- siones, está muy lejos de cumplir dicho cometido dado que, como toda historia, todavía sigue en construcción. Como complemento, se incluyen al final dos secciones: la primera es un glosario con el propósito de aclarar al lec- tor aquellos vocablos que forman parte del conocimiento historiográfico del espacio tratado; la segunda es un anexo constituido por una tabla ordenada alfabéticamente, con los períodos de gobierno de las figuras políticas mencionadas. 1 1 La Segunda Guerra Mundial: un referente necesario Para comprender mejor lo sucedido a raíz de la Segunda Gue- rra Mundial, es menester ubicarse en la misma naturaleza del siglo XX en que está inmersa la edad contemporánea. En una perspectiva de largo plazo, fue una fase histórica derivada de la articulación de un sistema mundial, basada en la lógica de la expansión imperial, iniciada en el último cuarto del siglo XIX (Barraclough, 1980). La última parte de esa centuria tuvo efectos directos sobre lo sucedido en el siglo que le sigue. Al respecto, se pueden denotar dos grandes razones: a. Porque el período de 1870 a 1914 fue una época en que se afianzó el poderío imperialista por parte de las potencias de turno: Inglaterra, Francia y Alemania, entre otras, que se re- partieron el mundo en la Conferencia de Berlín (1884-1885). b. Porque la misma historia del poder se vuelve una historia mundial: fue en esos años cuando se amplió el afianzamien- to de Europa, en razón de la expansión colonial por todo el globo (Comellas, 2000). La primera mitad del siglo XX, estuvo, por tanto, marcada por la violencia y la destrucción; en gran medida, fue una época en la que, en el parecer de J. Casanova, “Europa luchó en contra de Europa” (Casanova, 2011: 11). Una vez concluida la Primera 2 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · Guerra Mundial, los europeos se dieron cuenta de que podían autodestruirse, los imperios perdieron la hegemonía mundial que databa del siglo XVI con la época de los descubrimientos y, por último, entre todos sin reparo desbarataron sus ilusiones. La década de los veinte embargó de desesperanza sobre todo a los jóvenes; el mundo de sus padres había caído en pedazos. Para E. Hobsbawm (1996), la segunda mitad del siglo (1945- 1991) inició con la finalización de la Segunda Guerra Mundial y culminó con la disolución de la URSS. Fue una parte de la histo- ria de la humanidad más amplia definida como una edad de los extremos. Sus características y sus implicaciones se remontan al inicio mismo del siglo XX, que inició con la Gran Guerra (1914-1918); con ella se inauguró una época de catástrofes que abarcó el primer conflicto global, que continuó con el período de entreguerras y culminó con la Segunda Guerra Mundial. En lo que respecta al área geográfica del centro-este europeo y de la Unión Soviética, se pueden destacar los elementos siguien- tes de los diferentes países, a manera de grandes continuidades que van desde 1870 hasta 1945. • Eran herederos de una condición social sui generis, en mu- chos de ellos todavía imperaba la servidumbre como forma de organización en el seno de la producción y la manera de ejercer el poder se basaba en el autoritarismo. Las nociones de ciudadanía y de soberanía, pilares de la modernidad polí- tica occidental, no habían llegado más allá del este del Elba. • Aunque en el Imperio ruso se había abolido la servidumbre durante la segunda mitad del siglo XIX, lo cierto es que los Romanov dejaron intacta la estructura agraria y, por tanto, la sociedad –campesina mayoritariamente–, quedó siempre en desventaja dado el tamaño desproporcional de las fincas (Fitzpatrick, 2009). La mayor parte de los habitantes dependían fuertemente de la agricultura. 3 · Volumen 28 · El desmoronamiento del mundo socialista en Europa • En Rusia, el ejercicio del poder caía dentro del perfil de- nominado como autoritarismo; el soberano gobernaba sin control de otra instancia. Pese a que existían instituciones legislativas como la duma, su convocatoria era irregular. • El impacto de la Gran Guerra (1914-1918) tuvo conse- cuencias que marcaron el destino de estos territorios en la medida en que, en primer lugar, ocasionó la caída de la di- nastía Romanov en el Imperio ruso en 1917; la revolución bolchevique inauguró una nueva forma de gobernar bajo la estela del socialismo. En segundo lugar, la disolución de los imperios conformó unidades territoriales nuevas: los es- tados de sucesores de Yugoslavia y de Checoslovaquia; la una aglutinaba a los eslavos del sur como los serbios y los bosnios, además de poblaciones occidentalizadas como las cristianas, las croatas y las eslovenas. Mientras tanto, la otra juntaba dentro de sus fronteras a bohemios, a eslovacos, a checos y a poblaciones alemanas (los sudetes). Por último, en un tercer lugar, se incluían todos los territorios que for- maron parte del frente oriental liberado por los soviéticos a partir de 1945. • A partir de la conferencia de Yalta en 1945, el ganador de la Segunda Guerra Mundial no fue el capitalismo ni la demo- cracia liberal, más bien fue la Unión Soviética la que salió favorecida con su poderío militar, merced a la ampliación de sus fronteras (sin contar las anexiones de los estados bálticos). Recuérdese que Estados Unidos era una potencia industrial con un ejército reducido, mientras que la URSS era un país con una economía primitiva pero con un masi- vo número de soldados. Por el otro lado, el socialismo salió triunfante dado que nunca antes al este del Elba se había instaurado un sistema bajo la ley estalinista. Los países llegaron a convertirse en satélites del gobierno de Moscú (Vinen, 2000; Berstein, 1996). Véase mapa N.° 1. 4 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · • En Asia Central, cientos de miles de kilómetros cuadrados, que eran heredados del expansionismo ruso propio de los Romanov fueron adicionados en el período de entreguerras mediante el mecanismo estalinista de la “autodetermina- ción proletaria”, consistente en el acto de la incorporación a la Unión Soviética (Johnson, 1993). • Además de los territorios anteriores, entre el período que va desde la firma del Pacto Germano-Soviético (1939) y la fina- lización de la Segunda Guerra Mundial, los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) fueron incorporados a la URSS. Se habían escindido del imperio zarista al final de la Gran Guerra (Biagini y Guida, 1996). Véase mapa N.° 2. MAPA N.° 1 El mundo del socialismo: Centro-este europeo y la Unión Soviética (1949-1989) MAPA N.° 2 La Unión Soviética antes de la Perestroika 9 · Volumen 28 · El desmoronamiento del mundo socialista en Europa El resultado fue más que evidente en el mapa: la URSS se había constituido, para 1940, en el Estado de mayor extensión de la Tie- rra, con aproximadamente 22 millones de kilómetros cuadrados; era casi dos veces y medio más grande que Estados Unidos. A lo ancho, por su dimensión longitudinal, comprendía once husos horarios diferentes y con amplio potencial de recursos naturales, véase al respecto el cuadro N.° 1. CUADRO N.° 1 La Unión Soviética: sus repúblicas para 1990 República Generalidades Actividades económicas Rusia Primer lugar en extensión territorial. Población mayormente rusa. Presenta un estancamiento demográfico. Agricultura, ganadería y pesca. Produce gas natural, petróleo y carbón. Estonia Un tercio de la población es rusa. Produce maderas y pesca. Produce petróleo y electricidad para Rusia. Letonia Luterana con minoría católica. Es urbana e industrial. Produce bienes de consumo, instrumentos científicos y maquinaria. Lituania Población mayormente católica (80 %). Agricultura: cereales, remolacha azucarera y papas. Ganadería. Produce oro. Bielorrusia Paisaje dominado por bosques, llanuras y colinas. Perdió la cuarta parte de la población durante del Segunda Guerra Mundial. Produce lino y papas. La capital, Minsk, es altamente industrial. Produce maquinaria y equipo eléctrico. Ucrania Segundo lugar en extensión territorial. En 1954 le fue adicionada la península de Crimea. Habitada por la quinta parte de la población de la URSS. Granero de la URSS. Con ricos yacimientos de hierro y de carbón. Moldavia Población mayormente rumana. Productora de uvas y de vino. Georgia Territorio entre montañas. Lugar de nacimiento de J. Stalin, allí estudió sacerdocio. Produce más del 90 % del té de la URSS. Continúa en la página siguiente... 10 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · República Generalidades Actividades económicas Armenia La más pequeña en extensión territorial. Cristiana en su mayoría. Parte de su población padeció un genocidio durante la Primera Guerra Mundial. Dedicada a la agricultura. Produce uvas y un brandy altamente cotizado. Además produce aluminio e industria química. Azerbaiyán Con predominio de tierras bajas. Con presencia de armenios. Conflictos étnicos. Baku, puerto petrolero, es la capital. La quinta ciudad en tamaño de la URSS. Produce algodón, uvas y sedas. Turkmenistán 90 % es desierto Segundo lugar en menor población. Triplicó sus tierras arables gracias a la construcción del canal Kara Kum (1450 km de longitud). Uzbekistán Tercer lugar en extensión territorial. Usó desmedidamente el Mar de Aral para la irrigación. Productor por excelencia de algodón. Tayikistán Tierra de alturas (7495 msnm). Población descendiente del imperio persa. Alta tasa de natalidad. Ganadería. Produce algodón. Kazajistán Es un altiplano. Población desciende de cosacos. Cosecha la tercera parte del trigo. Además produce zinc, cobre y plomo. Kurguistán Hablan turco. Gran productor de lana. Extrae carbón y mercurio. Fuente: Elaboración propia basada en Soviet Union (map). National Geographic. marzo, 1990. López, José María (editor). (2001). Diccionario de Historia y Política del siglo XX. Madrid: Tecnos. Contrariamente a lo sucedido con el final de la Gran Guerra en 1919, la Segunda Guerra Mundial no tuvo un Versalles ni una Paz de París; más bien, se caracterizó por una serie de acuerdos –muchos no consensuados– de diferentes conferencias con par- ticipación de los dignatarios llamados aliados, que reaccionaron indignados frente a la expansión de los fascismos en diferentes partes del globo. 11 · Volumen 28 · El desmoronamiento del mundo socialista en Europa Pero, ¿por qué no hubo un armisticio como el de Versalles una vez terminada la guerra que había dejado un saldo de más de cua- renta millones de víctimas mortales, entre militares y civiles? En parte, la respuesta radica en que los grandes vencedores de 1945 –que eran únicamente dos– tenían visiones del mundo diame- tralmente opuestas. Estados Unidos y la Unión Soviética poseían objetivos mutuamente excluyentes: el primero, en favor de elec- ciones libres, y el segundo, en defensa del control efectivo de las regiones liberadas durante la guerra devastadora. Ambos poderes no tenían rival alguno, recuérdese que las metrópolis imperiales –que habían llegado a su cenit durante 1914– fueron barridas por la misma guerra que los hizo consu- mir sus energías y sus recursos. No en vano se menciona que las conferencias de Yalta y de Postdam ya mostraban a Churchill, el primer ministro británico, muy extenuado por una guerra en la que incluso la misma ciudad de Londres no se libró del bom- bardeo de la Luftwaffe alemana. Para la conferencia de Yalta, celebrada en Crimea en febrero de 1945, el mapa geopolítico europeo se definía claramente para que, una vez acabada la contienda, la Unión Soviética controlara aquellos territorios que el Ejército Rojo habría liberado del po- derío nazi; y por otro lado Estados Unidos se “conformaría con el control del occidente europeo”. Josif Stalin fue enfático en sus decisiones en torno al control de los estados puestos a salvo de los nazis por la acción de su artillería. Por otra parte, el poder occidental encabezado por Estados Unidos, asumió tácitamente que J. Stalin –que gobernaba la URSS desde 1924– se hiciera con la influencia de Alemania del Este, Checoslovaquia, Yugo- slavia, Hungría, Bulgaria, Polonia y Rumanía. Esto era parte del arreglo en el que W. Churchill y F. Roosevelt preferían dejar al líder soviético con el control de Europa, para que, a cambio, la URSS rompiera el acuerdo de no agresión con Japón y así cola- borase, junto con los aliados occidentales, en la rendición de la 12 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · potencia nipona una vez que se diera la capitulación alemana (Stone, 2013). A la luz de los elementos anteriores se debe entender, entonces, que el impacto de la Segunda Guerra Mundial se prolongó más allá de 1945 y sus consecuencias fueron decisivas en el centro- este europeo. Según N. Stone, su alcance fue tan importante que estuvo presente por toda una generación, porque no fue hasta la unificación de los dos estados alemanes, ocurrida en 1989, cuando por fin se firmó un armisticio de aquella conflagración bélica iniciada en 1939. Este hito ocurrido a partir de la caída de Muro de Berlín, junto con la disolución de la URSS, marcó el final definitivo de esta guerra (Stone, 2013). La desintegración del mundo socialista en el centro-este europeo es un punto de inflexión que estableció un antes y un después. Para el historiador británico en mención, 1989 fija el cierre de una era que acabó con la destrucción de una experiencia socialista. 13 2 El socialismo realmente existente: 1945-1989 La consolidación de una economía planificada Como se observó con antelación, una vez concluida la Segunda Guerra Mundial se impusieron en la historia de Europa dos rea- lidades, que en el fondo fueron dos caminos opuestos para hacer- le frente al dilema económico triple dimensional de qué producir, y cómo y para quién producir. En el caso del occidente europeo, la recuperación estuvo marcada por la inyección de capitales es- tadounidenses merced a la puesta en marcha del Plan Marshall, que se tradujo en acciones tan elementales como la distribución de azúcar en Londres y la entrega de pan en Grecia, a partir de 1948. En tanto que en los países ubicados al este del Telón de Acero, se puso en vigencia el modelo de planificación económica caracteri- zado por la dirección monopólica por parte del Estado en cuanto a la producción y a la distribución de los bienes. Después de 1945, se nacionalizaron las fábricas en los países del bloque del centro- este. Esto como extensión de lo practicado en la URSS durante los años treinta y la Segunda Guerra Mundial. La estructura estable- cida para hacerle frente al problema económico se vio inalterada durante los tiempos de la amenaza y de la expansión nazi, en gran medida gracias al sustancial aporte de la puesta en marcha del “sis- tema vinculante”, el que permitía a los campesinos la explotación privada de una pequeña fracción de las granjas. Además, no debe 14 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · soslayarse el hecho de que el modelo socialista subsistiera a la guerra a causa de la ayuda proporcionada por Estados Unidos al Estado dirigido por J. Stalin. Aunque parezca paradójico, luego de la larga batalla de Stalingrado (desde agosto de 1942 hasta febrero de 1943), el ejército soviético terminó desgastado y ante ese panorama, el gobierno de Washington les envió combusti- ble, aviones de combate, tanques, alimentos enlatados y apa- ratos de comunicación; de estos últimos carecían del todo las tropas del Ejército Rojo. Cuantificada en dólares esta inyección en especie se calcula en 10 000 millones (Zamagni, 2011). Para 1945, la URSS se veía a sí misma como un Estado que ha- bía salido fortalecido con la guerra mundial y además se consolidó como imperio por medio del socialismo (Burbank y Cooper, 2012). En materia de inversión destinada a la carrera militar basada en la fabricación de armas sencillas y robustas, parecía que sus mejores tiempos estaban por venir, pues de hecho este rubro de la manufactura rindió altos réditos; sobre todo en cuanto a la percepción que tenía Occidente acerca de la URSS. Sin embar- go, no todo era alentador en otros ámbitos de la vida económica, debido a que luego de 1945 se pusieron en vigencia políticas que dejaron en entredicho el presunto éxito de esta economía. En primer lugar, el nivel de la innovación aplicado a la industria y a la agricultura no fue tal: todavía se importaba tecnología, como se hacía en los años treinta. Se llegó al extremo de utilizar los modelos de los tractores estadounidenses de las casas fabrican- tes Fordson, Caterpillar y Harvester; luego de múltiples ensayos no lograron crear un prototipo (Zamagni, 2011). En materia de automóviles, los Lada fabricados en suelo soviético tampoco eran las mejores muestras de utilización de tecnología de punta; pro- bablemente porque la iniciativa privada tampoco estaba bien posicionada en la escala de valores del socialismo. Al respecto, R. Vinen señala que 15 · Volumen 28 · El desmoronamiento del mundo socialista en Europa …Las economías comunistas fabricaban pocos coches, que eran además de mediana calidad. La Unión Soviética no inten- tó siquiera satisfacer la demanda de su población; en los años setenta por cada mil habitantes se producían 4,5 coches al año, mientras que en Francia se producían 60 coches por cada mil habitantes. Cuando la Fiat se avino a abrir una fábrica rusa, los soviéticos acabaron exportando gran parte de su producción, para horror de los italianos, que habían estado convencidos de que los coches allí fabricados no iban a competir en otros lugares con la producción de Turín… (Vinen, 2000: 514). En un segundo lugar, para J. Stalin era fundamental eliminar toda posibilidad de contagio proveniente del capitalismo occidental; para ello, se creó el COMECON en 1949; su objetivo consistía en dotar de ayuda financiera a los diferentes estados del centro-este. Su misma fundación constituía, ya de por sí, una reacción ante el Plan Marshall. Este modelo se inscribió en el diseño de planifica- ción económica centralizado por el Gobierno burocrático que, en materia productiva, caía en el centralismo excesivo; al extremo de que en Leningrado, por ejemplo, las reglas que normaban la entrega de los metales extraídos de las minas eran tan engorro- sas, que sus dueños preferían enviar los camiones a Moscú di- rectamente con el agravante del cuantioso gasto de tiempo y de combustible (Vinen, 2000). En un tercer lugar, la colectivización –una de las acciones que dis- tinguió el mandato iniciado por Lenin con la ayuda de la cheka y consolidadas luego por J. Stalin– tuvo sus primeros resultados en el primer plan quinquenal (1928-1932) (Johnson, 1993). Consistía en la creación de granjas (koljoses) en lugares apartados como Siberia. Su estrategia fue una alternativa frente al reto productivo mientras Occidente padecía los embates de la depresión de los treinta. Los rendimientos del plan distaron mucho de los espe- rados, puesto que el mismo hecho de la compulsión de este tipo de mano de obra opacaba la voluntad individual a tal grado que “el valor del comercio exterior de Rusia después de 1932, era solo 16 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · una quinta parte del correspondiente a 1913” (Burkank y Cooper, 2012: 538). Con la desaparición de J. Stalin de la esfera política, luego de una larga enfermedad en 1953, se dio paso a una relativa bonanza en la historia económica; debido, más que todo, a una coyuntura inter- nacional bastante favorable. En Occidente, esta coyuntura llegó a denominarse como los años dorados y culminó a principios de la década de 1970 (Hobsbawm, 1996). Para esos años de estabilidad económica, el crecimiento real registrado por la URSS –que, vale agregar, ha sido sobreesti- mado por las estadísticas oficiales– se debió en gran medida a las razones que siguen: • La puesta en ejecución de un modelo que privilegiaba la in- yección de capital. Por excelencia, privilegió la modalidad ex- tensiva para extraer los productos de la tierra, o bien en las mismas prácticas industriales. Se dejó de lado la aplicación de tecnologías innovadoras. • Al igual que se vio con antelación, fueron las industrias, principalmente las de tipo pesado, las que registraron un mayor crecimiento. Más allá de la URSS, el plan diseñado por Moscú tenía el cometido de especializar los diferen- tes países por actividades productivas bajo el formato de lo que denominaron división socialista internacional del trabajo (Eichengreen, 2003). De esta manera, no era for- tuito que entonces se pensara en la República Democrática Alemana junto con Checoslovaquia, como los dos estados capaces de dar un impulso en el desarrollo de la industria, esto merced a una supuesta vocación manufacturera. Di- chos esfuerzos redundaron en un despegue discreto de los indicadores macroeconómicos. 17 · Volumen 28 · El desmoronamiento del mundo socialista en Europa El incremento en los indicadores económicos de la URSS se vio aparejado, además, de una alta percepción por parte de occi- dente vinculada con el éxito de la carrera espacial. Así, observó con consternación el lanzamiento del primer Sputnik en octu- bre de 1957. Como si esto no fuera suficiente la URSS, cuatro años después, puso en la órbita espacial al primer ser humano: Yuri Gagarin. Bajo el gobierno de Leónidas Brezhnev, además de ubicarse en una especie de estalinismo blando, con una bue- na dosis de inmovilismo y estancamiento. Paradójicamente, el mundo occidental concebía el poderío soviético con cierta pari- dad con su homólogo estadounidense para la primera parte de la década de 1970 (Brown, 1999). El mismo Brezhnev señalaba, en un discurso en su informe de apertura del XXIV Congreso del PCUS, que el nuevo rumbo de la URSS sería dirigido hacia un “socialismo desarrollado” mer- ced a la implementación de políticas centradas en el fortaleci- miento del poderío del país y en el mejoramiento en el nivel de vida de la población (Service, 2010). No obstante, la realidad distaba mucho de lo pregonado, pues en la vida económica de la URSS y del centro-este de Europa en los años setenta, había indicios suficientemente claros acerca del agotamiento de todo un modelo. Entre algunos de ellos destacan los siguientes: 1. El interés soviético casi exclusivo en aumentar la producción de la industria pesada relegó la manufactura de bienes dedicados al consumo, el mejor ejemplo fue que durante los años setenta solo los altos dignatarios de la nomenklatura –que ya de por sí era costosa de mantener en el sistema– poseían automóvil. Por otro lado, la agricultura quedó rezagada en gran medida por la política de precios: bajos en demasía y artificialmente altos para los bienes manufacturados, el trabajador industrial medio era valorado tres veces con respecto al agricultor medio (Eichengreen, 2003). 18 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · 2. El proyecto elaborado por Moscú de aumentar la producción de carne a partir de la producción de maíz no tuvo los resulta- dos esperados; las condiciones climáticas le jugaron una dura pasada a miles de hectáreas del cultivo oriundo de América. Lo que un siglo antes fuera el granero de occidente cayó a un nivel deplorable al comenzar a depender de las importacio- nes de decenas de millones de toneladas de trigo y de maíz provenientes de Estados Unidos; la carencia de buenas vías de comunicación y las catástrofes meteorológicas echaron a perder productos perecederos, cosechas enteras de cereales y de tubérculos se pudrieron. Ante esta situación, las autorida- des optaron por comprar el faltante de alimentos utilizando las escasas ganancias derivadas de la explotación petrolera (Kennedy, 1998). 3. La misma naturaleza de la estructura productiva de la Unión Soviética, centrada en la fabricación de bienes industriales, no fue suficiente para hacer frente a las nuevas exigencias de la economía de los años ochenta, pues de poco contribuyó a levantar el volumen si al fin y al cabo el parámetro utilizado era casi que el mismo de 1890, “…¿de qué le servía a la URSS que a mediados de los años ochenta produjera un 80 por 100 más de acero, el doble de hierro en lingotes y cinco veces más tractores que los Estados Unidos, si no había logrado adap- tarse a una economía basada en la silicona y en el software?” (Hobsbawm, 1996: 250-251). El gasto exorbitante en materia de armamento condujo, en un viaje sin retorno, a una crisis de la Unión Soviética. Sus autoridades renunciaron a la inversión en sectores medulares como la investigación y la aplicación de nuevas tecnologías y se sumieron sin remedio en el retraso (Kennedy, 1998 y Berend, 2013). 4. El excesivo control ejercido por la misma planificación por parte del PCUS perfiló una dictadura colectiva a la que se sumó, además, una enorme planilla de servidores, durante el gobierno de Brezhnev llegó a contar con 18 millones 19 · Volumen 28 · El desmoronamiento del mundo socialista en Europa funcionarios (García y Lorenzo, 1995; Berstein, 1996), lo cual socavó la iniciativa privada desde sus raíces; elemen- to esencial en la capacidad de innovación. El interés por la industria pesada, aunado a la renuncia de la aplicación productiva sobre los bienes que consumía la gente común, también fueron responsables de la parálisis de la creativi- dad. Con los automóviles manufacturados durante los años setenta, se evidenció el contraste entre los producidos en la Unión Soviética basados en modelos sencillos, por no de- cir obsoletos con respecto a los occidentales. Sus diseños y confortabilidad cambiaban muy poco en contraste con la transformación operada con indiscutible éxito en el mismo sector por parte de los empresarios japoneses. 5. Las repercusiones del shock petrolero, a partir de 1973, gol- pearon indirectamente al bloque socialista. Todo empezó cuando los bancos occidentales captaron los excedentes provenientes del aumento del precio de los hidrocarburos a partir de 1973. Luego, estos entes debían colocar los di- neros –denominados como petrodólares– en préstamos. El bloque del centro-este europeo adquirió compromisos fi- nancieros con esas entidades bajo la figura de empréstitos y pese a que al principio generaron un ligero respiro en sus recursos fiscales, lo cierto fue que el efecto se desvaneció al grado que, hacia 1985, este impulso se había esfumado con el agravante de que los montos de la deuda aumentaban de forma progresiva, sobre todo en Estados con economías abiertas relativamente al mercado desde 1975 como Polo- nia, Yugoslavia, Rumanía y Hungría. En este último país, la misma producción de autobuses Ikarus exportados a China y a América Latina durante la década del setenta, no se vio exenta de las distorsiones causadas por la crisis de prin- cipios de los años ochenta. En tanto, que en Yugoslavia, eran más que notorias las señales de las crisis propias de las limitaciones del sistema mixto de cogestión. Para 20 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · 1980, la inflación era del orden del 250 % y el desequilibrio entre las repúblicas se acentuaba en Eslovenia y en Croa- cia, posesionadas como las más prósperas tiempo atrás (Berstein, 1996). 6. Para muestra un botón: solo en la URSS, que irónicamente era productora de petróleo, la deuda externa pasó de 30 700 millones de dólares en 1986 hasta 54 000 millones en 1989 (Judt, 2012). Checoslovaquia estaba en una absurda situa- ción: debía a sus acreedores occidentales un monto equiva- lente a ocho millones de dólares y, al mismo tiempo, tenía colocado en empréstitos casi la mitad de dicho monto. Los dineros los había prestado a Irak, Siria, Libia, Nicaragua y Cuba. Esta contradicción ocurría paradójicamente en un país donde el ámbito de acción de la planificación econó- mica liderada por el Estado, era menos intensa que en la misma Unión Soviética (Vinen, 2000) (véase cuadro N.° 2). CUADRO N.° 2 Estimación de la deuda de la Unión Soviética y los estados de Europa del Este (en miles de millones de dólares estadounidenses) 1975 1980 1985 1989 Bulgaria 2.3 2.7 1.2 8.0 Checoslovaquia 0.8 5.6 3.6 5.7 RDA 3.5 11.8 6.9 11.1 Hungría 2.0 7.7 11.7 19.4 Polonia 7.7 23.5 27.7 36.9 Rumania 2.4 9.3 6.2 -1.2 Europa del Este 18.8 60.5 57.4 79.9 Unión Soviética 7.5 14.9 12.1 37.7 Fuente: Tomado de Vinen, R. (2000). Europa en fragmentos: historia del antiguo continente en el siglo XX. Barcelona: Península. 21 · Volumen 28 · El desmoronamiento del mundo socialista en Europa Lo más dramático llegó hacia los inicios de la década de 1980 cuando el crecimiento económico de la URSS había descendido a cero (Browm, 1999). 7. En 1986, la explosión de uno de los cuatro reactores de grafito ocurrida en la planta nuclear ubicada en Chernóbil reveló que, en el fondo, este desastre fue algo más que un accidente; fue responsabilidad de una combinación de elementos que adver- tían al resto de la sociedad que algo andaba mal y lo más grave: en 1957 hubo otro “accidente”, el de Cheliabinsk-40, cerca de Ekaterimburgo, del cual el resto del mundo tuvo noticia treinta y dos años después (Jackson, 1998). Los descuidos y la falta de control en el uso de la tecnolo- gía revelan la ineficiencia en ámbitos clave del mundo so- cialista. Lo sucedido en Chernóbil fue devastador; además de dejar un faltante de una sétima parte de la generación eléctrica producida por los cuatro reactores, la radiación li- berada y dispersa en la atmósfera fue equivalente a más de cien veces las bombas lanzadas en suelo japonés durante la Segunda Guerra Mundial. Produjo la reubicación poblacio- nal masiva que aún se siente. El impacto de otros desastres medioambientales, como la contaminación del lago Baikal; la destrucción del mar de Aral, por el excesivo uso de sus aguas en la irrigación de campos desérticos destinados al cultivo de algodón; la destrucción de los bosques de Checo- slovaquia; y la contaminación letal generada por la produc- ción de níquel en Norisk: una superficie del área del tamaño de Italia en Siberia. Todos son ejemplos de la deficiente gestión del sistema (Judt, 2012). 8. Para los años ochenta, la economía de la URSS no era halaga- dora; el gobierno de L. Brezhnev significó una etapa de estan- camiento, al menos así pensaba el ala más reformista; además fue una época marcada por el miedo. Aunque esta imagen contrastara con la opinión de la población veinticinco años 22 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · después, cuando se le concibió como un período sumamente estable de la historia soviética (Gorshkov, 2005). Los sínto- mas que marcaron el gobierno del sucesor de Kruschev eran más que definidos: la erosión de las finanzas públicas ante la venta de petróleo a precios bajos a sus países satélites, po- cas inversiones para la modernización, las catástrofes am- bientales que restaban potencial a sus explotaciones, y por último, la prohibición en el uso de las computadoras y de las fotocopiadoras. Se incubó así un crecimiento negativo, además de una economía de sombra –basada en prácticas del mercado ilegal– que germinaba en medio del hurto por parte de los depredadores de los bienes públicos para su venta posterior. Se establecieron redes clánicas criminales abanderadas de la economía subterránea que realizaban el mercado negro en todos los rubros de la vida social. La eco- nomía informal habría llegado al extremo de abastecer a las mismas empresas estatales (Burbank y Cooper, 2012). En suma, para 1985 cuando Mijail Gorbachov asumió el mando, la Unión Soviética generaba electricidad y ofrecía cobertura de servicios públicos básicos para la población, aunque fueran racionados. Al mismo tiempo, se habían he- cho ingentes esfuerzos por elevar los niveles educativos y de salud; al igual que la subvención al deporte y la cultura (Service, 2010). Empero, no brindaba lo necesario para una sociedad que se percataba de las bondades de un mundo libre y de una economía de mercado al otro lado de la Cortina de Hierro. Una sociedad controlada La huella social dejada por la Segunda Guerra Mundial fue profunda, así lo revelaron las hambrunas ocurridas en Moldavia y en Ucrania entre 1946 y 1947. La reorganización productiva fue asumida por J. Stalin con mano dura mediante la implementación 23 · Volumen 28 · El desmoronamiento del mundo socialista en Europa de la colectivización. Se acabaron aquellas libertades practicadas por los campesinos en sus granjas, en que se les autorizaba co- mercializar al menos parte de su excedente. La respuesta de J. Stalin fue clara: impulsar el crecimiento y la producción mien- tras se difundía una propaganda eficaz a su régimen en medio de la supresión de la libertad y de la individualidad. De paso se emprendía, además, una campaña antisemita para eliminar a los “cosmopolitas desarraigados”: a los judíos; que incluso se les inculpó de un atentado fallido en contra de J. Stalin (Brown, 1999; Berstein, 1996). Estas prácticas de persecución estalinista, denominadas purgas, eran una herencia de tiempos pasados; durante los Romanov, los pogromos habían sido ataques acompañados de saqueo y pillaje contra ese mismo grupo étnico semítico. En sí, las pur- gas se convirtieron en actos de limpieza ideológica que a me- nudo emplearon simulacros de procesos legales en los cuales se acusaba a los sospechosos de organizar complots, acciones de espionaje, de sabotaje y de traición a la patria. La persecución se hacía bajo el pretexto de detener a todas aquellas minorías: alemanes del Volga y tártaros de Crimea, entre otros (Berstein, 1996; Meyer, 2000). En su conjunto, la multiplicidad étnica en la Unión Soviética estuvo presente en esta evolución de manera latente; se puede decir que en ella se encuentra una de las causas de su posterior caída. Desde los tiempos de J. Stalin –llamado por algunos como el zar rojo– se actuó en favor de la intolerancia a través de campañas contra el Islam: trató de obligar a los pueblos túrquicos del Cáucaso y de Asia Central a sustituir su escritura arábiga por la latina, así como la persecución de costumbres tachadas de supersticiosas en favor de un laicismo. Todo esto fue una auténtica “guerra cultural” orientada a la creación de un “hombre nuevo” (Burbank y Cooper, 2012: 537; Berstein, 1996: 153). 24 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · Con la muerte de J. Stalin en 1953 y el inicio del deshielo, ini- ció una serie de cambios sociales graduales que redundaron en algunas reformas en la vida social. La más conocida fue la construcción de viviendas unifamiliares para la población; se dio paso, por tanto, a una nueva concepción de la intimidad a lo interno de cada hogar (Brown, 1999). Además, se pusieron en ejecución políticas sanitarias conducentes a mejorar la calidad de vida de la gente, y se aumentó la esperanza de vida a 64,6 años para 1965. Recuérdese que ese mismo indicador se cal- culaba en 34 años para 1923. También la cobertura del sistema educativo se extendía con gran vigorosidad (Brown, 1999). Además, se ablandaron posiciones defendidas por el estalinis- mo en torno a la brutalización de la política (Service, 2010), al grado que Kruschev, en 1956 en su discurso secreto –pero am- pliamente divulgado– rendido al congreso del partido, denun- ciaba las atrocidades cometidas por el dictador georgiano que le antecedió. Esto con respecto al trato al que fueron expuestos sus colaboradores de partido, eso sí, guardó silencio acerca de la suerte que corrieron los enemigos de J. Stalin; las torturas y el sufrimiento de que fueron objeto estos seres humanos resulta- ron invisibilizados. A partir de Kruschev, no se emplearía más aquella vieja práctica de dar muerte a los adversarios políticos; en su lugar, se optó por mantener una camarilla de dignatarios integrada por su parentela y amistades en la alta jerarquía: la nomenklatura (Burbank y Cooper, 2012; Berstein, 1996). Kruschev se distinguió por permitir la publicación de obras que en otro momento hubieran sido objeto de la censura más inmise- ricorde, una de ellas fue Un día en la vida de Iván Denisóvich del autor Alexander Solzhenitsyn. Su trama describía las atrocidades cometidas por J. Stalin en los campos de trabajo y en las purgas. A su vez, Kruschev liberó millones de víctimas de los campos descritos por el mismo A. Solzhenitsyn. 25 · Volumen 28 · El desmoronamiento del mundo socialista en Europa Sin embargo, no debe pensarse que esta apertura cambió radi- calmente las condiciones sociales y culturales imperantes por décadas en la URSS; pues N. Kruschev, al igual que lo hiciera J. Stalin, clausuró iglesias y persiguió a la religión al final de su mandato –cuando se dio cuenta de que no era el favorito de sus camaradas–, además encarceló a autores que escribieron obras antisoviéticas: Yuri Daniels y Andrei Siniavski. E incluso des- terró, en los confines del espeso territorio de la URSS, al físico Andrei Sajarov en Gorki (Nizhny Novgorod). Llegó al extremo de que, en 1958, le prohibió al autor del Doctor Jirago, Boris Pas- ternak, ir a recibir el premio Nobel de Literatura a Estocolmo. Esto luego de vilipendiar al autor (Brown, 1999). Los judíos, considerados inasimilables, también sufrieron los embates de decisiones administrativas en favor de la nomenkla- tura cuando empezaba a fortalecerse la era Kruschev, esto en franco menoscabo de la intelectualidad vinculada a la política y a la cultura. Así, “ante la escasez de recompensas ofrecidas a la lealtad en el servicio, las autoridades intentaron a finales de los años sesenta poner más restricciones todavía al acceso de los judíos a la elite, pero semejante estrategia hizo que el sistema perdiera a sus expertos” (Burbank y Cooper, 2012: 585). Pese a que la educación se expandía y consiguientemente tam- bién crecía la cantidad de los profesionales, muchos resentían que ni siquiera se pudieran leer ciertos textos, considerados por el gobierno como altamente peligrosos. Algunos, por sus con- vicciones críticas o adversas al régimen, terminaron sus días en un hospital psiquiátrico. Por ello no es fortuito que durante los mandatos de N. Kruschev y de L. Brezhnev se configurara, incluso más allá de la URSS, una disidencia capaz de aglutinar en su seno a los expartidarios, a los intelectuales, a los artistas, a los nacionalistas y a las minorías religiosas. En gran medida, a pesar de la heterogeneidad de esos grupos, su consigna era clara: los disidentes deseaban que se aplicara la ley y la constitución 26 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · política sin ningún tipo de miramientos. Clamaban para que se eliminasen el abuso y la arbitrariedad. Durante la década de 1950 hubo una huelga en la fábrica de automóviles Skoda en Checoslovaquia, pero fue reprimida con severidad; al igual que sucedió treinta años después, cuando estalló otro movimiento similar en la planta manufacturera de tractores Estrella Roja en Brasov, Rumanía. El régimen optó por sofocar estos brotes de insatisfacción empleando la fuerza indiscriminada. La ad- ministración de la violencia por parte del Estado se convirtió en la única respuesta ante el descontento de los obreros y las reivindicaciones en aras de la reforma. Para los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, gran cantidad de miembros de los partidos comunistas fueron expulsados en diferentes países, esto se observa en el cuadro siguiente: CUADRO N.° 3 Cantidad de miembros de los partidos comunistas expulsados en los Estados de Europa del Centro-Este (en miles) País Cantidad Checoslovaquia 550 Polonia 370 RDA 300 Hungría 200 Rumanía 200 Bulgaria 90 Fuente: Biagli, A. y Guida, F. (1996). Medio siglo de socialismo real. Barcelona: Ariel. Conforme se llegó a la década de 1970, se hicieron esfuerzos por sacar al mundo rural de lustros de subdesarrollo material y social. No obstante, el inicio de los años ochenta dio al traste con lo adelantado, al punto de que la mano de obra empezaba a ser escasa. En la construcción de uno de los ramales del ferrocarril Transiberiano (Baikal-Amur), fue muy difícil terminar la obra por el 27 · Volumen 28 · El desmoronamiento del mundo socialista en Europa déficit de operarios. La década de los ochenta trajo consigo algunas situaciones adversas del orden más estructural que pusieron en entredicho los logros del modelo, tanto en la Rusia Soviética en su versión de “socialismo desarrollado” como en el resto del bloque. Las dificultades más importantes se detallan a continuación: • La evolución demográfica marcó un derrotero claro y defi- nido: la tasa de natalidad descendía en las repúblicas eslavas que eran el corazón de la Rusia Soviética, en tanto aumen- taba vertiginosamente en las repúblicas islámicas. Se ponía en serios apuros la estabilidad del régimen porque la base étnica eslava tradicional iba en caída libre. La composición del mismo ejército quedaba en entredicho, pues, en núme- ros, los musulmanes iban ganando ventaja. • Producto de la crisis económica que golpeó duramente a la URSS y al centro-este europeo, se deterioraron los niveles de vida de la población; se empezó a dar la carestía de artí- culos de consumo, se vivió el racionamiento de productos de primera necesidad como el pan y la carne; además, de los de cuidado personal como el jabón y el papel higiénico. Se estaba en presencia de una agudización de lo que T. Judt (2012) caracteriza como algo totalmente normal en esos regímenes: la alta dependencia que los gobiernos socialis- tas mantenían con respecto al control centralizado de una escasez sistemáticamente inducida. • Vinculado con la crisis económica, se registró también el deterioro de los indicadores de salud y un aumento en la tasa de mortalidad a casi el doble de los países occidentales (Pérez, 1999). En Checoslovaquia, uno de los países más oc- cidentalizados, la esperanza de vida era de tres a cinco años inferior a la de sus países vecinos (Vinen, 2000). • Los efectos de esta crisis registrada a nivel demográfico también tuvieron eco en la estructuración del poder político tradicional. Quienes dirigían el Estado soviético eran personas de avanzada 28 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · edad, T. Judt narra con precisión lo acaecido a propósito de la muerte de sus gobernantes en el plazo de tres años: …El 10 de noviembre de 1982 a los setenta y seis años. Leóni- das Breznev pasó a mejor vida, cuando ya hacía mucho tiem- po que parecía un fantasma. Su sucesor, Andropov, ya tenía sesenta y ocho y mala salud. En poco más de un año, […] falleció y fue sustituido […] por Konstantin Chernenko, de setenta y dos años y con tan mala salud que apenas pudo ter- minar su discurso en el funeral de Andropov de febrero de 1984. Trece meses después también él estaba muerto (Judt, 2012: 855-856). • El afán de Moscú por iniciar la sovietización en el bloque del centro-este se materializó en extender su forma de ver el mundo mediante la imposición de la “cultura soviética”, su finalidad era implantar la homogeneización en las costum- bres (Antolínez, et al., 2011: 92). Aspecto que trajo proble- mas con las iglesias nacionales. En este sentido, el papel de la Iglesia católica fue relevante durante esa época; principal- mente en Polonia, uno de los Estados más homogéneos: más del 95 % de la población estaba bautizada (Johnson, 1993). La designación de un papa polaco en 1978 ya decía mucho –era el primer extranjero en ocupar el solio de San Pedro luego de casi quinientos años–, su política de no tranzar con los países del otro lado del Telón de Acero fue más que emblemática al contribuir al descrédito del régimen socia- lista. Bajo su decisivo apoyo a Solidaridad –financiado por Washington por iniciativa del Vaticano– operó una trans- formación en su país natal (Judt, 2012). En Polonia, el de- sarrollo de los sindicatos había sido clave, luego de largos años en que fueran proscritos por ley en favor de un partido único, se pasó a una etapa en la cual se pudieron legalizar y se terminaron aquellas épocas en que los fieles se reunían en los templos católicos de forma clandestina. 29 · Volumen 28 · El desmoronamiento del mundo socialista en Europa La misma primera visita de Juan Pablo II en junio de 1979 ocurrió en momentos en que los precios de la carne aumentaban sin precedentes; sirvió para darle un espaldón a los grupos que deseaban cambiar el orden de las cosas. De esta forma, el sindicato Solidaridad dictó una nueva pauta en la evo- lución de la vida sociopolítica polaca. Moscú decidió abs- tenerse de sofocar el movimiento, como lo había hecho en dos ocasiones anteriores: a) en Hungría, en 1956, para echar por tierra las reformas propuestas por el nuevo secretario del partido Imre Nagy en favor de un socialismo por la vía húngara –asunto que fue llevado a la ONU–; b) y más tarde en Praga, en 1968, frente a las movilizaciones sociales que clama- ban en favor de un cambio en el rumbo del socialismo. • Mientras esto sucedía en la Unión Soviética, se inaugura- ba un período que algunos llaman de desesperanza, había quienes hundían sus penas en el alcohol. Más de uno de cada treinta trabajadores era alcohólico. Su consumo au- mentó considerablemente y lo más grave fue que, poco a poco, se transformó en un medio para hacer efectivo el pago por favores recibidos en no pocas ocasiones; era sufi- ciente una botella para compensar alguna bondad a alguien (Vinen, 2000). El vodka, la bebida de más consumo en ese entorno, llegó a ser adquirida en el mercado negro. Pocos años después, M. Gorbachov lanzó una campaña contra el consumo de la bebida; sin embargo, su resultado fue adverso porque disparó tanto la destilación como la compra clandes- tina y, por consiguiente, hubo una inevitable reducción de los ingresos fiscales (Fontana, 2011). • La misma política represiva del régimen que se estancó en el tiempo fue, en gran medida, la responsable del desarrollo de un sector contestatario del sistema que ni siquiera la Stasi pudo detener en el este alemán. La disidencia encaró con ahínco el cuestionamiento de un orden que proscribía la lectura de libros. Este grupo puso su acento, también, en el 30 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · interés de mejorar los temas relacionados con la participación, la representación política y el apego a la ley. Su aumento en número y su importancia relativa data de 1975, Lech Walesa fue uno de esos líderes, fundador de un sindicato, galardona- do años después con el Premio Nobel de la Paz; luego, llegó a ocupar la presidencia de Polonia, en la década de los noventa. • El deseo de conocer lo que había al otro lado del Telón de Acero fue también un móvil nada despreciable dentro de este contexto. Las olimpiadas celebradas en Moscú en 1980 –pese a que fueron en parte boicoteadas por Estados Unidos– trata- ban de mostrar los íconos de la grandeza de la URSS; sin em- bargo, sus habitantes, al igual que los del resto del centro-este europeo estaban inquietos por saber cómo era el otro lado del mundo. Parece que ni el mismo L. Brezhnev se pudo abstener de maravillarse al probar un vehículo Mercedes Benz depor- tivo a propósito de una visita oficial a la República Federal Alemana en 1973. Reaccionó con tal conmoción que salió "a la velocidad de un rayo" (Vinen, 2000). De igual manera, Yuri Andropov, quien había sido jefe de la KGB y luego sucesor del mismo L. Brezhnev, conservaba en su residencia una in- mensa colección de discos de acetato y muchos de ellos eran grabaciones de música clásica y de jazz producidas por sellos de Occidente (Jackson, 1998). Mientras tanto, los gobiernos socialistas exigían a los artistas y a los deportistas firmar un contrato de retorno a cambio del otorgamiento del permiso para representar a su país en el extranjero. El control poli- ciaco de las autoridades había prohibido escuchar rock, fue hasta el arribo de M. Gorbachov al poder cuando se suavizó la medida: se podía disfrutar de ese género musical siempre y cuando fuese melodioso (Judt, 2012). • Aparentemente, lo ofrecido por los regímenes socialistas ya no era apreciado por la población joven, la cual era descendiente de la generación que presenció la ocupación militar por parte de A. Hitler. Ya no eran suficientes las comodidades 31 · Volumen 28 · El desmoronamiento del mundo socialista en Europa del refrigerador y del televisor brindadas en la URSS durante la época de L. Brezhnev. Pues ellos, quienes formaban parte del cambio generacional, ansiaban una transformación más allá de lo perteneciente a la economía. Era una mayoría silenciosa que, en Rumanía, por ejemplo, ya no quería alzar su voz en favor del Conducator; muchos de ellos estaban desvelados por hacer largas filas al lado de sus padres para conseguir un pedazo de carne y una pequeña ración de mantequilla. Nicolae Ceaușescu al final de su mandato, en los años ochenta, optó por grabar las voces que ovacionaban su régimen asentado en el personalismo megalómano en las presentaciones de las calles, que combinaban las artes escénicas con las manifestaciones de masas. • Finalmente, el deseo de la gente común por conocer más allá jugó un papel importante que se vio favorecido por el desarrollo de la televisión por satélite; la población llegó a ver que había otras realidades posibles por medio de una pantalla. Quizá lo narrado en una novela de Ismail Kada- ré, citada por R. Vinen, ofrezca una imagen de lo sucedido: “…unos albaneses se encaraman al tejado para improvisar unas antenas con la esperanza de ver películas eróticas en la televisión italiana en el momento en el que Radio Tirana está emitiendo su versión particular de la ortodoxia marxista un mundo indiferente…” (Vinen, 2000: 596). El autoritarismo en los años de la Guerra Fría Como se pudo observar en el primer apartado de este trabajo, la Segunda Guerra Mundial creó un nuevo orden internacio- nal que perfiló un mundo dividido en dos: el este y el oeste. El primero dominado por la URSS con su modelo socialista y las políticas de planificación económica, y el segundo, con la hegemonía estadounidense con el prototipo democrático basa- do en elecciones libres y con el capitalismo como modelo de 32 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · producción. ¿Podía haber sido de otro modo? Probablemente, la respuesta sea negativa porque dos potencias habían resultado ganadoras contra el enemigo común de los fascismos. Para J. Burbank y F. Cooper, luego de hacer un recorrido histórico por varios imperios, definen de la forma siguiente a los grandes poderes de la Guerra Fría: …la Unión Soviética y los Estados Unidos de Norteamérica. La primera combinaba la estrategia consistente en el reco- nocimiento de sus diversas nacionalidades con un estado monopartidista con el fin de extender la telaraña del co- munismo a sus numerosos grupos nacionales y de desafiar al imperio capitalista en el resto del mundo. La segunda se dedicaba con el entusiasmo propio del protestantismo a di- fundir su idea de democracia de una manera que recordaba al imperio romano y a practicar un imperialismo de libre co- mercio, combinando el poder de los mercados con el poderío militar… (Burbank y Cooper, 2012: 41-42). ¿Pero de cuándo data el origen de la Guerra Fría, que no fue ni más ni menos que la destrucción mutua asegurada, en criterio de E. Hobsbawm? En primer lugar, la Guerra Fría fue esa etapa histórica que marcó a toda una generación y se caracterizó por catalogar todos los procesos, económicos, políticos, sociales y culturales en términos de absolutos: una acción estaba en fa- vor de Washington o, de lo contrario, era entonces pro Moscú. En segundo lugar, sus inicios se pueden ubicar en los diferen- tes encuentros celebrados entre los gobernantes de los países aliados que luchaban en contra del Eje; de estos encuentros, la conferencia de Yalta en 1945 fue la más importante porque que- dó manifiesta la configuración del orden europeo una vez que acabara la contienda. A partir de ella, se dio por sentado que los países liberados por la Unión Soviética quedarían bajo su control. De alguna manera, esa fue la retribución que Occidente otorgó a J. Stalin –aunque hubiese sido tácitamente– por el hecho de que la guerra aún no había acabado. 33 · Volumen 28 · El desmoronamiento del mundo socialista en Europa El encuentro de Yalta estaba enmarcado en un ambiente de des- confianza. El resultado fue más que claro: los países del centro- este europeo habrían de convertirse en satélites de la URSS; así, se sellaría el destino socialista de Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria, Rumanía, Alemania del Este, Polonia y Yugoslavia, aunque este úl- timo se apartó de Moscú durante los primeros años del gobierno del mariscal Tito, que aspiró a crear un socialismo autóctono sin ser subordinado de Moscú, en aras de constituir un poder único en los Balcanes bajo la autoridad de un culto personalista del líder nacido en Croacia. Por tanto, Yugoslavia tuvo el estatus de un país “socialista no comprometido” (Duroselle, 1991); después de este cisma, se hizo el retiro de los consejeros soviéticos que trabaja- ban en Belgrado con un pronunciamiento de anatema por parte de J. Stalin (García y Lorenzo, 1995; Berstein, 1996). De ahí que se le concibiera como el menos socialista de los países del bloque ubicados al otro lado de la Cortina de Hierro (Sasson, 2003). No obstante, por encima de las diferencias, esos países compartieron una historia que inició en 1945 y que concluyó en 1989. La coyun- tura más amplia que abarcó la Guerra Fría, luego del bloqueo de Berlín hasta la invasión a Afganistán en diciembre de 1979, se le llamó pax soviética. Como apostilla fundamental a lo celebrado en Yalta, no debe dejarse de lado que el aspecto más emblemático fuera un encuentro posterior en Postdam (julio-agosto de 1945), en donde el tema central fue la fragmentación de Alemania –declarada culpable de la guerra– y de Berlín, su capital. Ambos espacios geográficos se subdividieron en cuatro secciones con presencia efectiva de Inglaterra, Francia y Estados Unidos por el oeste, y la URSS por el este. En el caso de la ciudad de Berlín, la división fue aún más dramática: había quedado enquistada en la sección de influencia soviética, comunicada con el área occidental por medio de un paso aéreo y algunas vías férreas. Sobre ese particular W. Churchill comentó: “…Todavía en Postdam la situación hubiera podido arreglarse, pero la destrucción del Gobierno nacional 34 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · británico y mi desaparición de la escena cuando tenía mucha influencia y poder impidieron que se lograra una solución satisfactoria” (Churchill, 1985: 279). Precisamente, la insatisfacción del primer ministro británico re- lativa al control del centro-este europeo por parte de J. Stalin es- taba vinculada con los hechos ocurridos a partir de junio de 1948. La primera fase de la Guerra Fría se originó cuando los soviéti- cos decidieron bloquear las secciones con influencia occidental de la ciudad de Berlín; esto como reacción del descontento del dignatario soviético ante la proclamación de la República Federal Alemana con el apoyo de los poderes capitalistas. Un año después se fundó la República Democrática Alemana bajo la influencia soviética; un Estado artificial que no logró tener legitimidad ante su población (Viñas, 2009). El resultado no se dejó esperar en la configuración del mundo bipolar: fue una verdadera congelación de los frentes, como lo apunta E. Hobsbawm (1996). Acerca de las etapas de la Guerra Fría, véase el diagrama N.° 1. Con el bloqueo de Berlín, los poderes occidentales tuvieron que abastecer a Berlín mediante un puente aéreo durante casi un año. En esta primera etapa de la Guerra Fría, se constituyó la OTAN (1949) para resguardar los intereses de los países bajo influencia de Estados Unidos; además, aconteció la crisis de Corea que desem- bocó en una guerra. Pese a que tal conflicto asiático no forma parte de este estudio, se advierte que el incidente inició en el foco de en- frentamientos, conflictos típicos de la configuración de un mundo bipolar en el Extremo Oriente, durante esta era de los extremos en que se enfrentó el capitalismo con el socialismo. Así, el bloqueo soviético de Berlín fue al occidente europeo lo que la guerra de Corea fue al oriente asiático; ambos fueron puntos calientes que subieron la temperatura de la recién nacida Guerra Fría. Con la muerte de J. Stalin (1953), y la posterior sucesión en la que salió victorioso Nikita Kruschev, se inició una segunda etapa en 35 · Volumen 28 · El desmoronamiento del mundo socialista en Europa P rim er a fa se d e la G ue rr a Fr ía D es hi el o D is te ns ió n N ue va G ue rr a Fr ía 19 48 a 19 56 b 19 61 c 1 96 8 d 1 97 9 e S im bo lo gí a C ris is a- B lo qu eo d e B er lín b- In te rv en ci ón e n B ud ap es t c- C on st ru cc ió n de l M ur o de B er lín d- In te rv en ci ón e n P ra ga e- In te rv en ci ón e n A fg an is tá n G ue rr as e n A si a C or ea , 1 95 0- 19 53 V ie tn am , 1 95 6- 19 75 (i nc lu ye la fa se c ol on ia l f ra nc es a) 19 47   19 65   19 75   D IA G RA M A N .° 1 Et ap as d e la G ue rr a Fr ía Fu en te : El ab or ac ió n pr op ia b as ad a en N ou sc hi , M . ( 19 99 ). H is to ri a de l s ig lo X X : t od os lo s m un do s, el m un do . M ad rid : C át ed ra . 36 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · la historia de la Guerra Fría: el deshielo que de alguna manera insinuaba –aunque fuera tímidamente– los albores de una cierta coexistencia pacífica marcada por la detente o relajación de las tensiones de la Guerra Fría (Service, 2010). En este contexto, se creó el Pacto de Varsovia (1955) como contraparte de la OTAN. Su objetivo era brindar seguridad a los países que formaban parte de la esfera de influencia soviética. Sin embargo, no debe olvidarse que en esa época se dio la inva- sión por parte de Moscú a Budapest, en 1956, como una muestra de intolerancia soviética a las reformas planteadas por un sector crítico del socialismo de Hungría. El Pacto de Varsovia actuó con dureza, al grado que se calculan 20 000 víctimas mortales en las calles de Budapest y en sus alrededores (Jackson, 1998). Siete años después de la intervención húngara, en medio de protestas, por iniciativa de Moscú se tendió la alambrada que dividió a Berlín, todo para evitar la huida en masa del este al oeste de la ciudad, ocasionada, en gran medida, por la puesta en ejecución de me- didas represivas llevadas a cabo por el gobierno de la República Democrática Alemana, fundada en 1949. Esta fase concluyó con la crisis de los misiles en Cuba en 1962; la URSS había decidido colocar unos misiles en la isla pero, ante la reacción de Estados Unidos, Moscú tuvo que desistir de esta operación. La tercera etapa de la Guerra Fría, denominada “de la distensión”, se caracterizó por una baja en las tensiones internacionales; no obstante, no debe imaginarse que hubo una ausencia de conflictos: sucedieron intervenciones militares, mencionadas a continuación, que marcaron el futuro de generaciones completas. • La guerra de Vietnam, surgida como un corolario de la desco- lonización francesa, con la presencia de tropas estadouniden- ses. Se prolongó más de diez años desde su inicio en 1961. • La intervención militar decidida sin contemplación frente a un movimiento de la disidencia manifestado en 1968 en 37 · Volumen 28 · El desmoronamiento del mundo socialista en Europa Checoslovaquia. Fue una demostración del intento de la Unión Soviética por sacar provecho de las rivalidades entre checos y eslovacos. Los resultados de la invasión desmoti- varon a muchos de los occidentales que veían el socialismo como una verdadera opción frente al capitalismo. Como se verá luego, la primavera de Praga, defensora de un “modelo de socialismo con rostro humano”, tuvo efectos que perdura- ron hasta el momento en que colapsara el régimen en 1989. Finalmente, una cuarta fase de la Guerra Fría inició en 1979 –cuando cayó en crisis el modelo de la distensión– con la inva- sión de Afganistán por parte de Moscú; en esos momentos, los líderes soviéticos, como administradores de un imperio, todavía acariciaban la noción de civilizar a otros pueblos (Burbank y Cooper, 2012). Sus resultados fueron desastrosos …es pertinente apuntar que el más grande descalabro de la política exterior de la URSS a lo largo de su historia y que facilitó su debilitamiento económico, social y político fue su prolongada intervención militar en Afganistán, a un costo en términos de pérdidas de vidas de unos 13,000 muertos y una gran cantidad de heridos, lo que terminó con la salida de las tropas soviéticas de Afganistán (Bonilla, 2012: 163). Esta acción le costó a la URSS el embargo económico y el boicot a los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980 por parte de Estados Unidos. Lo que inició como un golpe de Estado en ese país asiá- tico, se convirtió en un amargo capítulo que se transformó en un conflicto tan vergonzoso para la URSS como lo fue Vietnam para Washington. Sus consecuencias se pueden aún percibir en la actualidad, pues en esa región de Asia Central, desde la déca- da de los ochenta, Estados Unidos decidió apoyar a grupos mu- sulmanes fundamentalistas en contra de la presencia soviética; tiempo después esta población emprenderá una lucha contra Occidente (Chomsky, 2001). 38 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · Los años ochenta formaron parte de esta última etapa en que la Guerra Fría se volvió a calentar por lo acaecido en Afganistán, por la crisis centroamericana y por el triunfo de la revolución is- lámica en Irán que destronó al protegido del gobierno estadou- nidense: al Sha Reza Pahlavi en 1979 (Marín, 1989). No en vano se considera esta última fase –coincidente con los tres primeros años del gobierno de Ronald Reagan– como la más peligrosa de la Guerra Fría (Fontana, 2011). Luego, conforme avanzaba la dé- cada de los ochenta, sucedió lo que algunos dicen era inevitable: el ocaso de la Guerra Fría en medio de cambios en la política in- ternacional. A continuación, se muestran los más importantes. • Las conversaciones entre R. Reagan y M. Gorbachov ten- dientes a reducir el armamento. Ambos gobernantes estaban conscientes –aunque no lo expresaran– del embate de la cri- sis producida por el shock petrolero de 1973, responsable de la honda transformación en la economía cuyas consecuencias se sintieron con mayor fuerza durante los años ochenta. • R. Reagan moderó sus más férreas posiciones en torno al apoyo a los proyectos de fortalecer la lucha armamentista. Esto de cara a la campaña electoral conducente a su reelec- ción: hizo suyo el discurso del desarme nuclear que origi- nalmente había sido un emblema de su opositor; pasó de posturas caracterizadas por el estímulo al proyecto de la Guerra de las Galaxias a aquellas que abogaban por contener el crecimiento de ese arsenal atómico. Recuérdese que pocos años antes de esta conversión, en 1983, el presidente estadounidense se refirió a la URSS como el imperio del mal (Fontana, 2011). • El desenlace de los acontecimientos sucedido en los países del centro-este europeo se muestra seguidamente. a. Todo empezó en 1988, en Polonia, nueve años después de la primera visita del Sumo Pontífice; en medio de una crisis económica en que las exportaciones de carbón se 39 · Volumen 28 · El desmoronamiento del mundo socialista en Europa redujeron en un 60 %, la ola de huelgas estalló con mayor intensidad en medio del racionamiento de los productos alimenticios (Berend, 2013). Mientras tanto, el Sindicato Solidaridad aglutinaba a más personas cada vez, y fue la base para el establecimiento posterior de un gobierno de coalición que resultó victorioso en las primeras elecciones libres a partir de 1989. b. En Hungría, la disidencia avanzaba a partir del rescate de las hazañas de los mártires, quienes dieron su vida cuando sucedió la invasión soviética en 1956 y se ins- taló un gobierno contrarrevolucionario, el cual abolió la república popular bajo el mando de Janos Kádár. Este había entrado en una fase de progresivo desgaste luego de treinta años de estar frente al gobierno al final fungía como presidente del Partido Comunista. Con la cele- bración de elecciones libres en 1990, se inició la quiebra del régimen húngaro con la URSS y esta, a su vez, inci- dió decisivamente en lo acaecido en Alemania Oriental en mayo de 1989, con la medida de abrir sus fronteras occidentales para que las migraciones alemanas cruza- ran Hungría con destino a Austria y por allí llegaran a la Alemania Federal. c. En noviembre de 1989, la endeudada República Demo- crática Alemana se encontraba al borde de la quiebra en medio de su cumpleaños número cuarenta. Aunado a esto, el canciller Kohl, de la RFA, estaba dispuesto a no obstaculizar la futura unificación; el 7 de noviembre renunció la cabeza del poder socialista de la RDA, Erich Honecker. Dos días después, se decidió abrir el muro de Berlín para evitar la fuga de personas. Este fue el tiro de gracia que hizo posible la unificación posterior en 1990. Al igual que en Polonia y en Hungría se realizaron elec- ciones libres. Así cayó el más sólido de los regímenes del centro-este europeo; el país recién unificado envió 40 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · de regreso a 360 000 militares soviéticos que estaban en las tierras de la antigua RDA a su país de origen. d. Checoslovaquia, al igual que Hungría, gozaba de una mayor estabilidad económica aunque el segundo shock petrolero de 1978 empezó a golpear sus finanzas. En tan- to, la oposición avanzaba a partir del rescate de las haza- ñas de los mártires, quienes dieron su vida cuando se dio la recordada invasión de 1968. La transición fue “amable”, merced a la dimisión del jefe de gobierno y a la expulsión de los “brezhnevianos”. En 1989, se efectuaron elecciones libres que coronaron la “revolución del terciopelo”, llama- da así por su gradualidad y la ausencia de derramamiento de sangre. El culmen de esta transición fue la llegada al poder del intelectual Václav Havel, uno de los líderes más lúcidos del movimiento crítico al socialismo. e. En Bulgaria y Rumanía, las más orientales de las repúblicas, se buscaba derrocar al régimen. En la primera, se fundó el “Club por la Perestroika y la Glasnost” en 1988, integrado por intelectuales, emuló los logros de las protestas húnga- ras y polacas. Los búlgaros estaban hastiados de los abusos del sistema socialista y, en diciembre de 1989, una muche- dumbre hizo renunciar al líder del desprestigiado Gobier- no acusado por malversación de fondos y de corrupción. En la segunda, la población del país de habla romance ya no toleraba más al Conducator, quien en medio de la crisis económica emprendió su proyecto desmedido de embelle- cer la ciudad de Bucarest: inició la construcción del Palacio del Pueblo con una dimensión que triplicaba el tamaño de Versalles. El sistema de gobierno era una especie de “satrapía neoestalinista” que contenía nepotismo, repre- sión e ineficiencia (Judt, 2012). Sin embargo, años antes, el presidente estadounidense J. Carter reconocía al dicta- dor como el más visionario de los regímenes socialistas; entre tanto, los organismos financieros internacionales 41 · Volumen 28 · El desmoronamiento del mundo socialista en Europa ovacionaban su gestión al grado de colocarlo como el modelo a seguir, dado que canceló a los acreedores la totalidad de la deuda externa de su país. Después de una revuelta, N. Ceaușescu fue procesado sumariamente en un juicio que si acaso demoró dos horas y fue ejecutado el día de la Navidad de 1989. f. Por último, a partir de 1985, la serie de medidas plan- teadas por M. Gorbachov en la URSS, plasmadas en la Perestroika y la Glasnost, quisieron cambiar el rostro de este país multinacional, pero contribuyeron casi inevitablemente a su disolución en 1991. La puesta en ejecución de este cambio tuvo una doble oposición: la nomenklatura y un sector más radical abanderado con la aceleración del cambio. En cuanto a la Perestroika, la reforma consistió en la descentralización, la liberaliza- ción, la aprobación para realizar la competencia entre las empresas del Estado y la amnistía para los presos políticos; era un cambio que pretendía algo más que vi- gorizar el aparato productivo. En tanto que la Glasnost era un proyecto de apertura política y de transparencia, su cometido radicaba en atenuar las diferentes restric- ciones que hacían imposible el ejercicio de las libertades de expresión, la libre circulación de ideas; de ahí que se promoviera el levantamiento a estas limitaciones en lo que atañe tanto a la información de los medios de comunicación como al desarrollo del debate político. Los resultados de la reforma (Perestroika) y de la transparencia (Glasnost) no solo tuvieron implicaciones políticas en cuanto a la desintegración de la URSS: …El fracaso de la Perestroika, es decir, el creciente empeora- miento de las condiciones de vida de los ciudadanos corrien- tes, mermó la fe en el gobierno de toda la Unión Soviética, al que se hizo responsable de dicho empeoramiento, y de 42 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · hecho fomentó o incluso impuso soluciones regionales y locales de los problemas… (Hobsbawm, 1991: 178). Para J. Fontana, el fracaso de la reforma consistió primordial- mente en que “Las innovaciones iniciadas por M. Gorbachov y el abandono de la economía de planificación estatal empeo- raron abruptamente la situación económica y, a la vez, el clima psicológico del país…” (Fontana, 2011: 675). 43 3 El derrumbe del socialismo realmente existente, 1989… La historia de los veinte años que siguieron a 1973 es la his- toria de un mundo que perdió su rumbo y se deslizó hacia la inestabilidad y la crisis. Sin embargo, hasta la década de los ochenta no se vio con claridad hasta qué punto estaban minados los cimientos de la edad de oro. Hasta que una parte el mundo –la Unión Soviética y la Europa oriental del socia- lismo real– se colapsó por completo no se percibió la natura- leza mundial de la crisis… (Hosbawm, 1996: 403-404). En 1994, el historiador británico E. Hobsbawm escribía las pa- labras anteriores. De alguna manera, revelaba un proceso co- yuntural de crisis global iniciada en 1973 con el aumento en los precios del barril del petróleo en el mercado internacional; entre 1973-1974, el salto en el precio fue de un cuádruplo de su nivel medio de 1972 (Maddisson, 1991). Esta situación adversa soca- vó las bases del crecimiento y de la estabilidad económica en Occidente y también repercutió en las condiciones de bonanza relativa en los países del bloque socialista. Este fue el primer síntoma del derrumbe que se avecinaba. La otra señal de la debacle, según E. Hobsbawm, fue el colapso soviético que a su vez se vio coronado con el desmoronamiento del sistema sociopolítico de Europa del centro-este. En quince años, se desintegró una geopolítica basada en la confrontación Este-Oeste. Para dicho autor, lo acaecido a partir de 1973 tuvo 44 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · sus efectos en la última década del siglo XX. Además, agrega todavía más, pues en una de sus últimas publicaciones brinda una interpretación muy acertada y sugerente acerca de lo que el derrumbe del socialismo realmente existente no eliminó: la guerra, al extremo que: Podemos aventurarnos a esbozar aquí una previsión: en el siglo XXI, la guerra no será tan sangrienta como lo fue en el siglo XX, pero la violencia armada, que dará lugar a un grado de sufrimien- to y a unas pérdidas desproporcionadas, continuará omnipre- sente y será un mal endémico, y epidémico, por momentos, en gran parte del mundo. Queda lejos la idea de un siglo de paz… (Hobsbawm, 2006: 17). Como se verá más adelante, de este colapso todavía permanecen incertidumbres como nubarrones que ponen en aprietos a la so- ciedad civil y encienden las alertas de la política internacional, y cuando se trata de los conflictos de un “nuevo orden”, N. Chomsky advierte que no tienen mucho de novedoso porque los móviles del poder son los mismos, quizá solo las formas de operar son diferentes (Chomsky, 1997). Al igual que se hizo en la primera sección, se analiza la economía, la sociedad y la política del periodo que inició a partir de la se- gunda mitad de los años ochenta hasta la realidad más próxima. Hacia una economía de libre mercado A partir de 1980, el agotamiento del sistema socialista en tér- minos económicos era más que notorio. Con excepción, en menor medida, de Checoslovaquia, todos los Estados pasaban dificultades para hacerle frente a sus obligaciones financieras. Posiblemente, las más importantes estaban relacionadas con: a) el pago de las deudas adquiridas durante los años setenta; b) el mantenimiento de un proyecto armamentístico que coadyuvara a dar una imagen a Occidente de que la URSS todavía era una 45 · Volumen 28 · El desmoronamiento del mundo socialista en Europa potencia de primer orden; y c) la llamada doctrina Gorbachov, que daba un golpe de timón con respecto a las políticas de ayu- da económica a los Estados del bloque y con ello, se cerraban así, las opciones del trato preferencial paternalista por parte de la URSS hacia sus satélites (Fontana, 2011). Indudablemente, la atención de estas obligaciones económicas se tornó más difícil conforme el crecimiento económico se des- vaneció. Recuérdese que los países del otro lado del Telón de Acero no pudieron hacer la transferencia de la crisis realizada por Occidente, cuando decidieron colocar los petrodólares en el segundo y el tercer mundo; todo lo contrario, los países socia- listas no fueron capaces de mitigar las consecuencias del desca- labro en la economía producido por el aumento sin precedentes del precio del crudo. Mientras los países occidentales colocaban el exceso de petrodólares en bancos internacionales, para que otros Estados adquirieran esos dineros en forma de empréstitos, los países socialistas cayeron en la trampa y se convirtieron en consumidores o clientes de estos dólares producidos al calor de un exceso de oferta monetaria a nivel global. Así, la crisis que golpeó a Occidente también tuvo un efecto irre- versible en el mundo socialista; de alguna manera, coadyuvó en el derrumbe de ese modo de producción y de organización social. Por tanto, su caída es un punto de inflexión obligado que divide la historia en un antes y un después. Para el economista P. Bairoch (2000), la caída en sí fue una cesura dentro de la evolución de la economía porque, primero, terminó con una historia si se quiere decir alternativa al capitalismo; y segundo, hizo que con su deba- cle sobreviviera un solo modo de producción y de distribución de la riqueza. Esto dentro del marco del mismo capitalismo, creyen- te del evangelio del libre mercado, que aseguraba salir ileso de los embates producidos por la crisis. Entonces, se produjo una quie- bra o cesura, entendida esta última como “…un fenómeno que es capaz de producir cambios muy profundos en un lapso de tiempo 46 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · relativamente breve, respecto a la duración de la fase precedente…” (Bairoch, 2000: 111). Las consecuencias de las demás condiciones económicas en el período de la agonía del socialismo fueron desde la escasez de ciertos productos para el aseo personal en Hungría has- ta el aumento desmedido en el precio de la carne en Polonia. Paralelamente, se dolarizaba la economía de algunos sectores en Checoslovaquia y Hungría; en tanto que se hacían actos de sacrificio diseñados e implementados por el Conducator en Ru- manía, quien echó a andar una economía de subsistencia obse- sionada con la exportación de electricidad, petróleo y productos agrícolas (Sasson, 2003). Eso sí, a cambio de estas medidas, se hizo posible el pago total de la deuda externa, mientras los ru- manos vivían en condiciones miserables al calor del proyecto de la sistematización rural. Su caballo de batalla en la industria era la fabricación de tractores de marca Estrella Roja, con tecnolo- gía ya obsoleta. En tanto, en los países bálticos la deuda también ahogaba las finanzas, en sus tierras y puertos se embarcaban manufacturas para la exportación, como vagones de tren que eran fabricados en esas tres repúblicas. Sin embargo, los jugosos beneficios pro- ductivos se dirigían a Moscú. Algo parecido ocurría en Ucrania, donde su riqueza de minerales, aunada a las virtudes de las co- sechas por la fertilidad de sus campos, la convertían, junto con las repúblicas bálticas de Letonia, Estonia y Lituania, en algo así como la “gallina de los huevos de oro” de la Unión Soviética (véase el cuadro N.° 4 relativo a las condiciones económicas de estos últimos lugares geográficos que, en gran medida, resintie- ron las sanciones impuestas por Rusia a partir de 1991). 47 · Volumen 28 · El desmoronamiento del mundo socialista en Europa CUADRO N.° 4 Economía de los países bálticos luego de su independencia País Características económicas Principales dificultades Estonia 45 100 km2 • La más pequeña y la menos poblada de las repúblicas bálticas. • Dificultades para pasar a una economía de libre mercado. • Dificultades para estabilizar la economía. Se implantó una nueva moneda. • Las exportaciones se orientaron a mercados occidentales. • Se trató de explotar el turismo. • Firmó acuerdo de cooperación con la UE. Letonia 64 500 km2 • Agricultura cubre menos del 40 % del territorio. • Principal sector: el industrial con acero, textiles y derivados de productos agrícolas. • Dificultades para pasar a una economía de libre mercado. • Aumento de la inflación. • El crecimiento económico fue negativo en 1994. • Tensas relaciones con Rusia (principal comprador y proveedor de materias primas). • Rusia redujo los envíos de petróleo. • Firmó tratados comerciales de libre comercio con las otras dos repúblicas bálticas. Lituania 65 200 km2 • Carece de recursos energéticos. • La industria conforma más del 65 % del PIB. • Cultiva cereales, remolacha azucarera y papas. • Cría de ganado. • Dificultades para pasar a una economía de libre mercado. • Tensas relaciones con la entonces URSS al proclamar la independencia. • Se le suspendió el suministro de petróleo. • Abrió sus puertas a la inversión y al comercio occidental. Fuente: Elaboración propia basada en: López, José María (editor). (2001). Diccionario de Historia y Política del siglo XX. Madrid: Tecnos. 48 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · Cuando los gobiernos socialistas europeos cayeron, se dio paso a un nuevo orden político: las repúblicas integrantes de la URSS se empezaron a independizar y se dio al traste con la unión creada en 1922, en los tiempos de Lenin. En tanto que en el centro-este de Europa comenzó la transformación que dividió Estados como el yugoslavo y el checoslovaco, mientras se uni- ficó Alemania. Simultáneamente, en términos económicos se dio una transición hacia una economía de libre mercado cuyas características se esbozan a continuación. • El sistema capitalista en su conjunto, para los años ochenta, fue replanteado en cuanto a su naturaleza –claro está, en medio de las respuestas frente a la crisis– y dentro de este nuevo esquema, se optó por desregularizar los mercados a tal punto que los sistemas de subsidios que, en muchos casos, apuntalaban sectores económicos específicos fueron abiertos a la libre competencia. • Dentro del reordenamiento del sistema capitalista, también se replanteó el papel mismo del Estado, pues se le veía como un actor distorsionado del mercado libre. Las medidas apli- cadas por R. Reagan y M. Thatcher en Estados Unidos e In- glaterra, respectivamente, marcaron la pauta en la dirección de la economía capitalista. Así, los países que habían que- brado con el socialismo se enfrentaron a una incorporación en el mercado mundial con características eminentemente liberales. El contexto más amplio era bastante particular; se desvanecieron certezas que antes se tenían como infalibles, una de ellas sería el papel del Estado, como se verá luego. • Ante la ausencia de una conferencia similar a la de Bretton Woods –que estableciera el nuevo orden durante los años ochenta–, el capitalismo globalizado doctrinario se impuso también en los países que estaban al otro lado de la antigua Cortina de Hierro. La “nueva religión” que proclamaba el fun- damentalismo del mercado abogó en favor de la desregulación 49 · Volumen 28 · El desmoronamiento del mundo socialista en Europa por parte del estado en materia económica y social (Stiglitz, 2007). Los cimientos de este ordenamiento propusieron la creación de un mercado gigantesco en donde participaran las diferentes economías con sus bienes y servicios. Sin em- bargo, esta opción supone per se una transición que no es tan sencilla, al grado de que, entre 1993 y 2000, los cambios en la participación correspondientes a maquinaria en Hun- gría y Polonia estuvieron en números rojos: de -2,1 y -07 en su orden respectivo (Vara, 2002). Las dificultades de la transición –la más importante luego de la caída del Muro de Berlín, según J. Stiglitz (2007)– fue más que manifiesta porque ocurrió en una coyuntura bastante corta y, como se observará después, una gran parte de la po- blación no estaba preparada para este giro que dio un vuelco total en sus vidas. La primera dificultad se visualizó en los ritmos del cambio: con M. Gorbachov lo propuesto en la Per- estroika, las reformas eran más graduales –que no atentaban contra la planificación económica– pero que sí apuntaban hacia el desarrollo de una economía mixta con algunas pri- vatizaciones solo parciales; esto es, sin la destrucción direc- ta del modelo imperante de la propiedad. Era algo así como resucitar el modelo de la NEP del período de entreguerras (García y Lorenzo, 1995). Sin embargo, una vez que B. Yelsin tomó la batuta, el cambio empezó a ser drástico hacia un mo- delo de libre empresa en que la propiedad sería solo la priva- da. Se eliminaron los subsidios y se liberalizaron los precios; las empresas públicas fueron desmanteladas paulatinamente como sucedió con el ferrocarril Transiberiano, símbolo del empuje estatal que llevó la comunicación terrestre hasta Vla- divostok, en el mar de Japón a principio del siglo XX. La segunda dificultad estuvo asociada al crecimiento económico, empezó a ser ya de por sí un reto, pues desde antes de 1985, ya su tasa era negativa (Zagmani, 2011). No es en lo absoluto casual que 50 El desmoronamiento del mundo socialista en Europa · Volumen 28 · esas economías quedaran arruinadas luego de la caída del socia- lismo. Para el 2000, en Rusia los ingresos eran si acaso las dos terceras partes del valor de 1989 (Stiglitz, 2007). En el criterio de V. Zagmani, tenían el mismo nivel raquítico de 1950 con respecto a Estados Unidos; e incluso llama la atención que Rusia descen- dió, aún más, con respecto al parámetro en cuestión: descendió de la posición 30 en 1950 a la 17 en 1996 (Zagmani, 2011). Para J. Stiglitz, a partir de 1998, con el colapso del rublo esta- lló una crisis galopante, pues lo peor que le sucedió a Rusia fue haberse endeudado aún más, sobre todo en moneda extranjera. Sus acreedores giraron empréstitos y omitieron establecer siquie- ra condiciones ante la corruptela que azotaba el manejo de las finanzas públicas. Lo más trágico sucedió en medio de la sobrea- preciación de la moneda rusa del rublo, pues los oligarcas practi- cantes del capitalismo de camaradas (Montaigne, 2001) sacaron este dinero fuera de las fronteras del país al grado que: (…En los últimos años Rusia ha tenido siempre grandes su- perávits comerciales, al tiempo que los ingresos por expor- tación se utilizaban, no para pagar las importaciones, sino para engordar cuentas bancarias en el exterior). En particu- lar, los oligarcas –los únicos que realmente podrían pagar considerablemente más impuestos– han escogido no hacerlo (recuerden, muchos de ellos son los propios políticos), de- jando el gobierno en una permanente crisis fiscal, obligando a pedir dinero prestado a unos tipos cada vez más usureros (Krugman, 2000: 145). La tercera dificultad está íntimamente relacionada con la in- certidumbre y la inseguridad de este capitalismo liberal que llevó a Rusia a otra crisis en 2007. Por un lado, se propuso la integración de los Estados y la Unión Europea en una opera- ción llamada “el retorno a Europa” –era uno de los alicientes para quebrar con el socialismo– y, por otro lado, debía cumplir con los requisitos para así llenar los parámetros de exigencia. 51 · Volumen 28 · El desmoronamiento del mundo socialista en Europa Los cambios se convirtieron en verdaderos sacrificios que aten- taron contra la misma estabilidad de los distintos Estados. P. Krugman ha observado este panorama en un plano más inte- gral: la configuración del capitalismo actual ha traído de vuel- ta el modelo de la depresión económica, fase superada durante la segunda posguerra con la puesta en práctica de las políticas keynesianas basadas en el intervencionismo estatal. Lo más gra- ve fue que las economías de los siete países que conformaban el 25 % de la producción del globo cayeron en picada a partir de 1997, cuando se originó en Japón toda una amenaza que no solo se limitó a “los defectos propios del sistema asiático” (Krugman, 2000: 13) (véase cuadro N.° 5). CUADRO N.° 5 Economía del este europeo (año 2000) PIB por habitante según PPA (euros) Nivel relativo UE – 15 = 100 Visegrado Eslova