18 56 -1 85 7La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoria Los dos estudios reunidos en este fascículo analizan la producción historiográfica y la creación literaria que han tenido como eje la llamada Campaña Nacional (1856-1857), una guerra en la cual las tropas de Costa Rica, junto con las de los otros países centroamericanos, derrotaron a las fuerzas conducidas por el mercena- rio estadounidense, William Walker. Además, ambos textos examinan cómo la relación de ese evento con la identidad nacional se ha convertido en la base de un importante debate público que se ha extendido de las aulas universi- tarias al sistema educativo y a los medios de comunicación colectiva. Iván Molina Jiménez David Díaz Arias La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoria Iván Molina Jiménez David Díaz Arias CC.SIBDI.UCR - CIP/4025 Nombres: Molina Jiménez, Iván, autor. | Díaz Arias, David, autor. Título: La Campaña Nacional (1856-1857) : historiografía, literatura y memoria / Iván Molina Jiménez, David Díaz Arias. Descripción: Primera edición digital. | San José, Costa Rica : Editorial UCR, 2023. Identificadores: ISBN: 978-9968-02-100-5 (PDF) Materias: LEMB: Costa Rica – Historia – Campaña Nacional, 1856-1857. | Costa Rica – Características nacionales. Clasificación: CDD 972.860.44 --ed. 23 Edición aprobada por la Comisión Editorial de la Universidad de Costa Rica. Primera edición impresa: 2008. Primera edición digital (PDF): 2023 © Editorial Universidad de Costa Rica, Ciudad Universitaria Rodrigo Facio. San José, Costa Rica. Apdo.: 11501-2060 • Tel.: 2511 5310 • Fax: 2511 5257 administracion.siedin@ucr.ac.cr www.editorial.ucr.ac.cr Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción de la obra o parte de ella, bajo cualquier forma o medio, así como el almacenamiento en bases de datos, sistemas de recuperación y repositorios, sin la autorización escrita del editor. Hecho el depósito de ley. Las opciones de resaltado del texto, anotaciones o comentarios dependerán de la aplicación y dispositivo en que se realice la lectura de este libro digital. Contenido Presentación ................................................................................. vii La Campaña Nacional (1856-1857): investigación histórica y producción literaria ....................... 1 Iván Molina Jiménez La investigación histórica acerca de la Campaña Nacional ...................................................... 4 Literatura y Campaña Nacional ......................................... 25 Política e ideología de la Campaña Nacional .................. 30 Epílogo ..................................................................................... 35 Campaña Nacional y memoria conmemorativa. Un análisis historiográfico ........................................................ 37 David Díaz Arias Introducción ........................................................................... 37 La guerra contra los filibusteros como eje de la identidad nacional ....................................................... 42 Identidad temprana y memoria historiográfica .............. 48 La nacionalidad como una producción natural de la larga duración ............................................................... 56 Conclusiones .......................................................................... 68 Acerca de los autores ................................................................... 71 Presentación El presente texto ofrece al público lector dos estudios a propósito del sesquicentenario de la Campaña Nacional (1856-1857). El primero, escrito por Iván Molina Jiménez, constituye un balance de la producción historiográfica y litera- ria que versa sobre ese evento. El segundo, de David Díaz Arias, analiza en detalle el papel asignado a la guerra contra Walker en tres interpretaciones recientes que examinan el origen de la identidad nacional costarricense, elaboradas por Steven Palmer, Víctor Hugo Acuña Ortega y Juan Rafael Quesada Camacho. El propósito común de ambos trabajos es fomentar un debate más amplio acerca de la relevancia de ese conflicto y su impronta en la memoria colectiva. Los dos estudios aquí reunidos serán de particular interés para historiadores y otros investigadores sociales, especialistas de lo literario, comunicadores y docentes de secundaria; sin embargo, a todas las personas preocupadas por conocer mejor la Campaña Nacional les puede ser útil el presente texto. La síntesis preparada por Molina Jiménez permite aproximarse al proceso mediante el cual el conocimiento histórico acerca de esa guerra y de su contexto fue construido, al tiempo que explora cómo se configuró una creación literaria, dominada por la poesía y las piezas dramáticas, a partir de ese episodio. El análisis de Díaz Arias, a su vez, profundiza en los aportes y La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoriaviii debilidades de los tres esfuerzos interpretativos que han domi- nado el debate sobre el origen de la nación costarricense desde inicios de la década de 1990. La elaboración de este texto forma parte de los esfuerzos de la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica por conmemorar el Sesquicentenario de la Campaña Nacional mediante la publicación de materiales y la organización de actividades que fomenten la actualización de conocimientos y estimulen diálogos serios y rigurosos sobre el pasado. Los autores –únicos responsables de las omisiones y errores pre- sentes en sus trabajos– agradecen al director de esa unidad académica, Francisco Enríquez Solano, por la acogida dada a sus estudios; a Ana María Botey Sobrado, por su interés en difundirlos; y a Daniel Pérez Salazar por colaborar en la reco- lección de algunas de las fuentes primarias utilizadas. Entre 1856 y 1857, Costa Rica emprendió una gue- rra contra el mercenario estadounidense William Walker (1824-1860). Tras haber sido contratado por los liberales nicaragüenses para que les ayudara a enfrentar a los conser- vadores, Walker, quien desembarcó en Nicaragua en junio de 1855, pronto alcanzó una posición de significativo poder en ese país. Aunque Walker afirmaría posteriormente que su meta final era convertir a Centroamérica en una república esclavista, su interés inmediato se concentró en controlar la llamada Vía del Tránsito, una de las principales inversiones estadounidenses en la América Latina de esa época,1 la cual facilitaba el traslado de personas del este al oeste de Estados Unidos y viceversa, por medio del río San Juan y el Lago de Nicaragua. Existía otra razón adicional por la cual la Vía del Tránsito era un espacio estratégico: se consideraba que era el lugar más favorable para construir un canal interoceánico.2 Al tomar en 1 Gobat, Michel, Confronting the American Dream: Nicaragua under U. S. Imperial Rule (Durham, Duke University Press, 2005), p. 23; Burns, E. Bradford, Patriarch and Folk. The Emergence of Nicaragua 1798-1858 (Cambridge, Massachusetts, Harvard University Press, 1991), pp. 177-188. 2 Kinloch, Francis, “El canal interoceánico en el imaginario nacional. Nicaragua, siglo XIX”. Taller de Historia (Managua, Instituto de Historia de Nicaragua, 1994), pp. 42-44. La Campaña Nacional (1856-1857): investigación histórica y producción literaria Iván Molina Jiménez La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoria2 cuenta este potencial, Walker procuró consolidar su dominio sobre la franja sur de Nicaragua y norte de Costa Rica, la cual también era fundamental desde el punto de vista militar, ya que ese control le facilitaba el envío de equipo y reclutas.3 En vista de la amenaza que el proyecto de Walker implicaba para la integridad territorial de Costa Rica, el gobierno costarricen- se, encabezado por Juan Rafael Mora, emprendió una ofensiva militar que tuvo dos fases claramente diferenciadas. La primera, ubicada entre marzo y abril de 1856, supuso expulsar a las fuerzas de Walker de Costa Rica y obligarlas a dejar la ciudad nicaragüense de Rivas. Tales logros, sin embar- go, fueron limitados debido al inicio de una epidemia de cólera que llevó al ejército costarricense a retirarse desordenadamen- te de Nicaragua, en cuyo curso la peste se propagó por Costa Rica y acabó con entre el 8 y el 10 por ciento de la población. La segunda fase se inició en noviembre de 1856 y culminó el primero de mayo de 1857, con la rendición de Walker. Durante este periodo, fuerzas militares de los otros países centroame- ricanos se unieron a la lucha contra Walker, al tiempo que las tropas costarricenses tomaban la Vía del Tránsito.4 Pese a la victoria, la Campaña Nacional, que también estuvo acompañada por una breve y profunda crisis económica, inten- sificó el descontento contra el gobierno de Mora, que incurrió, además, en prácticas corruptas sistemáticas. Derrocado en agosto de 1859 y expulsado del país, Mora invadió Costa Rica en setiembre de 1860, pero su intento no tuvo éxito y, tras rendirse, fue fusilado.5 Durante el próximo cuarto de siglo, la guerra de 1856-1857 fue escasamente conmemorada por las autoridades costarricenses, en parte, debido a que el poder político cayó en 3 Obregón Loría, Rafael, La campaña del Tránsito 1856-1857 (San José, Editorial Universitaria, 1956). 4 Obregón Loría, Rafael, Costa Rica y la guerra contra los filibusteros (Alajuela, Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, 1991). 5 Obregón Loría, Rafael, Hechos militares y políticos, 2da. edición (Alajuela, Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, 1981), pp. 121-141. Iván Molina Jiménez • David Díaz Arias 3 manos de los adversarios de Mora y, en parte, porque entre 1870 y 1882, prevaleció una dictadura, cuyo hombre fuerte, el general Tomás Guardia, concentró sus esfuerzos en exaltarse a sí mismo y a su proyecto de construir un ferrocarril al Caribe.6 En la década de 1880, sin embargo, la situación cambió decisivamente, ya que un círculo de políticos e intelectuales liberales recuperó sistemáticamente la memoria de la Campaña Nacional como eje del proceso de invención de la identidad nacional costarricense. En particular, ese círculo resaltó la pri- mera fase de la guerra, militarmente menos importante, pero simbólicamente más estratégica. Así fue como Juan Santamaría, un joven soldado de la ciudad de Alajuela, quien murió en Rivas de Nicaragua el 11 de abril de 1856 mientras incendiaba un mesón en el que estaban refugiadas parte de las fuerzas de Walker, fue convertido en héroe nacional de Costa Rica.7 En razón de la importancia que ha tenido la Campaña Nacional en el imaginario costarricense, el objetivo del presen- te artículo es analizar la investigación histórica y la creación literaria relacionadas con ese evento. El planteamiento prin- cipal que se va a demostrar es que, en ambos casos, ha habido una producción esporádica ritmada por la conmemoración de tres centenarios: los de los nacimientos de Juan Rafael Mora (1914) y de Juan Santamaría (1931), y el de la batalla de Rivas. Igualmente, resultará claro al final de este balance que, hasta la fecha, la falta de una historia social de la guerra de 1856-1857 se aúna con la ausencia de una novela costarricense que tenga por escenario tal experiencia. 6 Palmer, Steven, “Sociedad anónima, cultura oficial: inventando la nación en Costa Rica, 1848-1900”. Molina Jiménez, Iván y Palmer, Steven, eds., Héroes al gusto y libros de moda. Sociedad y cambio cultural en Costa Rica (1750-1900), 2da. edición (San José, Editorial Universidad Estatal a Distancia, 2004), pp. 279-283 (la primera edición es de 1992); Méndez, Rafael, Imágenes del poder. Juan Santamaría y el ascenso de la nación en Costa Rica (1860-1915) (San José, Editorial Universidad Estatal a Distancia, 2007), pp. 31-68. 7 Palmer, “Sociedad anónima”, pp. 283-288; Méndez, Imágenes del poder, pp. 69-106. La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoria4 La investigación histórica acerca de La campaña nacionaL La producción histórica acerca de la Campaña Nacional puede dividirse en tres ejes temáticos: los trabajos que analizan específicamente la guerra de 1856-1857, ya se trate del conflicto en su conjunto, de procesos militares específicos o de figuras que participaron en las distintas batallas; los que examinan el contexto económico, social, político y cultural en que ocurrió esa guerra; y los que, al considerar la lucha contra Walker como eje o fundamento de la identidad nacional, estudian el periodo posterior o anterior al conflicto, ya sea para enfatizar en el papel jugado por los políticos e intelectuales liberales en la invención de la nación costarricense o para impugnar tal enfoque. La guerra de 1856-1857 De acuerdo con Steven Palmer, la primera vez que la Campaña Nacional figuró en un texto de historia publicado en Costa Rica fue en 1880, en el Bosquejo histórico del colom- biano Juan Venero, en el cual la guerra de 1856-1857 ocupó apenas dos párrafos. Tal situación cambió decisivamente con la publicación entre 1887 y 1892 de los libros Apuntamientos geográficos, estadísticos e históricos, de Joaquín Bernardo Calvo, y Elementos de historia de Costa Rica, de Francisco Montero Barrantes, en los cuales la lucha contra los filibus- teros concentró más del 10 por ciento de toda la historia costarricense desde la época de la conquista española.8 Sin embargo, sería un guatemalteco, Lorenzo Montúfar, el autor del estudio más detallado (más de mil páginas) sobre la 8 Palmer, “Sociedad anónima”, pp. 288-296. Venero publicó el Bosquejo en el diario oficial, La Gaceta, del cual era editor. Acerca de Venero, véase: González Flores, Luis Felipe, Historia de la influencia extranjera en el desenvolvimiento educacional y científico de Costa Rica (San José, Editorial Costa Rica, 1976), pp. 107 y 109. González Flores, en una ocasión, cita el nombre como José N. Venero. Iván Molina Jiménez • David Díaz Arias 5 Campaña Nacional: Walker en Centroamérica, publicado en Guatemala en 1887.9 Cabe indicar que el interés de los costarricenses por estudiar la Campaña Nacional fue superado no solo por un guatemalte- co, sino que había sido precedido, de manera decisiva, por los nicaragüenses. En efecto, en Nicaragua, la guerra contra Walker había sido objeto de un extenso libro, publicado en dos tomos por Jerónimo Pérez entre 1864 y 1873;10 además, en ese mismo país, Fabio Carnevalini había traducido y publicado, en 1883, el libro de Walker sobre su experiencia en Nicaragua.11 En Costa Rica, fue preciso esperar hasta 1895 para que, en el contexto de la inauguración del Monumento Nacional, Francisco Rodríguez Camacho publicara, en un folleto de 44 páginas, una primera y limitada historia de la Campaña, centrada en tres episodios específicos: las batallas de Santa Rosa y Rivas, y la captura de los vapores en San Juan del Norte.12 Una perspectiva fragmentaria domina también el segundo libro sobre la Campaña Nacional publicado en Costa Rica, el cual fue escrito por otro guatemalteco, Máximo Soto Hall, quien 9 Montúfar, Lorenzo, Walker en Centroamérica (Guatemala, Tipografía La Unión, 1887). Tal obra constituye, a la vez, el tomo VII de la Reseña histórica de Centro América de Montúfar. Para un análisis reciente de la obra de este historiador guatemalteco, véase: Acuña, Víctor Hugo, “La historiografía liberal centroamericana: la obra de Lorenzo Montúfar (1823-1898)”. Istmo. Revista Virtual de Estudios Literarios y Culturales Centroamericanos. No. 12 (enero-junio, 2006) [http://www.denison.edu/collaborations/istmo/articulos/ historiografia.html]. 10 Pérez, Jerónimo, Memorias para la historia de la revolución de Nicaragua y de la guerra nacional contra los filibusteros, 1854 a 1857 t. I (Managua, Imprenta del Gobierno, 1865) y t. II (Masaya, Imprenta del Orden, 1873). Acerca de la historiografía nicaragüense del periodo 1850-1889, véase: Herrera, Miguel Ángel, “Nacionalismo e historiografía sobre la guerra del 56. Nicaragua 1850-1889”. Revista de Historia. Managua, No. 2 (1992-1993), pp. 27-39. 11 Walker, William, La guerra de Nicaragua en 1860 (Managua, El Porvenir, 1884). El escritor e historiador costarricense, Ricardo Fernández, Guardia, publicó una nueva traducción: La guerra de Nicaragua (San José, Lines, 1924). 12 Rodríguez Camacho, Francisco, Glorias de Costa Rica. Pinceladas sobre las guerras de Centro América en los años de 1856 y 1857 (San José, Imprenta Nacional, 1895). La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoria6 en 1902 dio a la imprenta Episodios nacionales. 1856-1857.13 La ausencia de una obra más elaborada sobre la Campaña parece explicar el hecho de que en 1908 se publicara en Costa Rica una versión parcial de la Historia de los filibusteros, de Jeffrey Roche (obra que circuló originalmente en inglés, en Estados Unidos, en 1891).14 Finalmente, en 1909, se publicó de manera independiente, en un tomo de escasas 94 páginas profusamente ilustradas, la historia de la Campaña Nacional preparada por Joaquín Bernardo Calvo Mora. Esta obra había sido original- mente publicada en 1897 como parte del libro conmemorativo de la inauguración del Monumento Nacional.15 Entre 1890 y 1910, las fuentes básicas de conocimiento acerca de la guerra de 1856-1857 fueron las obras ya indica- das, en particular la de Montúfar. En ese periodo, sin embar- go, hubo tres aportes destacados: primero, las crónicas de Manuel Argüello Mora orientadas a resaltar la figura de su tío, Juan Rafael Mora;16 segundo, un cuadro de costumbres de Manuel de Jesús Jiménez acerca del retorno de las tropas costarricenses tras la capitulación de Walker;17 y finalmente, 13 Soto Hall, Máximo, Episodios nacionales. 1856-1857 (San José, Tipografía Nacional, 1902). El texto de Soto Hall fue publicado simultáneamente en: Revista de Costa Rica en el siglo XIX (San José, Tipografía Nacional, 1902), pp. 155-174. 14 Roche, Jeffrey, Historia de los filibusteros (San José, Imprenta Nacional, 1908). El traductor, Manuel Carazo Peralta, omitió las partes del libro no relacionadas con la experiencia de Walker en Centroamérica y Ricardo Fernández Guardia señaló que la obra de Roche contenía “numerosos errores” y estaba “escrita con pasión y prejuicios de raza”. 15 Calvo Mora, Joaquín Bernardo, “La Campaña Nacional contra los filibusteros en 1856 y 1857. Brevísima reseña histórica”. Las fiestas del 15 de setiembre de 1895 (San José, Imprenta Nacional, 1897), pp. 1-101; ídem, La Campaña Nacional contra los filibusteros en 1856 y 1857. Breve reseña histórica (San José, Tipografía Nacional, 1909). Calvo Mora escribió este libro entre 1894 y 1895. Juan Rafael Quesada, al analizarlo, no consigna la edición de 1897. Quesada, Juan Rafael, Historia de la historiografía costarricense 1821-1940 (San José, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2001), pp. 175-176. 16 Argüello Mora, Manuel, Páginas de historia. Recuerdos e impresiones. (San José, Imprenta El Fígaro, 1898), pp. 17-155. 17 Jiménez, Manuel de Jesús, “Honor al mérito”. Revista de Costa Rica en el siglo XIX, pp. 139-152. Iván Molina Jiménez • David Díaz Arias 7 una información judicial mandada a levantar por la muni- cipalidad de Alajuela para probar la existencia y acción heroica de Juan Santamaría, puestas en duda por Montúfar. Tal texto, que compila una copia certificada del acta de bau- tizo de Santamaría y un conjunto de entrevistas realizadas entre agosto y setiembre de 1891 a veteranos de la Campaña Nacional,18 se constituyó en una de las primeras experiencias de historia oral realizadas en Costa Rica.19 De 1910 a 1960, la producción historiográfica sobre el conflicto de 1856-1857 se caracterizó por la publicación de documentos y la preparación de estudios de corto alcance, la mayoría motivados por la conmemoración de centena- rios o relacionados con el debate en torno a la participación de Santamaría en la batalla de Rivas.20 En abril de 1901, un extranjero, Julio Sanfuentes, volvió a poner en duda, en un artí- culo publicado en la prensa, el acto heroico de Santamaría,21 pese a que, desde 1900, Anastasio Alfaro había publicado en La Gaceta la solicitud de pensión de la madre de Santamaría y la resolución gubernamental de aprobar tal petición.22 18 Información ad perpetuam. Heroísmo de Juan Santamaría. Batalla del 11 de abril de 1856. Alajuela, Costa Rica, 15 de setiembre de 1891 (San José, Imprenta de José Canalías, 1891). Véase, además: infra, notas 21 y 53. 19 Tal caso no fue considerado por Quesada, Juan Rafael, “Historia oral en Costa Rica. Génesis y estado actual”. Avance de Investigación del Centro de Investigaciones Históricas. San José, No. 47 (1989), pp. 2-6. La primera experiencia de historia oral parece haber sido la que efectuó la Secretaría de Guerra en mayo de 1891. Véase: infra, nota 53. 20 Los centenarios del nacimiento de Juan Rafael Mora (1914) y Juan Santamaría (1931) y la inauguración de la estatua del primero (1929) no fueron considerados por Víctor Hugo Acuña como parte de las coyunturas memoriales de la Campaña Nacional desde la perspectiva costarricense: “Vertientes del recuerdo: Nicaragua, Walker y Costa Rica (siglos XIX - XXI)” (San José, Universidad de Costa Rica, 2006), pp. 5-6 [http://www.ts.ucr. ac.cr/~historia/hcostarica/2005/Vertienconf.doc]. 21 Méndez, Imágenes del poder, p. 18. 22 La Gaceta, 14 de enero de 1900, p. 42. Alfaro volvió a publicar la solicitud de pensión de la madre en el Boletín de las Escuelas Primarias. San José, No. 89 (15 de junio, 1902), pp. 646-647. La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoria8 En 1914, al cumplirse el centenario del nacimiento de Juan Rafael Mora, Manuel de Jesús Jiménez y Faustino Víquez edi- taron un tomo de documentos sobre la guerra de 1856-1857;23 un año después, circuló una compilación de documentos escritos por Mora, acompañada por varios ensayos y discursos sobre su persona.24 Aunque hubo otras publicaciones menores relacionadas con la Campaña Nacional entre 1916 y 1924,25 fue solo en 1926 que, ante un nuevo cuestionamiento a Santamaría formulado por Jorge Volio,26 Luis Dobles Segreda editó El libro del héroe, en el cual recopiló, además de textos literarios, varios documentos y estudios históricos, entre los cuales cabe desta- car el elaborado por Eladio Prado.27 Tras criticar el “Libro de defunciones” de la Campaña Nacional preparado por el capellán Francisco Calvo,28 en el que se registra un Juan Santamaría fallecido de cólera y no al pie del mesón,29 Prado dio a conocer 23 Jiménez, Manuel de Jesús y Víquez, Faustino, comps., Documentos relativos a la guerra nacional de 1856 y 57 con sus antecedentes, t. I (San José, Tipografía Nacional, 1914). La obra era parte de una serie, pero no se publicaron más tomos. Véase, además: Juegos Florales de 1914. Fiesta dedicada a la memoria del prócer don Juan Rafael Mora ex-presidente de Costa Rica con motivo del centenario de su nacimiento. 15 de setiembre de 1914 (San José, Tipografía Nacional, 1914). 24 El centenario del benemérito de la patria ex-presidente de la república general don Juan Rafael Mora. 1814-1914 (San José, Tipografía Nacional, 1915). 25 Memoria de las fiestas cívicas celebradas en Alajuela el 11 de abril de 1916. 60.o aniversario de la batalla de Rivas, en la cual inmortalizó su nombre Juan Santamaría (San José, Imprenta y Litografía del Comercio, 1916); Comité Central Permanente Pro Mora-Cañas, Apuntes y documentos (San José, Imprenta y Litografía Minerva, 1918); Picado Michalski, Teodoro, Antecedentes de la guerra nacional (apuntes para nuestra historia diplomática) (San José, Alsina, 1922); Liceo de Costa Rica, Dos documentos históricos (San José, Lehmann, 1924). 26 Méndez, Imágenes del poder, p. 19. En el 2007, el historiador Jorge Arturo Montoya volvió a poner en duda la existencia de Santamaría, pero sus declaraciones, que revelan un profundo desconocimineto del debate respectivo, no tuvieron resonancia. Artavia, Betania, “Historiador afirma que Juan Santamaría no existió“. Diario Extra, 11 de abril del 2007, p 6. 27 Dobles Segreda, Luis, El libro del héroe (San José, Lehmann, 1926). 28 Según el análisis de Prado, la preparación del “Libro de defunciones” se inició en 1857, luego de terminada la guerra. 29 La existencia de esa partida de defunción se conocía desde antes de 1926, pero fue en este año, al parecer, cuando por vez primera provocó un debate público. Iván Molina Jiménez • David Díaz Arias 9 un censo militar levantado en noviembre de 1856, en el que figuran cinco personas llamadas Juan Santamaría y residentes en Alajuela, con lo que dejó abierta la posibilidad de que el que murió de cólera no fuese el mismo que incendió el mesón.30 En el trienio 1929-1931, en el cual se inauguró la estatua de Juan Rafael Mora y se conmemoró el centenario del nacimiento de Juan Santamaría, fueron publicados nuevos estudios sobre el presidente que condujo la lucha contra Walker31 y acerca del héroe muerto en Rivas.32 La polémica en torno a este último punto, sin embargo, fue reactivada por la publicación del “Libro de defun- ciones” del sacerdote Calvo, efectuada por el futuro arzobispo de Costa Rica, Víctor Manuel Sanabria.33 En su afán por defender a Calvo, Sanabria llegó a plantear que Santamaría ni siquiera había estado presente en la batalla de Rivas, pese a que Anastasio Alfaro, en un artículo publicado en la prensa en 1912 y reproducido en El libro del héroe, ya había aportado evidencia de que sí estuvo.34 30 El estudio indicado fue publicado también como folleto independiente: Prado, Eladio, Juan Santamaría y el Libro de defunciones de la Campaña Nacional (San José, Lehmann, 1926). El censo localizado por Prado fue luego redescubierto por Ricardo Fernández Guardia y Óscar Chacón Jinesta. Méndez, Imágenes del poder, pp. 13-16. 31 Mora, Juan Rafael, Cuestión Mora y Aguilar. Exposición de uno de los hechos que motivaron los sucesos del 14 de agosto (San José, Imprenta Nacional, 1929); Jinesta, Carlos, Juan Rafael Mora (San José, Alsina, 1929); Chacón, Lucas Raúl, Biografía del expresidente de la república general benemérito de la patria D. Juan Rafael Mora (San José, Imprenta San José, 1929). 32 Jinesta, Carlos, Juan Santamaría. Epinicio (San José, Alsina, 1931); Instituto de Alajuela, Libro del centenario de Juan Santamaría. 1831. –29 de agosto– 1931 y algunas otras páginas cívicas de Alajuela (San José, Imprenta Nacional, 1934); véase, además: ídem, Primer catálogo del Museo Histórico Juan Santamaría (San José, Alsina, 1933). 33 Sanabria, Víctor Manuel, Los muertos en la Campaña Nacional de 1856 y 1857 (San José, Lehmann, 1932). En 1933, Sanabria publicó un libro sobre el primer obispo de Costa Rica, en el cual dedicó algunas páginas al papel de la Iglesia católica durante la guerra de 1856-1857 y a los conflictos del prelado con Juan Rafael Mora: ídem, Anselmo Llorente y Lafuente: primer obispo de Costa Rica. Apuntamientos históricos, 2da. edición (San José, Editorial Costa Rica, 1972), pp. 187-196. 34 Meléndez, Carlos, Juan Santamaría: una aproximación crítica y documental (Alajuela, Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, 1982), pp. 76-78. La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoria10 Después del centenario del nacimiento de Santamaría y antes de 1956, la producción histórica sobre la Campaña Nacional se limitó a la publicación de documentos, tarea en la que destacó la Revista de los Archivos Nacionales, fundada en el año 1936.35 Igualmente, en este periodo fueron dadas a conocer varias crónicas históricas sobre la guerra contra William Walker de Ricardo Fernández Guardia, incluidas en su obra Cosas y gentes de antaño, y de Gonzalo Chacón Trejos.36 Asimismo, fueron publicados un nuevo estudio sobre Santamaría, impreso en Buenos Aires (Argentina),37 y una biografía del sacerdote Calvo, elaborada por Rafael Obregón Loría,38 quien sugirió, a propósito de la partida de defunción de Santamaría consignada por ese eclesiástico, que en la memoria popular se produjo una confusión entre el acto heroico del soldado costarricense y el del maestro nicara- güense, Emmanuel Mongalo, quien en la batalla de Rivas del 29 de junio de 1855 incendió una casa que servía de refugio a las fuerzas de Walker.39 Al acercarse la conmemoración del centenario de la batalla de Rivas, se inició un nuevo ciclo de producción acerca de la guerra de 1856-1857, dominado –otra vez– por la publicación y la republicación de documentos y textos ya conocidos.40 En tales circunstancias, fueron dados a conocer 35 Varios de los principales textos publicados por esa revista se consignan en: Obregón Loría, La campaña del Tránsito, pp. 365-367. 36 Fernández Guardia, Ricardo, Cosas y gentes de antaño (San José, Trejos, 1935); 2da edición ampliada (San José, Trejos, 1939); Chacón Trejos, Gonzalo, Tradiciones costarricenses (San José, Trejos, 1936). 37 Fernández Mira, Ricardo, Juan Santamaría. El soldado, héroe de Costa Rica (Buenos Aires, Talleres Gráficos, 1937). 38 Obregón Loría, Rafael, Ganganelli: organizador de la masonería en Costa Rica (San José, Trejos, 1941), p. 44. Para una crítica del punto de vista de Obregón Loría, véase: Meléndez, Juan Santamaría, pp. 80-81. 39 Meléndez, Juan Santamaría, pp. 89-93. 40 Comisión de Investigación Histórica de la Campaña Nacional 1856-1857, Juan Santamaría (San José, Aurora Social, 1954); ídem, Proclamas y mensajes (San José, Aurora Social, 1954); ídem, Batalla de Santa Rosa: 20 de marzo de 1856 (San José, Iván Molina Jiménez • David Díaz Arias 11 nuevos aportes,41 de lo cuales cabe destacar cinco: varios estudios de Carlos Meléndez sobre la batalla de Santa Rosa, el oficial Luis Pacheco Bertora y Juan Santamaría;42 una obra de Armando Rodríguez acerca de Juan Rafael Mora y el conflicto con las fuerzas de Walker;43 una cronología de la Campaña preparada por Teresa Masís Rojas, el primer texto sobre la guerra elaborado por una mujer;44 la principal versión comunista de la Campaña, escrita por el académi- co Víctor Manuel Arroyo;45 y el trabajo de Rafael Obregón Aurora Social 1954); ídem, La batalla de Rivas (San José, Aurora Social, 1955); ídem, Crónicas y comentarios (San José, Universal, 1956); ídem, Documentos relativos a la guerra contra los filibusteros (San José, Atenea, 1956); ídem, La segunda campaña (San José, Aurora Social, 1956). La Comisión reimprimió, además, la Información ad perpetuam de 1891 y la obra de Calvo Mora de 1897. Supra, notas 15 y 18. 41 Comité Alajuelense Pro Festejos del Centenario, Libro de oro del centenario. Homenaje al héroe Juan Santamaría, 1856-1956 (San José, Imprenta Nacional, 1958). 42 Meléndez, Carlos, “Santa Rosa”. Boletín Informativo del Museo Nacional de Costa Rica. San José, No. 11 (1955), pp. 1-26; ídem, Luis Pacheco Bertora (apuntes sobre su vida y notas sobre su acto heroico del 11 de abril de 1856) (San José, Tormo, 1956); ídem, Juan Santamaría. Autenticidad de su acto heroico del 11 de abril de 1856 (San José, Imprenta Nacional, 1956). 43 Rodríguez, Armando, Juan Rafael Mora y la guerra contra los filibusteros (San José, Imprenta Las Américas, 1955). 44 Masís Rojas, Teresa, Breve introducción para el estudio de la guerra contra los filibusteros (1856-57) (San José, Lehmann, 1956). 45 Arroyo, Víctor Manuel, Acusación ante la historia. Estados Unidos y la Campaña Nacional 1856-1857 (San José, s. e., 1956). Arroyo elaboró la obra a instancias de los dirigentes comunistas Manuel y Eduardo Mora, Carlos Luis Fallas y Arnoldo Ferreto, y la publicó con el pseudónimo de Pedro Soto para evitar ser “víctima de represalias”. Cabe indicar que Arroyo, cuyo texto circuló antes que el de Obregón Loría, ubicó el combate de Sardinal (10 de abril de 1856) después de la batalla de Rivas (11 de abril de 1856) y, en concordancia con el énfasis liberal en los combates de marzo y abril de 1856, le dedicó poco espacio a la segunda parte de la guerra contra Walker. Acerca de la situación de los comunistas en Costa Rica luego de la guerra civil de 1948, véase: Aguilar, Marielos, Clase trabajadora y organización sindical en Costa Rica 1943-1971 (San José, Porvenir, 1989), pp. 71-143; González, Alfonso, Mujeres y hombres de la posguerra costarricense (1950-1960) (San José, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2005), pp. 20-27; Alvarenga, Patricia, De vecinos a ciudadanos. Movimientos comunales y luchas cívicas en la historia contemporánea de Costa Rica (San José, Editorial de la Universidad de Costa Rica y Editorial Universidad Nacional, 2005), pp. 11-29 y 51-116. La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoria12 Loría, que se constituyó en la principal historia costarricen- se de la Campaña Nacional.46 Terminado el ciclo del centenario, únicamente hubo una publicación que vale la pena destacar en el decenio de 1960, el estudio de Demetrio Gallegos sobre Santamaría.47 En general, después de 1958 el interés por la Campaña Nacional declinó pronunciadamente, pese a que en la déca- da de 1974 se fundó un Museo consagrado a la memoria de la guerra de 1856-1857.48 Las contribuciones principales, a partir de 1970, fueron dos estudios de Carlos Meléndez, uno sobre la batalla de Rivas y otro acerca de Juan Santamaría;49 la versión definitiva del libro de Obregón Loría;50 tres apor- tes documentales realizados por Eugenia Ibarra, Rafael Méndez y Clotilde Obregón, centrados en la participación de los indígenas en la lucha contra Walker y en el papel jugado por Santamaría en la batalla de Rivas, y en las expe- riencias de Faustino Montes de Oca como comandante de Castillo Viejo y capitán del vapor “Virgen”;51 y una investi- gación elaborada por José Miguel Gutiérrez Mata y otros, 46 Obregón Loría, La campaña del Tránsito. 47 Gallegos Salazar, Demetrio, Vida privada y hecho heroico de Juan Santamaría (San José, Imprenta Nacional, 1966). 48 Acerca de este tema, véase: Aguilar Piedra, Raúl, El Museo Histórico Cultural Juan Santamaría. Presente y futuro (Alajuela, Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, 1995). 49 Meléndez, Juan Santamaría; ídem, Santa Rosa: un combate por la libertad (Alajuela, Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, 2001). Este último libro amplía el artículo de Meléndez publicado en 1955. Supra, nota 42. 50 Obregón Loría, Costa Rica y la guerra contra los filibusteros (San José, Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, 1991). 51 Ibarra, Eugenia, “Documentos para el estudio de la participación indígena en la Campaña Nacional de 1856”. Revista de Historia. San José, No. 25 (enero-junio, 1992), pp. 245-250; Méndez, Rafael, “Juan Santamaría y los documentos de 1891”. Revista de Historia. San José, No. 29 (enero-junio, 1994), pp. 195-210; Obregón, Clotilde, ed., Diarios de Faustino Montes de Oca (San José, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2007), pp. 37-73. Iván Molina Jiménez • David Díaz Arias 13 que procuró aproximarse a la vida cotidiana de las tropas costarricenses durante el conflicto.52 De los aportes indicados, cabe resaltar el de Méndez, quien localizó una serie de entrevistas a veteranos de la batalla de Rivas, realizadas en mayo de 1891, es decir, varios meses antes de la Información ad perpetuam levantada por la Municipalidad de Alajuela. A diferencia de esta última, en la cual las preguntas prácticamente sugerían las respuestas ya que su propósito era confirmar el acto heroico de Santamaría, las declaraciones localizadas por Méndez son más objetivas. Pese a que hay diferencias importantes en relación con los hechos descritos, la información recopilada corrobora la pre- sencia de Santamaría en la batalla de Rivas, su participación en la quema del mesón y su muerte tras el último intento que hizo por incendiar esa edificación.53 También merece destacarse el trabajo de Gutiérrez Mata y otros, que procuró aproximarse a la vida cotidiana del ejército costarricense. Tal línea de investigación, presente en algunas de las crónicas de Manuel de Jesús Jiménez, Ricardo Fernández Guardia y Gonzalo Chacón Trejos, fue ampliada para explorar aspectos como el traslado de las tropas del Valle Central a Nicaragua, la vestimenta, las comidas y las enfermedades de los soldados. Pese a estos aportes y el interés por resaltar las diferencias entre tropas y oficiales, el estudio está lejos aún de ser una historia social y cultural de la guerra de 1856-1857. En el 2006, Juan Rafael Quesada dio a conocer un estudio en el que muestra la respuesta de algunas comunidades al llamado 52 Gutiérrez Mata, José Miguel, et al., “Reclutas, caites, fusiles y dolencias en la Campaña Nacional 1856-1857 (algunos aspectos sobre vida cotidiana)” (Memoria de Licenciatura en Historia, Universidad de Costa Rica, 1997). 53 Méndez, “Juan Santamaría y los documentos”, pp. 195-210, ídem, Imágenes del poder, pp. 145-162. La importancia de los documentos localizados por Méndez no fue comprendida por Rául Aguilar Piedra. Véase: Aguilar Piedra, Rául, “La guerra centroamericana contra los filibusteros en 1856-1857: una aproximación a las fuentes bibliográficas y documentales”. Revista de Historia. San José, Nos. 51-52 (enero-diciembe, 2005), p. 494. La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoria14 del gobierno de Mora para apoyar el esfuerzo bélico, aunque sin profundizar en el análisis de tan interesante evidencia.54 Al año siguiente, Raúl Arias Sánchez publicó un libro que contiene una valiosa base de datos con el nombre, el grado, el origen geográfico y algunos datos adicionales de los soldados y oficiales que partici- paron en la guerra contra los filibusteros. Aunque el objetivo del autor fue recuperar esa información para que sus comunidades de origen pudieran reconocer y recordar eternamente a sus héroes, la base en mención puede ser utilizada por otros investigadores para examinar el trasfondo social y cultural de las fuerzas costarricen- ses a partir de estudios prosopográficos y de redes sociales.55 Al igual que a finales del siglo XIX, en el ocaso del XX e inicios del XXI las investigaciones más destacadas sobre la experiencia de Walker en Centroamérica fueron elaboradas por investigadores no costarricenses. El nicaragüense, Alejandro Bolaños Geyer, ela- boró la biografía empíricamente más exhaustiva de Walker (aun- que guiada por un enfoque teórico simplista e ideológicamente tendencioso), con lo cual amplió el conocimiento acerca de diver- sos episodios de la guerra y precisó la cronología disponible.56 Mucho más interesante es el estudio de Robert E. May acerca del filibusterismo en Estados Unidos antes de la guerra civil en ese país, obra en la cual el conflicto de 1856-1857 es examinado desde la perspectiva estadounidense.57 54 Quesada, Juan Rafael, Clarín patriótico: la guerra contra los filibusteros y la nacionalidad costarricense (Alajuela, Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, 2006), pp. 29-31 y 129-133. 55 Arias Sánchez, Raúl, Los soldados de la Campaña Nacional (1856-1857) (San José, Editorial Universidad Estatal a Distancia, 2007), pp. xviii y 103-394. 56 Una síntesis de sus aportes se encuentra en: Bolaños Geyer, Alejandro, William Walker. El predestinado (Alajuela, Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, 2003). En la contraportada de este libro figura una lista de las publicaciones de Bolaños Geyer desde 1974. Para una crítica de sus puntos de vista, véase: Molina Jiménez, Iván, “El extraño William Walker de Alejandro Bolaños Geyer”. Revista de Ciencias Sociales. San José, Nos. 103-104 (2004), pp. 165-167. 57 May, Robert E., Manifest Destiny’s Underworld. Filibustering in Antebellum America (Chapel Hill, The University of North Carolina Press, 2002). Iván Molina Jiménez • David Díaz Arias 15 El libro de May deja en claro aspectos sumamente importan- tes sobre la experiencia de Walker, entre los cuales cabe destacar que el gobierno federal estadounidense, pese a sus ambigüedades y limitaciones, obstaculizó más que apoyó las actividades filibus- teras. Igualmente, dicha obra destaca que fue solo en setiembre de 1856 cuando, debido a su difícil situación en Nicaragua, Walker emitió un decreto en el que legalizó la esclavitud en ese país con el fin de atraerse el apoyo del sur esclavista de Estados Unidos. A partir de entonces fue también que Walker, quien había militado en el ala antiesclavista del Partido Demócrata de California entre 1853 y 1854, empezó a insistir en que Nicaragua en particular, y Centroamérica en general, constituían un territorio propicio para preservar la institución de la esclavitud. De esta forma, la información aportada por May impugna fuertemente la versión tradicional que presenta a Walker, desde un inicio, como un aban- derado del esclavismo. Además, May sugiere que Walker no tenía –por lo menos inmediatamente– intenciones de agredir a los otros países centroamericanos,58 lo cual coincide con la falta de interés inicial de Guatemala, El Salvador y Honduras por apoyar a Costa Rica, y con los esfuerzos del gobierno de Mora por conven- cer a sus vecinos de que Walker suponía una amenaza para toda Centroamérica. Por último, se debe destacar el aporte de Michel Gobat, cuyo libro demuestra el decisivo papel jugado por las elites y los líderes locales nicaragüenses en el ascenso de Walker y la consolidación de una posición de poder que le permitió incrementar sistemáti- camente las fuerzas filibusteras. Gobat evidencia también la par- ticular relación que tuvo Walker con el clero de Nicaragua, cuán heterogéneos eran los filibusteros y la influencia que en todo este Una síntesis de algunos de los principales planteamientos de esta obra se encuentra en: ídem, “El frente doméstico de los filibusteros: política oficial en Washington, opinión pública en los Estados Unidos, y agresiones de William Walker a Centro América”. 11 de Abril. Cuadernos de Cultura. Alajuela, No. 14 (2006), pp. 9-47. 58 May, Manifest Destiny’s Underworld, pp. 262-267. La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoria16 proceso tuvieron una ideología que asociaba la “americanización” de Nicaragua con el progreso y la expectativa de construir un canal interoceánico en ese país.59 En un balance de conjunto, se puede afirmar que la investi- gación histórica sobre la Campaña Nacional ha sido esporádica, ha estado dominada por la publicación de documentos y ensayos de alcance limitado, y ha respondido, ante todo, al estímulo de las conmemoraciones. Buena parte de lo publicado, además, ha sido poco original, folletinesco y elaborado por aficionados al estudio del pasado más que por profesionales en este campo. Pese a que la fase militarmente decisiva de la Campaña Nacional fue el periodo entre noviembre de 1856 y mayo de 1857, prevaleció el énfasis dado a las batallas de Santa Rosa y Rivas. El principal desafío a esta tendencia debió esperar a 1956, cuando empezó a circular el libro de Obregón Loría, el primer estudio detallado del conflicto escrito por un costarricense. Tampoco asombra que, dados los prejuicios de los historiadores tradicionales contra la fuente oral y las tradiciones populares como base de conocimiento, la polé- mica principal se centrara en torno a la figura y el acto heroico de Santamaría.60 Sin duda, uno de los indicadores que mejor revelan la falta de interés de los historiadores por la Campaña Nacional es la lista de los temas de las de tesis de licenciatura, maestría y doctorado defendidas por costarricenses en universidades nacionales y extranjeras entre 1945 y el 2005. De 457 diserta- ciones presentadas en ese periodo, únicamente tres versaron sobre la guerra de 1856-1857 o analizaron figuras vinculadas con ese conflicto: la de Armando Rodríguez acerca de Juan 59 Gobat, Confronting the American Dream, pp. 21-41. El análisis de Gobat recupera, profundiza y corrige el aporte inicial de Burns, Patriarch and Folk, pp. 196-210. 60 Molina Jiménez, Iván, “Ficciones y constataciones: diez preguntas y respuestas sobre la Campaña Nacional (1856-1857)”. Revista Comunicación. Cartago, 15: 1 (enero-julio, 2006), pp. 7-9. Iván Molina Jiménez • David Díaz Arias 17 Rafael Mora, sustentada en 1946 y publicada en 1955;61 la de Clara Luz Grillo, sobre el general José María Cañas, presenta- da en 1958;62 y la de Gutiérrez Mata y otros, acerca de la vida cotidiana de las tropas, defendida en 1997.63 Los estudios sobre el contexto de la guerra Curiosamente, la fase inicial de la profesionalización del estudio del pasado, tras la apertura de la Universidad de Costa Rica en el decenio de 1940, no supuso un interés por examinar la Campaña Nacional, pese a que, antes de la década de 1970, la investigación histórica era todavía bastante tradicional y centraba su atención en eventos y figuras individuales más que en procesos. La renovación experimentada por la historiografía costarricense en los últimos treinta años del siglo XX, preocupada por lo eco- nómico y lo demográfico,64 tampoco favoreció el estudio de la guerra de 1856-1857, tema que fue asociado con la “vieja” forma de hacer historia. Sin embargo, la transformación historiográfica sí propició un mejor conocimiento y una mayor comprensión del contexto en que se libró la lucha contra Walker. El primer aporte, en este sentido, fue un artículo publicado en 1976 por el historia- dor estadounidense Germán Tjarks y otros investigadores acerca de la epidemia de cólera.65 En la década de 1980, Bernardo Villalobos Vega, Eugenio Sancho y Carmen María Fallas analizaron la gestión guber- namental de Juan Rafael Mora y expusieron cómo el ascenso 61 Rodríguez Porras, Armando, “Introducción de don Juan Rafael Mora a la historia: antecedentes generales de la guerra nacional” (Tesis de Licenciatura en Historia, Universidad de Costa Rica, 1946). 62 Grillo, Clara Luz, “General José María Cañas” (Tesis de Licenciatura en Historia, Universidad de Costa Rica, 1958). 63 Gutiérrez Mata, “Reclutas, caites, fusiles”. 64 Molina Jiménez, Iván, “La historiografía costarricense en la segunda mitad del siglo XX: renovación y diversificación” (en prensa). 65 Tjarks, Germán, et al., “La epidemia de cólera de 1856 en el Valle Central: análisis y consecuencias demográficas”. Revista de Historia. Heredia, No. 3 (julio-diciembre, 1976), pp. 81-129. La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoria18 de Mora al poder estuvo asociado con un nuevo estilo de administración del Estado que, al borrar los límites entre lo público y lo particular, condujo a la primera gran experiencia de corrupción en la historia de Costa Rica.66 Estos estu- dios, al profundizar en el examen de las arbitrariedades e irregularidades atribuidas al régimen de Mora, un asunto previamente considerado por historiadores como Ricardo Fernández Guardia, Cleto González Víquez, Carlos Monge, Armando Rodríguez y Carlos Meléndez,67 recuperaron un tema fundamental que había sido descartado por quienes examinaron la figura de Mora únicamente con el fin de exaltar su lucha contra Walker.68 De manera similar, en 1988 Silvia Castro Sánchez pre- sentó una tesis en la que demostró que el gobierno de Mora había intensificado el proceso de privatización de tierras –estrechamente relacionado con la expansión del café–, y que tal política le enajenó el apoyo de importantes sectores del campesinado, en particular por los beneficios logrados 66 Villalobos Vega, Bernardo, Bancos emisores y bancos hipotecarios en Costa Rica 1850-1910 (San José, Editorial Costa Rica, 1981), pp. 25-70; Sancho Riba, Eugenio, “Merchant-planters and Modernization: An Early Liberal Experiment in Costa Rica, 1849-1870” (Ph. D. Dissertation, University of California-San Diego, 1982); ídem, “Costa Rica: aspectos económicos y sociales 1850-1860”. 11 de Abril. Cuadernos de Cultura. Alajuela, No. 7 (1984), pp. 5-33; Fallas Santana, Carmen, “Fortalecimiento del Estado en Costa Rica en la década de 1850” (Tesis de Maestría en Historia, Universidad de Costa Rica, 1982); ídem, “Business and Politics in Costa Rica, 1849-1860: Consensus and Conflict within the Coffee Planter and Merchant Elite during the Mora Years” (Ph. D. Dissertation, University of California-Los Ángeles, 1988). Lamentablemente, al publicar su tesis 16 años después, Fallas Santana no se preocupó por actualizarla: ídem, Elite, negocios y política en Costa Rica 1849-1859 (Alajuela, Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, 2004). 67 Fernández Guardia, Ricardo, Cartilla histórica de Costa Rica (San José, Alsina, 1909), p. 108; González Víquez, Cleto, Obras históricas, t. I (San José, Editorial Universitaria, 1958), pp. 211-212; Rodríguez, Juan Rafael Mora, pp. 56-58, 65-66, 78-79 y 145-146; Meléndez, Carlos, Dr. José María Montealegre. Contribución al estudio de un hombre y una época poco conocida de nuestra historia (San José, Academia de Geografía e Historia, 1968), pp. 37-58; Monge, Carlos y Wender, Ernesto J., Historia de Costa Rica (San José, Fondo de Cultura de Costa Rica, 1947), p. 214. Véase, además: infra, nota 110. 68 Supra, notas 23, 24 y 31; infra, nota 116. Iván Molina Jiménez • David Díaz Arias 19 tanto por el mismo Mora como por algunos de sus familia- res y allegados.69 En ese mismo año, Eugenia Rodríguez Sáenz analizó la magnitud de la crisis económica asociada con la Campaña Nacional y cuál fue su costo social, especialmente en qué grado favoreció procesos de expropiación de peque- ños y medianos productores agrícolas.70 A partir del decenio de 1990, tres fueron los principales aportes sobre el contexto de la guerra de 1856-1857. Clotilde Obregón y Jorge Francisco Sáenz Carbonell, tras las huellas de Teodoro Picado y Obregón Loría, realizaron una impor- tante contribución acerca de las relaciones internacionales de Costa Rica en el período 1849-1860 y el conflicto con Nicaragua por el río San Juan.71 Más recientemente, Robert E. May, Rosa Garibaldi, Armando Vargas y Juan Rafael 69 Castro, Silvia, “Conflictos agrarios en una época de transición: la Meseta Central, 1850-1900” (Tesis de Maestría en Historia, Universidad de Costa Rica, 1988). 70 Rodríguez Sáenz, Eugenia, “Estructura crediticia, coyuntura económica y transición al capitalismo agrario en el Valle Central de Costa Rica (1850-1860)” (Tesis de Maestría en Historia, Universidad de Costa Rica, 1988). Las inquietudes de Rodríguez han sido retomadas más recientemente por un equipo de investigación dirigido por el historiador José Fernández. Barrantes, Víctor J., “Otro mito se nos cae: la guerra nacional de 1856-1857”. Campus. Heredia, mayo del 2006, p. 3. Para una primera síntesis que ubica la guerra de 1856-1857 en un contexto más amplio, véase: Molina Jiménez, Iván, La Campaña Nacional (1856-1857). Una visión desde el siglo XXI (Alajuela, Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, 2000). 71 Picado, Teodoro, Antecedentes de la guerra nacional. Apuntes para nuestra historia diplomática (San José, Alsina, 1922); Obregón Loría, Rafael, “Nuestras relaciones internacionales a mediados del siglo XIX”. Revista de la Universidad de Costa Rica. San José, No. 14 (noviembre, 1956), pp. 63-140; Obregón Quesada, Clotilde, El río San Juan en la lucha de las potencias (1821-1860) (San José, Editorial Universidad Estatal a Distancia, 1993); Sáenz Carbonell, Jorge Francisco, Historia diplomática de Costa Rica (1821-1910), t. I (San José, Juricentro, 1996), pp. 193-228. Se dispone de una nueva edición de los textos de Picado y Obregón Loría: Araya, Manuel. ed., Relaciones internacionales y lucha contra los filibusteros (San José, Comisión Nacional de Conmemoraciones Históricas, 2006). La dimensión externa de la guerra también interesó a Araya Pochet, Carlos, “Centroamérica y los prolegómenos de la guerra nacional de 1856“ (San José, Departamento de Historia y Geografía de la Universidad de Costa Rica, 1968). Agradezco estas dos últimas referencias a Francisco Enriquez. La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoria20 Quesada abordaron no sólo la dimensión diplomática de la guerra de 1856-1857, sino también su resonancia inter- nacional, aunque con un enfoque diferenciado: analítico y sofisticado en los casos de May y Garibaldi, y episódico y patriótico en los casos de Vargas y Quesada.72 La reconstrucción de los discursos de la prensa internacional sobre la lucha contra los filibusteros es, con todo, una tarea aún pendiente. Patricia Fumero, Patricia Vega y el suscrito dieron a conocer varios estudios acerca del cambio cultural en el decenio de 1850, relacionados con modificaciones en los patrones de consumo, en las diversiones públicas y en la cultura impresa.73 Finalmente, la importante tesis de licenciatura de Hugo Vargas mostró cómo entre 1848 y 1859 se restringió el derecho al voto de muchos costarricenses adultos, y se limitó la posibilidad de otros tantos a acceder a la condición de elector de segundo grado.74 Tales restric- ciones parecen haber respondido al interés de los grandes cafeta- leros, que impulsaban la privatización de la tierra, por limitar el 72 May, Manifest Destiny’s Underworld; Garibaldi, Rosa, La política exterior del Perú en la era de Ramón Castilla. Defensa hemisférica y defensa de la jurisdicción nacional (Lima, Fondo Editorial Academia Diplomática del Perú, 2003), pp. 252-304; Vargas, Armando, El lado oculto del presidente Mora: resonancias de la guerra patria contra el filibusterismo de los Estados Unidos (1850-1860) (San José, Editorial Juricentro, 2007); Quesada, Clarín patriótico, pp. 142-168. Para una crítica de los libros de Vargas y Quesada, véase: Molina Jiménez, Iván, “En defensa del análisis histórico. A propósito de algunas obras recientes sobre la guerra de 1856-1857”. Revista de Historia de América. México, No. 137 (enero-diciembre, 2006), en prensa. 73 Fumero Vargas, Patricia, “La ciudad en la aldea. Actividades y diversiones urbanas en San José a mediados del siglo XIX”; Vega Jiménez, Patricia, “De la banca al sofá. La diversificación de los patrones de consumo en San José (1857-1861)”; Molina Jiménez, Iván, “‘Azul por Rubén Darío. El libro de moda’. La cultura libresca del Valle Central de Costa Rica (1780-1890)”. Molina y Palmer, Héroes al gusto, pp. 113-255. 74 Vargas, Hugo, “Procesos electorales y luchas de poder en Costa Rica: estudio sobre el origen del sistema de partidos, 1821-1902” (Tesis de Licenciatura en Historia, Universidad de Costa Rica, 1996). Para un libro que sintetiza los nuevos aportes sobre el legado colonial, la década de 1850 y la identidad nacional, véase: Molina Jiménez, Iván, ed., Industriosa y sobria. Costa Rica en los días de la Campaña Nacional (1856-1857) (San José, Plumsock Mesoamerican Studies, 2007). Iván Molina Jiménez • David Díaz Arias 21 acceso a las municipalidades de personas identificadas con secto- res de productores agrícolas opuestos a esa política agraria. Los trabajos acerca de la recuperación de la Campaña Nacional Indiscutiblemente, la década de 1990 supuso un cambio decisivo en cuanto al estudio de la Campaña Nacional, ya que surgió un profundo interés en investigar no la guerra de 1856-1857, sino cómo este conflicto se convirtió en el eje de la primera configuración de la identidad nacional en Costa Rica. El liderazgo en este nuevo enfoque le cupo al historiador canadiense Steven Palmer, quien en 1990 defendió una tesis en Columbia University sobre la invención de la nación en Guatemala y Costa Rica.75 Basado en la teorías de Benedict Anderson sobre las naciones como comunidades imaginadas,76 Palmer desafió la perspectiva convencional acerca del origen de la identidad nacional, que enfatizaba en que esa identidad tenía su origen en el periodo colonial. Al demostrar que tal punto de vista fue una construcción de los políticos e intelectuales liberales de las déca- das de 1880 y 1890, Palmer señaló que la identidad nacional era también una invención originada en los últimos veinte años del siglo XIX. Finalmente, Palmer resaltó el trasfondo étnico de esa identidad, que insistía en que Costa Rica, a diferencia de los otros países centroamericanos, era una sociedad “blanca”. Dado a conocer por primera vez en español en 1992,77 el trabajo de Palmer tuvo una profunda influencia y numerosos seguidores, en particular entre los historiadores y los estudio- sos de lo literario. Gracias a su enfoque comparativo y al peso de la historiografía costarricense en Centroamérica, el estudio 75 Palmer, Steven, “A Liberal Discipline: Inventing Nations in Guatemala and Costa Rica, 1870-1900” (Ph. D. Dissertation, Columbia University, 1990). 76 Anderson, Benedict, Imagined Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism (London, Verso, 1983). 77 Palmer, “Sociedad anónima“, pp. 257-323. La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoria22 de Palmer empezó a ser conocido también en los otros países del istmo.78 Por razones de espacio, esa abundante producción no será considerada aquí; sin embargo, sí es oportuno destacar los estudios de cuatro historiadores costarricenses que han complementado los hallazgos de Palmer o se han apartado decisivamente de su perspectiva. Rafael Méndez empezó a preparar su tesis sobre el proce- so que condujo a la conversión de Juan Santamaría en héroe nacional cuando apenas comenzaba a darse a conocer el traba- jo de Palmer.79 Por tal razón, la versión inicial de su trabajo no incorporó un debate sistemático con dicho historiador cana- diense. Pese a esta limitación, Méndez contribuyó de manera importante al diferenciar las etapas en la construcción del héroe y profundizar en el estudio de los años anteriores a 1885 y posteriores a 1891, dos periodos que Palmer no consideró con suficiente detalle. Desafortunadamente, el estudio de Méndez permaneció inédito durante casi catorce años, por lo que no logró insertarse debidamente en el marco de los debates que se dieron en la década de 1990.80 Si bien inicialmente Víctor Hugo Acuña acogió con entusias- mo el trabajo de Palmer, e incluso realizó un estudio acerca de cómo el discurso nacionalista fue apropiado por los trabajadores centroamericanos,81 pronto empezó a variar su posición. Según 78 Para un listado de las obras históricas sobre las identidades nacionales en Centroamérica, la mayoría influida, directa o indirectamente, por los estudios de Palmer, véase: Díaz, David y Acuña, Víctor Hugo, “Identidades nacionales en Centroamérica: bibliografía de los estudios historiográficos”. Revista de Historia. San José, No. 45 (enero-junio, 2002), pp. 267-283. 79 Méndez, Rafael, “Juan Santamaría: una aproximación al estudio del héroe: 1860-1915” (Tesis de Licenciatura en Historia, Universidad Nacional, 1993). 80 Méndez, Imágenes del poder. 81 Acuña, Víctor Hugo, “Nación y clase obrera en Centroamérica durante la época liberal (1870-1930)”. Molina Jiménez, Iván y Palmer, Steven, eds., El paso del cometa. Estado, política social y culturas populares en Costa Rica (1800/1950) (San José, Plumsock Mesoamerican Studies y Editorial Porvenir, 1994), pp. 145-165. Iván Molina Jiménez • David Díaz Arias 23 Acuña, los políticos costarricenses comenzaron a inventar particularidades identitarias para diferenciar a Costa Rica del resto de Centroamérica prácticamente desde antes de la inde- pendencia (1821). Tal punto de vista, originalmente planteado en 1995,82 fue radicalizado en un artículo publicado por Acuña en el 2001, en el cual no solo redujo al mínimo el papel jugado por los políticos e intelectuales liberales de los decenios de 1880 y 1890 en la invención de la nación, sino que omitió toda referencia a los estudios de Palmer.83 En un trabajo posterior, Acuña moderó lige- ramente su posición y reconoció a Palmer como renovador de los estudios sobre la formación de la nación en Costa Rica y en el resto del istmo.84 Uno de los aspectos más sorprendentes en relación con el enfoque de Acuña es que buena parte de su interpretación fue avanzada por Ileana Muñoz, una historiadora de la educación prematuramente fallecida, en una tesis defendida en 1988 y publi- cada en el 2002.85 Tras los pasos de Acuña, David Díaz, en el 2001, presentó una tesis sobre la fiesta de la independencia en Costa Rica entre 1821 82 Acuña, Víctor Hugo, “Historia del vocabulario político en Costa Rica. Estado, república, nación y democracia (1821-1949)”. Taracena, Arturo y Piel, Jean, comps., Identidades nacionales y Estado moderno en Centroamérica (San José, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1995), pp. 63-74. 83 Acuña Ortega, Víctor Hugo, ‘Comunidad política e identidad política en Costa Rica en el siglo XIX’. Istmo. Revista Virtual de Estudios Literarios y Culturales Centroamericanos. No. 2 (julio-diciembre 2001) [http://www. denison.edu/collaborations/istmo/n02/proyectos/comunidad.html]. Para una crítica, véase mi comentario en: Biblio 3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales. Barcelona, 7: 367 (19 de abril, 2002) [http://www.ub.es/ geocrit/b3w-367.htm]. 84 Acuña, Ortega, Víctor Hugo, “La invención de la diferencia costarricense, 1810-1870”. Revista de Historia. San José, No. 45 (enero-junio, 2002), pp. 191-228. Actualmente, Acuña elabora una investigación sobre la memoria de la guerra de 1856-1857, centrada en las obras historiográficas: ídem, “Vertientes del recuerdo”. Llama la atención que Acuña descartara el análisis de la memoria popular, la cual se podría investigar –como lo ha señalado Palmer– mediante un estudio sistemático de las solicitudes de pensión y otros documentos similares. 85 Muñoz, Ileana, Educación y régimen municipal en Costa Rica 1821-1882 (San José, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2002), pp. 3-52. La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoria24 y 1921, en la cual mostró que, a diferencia de lo planteado por Palmer, tal festividad se había celebrado desde antes de 1848 (año en que Costa Rica fue declarada república).86 Aunque en este trabajo Díaz tendió a identificarse con el enfoque más radical de Acuña, en un texto posterior ha tomado distancia de tal posición, al ubicar la invención cultural de la nación en el periodo posterior a 1870.87 Más recientemente, Díaz ha elaborado una historia de cómo se ha conmemorado el 11 de abril, aniversario de la batalla de Rivas, entre 1916 y el 2006,88 con lo que ha completado el trabajo iniciado por Méndez. En contraste con los autores anteriores, Juan Rafael Quesada se convirtió en el crítico principal y más sistemáti- co del enfoque de Palmer. Para Quesada, quien se mantuvo fiel a la visión convencional de cómo surgió la identidad nacional en Costa Rica, tal proceso tuvo su origen en el periodo colonial y se consolidó después de la independencia, como producto de una paulatina identificación de los habi- tantes en un espacio territorial preciso. Fundamental en esa consolidación fue, por supuesto, la guerra de 1856-1857. De esta forma, los políticos e intelectuales liberales, en vez de haber sido los inventores de esa identidad, la habrían trai- cionado, al entrar en componendas con el capital extranjero, lo cual motivó una respuesta nacionalista en las primeras décadas del siglo XX.89 86 Díaz, David, “La fiesta de la independencia en Costa Rica, 1821-1921” (Tesis de Maestría en Historia, Universidad de Costa Rica, 2001). 87 Díaz, David, Construcción de un Estado moderno. Política, Estado e identidad nacional en Costa Rica 1821-1914 (San José, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2005), pp. 59-67. Véase, además: ídem, “La invención de las naciones en Centroamérica, 1821-1950” (inédito, 2006). 88 Díaz, David, Historia del 11 de abril: Juan Santamaría entre el pasado y el presente (San José, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2006). 89 Quesada, Historia de la historiografía, pp. 133-134, 150 y 165-166; ídem, “Historiografía costarricense y Estado nacional”. Memorias del IV Simposio Panamericano de Historia (México, Instituto Panamericano de Geografía e Historia, 2001), pp. 324-325; ídem, Clarín patriótico, pp. 59-176. Iván Molina Jiménez • David Díaz Arias 25 Ciertamente, Acuña no comparte la posición prece- dente: para él, a diferencia de Quesada, la identidad es una invención y no el resultado de la relación establecida entre una población y un territorio. Sin embargo, ambos histo- riadores tienen en común que introducen una perspectiva de mediana duración para ubicar el surgimiento o cons- trucción de la identidad nacional, lo que los lleva a iniciar su análisis antes de 1821 (en contraste con Palmer, quien enfatizó que la invención de la nación fue un proceso tardío y de corta duración). De este modo, tres lustros después de la presentación de la original tesis de Palmer, algunos histo- riadores costarricenses han vuelto a reivindicar, parcial o total- mente, la versión tradicional acerca del origen de la identidad nacional en Costa Rica. Literatura y campaña nacionaL Al enfatizar en el estudio del periodo posterior a 1880, las principales historias recientes de la literatura costarricense han tendido a dejar de lado el papel jugado por la Campaña Nacional (1856-1857) en la creación literaria.90 Ya en agosto de 1857, fue publicado, en San José, el Clarín patriótico, una reco- pilación de canciones preparada por el guatemalteco asentado en San José, Tadeo N. Gómez, la cual constituye uno de los primeros poemarios impresos en el país.91 A finales de 1858, 90 Quesada, Álvaro, La formación de la narrativa nacional costarricense (1890-1910). Enfoque histórico social (San José, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1986); ídem, Uno y los otros. Identidad y literatura en Costa Rica 1890-1940 (San José, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1998); ídem, Breve historia de la literatura costarricense (San José, Editorial Porvenir, 2000); Rojas, Margarita y Ovares, Flora, 100 años de literatura costarricense (San José, Farben, 1995); ídem, Santander, Carlos y Carballo, María Elena, La casa paterna. Escritura y nación en Costa Rica (San José, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1993). 91 Gómez, Tadeo N., comp., Clarín patriótico (San José, Imprenta de La Paz, 1857). Véase, además: Quesada, Clarín patriótico. La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoria26 una compañía de teatro española, dirigida por Mariano Luque, estrenó la obra “Los yankees en Centro-América o Walker en Masaya”.92 En 1873, circuló la “zarzuela histórica-fantástica”, La guarda del campamento, de José Manuel Lleras,93 en 1884 se presentó en San José la obra “Santiago el abanderado, un episodio de la Guerra Nacional”,94 y en 1899, Manuel Argüello Mora dio a conocer un libro que incluía sus relatos “La Trinchera”, “Elisa Delmar” y “Margarita”, cuyo contexto es la caída y fusilamiento de Juan Rafael Mora.95 Tras la recuperación de la Campaña Nacional por los políticos e intelectuales liberales y la conversión de Juan Santamaría en héroe nacional, durante la década de 1880, se incrementó la influencia de la guerra de 1856-1857 en la crea- ción literaria. Aunque todavía no existe un registro exhaustivo de esa producción, la información disponible permite trazar un perfil básico. El aumento, particularmente visible en las ramas de la poesía y el teatro, tendía a intensificarse durante la conmemoración de aniversarios clave o en ocasiones espe- ciales. El centenario del nacimiento de Juan Rafael Mora (1914) fue motivo de unos juegos florales,96 y en 1926, en el Libro del héroe, fueron recopilados 15 poemas a Santamaría.97 En 1934, en el Libro del centenario de Juan Santamaría, fueron incluidos, entre otros textos, una obra de teatro de Jesús Ocaña, titulada “El Erizo”, y un nuevo conjunto de ocho 92 Fumero, “La ciudad en la aldea”, p. 150. 93 Lleras, José Manuel, La guarda del campamento (Ligero episodio de la guerra nacional de Centro América) (San José, Imprenta Nacional, 1873). 94 La Gaceta, 13 de setiembre de 1884, p. 866. Agradezco este dato a David Díaz. 95 Argüello Mora, Manuel, Costa Rica pintoresca. Sus leyendas y tradiciones. Colección de novelas, cuentos, historias y paisajes (San José, Lines, 1899), pp. 46-59, 65-86 y 159-202. 96 Juegos Florales de 1914. 97 Dobles Segreda, El libro del héroe. Sobre la influencia de los aniversarios y del discurso oficial, véase: Ríos, Verónica, “Juan Santamaría y su impacto en el ensayo costarricense”. Revista Comunicación. Cartago, 15: 2 (agosto- diciembre, 2006), pp. 67-72. Iván Molina Jiménez • David Díaz Arias 27 poemas dedicados al héroe (entre los cuales destaca un sone- to de Julián Marchena).98 Casi un cuarto de siglo después, en el Libro de oro del centenario, impreso en 1958, fueron publicados los trabajos ganadores de dos concursos, uno de sonetos y otro de dramatizaciones. De 111 sonetos dedica- dos al tambor alajuelense, fueron publicados 16; además, fueron incluidas cinco composiciones adicionales. De las 20 dramatizaciones recibidas, siete (algunas en verso) fueron consideradas dignas de publicación: “Caminos de gloria”, de Jesús Murillo, “Cuando la guerra es santa”, de Gonzalo Dobles Solórzano, “Juan Santamaría”, de Auristela de Jiménez, “Juan Santamaría”, de Carlos Luis Sáenz, “La hazaña heroi- ca”, de Ramón Jugo, “Momento decisivo”, de M. Fonseca y “Pinceladas de historia patria”, de Virginia Salazar.99 A grandes rasgos, se puede afirmar que en ese proceso de creación literaria participaron más varones que mujeres, ilus- tres desconocidos y autores hoy consagrados, y que la lírica y el drama superaron ampliamente a la narrativa. En este último campo, hay algunos cuentos dispersos, como los de Ricardo Fernández Guardia en Cuentos ticos y La miniatura, y el de Alejandro Alvarado en El libro de los pobres en 1908,100 pero el texto más importante es una novela corta de Carlos Gagini, titu- lada El Erizo e inserta en la segunda edición de El árbol enfermo. Este relato destaca por el protagonismo dado al personaje feme- nino en la guerra –una línea iniciada por Argüello Mora a fina- les del siglo XIX– y, sobre todo, por la sexualización de la figura 98 Instituto de Alajuela, Libro del centenario. 99 Comité Alajuelense Pro Festejos del Centenario, Libro de oro del centenario. Carlos Luis Sáenz, quien fuera militante comunista, había publicado ya la obra Cuadros del 56. Teatro escolar (San José, Editorial Las Américas, 1955). Agradezco esta referencia al profesor Juan Rafael Quesada. 100 Fernández Guardia, Ricardo, “Un héroe”. Cuentos ticos (San José, Imprenta y Librería Española, 1901), pp. 39-53; ídem, “Martín”. La miniatura (San José, Alsina, 1920), pp. 39-48. Alvarado Quirós, Alejandro, “El trofeo”. Vargas, Guillermo y Villegas, Rafael, El libro de los pobres (San José, Alsina, 1908), pp. 91-96. La Editorial Universidad Estatal a Distancia publicó una nueva edición de este último libro en el 2007. La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoria28 de Santamaría, una innovación que quizá contribuyó a que la obra no gozara, al parecer, del favor del público.101 Dos obras publicadas recientemente confirman las tenden- cias descritas. Después de la breve novela de Gagini, el único autor que ha escrito un conjunto de relatos que tienen por tema la Campaña Nacional ha sido Carlos Luis Altamirano. Cuentos del 56, que circuló con el sello de la Editorial Costa Rica en 1996, ofrece catorce historias basadas en episodios de la guerra contra Walker y sus filibusteros.102 Si bien Altamirano, al inicio de su libro, indica que esos cuentos fueron “…escritos para expresar gratitud y admiración a ese campesino resuelto, viril, dueño absoluto de la costarriqui- dad en su patriotismo”,103 los relatos eluden el patriotismo fácil y se concentran en trazar un fresco muy interesante acerca de las experiencias y dificultades cotidianas de los combatientes. Las descarnadas descripciones de las batallas de Santa Rosa y Rivas, en los relatos “Primo el optimista” y “¡Ninguna!” evocan el horror de la guerra de una manera similar a como lo hizo Enrique Echandi en su extraordinaria pintura, “La quema del mesón”.104 “¡Ninguna!”, el mejor relato de la colección, ofrece a su vez una interesantísima y poética lectura de la muerte de Santamaría, ya que el personaje principal, Jacinto Cambronero (al igual que otros veteranos de ese combate), no es testigo directo del acto en que pereció el tambor alajuelense. Más recientemente, en el 2005, el Museo Histórico Cultural Juan Santamaría publicó la obra de teatro La tea fulgurante –Juan Santamaría o las iras de un Dios–, de Jorge Arroyo.105 A 101 Supra, nota 95; Gagini, Carlos, “El Erizo (novela histórica)”. El árbol enfermo, 2da. edición (San José, Trejos, 1922), pp. 117-143. La Editorial Universidad Estatal a Distancia publicó El Erizo de manera independiente en el 2006. 102 Altamirano, Carlos Luis, Cuentos del 56 (San José, Editorial Costa Rica, 1996). 103 Altamirano, Cuentos del 56, p. 10. 104 Palmer, “Sociedad anónima”, pp. 307-308. 105 Arroyo, Jorge, La tea fulgurante –Juan Santamaría o las iras de un Dios– (Alajuela, Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, 2005). Arroyo había dado a conocer en 1995 la obra “La batalla de Rivas”. Iván Molina Jiménez • David Díaz Arias 29 diferencia del texto de Altamirano, el de Arroyo se inscribe en la larga tradición dramática inaugurada por la empresa Luque en 1858. Ciertamente, el trabajo de Arroyo introduce críticas moderadas a la Costa Rica actual que están ausentes en los cuentos de Altamirano y en buena parte de la creación literaria anterior a la década de 1990. El Juan de su obra, más cercano culturalmente a la buena sociedad que a la plebe de Alajuela, no solo impugna la invasión cultural estadounidense, sino a tanto Caín disfrazado de Abel que vende la patria a los yanquis e, incluso, condena fuertemente el ¡chiste del empujón! (algo impropio de un alajuelense).106 Pese a estas críticas, la versión de Arroyo sobre Santamaría y su participación en la batalla de Rivas repite, en esencia, la versión tradicional de los hechos. La combinación de crítica moderada con la recuperación de la versión más convencional acerca del acto heroico de Santamaría puede explicarse, en parte, por el interés de Arroyo de lograr una favorable acogida de su obra entre las diversas audiencias de la desencantada Costa Rica de inicios del siglo XXI (en particular, en el circuito escolar y colegial). La repro- ducción de la narrativa más tradicional, sin embargo, pudo obedecer también al desconocimiento de la nueva e importan- te documentación sobre el tambor alajuelense dada a conocer por el historiador Rafael Méndez en 1994, la cual, además, está desprovista del dramatismo patriótico que caracteriza la Información ad perpetuam levantada en 1891. Finalmente, en el 2006, fue puesta en escena una obra de Melvin Méndez titulada “Historias del fusil”, en la cual la Campaña Nacional fue planteada desde la perspectiva de las mujeres, deja- das atrás por quienes partían a la guerra.107 La introducción de 106 De acuerdo con el chiste, cuando en la batalla de Rivas el general Cañas solicitó un voluntario para quemar el mesón, Santamaría fue empujado por sus compañeros. Tal broma constituye, más que una burla de Santamaría, un desafío a la versión que fue oficializada con base en la Información ad perpetuam levantada por la Municipalidad de Alajuela en 1891. 107 Venegas, William, “Quedan las mujeres”. Viva. La Nación, 29 de abril, 2006, p. 16. La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoria30 un enfoque de género, a tono con las corrientes predominantes al inicio del siglo XXI, constituye sin duda un giro novedoso en una temática en la que ha predominado el punto de vista militar y masculino. Quizá esta experiencia, en especial si logra tener una buena acogida entre el público, abra la vía para otras propuestas creativas más arriesgadas y distantes de lo tradicional. poLítica e ideoLogía de La campaña nacionaL Finalizada la guerra de 1856-1857, Juan Rafael Mora procuró capitalizar políticamente la expulsión de Walker y sus fuerzas de Centroamérica. Se configuró entonces un discurso que exaltaba sistemáticamente al presidente, pre- sentado en la documentación oficial y en la prensa como el gran héroe de la lucha contra los filibusteros. Tras el derro- camiento de Mora, en 1859, quienes asumieron el poder elaboraron una narrativa que, al recuperar las críticas de quienes se opusieron al régimen depuesto, enfatizaba en las irregularidades y arbitrariedades atribuidas a Mora. A la vez, comenzaron a promocionar héroes alternativos de la guerra de 1856-1857, como Lorenzo Salazar y Juan Santamaría; pero sin éxito.108 El primer intento hasta ahora conocido por rehabilitar la figura de Mora ocurrió en 1873, cuando varios diputados propusieron construir un mau- soleo en el cementerio de San José para trasladar allí los restos de Mora, ya que “el tiempo ha despejado las nubes que oscurecían [sus] méritos y servicios”. Sin embargo, tal proyecto no prosperó, en buena medida porque la comisión legislativa que se pronunció a favor, lo complicó al recomen- dar que se incluyeran en el homenaje a José Joaquín Mora, José María Cañas y a Braulio Carrillo.109 108 Méndez, Imágenes del poder, pp. 31-68. 109 Díaz, David, “Fiesta e imaginería cívica: la memoria de la estatuaria de las celebraciones patrias costarricenses, 1876-1921”. Revista de Historia. San José, Nos. 49-50 (enero-diciembre, 2004), pp. 127-128. Iván Molina Jiménez • David Díaz Arias 31 En la década de 1880 los políticos e intelectuales liberales recuperaron de manera sistemática la guerra de 1856-1857 con el fin de preparar a los sectores populares para una eventual guerra con Guatemala (Justo Rufino Barrios acababa de decre- tar la unión de Centroamérica y se proponía llevarla a cabo por la fuerza, si era necesario) e identificarlos con el programa liberal de reforma. En la versión que entonces se elaboró de la Campaña, se destacó el papel jugado por las elites nicaragüen- ses en la llegada de Walker a Nicaragua, y se enfatizó que el jefe filibustero no era apoyado por el gobierno federal estadouni- dense, sino por los estados esclavistas del sur, contrapuestos al norte liberal y democrático.110 Luego de 1900, surgió en Costa Rica un círculo de intelec- tuales radicales, en el que destacaron, entre otros, Roberto Brenes Mesén, José María Zeledón, Joaquín García Monge, Omar Dengo y Carmen Lyra. En una época en la cual el antiimperialismo empezaba a extenderse por América Latina tras la derrota de España por Estados Unidos (1898), esos intelectuales empezaron a interpretar la guerra de 1856-1857 en un sentido antiimperialista. Tal énfasis pronto sería reforzado por los nacionalistas del decenio de 1920 y por los comunistas luego de 1930. A diferencia de la versión liberal, este nuevo enfoque disminuía o borraba el papel de las elites nicaragüenses en la llegada de Walker, que ahora era conceptuada como una invasión, y presentaba a este último como un representante del imperialismo yanqui, tácitamente apoyado por el gobierno estadounidense.111 Ciertamente, los liberales no desconocieron el liderazgo de Juan Rafael Mora en la guerra, pero centraron la atención en Juan Santamaría. Ocurrió así por, al menos, dos razones básicas. Por un lado, se requería de un héroe de origen popular, que pudiera 110 Palmer, “Sociedad anónima”, pp. 296-309. 111 Molina Jiménez, Iván, “La invención de Juan R. Mora”. Áncora. La Nación, 10 de junio del 2007, p. 12; ídem, “La versión extrema sobre William Walker”. Áncora. La Nación, 20 de mayo del 2007, p. 12; Díaz, “Fiesta e imaginería cívica”, pp. 128-129. La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoria32 ser convertido en el modelo a imitar por campesinos, artesanos y trabajadores. Y por otro, convertir a Mora en un héroe nacional era problemático no sólo por las irregularidades y arbitrarie- dades atribuidas a su régimen, sino, sobre todo, porque había muerto fusilado por un gobierno costarricense. En contraste con Santamaría, Mora tenía una dimensión controversial que podía potenciar las divisiones de la sociedad costarricense, en vez de disminuirlas. Pese a lo indicado, a partir del decenio de 1880 se abrió un espacio importante para rehabilitar al presidente que liderara la lucha contra los filibusteros La rehabilitación completa de Mora debió esperar a las prime- ras tres décadas del siglo XX y, al parecer, tuvo por base los textos de Montúfar y sobre todo de Argüello Mora, que recuperaron la exaltación sistemática de Mora que caracterizó el período ante- rior al golpe de Estado de 1859. Argüello Mora había indicado, en 1898, que su tío era “cuasi adorado por el pueblo”, pero que tenía la oposición de importantes capitalistas (un tema parcialmente adelantado por Montúfar en 1888). Además, definió a su tío como “el libertador de América en la campaña de 1856”, y se valió de uno de sus relatos histórico-literarios (“Elisa Delmar”), ubicado durante el intento emprendido por Mora en septiembre de 1860 para recuperar el poder, para calificar los fusilamientos del ex presidente y de Cañas de asesinatos políticos.112 Fueron dos las interpretaciones que, a partir de inicios del siglo XX, revalorizaron la figura de Mora. La primera, conforma- da por los izquierdistas ya citados, contrapuso a Mora, caracteri- zado como un gobernante nacionalista, antiimperialista y antioli- gárquico, a los políticos liberales, proclives a pactar con el capital extranjero. Ya en 1937, el periódico comunista, Trabajo, difusor de la interpretación antiimperialista de la guerra de 1856-1857, responsabilizaba al imperialismo y a los plutócratas criollos del asesinato de Mora, por haber tocado “…los bolsillos de los adine- rados… que vieron cortados sus abusos en la especulación cuando 112 Montúfar, Walker en Centroamérica, p. 366; supra, notas 16 y 95. Iván Molina Jiménez • David Díaz Arias 33 el Gobernante creó un Banco Nacional”. Según los comunistas, Mora fue un prócer de estatura continental que supo enfren- tarse al imperialismo yanqui.113 La otra versión, menos radi- cal, surgió a partir de la conmemoración del centenario del nacimiento de Mora (1914) y de la inauguración de su estatua (1929). Se caracterizó por exaltar a Mora por liderar la guerra de 1856-1857 (fue equiparado ya con Bolívar), y por haber sido un gobernante probo y democrático.114 El énfasis de esos izquierdistas en Mora más que en Santamaría pudo obedecer a los siguientes motivos. Primero, por alguna des- confianza en relación con la figura de Santamaría, tan manipu- lada por los liberales y cuyo acto heroico había sido cuestionado fuertemente por Montúfar. Segundo, porque, en términos de la lucha contra Walker, el papel fundamental evidentemente le correspondía a Mora. Y tercero, porque al presentar al presidente de 1856 como un antiimperialista, se facilitaba cuestionar a los políticos de 1900 por su tendencia a pactar con el imperialismo estadounidense. Además, el acento en Mora permitía responsa- bilizar de su muerte a la oligarquía, y enfatizar la admiración que había por él en algunos círculos intelectuales del resto del istmo, que lo consideraban el prototipo del patriota centroamericano.115 Pese a sus diferencias, ambas versiones tenían en común que dejaron de lado las irregularidades y arbitrariedades atribuidas a Mora, así como el papel que jugó su gobierno en impulsar el capitalismo agrario. En contraste con tales interpretaciones, el análisis histórico no descartó esos temas, como lo prueban las obras de Fernández Guardia, González Víquez, Rodríguez, Monge, Meléndez y, más recientemente, de 113 Molina Jiménez, “La invención”, p. 12; Urbina, Chester, “Antiimperialismo y reafirmación nacional. Los actos de inauguración del Monumento a Juan Rafael Mora Porras (1929)”. Diálogos. Revista Electrónica de Historia. San José, 1: 4 (junio-setiembre, 2000) [http://www.ts.ucr.ac.cr/~historia/dialogos.htm]. 114 Supra, notas 23-24 y 31. 115 Agradezco a David Díaz por destacar este último punto. La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoria34 Fallas.116 Estos historiadores, además, destacaron el papel de las elites nicaragüenses en la llegada de Walker a Nicaragua y, con excepción parcial de Rodríguez, disociaron la experiencia filibustera del gobierno federal estadounidense. Obregón Loría se apartó del enfoque precedente porque evitó considerar los cuestionamientos al régimen de Mora y sugirió que hubo un apoyo tácito del gobierno de Estados Unidos a Walker.117 Así, su versión de la guerra de 1856-1857 y de Mora, contenida en el principal libro costarricense sobre la Campaña publicado en el siglo XX, recuperó aspectos fundamentales de las nuevas interpretaciones surgidas a partir de 1900. En la década de 1940, la versión antiimperialista de la Campaña Nacional tomó un giro inesperado, ya que la oposición a los gobier- nos de Rafael Ángel Calderón Guardia (1940-1944) y de Teodoro Picado (1944-1948), desde 1941 cercanos a los comunistas, utilizó la guerra de 1856-1857 para denunciar el imperialismo ruso. La inserción de la lucha contra Walker en la dinámica de la guerra fría, que contrapuso una interpretación antiimperialista de dere- cha con una de izquierda, se consolidó después de 1950 y adquirió particular intensidad en el decenio de 1980, tras el triunfo de la revolución sandinista, el inicio de la guerra civil en El Salvador y la intervención creciente de Estados Unidos en el istmo.118 Lograda la pacificación de Centroamérica y desaparecida la Unión Soviética, la conmemoración de la Campaña Nacional rápidamente empezó a perder importancia para el Estado costarricense. Este proceso parece haber estado relacionado con la atención prestada por las administraciones de Rafael Ángel Calderón Fournier (1990-1994) y de José María Figueres Olsen (1994-1998) a la conmemoración de los cincuentenarios 116 Supra, notas 66-67. Véase, además: Castro, Silvia, “Estado, privatización de la tierra y conflictos agrarios”. Revista de Historia. San José, Nos. 21-22 (enero- diciembre, 1990), pp. 207-230; y Vargas, Hugo, El sistema electoral en Costa Rica durante el siglo XIX (San José, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2005), pp. 3, 7-8 y 18-21. 117 Obregón Loría, Costa Rica y la guerra contra los filibusteros, pp. 3, 157 y 319-324. 118 Díaz, Historia del 11 de abril, pp. 21-25 y 76-77. Iván Molina Jiménez • David Díaz Arias 35 de las reformas sociales del período 1941-1943 y de la guerra civil de 1948. En tales circunstancias, contenidos de la versión antiimperialista de izquierda fueron apropiados por sectores opuestos a las políticas económicas neoliberales, a la privatiza- ción de instituciones públicas, y últimamente a la aprobación de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Ante este desafío, la respuesta gubernamental no fue disputar la interpretación de la Campaña, sino restarle apoyo oficial a la conmemoración, un fenómeno que fue particularmente visible durante el sesquicentenario. A diferencia del centenario de la Campaña, cuando la aten- ción fue concentrada de nuevo por la figura de Santamaría, en el 2006-2007 los grupos opuestos al TLC destacaron la de Mora, un énfasis que ha sido respaldado por las obras de Vargas y Quesada. Ambos libros, así como el de Arias Sánchez, volvieron a presentar la llegada de Walker a Centroamérica como una invasión tácitamente apoyada por el gobierno de Estados Unidos. Al descartar buena parte del conocimiento histórico producido en los últimos treinta años, y al insistir en un enfoque patriótico y episódico de la guerra de 1856-1857, los textos indicados se constituyeron en el eje de la principal polémica que hubo durante el sesquicentenario.119 epíLogo Todo parece indicar que, precisamente por su inserción en la cultura oficial desde finales del siglo XIX, la Campaña Nacional, como objeto de investigación histórica y de creación literaria, ha quedado circunscrita por las conmemoraciones principales relacionadas con la guerra de 1856-1857: las inau- guraciones de las estatuas de Juan Santamaría (1891) y de Juan Rafael Mora (1929), y del Monumento Nacional (1895); y los centenarios del nacimiento del presidente que condujo la lucha contra los filibusteros (1914), del soldado alajuelense (1931) y 119 Para un balance de la polémica, véase: Molina Jiménez, “En defensa del análisis histórico”. La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoria36 de la batalla de Rivas (1956). Gracias a la influencia de los medios y al respaldo simbólico y financiero del Estado, investigadores y literatos han tendido a concentrar sus esfuerzos en función de las efemérides expuestas. El resultado de tal práctica es evidente: todavía a inicios del siglo XXI, la Campaña Nacional es más un territorio de la memoria –la oficialmente construida– que de la historia o la literatura. A inicios del siglo XXI, no existe una novela costarricense que tenga por eje o escenario la guerra de 1856-1857,120 ni un apropiado estudio social y cultural de ese conflicto. Ciertamente, se conoce mejor el contexto y cómo la lucha contra Walker fue utilizada por los políticos e intelectuales liberales a finales del siglo XIX; pero la Campaña como tal todavía espera ser objeto de un análisis profundo y detallado que aborde sus diversas dimensiones y sus complejas conexiones. Tal vez para la conmemoración del bicentenario la sociedad costarricense disponga de obras históri- cas y literarias sobre la Campaña que superen ampliamente a las que existen actualmente. Por último, conviene destacar que, al igual que otros ejes temáticos del pasado costarricense (la experiencia bananera o las condiciones de vida de los trabajadores urbanos), la Campaña Nacional podría convertirse, a futuro, en un punto de encuentro privilegiado de historiadores, otros investigadores sociales, crea- dores literarios, artistas y estudiosos de la literatura y el arte.121 Si así ocurre, la Campaña podría redefinir, de manera decisiva, su posición y sus funciones en el imaginario nacional, en sentidos y direcciones cuyo alcance no es posible vislumbrar aún. Recuperar en toda su complejidad el pasado de la Campaña es esencial para garantizarle un futuro. 120 Para una conlcusión similar, véase: Bonilla, Abelardo, Historia de la literatura costarricense (San José, Trejos, 1957), p. 1. 121 El artista Carlos Aguilar dio a conocer en el 2006 una serie de pinturas inspiradas en la Campaña, colección que, por sus características, constituye una iniciativa novedosa en la plástica costarricense. Hay una muestra de esas obras en: Umbral. Revista del Colegio de Licenciados y Profesores en Letras, Filosofía, Ciencias y Artes. San José, 2do. semestre (2006); y en Hilje, Luko, De cuando la patria ardió (San José, Editorial Universidad Estatal a Distancia, 2007). El pintor Luis Vásquez Mora tuvo una iniciativa similar: "Visita guiada", Áncora. La Nación, 23 de setiembre del 2007. p. 10. introducción Este trabajo analiza las tres principales propuestas de estu- dio de la invención-formación —depende de la perspectiva— de la identidad nacional costarricense que se han desarrollado en los últimos lustros. Mi interés radica en mostrar los argu- mentos fundamentales de esos estudios, concentrándome en el papel que cada uno de ellos asigna a la Campaña Nacional de 1856-1857 en la invención de esa nacionalidad. Este tema me ha parecido fundamental porque, como trataré de demostrar, las tres corrientes estudiadas, de una u otra forma, al construir sus argumentos, proponen a su vez una interpretación del rol de la memoria de la guerra antifilibustera en ese proceso. Lo más interesante es que las propuestas tienden a dialogar entre ellas en formas, a veces, diametralmente opuestas. Así, el artículo comienza con los hallazgos pioneros de Steven Palmer y las raíces de su formulación, que se convierten a su vez en las fuentes de la discusión moderna sobre la inven- ción de la nacionalidad costarricense.1 Luego, intento precisar 1 Por estudios modernos de la nación, me refiero a la perspectiva analítica que concibe a la nacionalidad como una invención cultural que es producida por elites políticas e intelectuales en la modernidad. La fórmula explicativa consiste en considerar a los estados y a los movimientos nacionalistas como constructores de la nación y no al revés. Sigue siendo muy útil para el Campaña Nacional y memoria conmemorativa. Un análisis historiográfico David Díaz Arias “A medida que transcurren los años, todo hombre está obligado a sobrellevar la creciente carga de su memoria. Dos me agobiaban, confundiéndose a veces: la mía y la del otro, incomunicable”. Jorge Luis Borges, La memoria de Shakespeare La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoria38 las críticas de Víctor Hugo Acuña a la propuesta de Palmer y la forma en que dichas críticas provocan a su vez preguntas sobre los argumentos centrales de Acuña. Finalmente, analizo y trato de mostrar las debilidades de la revaloración de la tesis “tradi- cional” acerca de la formación de la nacionalidad costarricense, defendida y profundizada por Juan Rafael Quesada Camacho. Como se verá, este artículo parte de las principales formulacio- nes de Palmer y a partir de ellas se le hacen cuestionamientos y críticas a las siguientes propuestas. He escogido ese camino no solo porque los planteamientos de Palmer continúan tenien- do validez, sino porque siguen provocando nuevas preguntas acerca de la temática de la identidad nacional y la memoria de la Campaña Nacional. Pienso que, de esa manera, también se construye el diálogo original que ata a los otros estudios, es decir, el haber sido concebidos a partir de cuestionamientos a los ejes del trabajo de Palmer. Asimismo, mi propuesta provie- ne de un marco teórico-analítico ligado a la relación existente entre la invención de la identidad nacional, la memoria colecti- va y las ceremonias conmemorativas.2 Los supuestos básicos de la visión teórica de la que parto, tienden a observar la construcción de la memoria colectiva como un elemento central en la invención de la nacionalidad. El nudo de ese proceso es la formación de representaciones. De acuerdo con Victor Turner,3 existe, en el interior del compor- tamiento social, una referencia a los mitos originales que tras- ciende la conciencia de la acción de los actores y que se activa esclarecimiento de esa discusión, el trabajo de: Smith, Anthony, The Ethnic Origins of Nation (Massachussets: Blackwel Publishers, 1988), pp. 7-12. 2 Una discusión amplia y profunda de ese marco teórico en el que me muevo se puede encontrar en: Díaz Arias, David, “Memoria colectiva y ceremonias conmemorativas. Una aproximación teórica”, Diálogos: Revista Electrónica de historia (Universidad de Costa Rica), Vol. 7, No. 2 (setiembre del 2006-febrero del 2007) [http://www.ts.ucr.ac.cr/-historia/dialogos.htm]. 3 Turner, Victor, “Hidalgo: History as Social Drama”, en: ídem, Dramas, Fields, and Metaphors. Symbolic Action in Human Society (New York: Cornell University Press, 1974), pp. 98-155. Iván Molina Jiménez • David Díaz Arias 39 en ciertos momentos —de agitación fundamentalmente. Turner llama a ese tipo de referencias “representaciones colectivas”. Al trascender la conciencia de acción de los actores, las represen- taciones colectivas alcanzan a recrear elementos compartidos socialmente y a precisar el “guión” —la trama— del movimiento histórico-social en que los individuos están participando. Son, en ese sentido, una recreación consciente, preconsciente o incons- ciente, del mito de la victoria y de la muerte aprendido durante la niñez y puesto en práctica en el escenario social y político. Las representaciones colectivas son así una fuerza que impulsa a la repetición del “guión” mítico que, según la tradición, describe la forma en que debe ocurrir el proceso de transformación social. Por ello, en buena medida, esas representaciones colectivas son capaces de articular imágenes, espacios y tiempos que estimulan la creación de lo que Turner llama un drama social. En este punto, la fundación de esa correlación entre los acto- res del proceso y los papeles asignados por el mito, se convierte en propulsora de la relación futura entre los símbolos, el drama social y la política. En otras palabras, en momentos de un proceso de cambio y movilización social, se acumula una representación simbólica que en el futuro será fundamental en la articulación de cualquier otro movimiento parecido en esa sociedad dada, de sus actores y de su “guión”. Pero al mismo tiempo, cada una de las etapas en las que esa representación se activa, adquiere su propia historicidad y, por tanto, su particularidad. Finalmente, señala Turner, las acciones políticas sociales e individuales esta- rán marcadas por esas representaciones simbólicas que le han dado fundación al drama social.4 Las raíces de la representación social de Turner se pueden ubicar en Emile Durkheim. Durkheim indica la imposibilidad de un grupo de autodefinirse o siquiera existir sin prestar aten- ción a la forma en que se representa. Por ello, en la búsqueda de su definición, los grupos construyen imágenes de sí mismos y 4 Ibid, pp. 123-154. La Campaña Nacional (1856-1857): historiografía, literatura y memoria40 de sus creencias, hasta definir emblemas materiales de su iden- tidad. La sentencia de Durkheim al respecto es imprescindible: “En una forma general, un sentimiento colectivo puede llegar a ser consiente de sí mismo solamente al ser fijado sobre el obje- to material”.5 No es ocioso decir que, basados en Durkheim, los objetos materiales construidos para la representación del sentimiento colectivo de un grupo son selecciones de su pro- pia autorepresentación. Su capacidad de volverse viables como instrumentos de conciencia materiales reside en esa carac- terística de otorgar significado a sus prácticas a partir de la recreación del mundo en el que se producen. Entre esos objetos y acciones que intentan representar lo social se encuentran los monumentos y las ceremonias conmemorativas que, como se puede advertir, son los cimientos públicos de la representación del recuerdo social vivido e interpretado por la sociedad que lo construye cotidianamente. Son, en ese sentido, representacio- nes de la memoria colectiva. Es reconocido que fue el sociólogo francés Maurice Halbwachs el primero en utilizar el término memoria colecti- va de una forma recurrente y con deseos de precisión teórica, aunque hay que anotar que el historiador del arte Aby Warburg también lo empleó casi en perpendicularidad con Halbwachs.6 Partiendo de Durkheim, Halbwachs considera la memoria como una construcción que se lleva adelante gracias a la rela- ción entre el individuo y el grupo en el que se integra. Sí, es en el