Filo. y lingüí. 10(2): 3-13,1984. REFLEXIONES ACERCA DE LA POLEMICA SOBRE NACIONALISMO LITERARIO 1. El inicio de la polémica A pesar de ligeras discrepancias en algunos deta- lles, todos los historiadores de nuestra literatura coinciden en señalar cómo, entre los años 1890 y 1900, surgen una serie de fenómenos culturales y literarios, que nos permiten considerar esta década como aquella en la que las esporádicas manifesta- ciones literarias anteriores cristalizan y maduran, para producir lo que podríamos llamar el inicio de una literatura consciente de sí misma. En esta épo- ca se lleva a cabo la publicación de las primeras obras en que la intención -y en algunos casos el valor literario- desborda los límites de la crónica o el cuadro de costumbres; se establecen grupos o tendencias definidas, y se inicia la discusión teórica incipiente entre ellos. A partir de la publicación en 1890 de La lira costarricense, primera recopilación de poesía nao cional editada por Máximo Fernández, y la apari- ción en 1894 de nuestro primer libro de cuentos, Hojarasca, de Ricardo Fernández Guardia, surgen, en ios linderos del siglo, una serie de narradores con un estilo, conocimiento y manejo de recursos y temas, propios y originales, que les da el derecho a ser considerados nuestros primeros clásicos. Des- cuellan entre esos autores los nombres de Ricardo Fernández Guardia, Carlos Gagini, Manuel Gonzá- lez Zeledón (Magón), Aquilea J. Echeverría y Joaquín García Monge. La publicación de Hojarasca de Fernández Guardia en 1894, suscitó una carta de Antonio Zambrana y un artículo crítico de Carlos Gagini; así se inicia una polémica que bien puede ser con- siderada la primera discusión teórica sobre literatu- ra en nuestra historia. "Desde 1894 y en un perfo- do que se prolongó hasta los primeros años del si- glo XX, se planteó el conflicto entre el nativismo o sea el propósito de crear una temática autócto- na y el exotismo o sea la imitación de la literatura extranjera, especialmente la francesa" (1). A lo largo de más de una década, en diversas revistas y periódicos, escritores e intelectuales de muy va· riada filiación, se cuestionaron y dieron sus res- puestas a problemas trascendentales de nuestra li- Alvaro Quesada Soto teratura: zcómo debemos escribir?, écómo debe ser la literatura costarricense?, ¿cuáles han de ser los temas y personajes y cuál el lenguaje y la mane- ra apropiada de enfrentarlos? La polémica dio lugar a distintas respuestas que encerraban a su vez actitudes muy diversas hacia la literatura y la realidad. "De un lado están los que sufren el influjo de 'la ciudad de las luces' y creen de buen tono usar galicismos y citar a cada paso au- tores franceses para demostrar su cultura. Del otro lado están los que se burlan de 'la turbamulta de aficionados al decadentismo que entre nosotros ha- ce furor' " (2). Dos polos opuestos quedaron cla- ramente demarcados desde un principio, en los aro tículos de Carlos Gagini y Ricardo Fernández Guardia, que dieron inicio a la polémica. En una nota crítica a Hojarasca, publicada en mayo de 1894 con el seudónimo Amer, Gagini se quejaba de que mientras "se recurre a argumentos gastados, se pintan escenas y se trazan diálogos que lo mismo pueden desarrollarse aquí que en Madrid o París ... nadie se ocupa de estudiar nuestro pue- blo y sus costumbres desde el punto de vista artís- tico, nadie piensa en desentrañar los tesoros de be- lIeza encerrados en los dramas de nuestras ciudades y en losidilios de las aldeas, en la vida patriarcal de nuestros antepasados, y en lo recóndito de las al- mas y en la naturaleza exuberante que despliega ante nuestros ojos indiferentes su grandiosa poe- sía" (3). Fernández Guardia contestó a Gagini: "El país que después de muchos siglos de existencia y prosperidad logra tener arte y literatura nacionales, ha llegado a la más alta cima de su civilización, y así se dice el arte griego, el arte romano, la literatura francesa, las letras españolas. Y ¿cuándo le parece a usted que podría decirse el arte o la literatura costarricenses? Yo, Dios me lo perdone, me imagino que nunca ... Por lo que hace a mí, declaro ingenuamente que el tal nacionalismo no me atrae poco ni mucho. Mi humilde opinión es que nuestro pue- blo es sandio, sin gracia alguna, desprovisto de toda poesía y originalidad que puedan dar nacimiento siquiera a una pobre sensación artística ... Se comprende sin esfuerzo que con una griega de la antigüedad, dotada de esa hermosura expléndida y severa que ya no existe, se pudiera hacer una Venus de Milo. De una parisiense graciosa y delicada pudo nacer la Diana de Houdon; pero, vive Dios que con una 4 FILOLOGIA y LINGUISTICA india de Pacaca sól i se puede hacer otra india de Paca- ea" (4). Benjamín de Céspedes terció en la polémica con un interesante artículo en que critica, con ejem- plos de la gran literatura de su época, la falsa opo- sición nacional-universal en que basaba sus argu- mentos Fernández. El artículo de Céspedes llama la atención además porque demuestra un amplio conocimiento -insospechado en nuestro reducido medio cultural finisecular- no sólo de los grandes maestros, sino también de autores rusos y escandi- navos menos conocidos: "El señor Fernández cree que no podrá haber arte ni lite- ratura costarricense por la carencia de asuntos bellos en un país esencialmente infeliz y prosaico. Quisiera yo co- nocer la gracia, el talento, la belleza, la poesía del pueblo ruso, desaseado, soez, supersticioso, servil, brutal, ebrio; y sin embargo hay all í hombres ... que se han inspirado con felicísimo arte realista en las desgracias de su nación; escritores de la talla de Herzen, Ogaref, Tourgueneff, Schtchedryne, Dostoyevski, Gogol, Tolstoi y otros que han hecho sacar al sol toda esa podredumbre, purificada por medio del arte (... )" (5). Finalmente sostenía Céspedes que el escritor "como el pescador de perlas", se sumerge en la rea- lidad, "busca, lucha, remueve el légamo, logra rom- per el banco calizo de madréporas"; y cuando "su- be al fin a la superficie con la codiciada presa, unos encuentran entre las valvas la hermosa perla, otros ... sólo pescan la ostra huera, los ratés de la li- teratura, que no hallan sino perlas de vidrio de pa- tente francesa o española" (6). Un análisis detallado del concepto de literatura -explícito o implícito- en los textos, críticos y li- terarios, de algunos participantes en la polémica, nos llevará a sacar interesantes conclusiones acerca de importantes aspectos, hasta ahora a nuestro en- tender inéditos en nuestra historia y crítica litera- ria. 2. Gagini y Fernández Guardia: divergencia y coincidencia. Los historiadores de nuestra literatura han insis- tido tradicionalmente en que la polémica sobre na- cionalismo se centró alrededor del problema del lenguaje. Abelardo Bonilla aseguraba que "la polé- mica se planteó ... no concretamente sobre las posi- bilidades del nacionaJismo en lo referente a los te- mas, sino sobre la conveniencia o inconvenien- cia ... de un lenguaje directo y realista, copia fiel del habla del campesino" (7). Y Alfonso Chase ase- guraba que "el problema de fondo, era muy sim- pie: ¿Se podio describir lo nuestro con un lengua- je literario, aceptable, valioso, rico? Esa es la tesis cardinal de Carlos Gagini. .. Era la eterna lucha en- tre el Diccionario de la Academia Española y el de "Costarriqueñismos" ... entre las formas de ex- presión nacional, barbarismos para los puristas, y el lenguaje español, bendecido por la Acade- mia ... " (8). Pero estas afirmaciones, como vere- mos, sólo son vál idas con respecto al desarrollo ul- terior de la polémica; no a sus inicios. Los textos anteriormente citados de Gagini, Fernández y Céspedes permiten afirmar que la po- lémica, al menos en sus inicios, se centró -al con- trario de lo aseverado por Bonilla y Chase- sobre la temática y el contenido, sin referencia al lengua- je. Lo que se discute en estos primeros artículos es si la vida costarricense -"nuestro pueblo y sus cos- tumbres", "los dramas de nuestras ciudades", "los idilios de nuestras aldeas", "la vida patriarcal de nuestros antepasados" y la "naturaleza exuberan- te", pueden ser fuente de "poesia" y objeto de tratamiento "artístico ". Creemos que es precisamente esta referencia exclusiva al contenido, la debilidad fundamental del planteamiento dado en sus inicios por Gagini y Fernández Guardia a la polémica. Pues a pesar de la aparente oposición entre las concepciones de es- tos dos autores, pensamos que ambos partieron de una base común, implícita en su teoría y en su práctica literaria. A pesar de su oposición en cuan- to a la temática y a los asuntos que pod ían ser tra- tados de manera literaria; su opinión sobre la ma- nera literaria -ciertos elementos formales y lin- güísticos válidos para enfocar cualquier tema- parece ser coincidente. Ambos suponen que "el punto de vista artístico", o sea la forma literaria, es independiente y autónoma de la realidad, y que puede ser aplicada indiscriminadamente, como un patrón abstracto de validez universal, a cualquier contenido. Y ambos consideran que ese patrón o modelo abstracto, es el criterio sobre el valor ar- tístico y las leyes sobre género, recursos y lengua- je, canonizados por la teoría y las prácticas litera- rias europeas, españolas o francesas. De aqu í que -como bien lo han señalado varios críticos (9)- a pesar del nacionalismo temático de Gagini, sus cuentos publicados en Chamarasca (1898) no impliquen, con respecto a Hojarasca, una ruptura en cuanto a la tradición literaria aca- démica, ni una innovación en la búsqueda de una literatura auténticamente nacional, que represente un avance en la indagación de la realidad, el espí- ritu y el hombre costarricenses. QUESADA: Reflexiones acerca de la polémica ... En realidad el descubrimiento de un auténtico "punto de vista artístico" en nuestra literatura, im- plicaba la creación de una unidad dialéctica apro- piada, que lograra reunir, tanto los contenidos y te- mas, como los elementos formales, necesarios para una auténtica representación de la realidad costa- rricense, con sus características y peculiaridades propias (10). A este hecho hizo referencia -a su manera- Leonidas Briceño cuando intervino en 1900 en la polémica: "Nuestra naturaleza -asegu- raba- nos habla de distinto modo que la de Iberia a los españoles; hay ecos en nuestras selvas y espec- táculos en nuestras montañas que para designarlos tenemos que inventar palabras y ponerlos de relie- ve recurriendo a términos nuestros" (11). Lo mis- mo que Briceño señala con respecto a la naturaleza se podría aplicar también a la realidad social. Era necesario encontrar el género, la temática, el esti- lo y el lenguaje adecuados para representar litera- riamente los diversos y contradictorios aspectos de la vida social costarricense. Esa es, creemos, la búsqueda que inician Magón y Aquileo, a su modo; Manuel de Jesús J iménez y Ricardo Fernández Guardia (después de 1901), a su manera; y cuya síntesis intentará en sus obras Joaquín García Monge. Ellos logran una expresión literaria auténticamente nacional, al renunciar a la imitación desubicada del cuento naturalista euro- peo, para crear, mediante la introducción en la li- teratura "culta" y "artística" de elementos margi- nales, populares y extraliterarios, dos géneros crio- llos: el costumbrismo y la crónica histórica. 3. La "canonización de los géneros inferiores" Sucede aquí un fenómeno que los formalis- tas rusos habían estudiado profusamente, y que ellos llamaron la "canonización de los géneros infe- riores" (kanonizatsia nishij zhanrov) (12). Tomashevski lo resume de la siguiente manera: los grandes acontecimientos literarios nacen de la in- clusión en la literatura "artística", de recursos tí- picos de géneros o formas literarias consideradas "no artísticas", "inferiores", "menores" o extra- literarias. Se trata generalmente de formas de ex- presión popular, "folklóricas", "carnavalescas", "vulgares", o bien formas de expresión oral o es- crita que caerían fuera de los límites y cánones establecidos para el "arte literario" (13). Según Tvnianov (14), el que un determinado hecho es- crito o lingüístico pase a ser un hecho literario, y el que un hecho literario pase, de ocupar un lu- gar "marginal" o "periférico", a ocupar un lu- 5 gar "central"; depende de la función que cumpla dentro del sistema de la literatura en un determi- nado contexto histórico-literario. Fenómenos que dentro de las concepciones literarias de una época o un país no se consideran aptos para desempeñar funciones "artísticas" o "literarias", pueden llegar a desempeñarlas en otro contexto histórico-litera- rio. Y viceversa, las concepciones y los rasgos lite- rarios que una época o país considera fundamenta- les y establecidos, pueden dejar de cumplir funcio- nes literarias y perder su valor y vigencia al enfren- tarse a nuevas circunstancias históricas. "Cuando en una época decae un género, éste pasa del centro a la periferia, y en su lugar de lo menudo, de los traspatios y bajos fondos de la literatura, surgen nuevos fenómenos que pasan a ocupar el cen- tro" (15). Roberto Fernández Retamar observó ya la utili- dad de las anteriores concepciones aplicadas al es- tudio de la literatura hispanoamericana, en la que el fenómeno -tan estudiado por los formalistas ru- sos- de la "hibridez" (smeshenie) en los fenóme- nos literarios, es especialmente común y caracterís- tico. " ... La línea central de nuestra literatura parece ser la amu- latada, la hfbrida, la "ancilar"; y la línea marginal vendría a ser la purista, la estrictamente (estrechamente) "litera- ria". Y ello por una razón clara: dado el carácter depen- diente, precario de nuestro ámbito histórico, a la literatu- ra le han solido incumbir funciones que en las grandes me- trópolis le han sido segregadas ya a aquella. De ah í que quienes, entre nosotros, calcan o trasladan estructuras y tareas de las literaturas en las metrópolis -como es lo ha- bitual en el colonizado-, no suelen funcionar eficazmen- te, y en consecuencia producen por lo general obra defec- tuosa o nula, pastiches intrascendentes; mientras quienes no rechazan la hibridez a que los empujan las funciones requeridas, son quienes suelen realizarse como escritores realmente creadores" (16). Esto obliga a reconocer "el predominio en nuestras letras de géneros considerados 'ancila- res' ": crónicas, artículos, memorias, formas so- ciográficas como el Facundo. "Al lado de ellos han solido empalidecer los otros géneros supuestamen- te centrales, en nuestro caso obviamente latera- les ... " (17). Fernández Retamar concluye diciendo que "sólo la concreta encarnación histórica, y no el abordaje apriorístico, puede revelarnos las ver- daderas características y funciones de un hecho li- terario. La estrofa complicada, de raíz culta en Es- paña, se vuelve popular en tierras americanas, mientras la estrofa más suelta, desarrollada por el pueblo español, pasa a ser de factura culta entre nosotros" (18). 6 FILOLOGIA y LINGUISTICA Un fenómeno semejante a los señalados ante- riormente tiene lugar, creemos nosotros, en la li- teratura costarricense en los linderos del siglo. El intento "acadernicista" o "exotista" por tras- plantar intactos a nuestras tierras los fenómenos literarios europeos, sólo produce frutos anémicos y artificiales; mientras que el injerto criollo de fe- nómenos "marginales", "inferiores" o extrali- terarios, dentro de la literatura, produce los úni- cos géneros válidos y vigentes para la época y la realidad: el "género concho" -como despectiva- mente lo llamó Fernández Guardia- y la crónica histórica. Estos dos géneros provenían de fuentes que dentro de los cánones académicos tradiciona- les no tenían abolengo literario: el periodismo y la historia. Así nuestra literatura "clásica" participa de este fenómeno de la "hibridez"; nuestros pri- meros clásicos buscaron su inspiración en el repor- taje o la crónica de tipo periodístico, folklórico, satírico o humorístico, como es el caso de Magón, Aquilea y algunos cuentos de Fernández Guar- dia; o en los documentos, los archivos y los recuer- dos históricos, como es el caso de Manuel Argüe- 110 Mora, Manuel de Jesús J iménez y las crónicas de Ricardo Fernández Guardia. 4. Magón y el género costumbrista No se equivocaba, entonces, Magón cuando en una carta dirigida a Joaquín García Monge con motivo de la publicación de El Moto en 1900, afir- maba ser el "fundador del género", e "iniciador o descubridor de la veta" del costumbrismo literario; contraponiéndose a "los hijos del país de los en- cantos y de los cuentos de hadas ... (que) cierran los ojos y esconden la mano para irse con su imagi- nación tropical a pintar escenas parisienses que nunca han visto y formar atroces ramos con flo- res arrancadas de un tratado elemental de botáni- ca" (19). En otra carta de 1924 dirigida a José Ma- ría Arce, Magón criticaba a los que consideraban que sus cuentos costumbristas no eran literatura porque "se saltan de las reglas": "Por eso el señor Pacheco, que ve las cosas desde el Arco de la Es- trella o desde Nótre Dame, encuentra que mis cuentos no tienen literatura. Olvidó decir francesa porque, aunque le pese, yo sigo creyendo que la tienen tica, que justamente es lo que yo trataba cuando los escribí" (20). Los cuadros de costumbres se publicaban en los periódicos costarricenses muchos años antes de que Magón publ icara sus cuentos (21). Pero no te- nían pretensiones literarias; era considerado un género "periodístico", con pretensiones humorís- ticas o moralizantes, sin valor estrictamente lite- rario. Esto es probablemente lo que suponía Gagi- ni cuando en 1894 afirmaba que "nadie se ocupa de estudiar nuestro pueblo y sus costumbres des- de el punto de vista artistico ''. El consideraba, por lo tanto, que los cuadros de costumbres publicados hasta ese entonces trataban los temas nacionales desde otro punto de vista, un punto de vista presu- miblemente "periodístico" o "humorístico", pero no "artístico" o "literario". Sus cuentos publica- dos en Chamarasca en 1898 refuerzan esa tesis, al introducir temas nacionales tratados según los cá- nones formales y lingü ísticos europeos y académi- cos. No se puede considerar por otra parte que Ga- gini desconociera el lenguaje popular; todo lo con- trario, fue un pionero en su estudio, y había pu- blicado ya, en 1892, la primera edición de su Dic- cionario de barbarismos y ptovlncialtsmos de Cos- ta Rica. El hecho de que no lo utilizara en sus obras literarias en 1898 -a pesar de su defensa de la temática nacionalista en 1894- confirma la te- sis de que no lo consideraba material idóneo para la expresión artística. El mismo título de su Dic- cionario -que más tarde sería sustituido por Dic- cionario de costarriqueñismos- parecía sugerir, con los términos "barbarismos y provincialismos", la referencia a un fenómeno deforme y marginal, ajeno a los usos aceptables y normales. El propio Gagini pareció reconocerlo así, al afirmar en 1918 en las Advertencias preliminares a la segunda edi- ción de su Diccionario: "Sale pues esta edición ... bajo un plan menos empírico: en ella considero las divergencias de nuestro lenguaje con relación a la lengua madre, no como simples corruptelas, in- troducidas por el capricho o la ignorancia, sino como resultado natural de la evolución fonética y semántica a que están sujetos los idiomas vi- vos" (22). Con lo cual viene a confirmar que en la época en que concibió y publicó la primera edi- ción del Diccionario -dos años antes del inicio de la polémica- consideraba los "barbarismos y pro- vincialismos" del lenguaje popular costarricense, "corruptelas, introducidas por el capricho o la ig- norancia" en el seno de la "lengua madre". La innovación de Magón, aprovechada más tar- de por Aquilea y García Monge, consiste entonces en haber tenido en cuenta las sugerencias hechas por Gagini y Zambrana en 1894, pero ampliando- las y completándolas. Magón no sólo incluye en la literatura "temas" y "asuntos" de la vida popular, sino que otorga dignidad literaria al lenguaje "con- QU ESADA: Reflexiones acerca de la polémica ... cho" y al género costumbrista, relegados hasta en- tonces al limbo literario del periodismo humorís- tico o la expresión fol klórica. Este es un hecho que supo ya captar José María Arce cuando afirmaba que "Magón, sin atenerse a modalidades preceden- tes, lleva a la literatura una forma de arte folklóri- co (. ..). Quería reivindicar para lo nuestro -pue- blo, tierra, lengua- el derecho a entrar de lleno en la literatura" (23). Con la conjunción de todos estos factores nace una verdadera literatura costarricense, un conjun- to de temas y recursos literarios integrados cohe- rentemente en un nuevo sistema, capaz de expre- sar una nueva concepción del mundo y de la reali- dad. A esto mismo se refería en 1900, en otra eta- pa de la polémica, Leonidas Briceño, cuando -en el lenguaje y la terminología de la época- afirma que "la poesía es general a todos los pueblos", por lo que "no importa el género de lo escrito ni su es- cuela (...). Hay que tomar en cuenta además que las reglas no las dictan en la Península y que éstas en algunos de sus detalles no pueden privar aquí en América. Nuestra naturaleza nos habla de dis- tinto modo que la de Iberia a los españoles ... para designar(la) tenemos que inventar palabras y po- ner(la) de relieve recurriendo a términos nues- tros" (24). Los cuentos de Magón, creemos no- sotros, fueron una primera expresión de ese ha- llazgo. En ese sentido nos parece significativo el hecho de que sólo después de aparecidos los pri- meros cuentos de Magón la polémica se planteó sobre sus verdaderas bases; abarcó, no solamente el aspecto temático, sino también los aspectos forma- les y lingü ísticos, tal como lo afirmaban -pero sin hacer referencia al cambio- Bonilla y Chase. Ya en la segunda mitad de la década, lo que Jo- sé María Arce llama "arremetidas cultistas" contra la nueva literatura costumbrista tomaba en cuenta ambos aspectos. Consideraban, según Arce, que el traslado de la realidad popular a la página literaria corre el riesgo de caer en lo pedestre y vulgar, en "halagar las pasiones del vulgo ... dándole rienda suelta al sentimentalismo", o recurrir a la chabaca- nería en su afán de hacer reír. Alegaban por igual que el uso del idioma vernáculo implica un deterio- ro del lenguaje (25). De hecho, ya en 1896 -Ma- gón había publicado para entonces sus 13 primeros cuentos- el propio Magón planteaba la polémica en términos distintos a los de 1894, poniendo es- pecial énfasis en el aspecto del lenguaje. El 10 de abril de 1896, con el expresivo seudó- nimo de Armando Camorra se publica en La Pren- sa Libre un artículo titulado "Nuestros Taboadas", 7 en el que se califica a los cuentos de Magón de "engendres lisiados de estos conchos de nuestra enteca literatura" (26). Magón contesta el 12 de abril en La Patria, con el artículo parodia "Cuen- tos opalinos": "Equivocado andábame yo en la creencia de que lo natu- ral, lo llso, lo exento de palabras rimbombantes y altlso- nantes y rebuscadas frases, era lo más aceptable en esta clase de composiciones, en ese género de costumbres entre cuyos vericuetos y zarzales metíme, por mal de mis peca- dos, sin consultar tus indiscutibles ingenios (... ). Endere- zo, pues, mi mal trazado surco y vuelvo a levantar mis te- rroneltos de escritor de costumbres en el estilo que tú cul- tivarías si de semejante pequeñez te ocuparas (... ). La desposada glauca luna con su gorro sarcástico de opa- lino corno, lenta surcaba las agonizantes ondas cortíneas del cerúleo éter esférico boca abajo ... Retemblaba el opa- co suelo bajo el torcido casco de un pollino renqul-pasí- trotero con la desgarrada posta sangriento-glauca. Levan- tó al fresco ambiente su clarín guerrero, lanzó vendaval atronador de sus escuálidos lóbulos hinchando los enros- cados anillos del gargüero y rebuznó ( ... ). Matarredonde- ándose potrero de Pavas, hundióse en el perlífero nicova- no seno la desposada glauca lu na con su gorro sarcástico de opalino corno (27). Como se puede notar, la parodia de Magón tiende justamente a poner de relieve el efecto ri- dículo y grotesco que resulta al aplicar el estilo ar- tificial y rebuscado de los "europeístas", a la des- cripción de la realidad criolla; Magón insiste en la necesidad de utilizar para este fin el "género de costumbres", con un estilo "natural" y "liso", y un lenguaje exento de palabras altisonantes y fra- ses rebuscadas. 5. La "Magna Carta" En marzo de 1900 la aparición de El Moto de García Monge sucitó la publicación de una carta entusiasta dirigida a su autor por Magón, en la que éste hacía referencia a las antiguas manifestaciones de desagrado de Fernández Guardia ante las indias de Pacaca (28). Renace entonces con nuevos bríos la vieja polémica literaria, que se prolonga hasta noviembre de ese mismo año. Fernández Guardia contestó a Magón con una carta fechada en París -en donde desempeñaba a la sazón funciones diplomáticas- publicada en La República el 24 de mayo de 1900. En esa carta afirma en un principio no haber querido decir lo que dijo en 1894, para terminar al final en cierta forma reafirmándolo (29). Sostiene Fernández Guardia en su carta que lo que él había defendido en 1894 era la libertad del escritor: 8 FI LOLOGIA y LINGUISTICA "Se me acusa de patrocinar la teoría de que no se pueden tratar asuntos nacionales en forma literaria, o si se quiere, de ser adversario de lo que en ocasión anterior llamé na- cionalismo en literatura. En honor a la verdad debo decir que jamás he pensado semejante cosa ni ~scrito nada que se le parezca; antes bien, recuerdo que lejos de condenar mi carta ningún género literario, fue como un alegato en defensa de la libertad del escritor ( ... ). La libertad de ins- piración del artista debe ser absoluta y ... cada cual debe ir a buscarla donde la pueda encontrar" (30). Lo que da calidad artística a un determinado material es, según Fernández, "el temperamento" del escritor. "Sostener que en las gentes y cosas de nuestro país no puede haber motivos de inspira- ción para el escritor y el artista es un absurdo. To- do, aunque no en grado igual, puede ser una sensa- ción de arte ... pero no es menos descabellado pre- tender que pueda existir algo que deba inspirar por fuerza a todos ( ). El artista vive dominado por su temperamento no puede divorciarse de su tempe- ramento ... Así vemos que de lo que el uno hace un portento, otro, con igual ingenio, sólo po~rá sac~r una obra mediocre, sin más causa que la diferencia de temperamento de ambos" (31). " Sin embargo, a pesar de esa aparente concesión magnánima al nacionalismo literario, .con base e.n la libertad y el temperamento del escrttor, no deja Fernández Guardia de referirse en términos alta- mente despectivos al "horrible guisote" de los que pretenden cultivar lo que él llama "el género Con- cho de que el señor González se proclama con le- gftimo orgullo el fundador". Afirma que es "insen- sato exigir al novelista que se inspira únicamente en las pachotadas de nuestros campesinos ... "; y aunque declara ser "el primero en aplaudir el es- fuerzo de los que tratan de crear una literatura na- cional", y admirar "muy de veras a los que encuen- tran muchas cosas que decir de una india de Paca- ca'' refuerza su vieja afirmación de que "ya sea por' temperamento, mal gusto inveterado o perver- sidad natural, siempre he de hallar más interesan- te una parisiense o una de nuestras saladas josefi- nas que la más apetitosa de esas robustas indíge- nas' que, según veo, llegarán pronto a ser tan poéti- cas como fama han tenido hasta aquí de buenas nodrizas, o chichiguas, como diría un nacionalis- ta" (32). Finalmente afirma: "A mi modo de ver el peligro no está en que nuestros jó- venes escritores se arriesguen a explorar los jardines in- mensos del ensueño y de la fantasía, siempre que de allí vuelvan con hermosos ramilletes. Lo que no se debe su- frir es esa plaga de escribidores que sin saber una palabra de nada, sin tener talento, ni siquiera nociones elemen- tales de gramática, se lanzan con admirable desfachatez a publicar las sandeces más enormes en un idioma que lo mismo puede ser castellano que quatuso" (33). Esta última afirmación viene a reforzar nuestras reflexiones anteriores. Gagini y Fernández Guardia coinciden en 1894 -a pesar de sus discrepancias en cuanto al tema y los asuntos- en lo referente a la forma y el lenguaje apropiados para que una obra adquiera status literario; pero en esta nueva fase de la polémica, Fernández Guardia pareciera acercarse a la posición original de Gagini en 1894. Así se ex- plica la aparente contradicción entre sus afirma- ciones sobre la libertad del escritor para tratar "asuntos nacionales en forma literaria", por un la- do' y sus diatribas, por otro lado, contra la "plaga de' escribidores" que "sin nociones de gramática" cultivan el "género Concho", y escriben "las san- deces más enormes en un idioma que lo mismo puede ser castellano que quatuso". Fernández Guardia pareciera mirar en 1900 con mayor benevolencia que en 1894, la posibilidad d: que se traten asuntos nacionales -lo que se vera confirmado por la publicación de Cuentos ticos al año siguiente y Magdalena en 1902- pero siempre que se respete la forma literaria, siempre que se utilice el castellano normal y el Diccionario de la Lengua Española (34); y no se recurra al guatuso, a las pachotadas o las sandeces populares y campe- sinas como lo hacían los cultivadores del "género Concho". Estos últimos quedaban para Fernández Guardia al margen de lo literario, al transgredir los cánones académicos sobre la forma, el lenguaje y el género literarios (35). Tres meses después, el 2 de setiembre de 1900, El Heraldo de Costa Rica reproduce la carta de Fernández Guardia -denominada por el redactor la "Magna carta" de la libertad literaria- acompa- ñada de una introducción anónima, en donde se expresan algunos conceptos que vienen a confir- mar cuáles eran las dos vertientes -"fondo y form- rna", "temas y lenguaje"- por las que corría en- tonces la polémica. "Dos tendencias principales las distinguen, una de fondo y otro de formo. Opinan los nacionalistas que los temas pro- pios para las plumas de nuestros escritores deben ser ge- nuinamente costarricenses y que debe tratarse en lo que a lengua se refiere en el español convencional que aqu í pri- va ( ... ). Un nacionalista, además, dejará a un lado el Die- cIonario de lo AcademIa Española, que es bueno para el resto de los mortales que vegetamos en Hispano América, y se servirá únicamente del Diccionario de los BarbarIsmos costarricenses de don Carlos Gagini, como lo hizo ya el autor del "Moto" •• (36). QUESADA: Reflexiones acerca de la polémica ... 6. El "Olimpo Literario": aristocracia y plebe. Pero este texto introduce además un nuevo fac- tor digno de nuestro interés y consideración. Ya los formalistas rusos en sus reflexiones habían se- ñalado la posibilidad de relacionar los fenómenos de la "hibridez" literaria y de la "canonización de los géneros inferiores", con los procesos de cambio social del período histórico en cuestión. Tomas- hevski indica que es posible establecer un "parale- lo" entre el proceso de surgimiento, transforma- ción y "democratización" de los géneros literarios, y la progresiva "democratización" histórica de las relaciones entre las clases sociales (37). Algunas ideas expresadas en ese artículo anónimo, y las reacciones y comentarios que sucitaron posterior- mente entre los polemistas, permiten adscribir un significado semejante al surgimiento de nuestro na- cionalismo literario; permiten establecer una analo- gía entre las posiciones o escuelas literarias opues- tas y la filiación político-social de sus defensores y cultivadores. Aseguraba el anónimo editor de la "Magna carta": "En literatura como en poi ítica la simpatía de ideas y la analogía de temperamentos dan origen a las agrupaciones que se ha convenido en llamar escuelas o partidos. Algu- nos creemos que en San José, no contentos con las mil subdivisiones que tenemos al tratar de la cosa pública, se han creado también dos sectas literarias opuestas e irre- conciliables. Llamemos a una liberal y a la otra nacionalis- ta" (38). A continuación afirma el redactor que el "círculo" liberal podría ser llamado "Olimpo lite- rario" (39). El término Olimpo, como es bien sa- bido, ten ía en esta época cierta connotación poi í- tico-social; hacía referencia a la élite de intelectua- les y políticos pertenecientes a la oligarquía cafeta- lera, que habían surgido a la vida pública con las reformas liberales, hacia 1889. Por otra parte, ni Magón, ni Aquileo, habían ocultado nunca su sim- patía política por el liberalismo; de manera que la oposición liberal/nacionalista apuntaba más bien hacia una diferenciación poi ítico-social, más que estrictamente poi ítico-doctrinaria. La oposición en definitiva se orientaba a señalar la pertenencia a la aristocracia oligárquica de los partidarios del aca- demicismo cosmopolita, y el carácter más "plebe- yo", de extracción popular o de "pobres de levita" (para usar una expresión de ... Magón (40) ) de los cultivadores y simpatizantes del "género concho". Así lo comprendió Leonidas Briceño, en una respuesta al anónimo admirador de Fernández 9 Guardia, publicada dos días después de reimpresa la "Magna carta": " ... ellos por sí y ante sí (y sin poner sus firmas se entien- de), han hecho dos agrupaciones del gremio literario, dos sectas irreconciliables, como ellos dicen, y han llamado a la una liberal y a la otra nacionalista: aristocracia y plebe, se comprende ( ... ). A veces ... dicen con desdén "que no quieren descender hasta uno". Bien, llegará el día en que los hagamos descender" (41 ). De manera implícita Fernández Guardia parece aceptar también esta interpretación, al hacer una irónica referencia al origen "guanacasteco" de Bri- ceño, como una explicación de su interés por el nacionalismo literario (42); además de sus reitera- das afirmaciones sobre la escasa "poesía" de nues- tras "apetitosas y robustas indígenas", buenas só- lo para nodrizas o "chichiguas", y de las "pacho- tadas" de nuestro pueblo, "sandio y sin gracia al- guna". No es difícil establecer, entonces, un paralelo entre el "Olimpo" literario de los academicistas y europeístas, que mantienen una posición tradicio- nalista, aristocrática y conservadora, en la temáti- ca, los recursos y el lenguaje; y la posición políti- co-social de sus cultivadores, pertenecientes al "O- limpo" político y a la rancia aristocracia oligárqui- ea. Manuel Argüello Mora, Ricardo Fernández Guardia, Manuel de Jesús Jiménez Oreamuno, Ale- jandro Alvarado Quirós, tenían todos relaciones muy estrechas de parentezco con los gobernantes de la época y tuvieron, además, destacada partici- pación en la vida social y política del país (43). La mayoría de ellos, sin embargo -con excepción de Alvarado Quirós- transigieron con ciertos aspec- tos del nacionalismo literario, y cultivaron princi- palmente la crónica histórica. Pero la crónica his- tórica, precisamente, representa, dentro de las co- rrientes nacionalistas, la más aristocrática y conser- vadora, tanto por su temática referida al pasado histórico y a personajes de alto rango social, como por su estilo y lenguaje, académico, sobrio y con cierto sabor arcaico. La procedencia social de los cultivadores y de- fensores del costumbrismo o "género concho" -Magón, Aqulleo Echeverría, García Monge, Leo- nidas Briceño-, por otra parte, coincide con la vi- sión de la realidad, más popular y "plebeya", que expresa esta corriente. Lo cual es notorio, tanto en los temas y personajes: hombres y escenas de la vi- da cotidiana campesina y popular; como en el to- no natural y espontáneo, un lenguaje vernáculo y abigarrado, que intenta expresar la letra y el espí- ritu del habla y la idiosincracia de nuestro pueblo. 10 FILOLOGIA y LINGUISTICA CONCLUSIONES En resumen, el análisis de las ideas expresadas por los participantes en la polémica sobre naciona- lismo literario nos lleva a las siguientes conclusio- n~: ~ 1) En un principio la polémica se planteó alre- dedor de los "asuntos" y los temas, que po- dían ser tratados por una literatura nacional, sin referencia a los aspectos formales y de lenguaje. 2) A pesar de sostener posiciones aparentemen- te opuestas, en cuanto a los temas que podía o debía tratar la literatura, Carlos Gagini y 5) Ricardo Fernández Guardia partían, en los inicios de la polémica, de un concepto seme- jante, académico y canónico de la literatura, concepto que se ve corroborado por su prác- tica literaria (Hojarasca y Chamarasca). Am- bos aceptaban como válidas únicamente las reglas y convenciones tradicionales europea, francesas y españolas, sobre el género, la for- ma y el lenguaje literarios. 3) Con el surgimiento del "costumbrismo" lite- rario o "género concho" y más tarde de la crónica histórica, se intenta subsanar las limi- taciones del academicismo europeísta. Am- bos géneros buscan, mediante la introduc- ción de elementos marginales y extralitera- rios dentro de la literatura "culta" y "artís- tica", la creación de nuevos géneros criollos, aptos para ofrecer una auténtica imagen lite- raria de la realidad, la vida y el hombre cos- tarricenses. Con la aparición del costumbrismo literario, la polémica sobre nacionalismo se plantea so- bre sus verdaderas y necesarias bases, al in- cluir, no sólo la introducción de una nueva NOTAS (1) Castro Rawson, M. El costumbrlsmo en Costo Rico, Lehmann, San José, 1971, p. 110. (2) Ibld., p. 112. (3) Amer, "Hojarasca", en: Cuartillas, 28 de mayo de 1984. Reproducido en: Castro, op, clt., p. 321. temática, sino también aspectos formales de género y lenguaje. Las opiniones expresadas por Fernández Guardia en 1900 parecen iniciar una evolu- ción de este autor -corroborada por la pu- blicación de Cuentos ticos en 1901 y Magda- lena en 1902- hacia posiciones más cercanas al nacionalismo literario; en 1900, no obs- tante, sigue sin aceptar el "género concho" y el lenguaje popular, como manifestaciones auténticamente literarias. Diversas apreciaciones sucitadas por la reim- presión de la "Magna carta" de Fernández Guardia en setiembre de 1900, permiten es- tablecer un paralelo entre las posiciones lite- rarias y la procedencia social de los autores. Los miembros del "Olimpo" literario, perte- necientes, como los del "Olimpo" político, a la rancia aristocracia cafetalera, defienden y cultivan una literatura más conservadora, de corte académico y/o europeísta (Ricardo Fernández Guardia, Manuel Argüello Mora, Manuel de Jesús J iménez, Alejandro Alvara- do). Los partidarios y cultivadores del "género concho" son de origen más "plebeyo", pro- cedentes de la oligarquía "de medio pelo", "pobres de levita" según la pintoresca ex- presión de Magón, o de estratos populares: Magón, Aquileo Echeverría, Joaquín García Monge. La procedencia social de los autores se refle- ja, tanto en su concepto de literatura, como en la visión literaria de la realidad que expre- san las dos principales corrientes literarias de la época: el costumbrismo y la crónica his- tórica. (4) Fernández Guardia, R., "El nacionalismo en litera- tura", El Heraldo de Costo Rico, 24 de junio de 1994. Reproducido en Castro, op, clt., p. 326-327. (5) Céspedes, Benjamín de, "El nacionalismo en litera- tura", El Heraldo de Costo Rica, 10 de julio de 1894. Reproducido en Castro,op. clt., p. 333-335. QUESADA: Reflexiones acerca de la polémica ... Respetamos la caprichosa transcripción de los nom- bres rusos -posiblemente calcada del francés- que utiliza el articulista para referirse a Turguéniev y (Saltikov-) Schedrín. (6) (7) Ibidem. Bonilla, A., Historia de la literatura costarricense, Ed. Costa Rica, San José, 1967, p. 110. (8) Chase, A., "Notas para una historia de la narrativa costarricense", en: Narrativa contemporánea de Costa Rica, t. 1, Ministerio de Cultura, San José, 1975, p. 24. El subrayado es del original. (9) Ver: Bonilla, op, clt., p. 141; Portuguez de Bola- ños E., El cuento en Costa Rica, p. 32 Y 114. (10) Sobre esto ver: Lukács G., "Arte y verdad objeti- va" en: Problemas del realismo, Fondo de Cultu- ra Económica, México, 1966. Ver también mi ar- tículo "Arte y realismo en el pensamiento de Georg Lukács" en: Revista de Filosofía de la Uni- versidad de Costa Rica, No. 49-50, 1981. (11) Briceño L., Carta a Rafael Machado, El Heraldo de Costa Rica, 4 de setiembre 1900. (12) Ver, por ejemplo: Tomashevski B., Teorla l.lteratu- ry (Poettca), Leningrado, 1925. p. 162-165; Tynia- nov Yu. N., "Literaturni fact" ("El hecho litera- rio", 1924) y "O llteraturnol evollutsll" ("Sobre la evolución literaria", 1927) en: Poettcallstorla llte- ratury/kinó, Academia de Ciencias de la URSS, Moscú, 1977; Vinogradov V. V., "Evoliutsia russ- kovo naturalisma" (" La evolución del naturalismo ruso", 1928) en: Poética russkoi Ilteratury, Aca- demia de Ciencias de la URSS, Moscú, 1976; Shklovski V., Tetlvá (La cuerda del arco), Moscú, 1970; Bajtín M., Problemy poetlki Dostoyevskovo, 3 ed., Moscú, 1972, cap. IV, y "La palabra en la novela", en: Ciencias sociales, Academia de Cien- cias de la URSS, No. 1, 1978, p. 166. (13) (14) Ver: Tomashevski, op, clt., p. 164. Ver: Tynianov, "Literaturni fact", op, clt., p. 255 Y "O literaturnoi evollutsil", op. cit., p. 270. (15) (16) Tynianov,op. cit., p. 257. Fernández Retamar R., "Algunos problemas teó- ricos de la literatura hispanoamericana", en: Pa- ra una teoría de la literatura hispanoamericana y otras aproximaciones, Cuadernos Casa 16, La Ha- bana, 1975, p. 72. (17) lbid., p. 73. (18) Ibid., p. 76. (19) Magón, Carta a Joaquín García Monge, 10 de marzo de 1900. En: Cuentos de Magón, edición J. M. Arce, Colección "Selectio", Lehmann, San José, 1968, p. 315. 11 (20) Magón, Carta a J. M. Arce, abril 30 y 10 de mayo de 1924, op, cit., p. 318. El subrayado es nuestro. (21) Ver el estudio y antología de Margarita Castro R. ya citado: El eostumbrismo en Costa Rica. (22) Gagini C., Diccionario de costarrlqueñlsmos, 3 ed., Ed. Costa Rica, San José, 1975, p. 11. El subraya- do es nuestro. (23) Arce J. M., "Manuel González Zeledón (Magón)" en: Cuentos de Magón, p. XXII-XXIII. (24) (25) (26) (27) (28) Briceño L., op. cit., El subrayado es nuestro. Arce, op, cit., p. XXVI. Ver: Cuentos de Magón, p. 327. Cuentos de Magón, p. 328-329. "Va verán don Ricardo Fernández Guardia y los que con él opinan que no hay mucho que decir de una india de Pacaca, hoy que usted les ha mostrado tanta belleza, tanta gracia y tanta chispa en la hija de ñor Soledá...". La revista, 9 de marzo de 1900. En: Cuentos de Magón, p. 314-315. En este sentido tenía razón Leonidas Briceño al asegurar que: "La Magna carta como por allí ha llamado alguien a la de Fernández Guardia, es para m í una magna contradicción. Este señor empieza proclamando en ella la libertad en el arte y luego se torna regañón con los que con él no opinan". El Heraldo de Costa Rica, 4 de setiembre de 1900. (29) (30) Fernández Guardia R., "Nacionalismo literario" en: La República, 24 de mayo 1900. (31 ) (32) (33) (34) Ibidem. Ibidem. El subrayado es del original. Ibidem. Subrayado del original. Ver carta publicada en El Heraldo de Costa Rica el 27 de octubre de 1900. (35) Al menos esta pareciera haber sido su posición en 1900. Es probable que con el tiempo cambiara, pues cuando publica en 1926 la segunda edición de Cuentos ticos, solicita un prólogo a García Monge, uno de los principales cultivadores del "género con- cho" en 1900. (Ver: J. García M., "Renglones pre- liminares para Cuentos Tlcos", en: Ricardo Fer- nández Guardia, presentado por V. H. Fernández, Ministerio de Cultura, 1978, p. 45. (36) El Heraldo de Costa Rica, 2 de setiembre de 1900. (37) Tomaskevski,op. cIt., p. 164. (38) El Heraldo de Costa Rica, 2 de setiembre de 1900. (39) Ibidem. 12 FI LOLOGIA y LINGUISTICA (40) Ver Cuentos de Magón, p. 312. (41) Bricerio, op. cit., El subrayado es nuestro. (42) Ver carta de Fernández Guardia publicada en El Fiqaro, 10 de noviembre de 1900. (43) Sobre la importancia político-social de las relacio- nes gencalógicas, ver: Stone S. La dinost io de' los conquistadores, EDUCA, San José, 1975. BIBLlOGRAFIA Amer (Carlos Gagini), "Hojarasca", en Cuartillas, 28 mayo 1894. Anónimo, "El nacionalismo literario", en El Heral- do de Costa Rica, 2 setiembre 1900. Arce J. M. "Manuel González (Magón)", en Cuen- tos de Magón, Colección Selectio, Lehmann, San José, 1968. Argüello Mora M., La trinchera y otras páginas his- tóricas, Ed. Costa Rica, San José, 1975. Bajtin M., Problemy poetiki Dostoyevskovo, 3 ed., Moscú, 1972. "La palabra en la novela", en Ciencias Sociales, Academia de Ciencias de la URSS, No. 1, 1978, p.60. Bonilla A, Historia de la literatura costarricense, Ed. Costa Rica, San José, 1967. Briceño L, Carta a Rafael Machado, El Heraldo de Costa Rica, 4 setiembre 1900. Castro Rawson M., El costumbrismo en Costa Ri- ca, 2 ed., Lehmann, San José, 1971. Céspedes de, B., "El nacionalismo en literatura", El Heraldo de Costa Rica, 10 de julio de 1894. 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