Filo. y Lingüí. 10(2): 3-18,1984 EL HUETAR: OBSERVACIONES SOBRE LOS MATERIALES DISPONIBLES PARASU ESTUDIO y SOBRE LAS HIPOTESIS EN TORNO A SUS AFINIDADES LlNGUISTICAS O. Introducción En los documentos costarricenses de los siglos XVI y XVII, el término huetar o güetar se emplea generalmente para referirse tanto a una lengua in- dígena, considerada por un documento de 1617 (Fernández, 1881-1907, V, p. 219) "la materna y general de aquella provincia", como a un gru po étnico que ocupaba, a la llegada de los conquistado- res, el Valle Central y territorios aledaños a los ríos Virilla y Tárcoles (hasta la Costa del Pacífico) y al río Reventazón. Ocasionalmente, el término se usa también como nombre propio, siempre -al parecer- de individuos pertenecientes al grupo étnico aludi- do, como en el caso del cacique Huetare (mencio- nado por Cereceda, véase Fernández, 1975, p. 32). Sea cual sea el origen del término, su acepción como nombre de una lengua puede considerarse la básica, pues los huetares, en tanto hablaban una sola lengua caree ían de unidad poi ítica. Forma- ban: "dos naciones, gobernada cada una por un príncipe o cacique supremo" (Fernández Guardia, 1975, p. 24). La frontera entre estos dos dominios coincidía aproximadamente con el río Virilla (Fer- nández Guardia, ibid., p. 25): "por su situación geográfica, los dos reinos güetares pueden diferen- ciarse con los nombres de güetares de Oriente y güetares de Occidente. La capital del primero esta- ba situada en el Valle del Guarco o de Cartago ... ; la del segundo en el de Garabito". En vista de este hecho, el factor de identidad entre unos y otros percibido por quienes escribieron los documentos debió ser, con toda probabil idad, la lengua. 1. Materiales disponibles de la lengua huetar La lengua huetar se extinguió tempranamente (muy probablemente ya en el siglo XVIII) debido al hecho de haber estado concentrados sus hablan- tes sobre todo en la región costarricense en que se dio la más intensa colonización española; en conse- cuencia, no existe la posibilidad de obtener de ma- nera directa nuevos datos de ella. A esta limita- Adolfo Constenla Umaña ción, se une otra que junto con ella nos condena, quizás de manera definitiva, a no poder aspirar a tener del huetar sino un conocimiento especial- mente pobre y fragmentario: tanto los estudios so- bre esta lengua como los textos escritos en ella que produjeron los misioneros de la época colonial no se han local izado hasta el momento y parecieran haberse extraviado quizás para siempre. Esto es muy desafortunado porque la producción de los misioneros, algunos de los cuales según los docu- mentos llegaron a hablar f1uidamente la lengua (se menciona en este sentido en especial a Fray Pedro de Betanzos y Fray Agustín de Ceballos), fue, al parecer, abundante (véase Lehmann, 1920, 1, pp. 234-36), incluyendo gramáticas, catecismos y mé- todos para confesar. ¿ De qué índole son, entonces, los materiales disponibles actualmente para el estudio del huetar? En las secciones siguientes me ocuparé de respon- der a esta pregu nta. 1.1. Vocablos huetares conservados en los do- cumentos de la época de la conquista y de la colo- nia En los documentos de la época de la conquista y de la colonia aparecen una serie de vocablos que podemos considerar huetares, ya sea porque las fuentes claramente lo indiquen así (lo cual sucede sólo en una minoría de casos) o porque dicho ori- gen se pueda inferir de las circunstancias, como en el caso de los nombres propios de personas perte- necientes al grupo étnico o de lugares situados en su territorio, que difíéilmente se habrían tomado de otros idiomas. Los vocablos en cuestión se pueden dividir en dos grupos: nombres comunes y nombres propios. 1.1.1. Los nombres comunes que hasta el mo- mento se han encontrado en los documentos son cuatro (cf. Lehmann, ibid. pp. 236-7), tres de ellos pertenecientes a la terminología que los hue- tares usaban para referirse a sus dirigentes: 4 FILOLOGIA y LINGUISTICA ybux 'mandón', 'principal', 'hijo de cacique' taque 'pri ncipal', 'hijo de cacique' vrivri 'h ijos de caci ques' biriteca 'mujer que participaba en batallas, a- mazona' La última palabra no era exclusiva de los hueta- res: según el documento que la menciona (Vásquez de Coronado, 1964, p. 50), as í eran llamadas las mujeres de Coctu por "los Guetares y otras na- ciones". Es interesante señalar que los elementosybux y toque aparecen en formas reduplicadas ybuxybus y toque toque, en contextos que indican que se tra- taba de secuencias con valor de plural. El empleo de la reduplicación para pluralizar sustantivos es u n pequeño detalle gramatical inte- resante desde el punto de vista tipológico. Entre las lenguas chibchas de Costa Rica, al pa- recer sólo el guatuso emplea la reduplicación como manifestación de la categoría de plural en los sus- tantivos. En esta última lengua el fenómeno en cuestión está restringido a ciertos nombres de posesión inalienable, en los cuales no tiene carácter obligatorio, sino que alterna con el morfema plura- Iizador empleado con los sustantivos de todas las clases. Así pues, el plural de /toko:/ 'oreja' se pue- de expresar por medio de la forma redupl icada /to- ko:toko:/ o por medio de la forma /toko:mQ.cQ: mQ/. El empleo de la reduplicación para expresar pluralidad se conoce también en bribri, pero en esta lengua son los adjetivos los que se reduplican cuando están referidos a un sustantivo no plurali- zable (clase que coincide en general con los que designan no humanos): ~í~i dod ~í~i dod sQ.du dU sQ.du du sQ.du d '(¡ 'el perro es blanco' 'los perros son blancos' 1.1.2. Los nombres propios, antropónimos y topónimos, constituyen la mayor parte de los tér- minos huetares que aparecen en los documentos. Los más abundantes son los antropónimos, l.eh- mann (1920, 1, pp. 228-30) recogió alrededor de 150 (algunos de los cuales, sin embargo, podrían ser topónimos, ya que a veces, en particular en los casos de nombres de caciques, es difícil determinar si se trata de nombres de individuos o de lugares). Los siguientes son algunos ejemplos: Abacara, Cho, Torapo, Tiztiz, Porrocavá, Corre- que, Parrahara, Xoriopá, Arayu ri. Algunos ejemplos de topónimos se dan a conti- nuación: Aquecerrí, Puririce, Toboci, Atirro, Guicirí, Bu- xebus, Pacaca, Quercó, Coo, Corroce, Purapura. Estos vocablos, a pesar de su elevado número, no pueden dar sino una contribución extrema- damente modesta a nuestro conocimiento de la lengua. Los nombres propios en cuanto tales (particu- larmente los antropónimos) no tienen otro signifi- cado que su valor de términos identificadores. Esta simplicidad extrema desde el punto de vis- ta del contenido dificulta la identificación de posi- bles componentes morfológicos y, cuando no dis- ponemos de otra información sobre la lengua, la hace prácticamente imposible. Así pues, bastantes nom bres de persona huetares, terminan en -bá: Pacabá, Coyetebá, Taquerrabá, Curirabá, Yocabá, pero no hay manera de saber si esa secuencia era un morfema en la lengua o no, pues lo único que estas formas tienen en común es, precisamente, el ser antropónimos. Si se trata de nombres comunes, existirían mayores posibilidades de relacionar la terminación común con algún rasgo común de sig- nificado que no fuera simplemente el de ser todos ellos nombres comunes. Lo más lejos que podemos llegar en relación con este ejemplo es, pues, a señalar, sin ninguna seguridad, que -bá podría haber sido un formativo de temas. Sucede en muchas lenguas que al menos algunos nombres propios estén integrados por uno o más elementos que se usan también como nombres co- munes, como verbos, etc., como en castellano: Luz, Sol, Esperanza. Si esto fue as í en el caso de los nombres huetares, no lo sabemos. En tanto, por ejemplo, Fernández de Oviedo (véase l.eh- mann, 11, pp. 843-4) nos da datos sobre los nom- bres propios chorotegas como que el nombres del cacique de Nicoya, Nambí, significaba 'perro' y que Masaya significaba 'monte que arde', los auto- res de los documentos que incluyen antropónimos y topónimos huetares no parecen haberse molesta- do en ningún caso en darnos informaciones seme- jantes. Como se puede ver, es prácticamente imposible extraer información léxica o gramatical del mate- rial que se está comentando. Del examen de los 150 términos, incluidos por Lehmann, el único de- talle gramatical que se puede determinar es la pre- CONSTEN LA: El huetar ... 5 sencia de la reduplicación en unos cuantos casos, como Porroz Porraz y Tiztiz. No sucede lo mismo en lo fonológico. A pesar de la forma muy defectuosa en que los sonidos del huetar deben haber sido representados por los que escribieron los documentos del período de la con- quista y de la colonia, los vocablos que ellos nos han trasmitido nos dan a conocer muchos detalles tanto sobre lo que incluía como sobre lo que no inclu ía el inventario fonológico de aquella lengua. A continuación, señalo algunas de las conclusio- nes que se despreden de los datos recogidos por Lehmann. Las mismas, por supuesto, son de carác- ter tentativo, ya que, para mayor seguridad, sería conven iente llevar a cabo una recolección exhausti- va a partir de los originales mismos de los do- cumentos separando el material de acuerdo con los años en que éstos fueron escritos, con el fin de tomar en cuenta los cambios que entre el siglo XVI y el siglo XVII se dieron en la fonología y en la grafía castellanas. Por lo que respecta a las vocales, no hay mayo- res indicios de que existieran distinciones fonemá- ticas diferentes de las que se dan en castellano. Es cierto que en algunos casos se dan vacilaciones en- tre i y e, u y o, pera las mismas están limitadas a sílabas átonas en que se produce el mismo tipo de fenómeno en castellano: Quircó ~ Quercó (como diputado ~ deputado), Uxarraci ~ Uxarrace (como en calle ~ calli, Echandi ~ Echande), Corrirabá ~ Currirabá (como en sepoltura ~ sepultura). La úni- ca excepción a lo anterior es el caso de Huerra o Güirra (cacique de Turrialba), en que la e y la i alternan en lo que pareciera ser posición acentua- da. Ocasionalmente, se dan otras vacilaciones como en Coyetebá ~ Coyutebá, Porraz Porroz ~ Perroz Perroz ~ Pirraz Pirroz, sobre las cuales no es posi- ble inferir nada por tratarse de casos aislados. Las letras usadas con valor vocálico son general- mente a, e, i, o, u. Se usan también con valor vocálico y y v en posición inicial de la palabra (y de morfema en formas reduplicadas) ante conso- nante, representando respectivamente i y u, como en ybuxybux y vrivri (que deben de haberse pr o- nunciado [ibu ibu J 1 y [U riu riJ)'y aparece con va- lor vocálico a tinal de palabra en un caso y v a principio de palabra ante vocal, en un caso tam- bién: Cachistúe +Cachestuv: Vio. Los símbolos empleados para escribir los soni- dos consonánticos son los siguientes: (las formas citadas ejemplifican las posibilidades distributivas): a) Sonidos oclusivos sordos p: Parrahara, Porrocavá, Piel, Purapura, Torapo, Corripju t: Taquerrabá, Toraci, Tiribari, Escut e: (ante a, o u, silencio y consonante) qu (ante e, i): Cabizcara, Corroce, Quecarco, Qu itao, Ibaccará, Curchac, Carecoc. b) Sonidos oclusivos o fricativos sonoros b/v: La v aparece (con dos excepciones: A- vexa y Oristuviricá) siempre ante a intervocálicamente en sílaba final de palabra, posición en la que en algunos casos alterna con b: Corriravá ~ Corrirabá, Yoccavá > Y~ cabá. Estos hechos hacen muy probable que hayan representado un mismo sonido, al me- nos una misma entidad fonemática (quizás [ (3 ]). La b se da en los demás entornos: Barva, Biltalia, Taboba, Oquiquebú, Tubuca- rá, Tobioz, Cob. d: Duarco, Diruamo, Dirimame. La d aparece sólo en los tres vocablos anteriores. Esto contrasta con las listas de nombres de Tala- manca inclu idas por el mismo Lehmann (ibid. 231-4), en las cuales aparecen once formas iniciadas por d, a pesar de ser menos extensas. Pudiera suceder, pues, que no se hubiera dado un fonema den huetar. En vis- ta de lo anterior, resulta especialmente inte- resante que dos de los nombres presunta- mente huetares, Diruamo y Dirimame, pro- cedan de Siquirres según Lehmann (ibid. p. 191) región que probablemente fuera de frontera entre los huetares y los talamanque- ños. La baja frecuencia de d podría deberse también a que en huetar existiera una alter- nancia alofónica entre d y r como en bribri o cabécar (Constenla 1981, 1982; Margery 1982) g: Aparte de su uso en secuencia con u ante vocal (equivalente a la secuencia hu), se ha observado sólo en un caso ante g en una pa- labra que se escribe también con e: lbagcara ~ Ibaccará. Este sonido parece ser, pues, un alófono del mismo fonema que c/qu ( [k] ). c) Son ido africado sordo ch: Choboro, Churnacara, Chiquirra, Cachistúe 6 FILOLOGIA y LINGUISTICA ch) Sonidos fricativos sordos f: Aparece una sola vez en el nombre Xoriofa, que aparece transcrito otras dos como Xorio- pá. Es difícil sacar una conclusión a este res- pecto (podría incluso tratarse de un error de copia), pero me parece interesante anotar que en una visita hecha a Quitirricí (cantón de Mora, provincia de San José), noté casos de aparente variación li bre en tre la oclusiva [p] y una fricativa bilabial sorda [cp] en un anciano perteneciente al grupo de origen huetar que habita en aquel lugar y que ac- tualmente sólo habla castellano. c;/c/z/s: Entre todas estas letras se dan vacila- ciones, lo cual hace suponer que pudieron re- presentar una misma entidad fonemática: Caquerribá ~ laquirribá ~ Saquirriba, (va- riantes del nombre de una misma persona). Caribe ~ laribe, Corroce ~ Corroce, lbagca- ra ~ Ibaccará. Por otra parte, C; (usada gene- ralmente ante a, 0, u) y e (usada generalmen- te ante e, i), las más frecuentes y las favoritas de los documentos más antiguos, se dan sólo en posición inicial de sílaba; z es inicial en algunos casos, aparece en grupos internos an- te cjqu y ante p y es la única que aparece a final de palabra; s aparece en algún caso en posición inicial de sílaba o final de palabra, y mucho más frecuente ante p, t Y cjqu. Cabaca, Cuequin, Piciva, Cocer, Zuquire, la- ricurá ~ Caricurá, Chirrez, Tobioz, Uraz, Yozpari, Yzcó, Sabucara, Ubisurrú, Aquisa- ra, Tuxusti, Tescato, Ystaro, Patarras. x/j: El valor fonético de x debe haber sido el que tenía en castellano en la época en que se comenzó a usar el alfabeto para escribir pala- bras huetares, [ r]: Xarcopa, Xoxo, Xirober, Oxpe, Pixtoro, Axi, Pixori, Abux, Larix. La letra j representó el mismo sonido en mu- chos lugares en el siglo XVI y en los datos se dan algunas vacilaciones entre las dos: Xima - J ima, Caxagua ~ Cajagua, Avexa ~ Aveja. En un caso, Oxpe ~ Ospe se ha observado vacilación entre x y s. d) Sonidos vibrantes Las vibrantes simple r y múltiple rr son particu- larmen te frecuentes. Entre los primeros 82 nombres incluidos por Lehmann, 38 incluyen r y 20 rr. Es difícil determi- nar si estos dos sonid os se opon ían en hu etar. En ningún caso se presentan en posición inicial de pa- labra y a final de s ílaba sólo aparece r. A comienzo de sílaba interna parecen oponerse, pero hay unos pocos casos en que se dan vacilaciones, como en Procavá ~ Porrocavá y Curirabá ~ Currirabá, Tu- riarba ~ Turrialba. Los siguientes son ejemplos de ambos sonidos: Chaboro, Churnacara, Yurusti, Ti- ribari, Guarco, Barva, Xirober, Piror; Atarra, Chu- rraca, Churruz, Pirritubí, Corroce. e) Son ido lateral La lateral I aparece en un número relativamente bajo de vocablos, tanto en posición inicial como final de s ílaba, pero nunca a final de palabra: La- rix, Alux, Polo, Biltalia. En un único caso se ha observado vacilación con r: Turriarba ~ Turrialva. f) Sem iconsonantes gu/hu: Estas dos secuencias, entre las cuales se dan vacilaciones, representan probablemente una semi consonante labiovelar [w] que bien puede haber presentado un inicio consonar- tizado facultativo: Guac;ara, Huerra> Guirra, Parragu a, Hu etara, Gu arco, Pirragua. y: Probablemente haya representado una semi- consonante mediopalatal sonora [j] o la fricativa correspondiente [(]: Yaquirre, Yu- rusti, Yozpari, Coyozara, Tucuyarí, Taveca- ra. g) Nasales Llama la atención la baja frecuencia de las nasal es en los nombres analizados. En primer lugar, se dan solo dos: m y n, (no hay ninguna forma con ñ). En segundo lugar, son contadas las palabras en que aparece cualquiera de las dos. m: Mahan, Dirimane, Churnacara, Cambum n: J oaniqui, <;Uequin, In. La letrah La letra h, fuera de los gru pos ch y hu, se pre- senta en cuatro formas: Parrahara, Mahan, Cuvho y Horasca. Esta letra podría, de acuerdo con el valor que todav ía ten ía en la grafía castellana del siglo XVI, haber representado una aspiración, [ h ]. CONSTEN LA: El huetar ... 7 La tilde que indica el acento reci be un uso bas- tante inconsistente, lo cual, unido a las dificultades de captación de los suprasegmentales de una len- gua desconocida para la persona sin entrenamiento fonético, hace poco provechoso el especular al res- pecto. En resu men, los datos procedentes de las fuen- tes de la época de la conquista y de la colonia sugieren que el sistema de sonidos del huetar in- clu ía por lo menos las entidades qu e aparecen en los siguientes cuadros: a) Vocales Anterior Central Posterior Alta (y) U (v) Media e o Baja a b] Consonantes labial Dental/ Palatar Velar laríngea Alveolar Oclusiva sorda p (f) t c,qu(g) Oclusiva o fricativa sonora b (v) (d) Africada sorda ch Fricativa sorda S X (h) Vibrante r /rr lateral I Semiconsonante hu/gu y Nasal m n En los cuadros, las letras que tienen mayores posibilidades de estar representando un mismo fo- nema se han puesto en una misma casilla, clasifi- cándolas según la articulación probable de la que se da con mayor frecuencia y poniendo la menos frecuente o más limitada desde el punto de vista distributivo entre paréntesis. Las letras que no pa- recen alternar con ninguna otra, pero que tienen una distribución muy limitada y una frecuencia muy baja se colocan en casillas aparte entre parén- tesis. En el caso de la r y rr no se ha puesto ningu- na entre paréntesis porque la rr a pesar de tener una distribución más limitada y una frecuencia menor que la r, es en sí muy frecuente y pudiera haber sido una entidad fonemáticamente indepen- diente. No obstante se han colocado las dos en una misma casilla. Por lo que respecta a grupos consonánticos, a- parentemente sólo se presenta en los datos uno tautosilábico: cr, en Porrocris y Cuquecre. No obs- tante, Escut podría incluir una secuencia inicial se con e epentética añadida al adaptarse el nombre al castellano. Los grupos disilábicos observados más frecuen- tes son combinaciones de las fricativas s ~ Z Y x con las oclusivas sordas p, t, e> qu (p.e.: sp, st, se), combinaciones de r con e, v o ch (re, rv, rch) y combinaciones de e (~g) con ¡;, b y t (cc, cb, ct, gr;:). Además se dan otras combinaciones en casos aislados como It, mb, be. 1.2. Vocablos huetares conservados como sus- trato en el castellano del Valle Central En el habla del Valle Central se dan o se han dado una serie de vocablos de los que, por ser aparentemente exclusivos de esta área (es decir, por no darse fuera del castellano de la región o de las regiones a las que en época reciente se extendió dicha variedad) y sin etimología trazable a ninguna lengua conocida que haya influido en el castellano general o en el de Costa Rica, puede sospecharse que sean elementos de sustrato huetar. Por supues- to, sólo un estudio exhaustivo que compruebe las dos características mencionadas podría damos se- guridad. Este estudio está por realizarse y en este trabajo no se intentará Ilevarlo a cabo, limitándose a ejemplificar los tipos de posibles huetarismos que se dan. Hay que señalar, sin embargo, que mientras no se encuentren los estu dios del huetar hechos por los misioneros, esta fuente de datos es la más prometedora, pues incluye, además de nombres propios una cantidad no despreciable de nombres comunes y unas escasas palabras de otras clases que a diferencia de los nombres propios s í pueden compararse con las palabras que denotan los mis- mos referentes en diversas lenguas indígenas. Esto cada día se hace más factible gracias a la intensifi- cación de la recolección de léx ico, tanto del caste- llano del Valle Central como de las lenguas indíge- nas habladas en Costa Rica y en otros pa íses del área, que se ha dado en los últimos años. Los vocablos de aparente origen huetar se divi- den en dos grupos: uno de nombres propios que incluye sólo topónimos y otro integrado sobre to- do por nombres comu nes y algún adjetivo. 1.2.1 Ejemplos de la serie de los topónimos (que podrían sumar varios cientos) son los siguien- tes: Aquiares, Arribará, Birrís, Caraigres, Coris, Co- rrogres, Cuascúa, Cucubres, Chires, Chirobres, 8 FILOLOGIA y LINGUISTICA Chures, Escazú, Guaraní, Güicas í, Irrires, Itiquís, J aris, Orobres, Paires, Parrúas, Patarrá, Picagres, Pi- gres, Pirrís, Pocares, Porrosatí, Puruces, Purisil, Quercuá, Quirazú, Quitirricí, Siquiares, Siquirres, Surubres, Tacares, Tapantí, Taras, Tarbaca, Tatis- cú, Ticufres, Tiquires, Tocorí, Toyogres, Tubures, Túfares, Tuis, Turrós, Turrubares, Turrúcares, Tu- subres, Urases, Urasca, Uriche, Yacuares. La utilidad de estos elementos como datos para el conocimiento del huetar se limita prácticamente a lo fonológico por las razones señaladas en 1.1.2. Cierto es que en este caso las precauciones deben ser ex tremadas por lo mucho que los térmi- nos en cuestión pueden haberse alterado desde la época de su adopción en el castellano hasta el pre- sente. No obstante, la coincidencia entre estos nombres y los recogidos en los documentos colo- niales en materia de sonidos, tanto por lo que res- pecta a los que aparecen como a los que no apare- cen, es muy interesante. Nótese, por ejemplo, la llamativa ausencia total de consonantes nasales y de d. El sonido Ifl aparece sólo en dos nombres Túfares y Ticufres (sin embargo, ambos son de lu- gares más o menos cercanos a Quitirricí; véase lo dicho en 1.1.2 sobre la f. En cuanto a la g- si se hacen a un lado las apariciones en el grupo gu ante vocal (que repre- sentaría una [w 1 huetar) y en la secuenciagr- no se da, lo mismo que en los documentos coloniales. El grupo gr no se presenta en los documentos colo- niales, pero según se señaló en 1.1.2., el único gru- po encontrado en ellos era cr (Porrocris) del cual podría descender el gr actual. De igual modo, se da un grupo br que no aparece en los vocablos conser- vados por los documentos y que a diferencia de gr no tiene en ellos un posible antepasado. Fuera de estos casos y del grupo fr que aparece en Ticufres, los nombres de posible origen huetar coinciden con los antropónimos y topónimos recogidos en la época colonial en su preferencia por el canon silá- bico (C) V (e). Nótese además que en los nombres trasmitidos por ambas fuentes, existe coincidencia en el hecho de que los grupos sólo se dan en síla- bas finales de palabra. Un detalle interesante de la toponimia actual del área huetar es la cantidad enorme de nombres terminados en -res (como Tu res, Túfares, Purires, etc) de los cuales resultan afines los pocos termina- dos en -ris (como l aris y Coris). La difusión de estos nombres coincide muy estrechamente con los lindes del territorio que según las crón icas ocupa- ban los dos reinos huetares. Para comprender bien este hecho será necesario buscar en las fuentes co- loniales las formas más primitivas del mayor núme- ro posible de nombres de este tipo. A primera vis- ta, uno podría sentirse tentado a proponer la exis- tencia en estos vocablos de algún formativo del huetar de carácter locativo o afín, pero en estos casos se impone la mayor cautela, ya que las termi- naciones comunes son a veces añadidas a posteriori por los hablantes de una nueva lengua. Así pues, por ejemplo, si el guatuso se hubiera extinguido, a partir de los nombres locales de una serie de ríos tomados de esta lengua, como Cóter, Quéquir, To- j íbar, Samen, alguien podría creer que -n (usado después de otra consonante nasal) y -r (usado en los demás casos) eran alomorfos de un morfema guatuso relacionado con la noción de 'río', pero en guatuso nadie pronuncia estos nombres sino con vocal final: Iko: te/, Ike: ki/, Ito:xi epo.:/, 1<1-0.:mil, y con vocal final aparecen en los datos tomados por Lehmann (op. clt.) en 1909 (y no cabe pensar que las formas castellanas locales de esos hidrónimos reflejen pronunciaciones guatusas muy antiguas porque el establecimiento de los hispanohablantes en la región es un fenómeno que tuvo su inicio en la segunda mitad del siglo XIX). 1.2.2. Los nombres comunes que constituyen posibles huetarismos son denomi naciones de espe- cies an imales y vegetales propias del área, con la excepción de u nos pocos que pertenecen a otras áreas de significado, como usú 'hueco', 'cueva', yu- rro 'manantial', tiqu í 'calabazo grande para el agua'. El único no sustantivo que he encontrado es el adjetivo urrú. Ejemplos de fitónimos del tipo que se están co- mentando son los siguientes: ascá (Styrax poly- neurus Perkins), buriogre (Cordia glabra L.), coco- ra (Guarea microcarpa), cubá (Phaseolus coccineus L), curraré 'tipo de plátano', chirra (Tillandsia mu Iticaul is Steu d), erepe (Calatola costaricensis Standl), guagra (Cryosophila albida Barlett), gua- rrazú 'tipo de pacava ', güíz aro (Psidium guineense Sw.), jucó (Trema micrantha (L.) Blurne), poró (Erythrina costaricensis Micheli), pu (Conostegia xalapensis (Bonpl.) D. Don.), putarrá (Smilax kunthii Killip g Morton), quiquicirrí (Styrax Warscewiczii Perk.), quitirrí (Vernonia trifloscula HBK.), súrtuba (Geonoma edulis Wendl.), surubre (Astrocarvurn confertum Wendl.), targuá (Croton costaricensis Pax), terré (Croton xalapensis H BK.), tora (Montanoa hibiscifolia Benth.), tuete (Verno- nia stellaris Llave g í.exarza), turrusí (Eugenia car- tagensis Berg.), yos (Sapium sp.). CONSTEN LA: El huetar ... 9 Algunos nombres de especies zoológicas son: arragre (tipo de abeja silvestre), béquer (tipo de serpiente: Constrictor constrictor imperator), ea- pasurí (venado que tiene los cuernos cubiertos por la piel, recogido por Gagini, en desuso actualmen- te), cosorró (pájaro carpintero), cuascuasa (tipo de congrejo), cusinga (tipo de tucán: Pteroglossus Frantzii), id (en zorro icí o zorricí: Philander op o- ssum), oropopo (tipo de búho: Pulsatrix perspicí- lIata), quioro (tipo de tucán: Ramphastos swainso- ni), pirrís (tipo de pájaro: Zonotrichia capensis), purruja (tipo de mosquito: Diptera sp.), soterré (varios pájaros de la familia troglodytidae), várre- co (tipo de cangrejo), yerre (tipo de gallina de monte: Crypturellus cinnamomeus), yigüirro (tipo de tordo: Grayi), yuré (tipo de paloma: Leptotila verreauxi). 1.3. Huetarismos conservados en el cabécar norteño De mis propias observaciones y del trabajo de Margery (comu nicación personal) sobre el cabécar, se desprende que esta lengua presenta una división en dos dialectos principales: el hablado en el Valle de la Estrella y en Chirripó, que denomino cabécar norteño, por una parte, y el hablado en el Valle de Talamanca y en la vertiente del Pacífico, que deno- mino cabécar sureño. El cabécar norteño estuvo en la época preco- lombina en contacto con el huetar en la región correspondiente al actual cantón de Turrialba, de modo que es de esperarse que ambas lenguas hayan intercambiado elementos. Parece, incluso, que lo más probable haya sido que la influencia mayor se diera del huetar al cabé- car, por el carácter de lengua general o franca que el primero tenía de acuerdo con las fuentes colo- niales, según se tratará más adelante. Reconocidas las posibil idades señaladas en el párrafo anterior, cabe preguntarse cómo se pueden reconocer los posibles huetarismos en el cabécar norteñ o. La respuesta reside en los resu Itados de la apl icación del método comparativo de la Iingü ísti- ca diacrónica. El paso fu ndamental de este método es el establecimiento de ma trices de corresponden- cias entre los sistemas fonológicos de las lenguas comparadas en las que estos se relacionen metódi- camente como conjuntos y elemento por elemen- to. Como lo señala McQuown (1954, pp. 502-3): "Estas matrices se establecen por medio de la búsqueda de un conjunto de correspondencias, sonido por sonido, en el material léxico de una pareja de lenguas. Las correspon- dencias buscadas deben ser regulares, esto es, en un entor- no fonológico dado, un sonido particular de una lengua debe tener siempre la misma correspondencia en la segun- da lengua ... " Una vez establecida una matriz del tipo descri- to, la misma sirve para determinar si una pareja de formas de dos lenguas descienden de un mismo étimo, es decir, de una misma forma de la pro- te-lengua. Si dos formas de distintas lenguas cada una cumplen con lo previsto por la matriz, ambas son formas heredadas directamente. Si de las dos formas hay alguna que no cumple, esto indica que se ha producido un cambio de tipo distinto al regu- lar, es decir al cambio fonológico. Uno de los tipos de cambio no fonológico es el préstamo, es decir, la adopción de una forma de otra lengua, esté ésta poco distanciada o muy distanciada de la que toma en préstamo un elemento suyo. Como señala McQuown (ibid., p. 510): "Empleando la matriz de correspondencias fonéticas se separan las ovejas heredades de las cabras tomadas en prés- tamo y se hace posible trazar la historia lingü (stlca", En el caso que nos ocupa, las matrices de co- rrespondencias del cabécar con toda una serie de lenguas de la familia chibcha se han establecido (Constenla, 1981), y en la actualidad está en pre- paración un diccionario pandialectal cabécar (pro- yecto a cargo de E. Margery de la Universidad de Costa Rica), de modo que se comienza a estar en la posibilidad de reconocer los préstamos que dicha lengua haya recibido, tarea que hace pocos años era impensable y que hoy, aunque factible, está por real izar. Por el momento, estoy en condicioes de dar un único ejemplo. Los tucancillos verdes (Aula- corhynchus) se denominan en guatuso /ta.ko.: ro.ko.:ro./ y en bribri /do.ka.Y o.k/. Las raíces de ambas formas /to.ko.:ro. =! y /d o.ko.l 0.-/ presentan correspondencias perfectamente regula- res (compárese, por ejemplo, guatuso /tuo.:/, bribri /do.uó./ 'tabaco'; guatuso /puru:puru:/ bribri /bUl ü rwo.kt 'purruja') que llevan a la recons- trucción de un étimo/*dak ara/.En cabécar, como en bribri, a la /t/ y la /r/ guatusas corresponden respectivamente /d/ y /r /, sin embargo, exami- nando los ficheros de E. Margery, he encontrado la forma del cabécar norteño /to.ko..có.k/'tucanci- 110 orejinegro' (Selenidera spectabilis), obviamente relacionada, pero doblemente irregular desde el punto de vista de las correspondencias fonéticas. 10 FILOLOGIA y LINGUISTICA Ahora bien, esta forma no procede del bribri ni mucho menos del castellano que son las únicas len- guas fuera del huetar que han estado en contacto con el cabécar norteño. La conclusión más acepta- ble es, pues, que el término es un huetarismo. 2.Posición del huetar en las clasificaciones de las lenguas del área Brinton (1897) clasificó el huetar como miem- bro de un grupo lingüístico talamanqueño, consi- derando que estaba especialmente relacionado con el cabécar, Cyrus Thomas (1902) lo incluyó entre las len- guas de Centroamérica pertenecientes a la familia chibcha sin relacionarlo especialmente con ninguna otra. Rivet (1912) lo colocó en su rama talamanca - barbacoa de la familia chibcha junto con el guatu- so, el cuna, el boruca, el cabécar, el térraba, el bribri, el chirripó (cabécar) y las lenguas barba- coas. Lehmann (1920) consideró que constituía un subgrupo por sí solo dentro del grupo talamanque- ñ o en el que situó las lenguas del sur de Costa Rica (bribri, cabécar, térraba y boruca). A partir de estas clasificaciones, la mayor parte de las que se han hecho posteriormente han consi- derado el huetar como miembro de un grupo tala- manqueño de la rama occidental (o talamanca - barbacoa) de la fami Iia chibcha perteneciente a su vez al filo macrochibcha (jijón y Caamaño, 1943; Mason, 1950; MCQUOWl1, 1954; Tovar, 1961; Yoe- gelin, 1965). Al lado de esta posición más extendida se da la de Schmidt (1926) quien agrupó al huetar y otras presuntas lenguas extintas (voto, corobicí, suerre, quepo) junto con el guatuso y el rama dentro de una de las divisiones de la rama noroccidental (o talamanca - dorasque) de la familia chibcha. Lou kotka (1944, 1968) basó su clasificación en la de Schmi dt por lo que atañe a las relaciones más estrechas del huetar, que situó en u no de los gru- pos en que de manera directa divide la familia, el grupo guatuso, con las lenguas antes mencionadas excepto el rama. Otras clasificaciones como las de Swadesh (1959) y Greenberg (1960) no incluyen el huetar. Fuera de Brinton y de Lehmann, ninguno de los autores mencionados llegó a dar argumentos en fa- vor de su clasificación del huetar. En las siguientes secciones me ocuparé de demostrar que los argu- mentos de Brinton y de Lehmann, lo mismo que los dados en favor de diversas hipótesis por otros autores que no produjeron clasificaciones, carecen de validez científica y en consecuencia no pueden tomarse en cuenta siquiera como indicios en favor de las relaciones propuestas. 3. Hip6tesis sobre las afinidades lingüfsticas de los huetares Por lo escaso de los materiales lingüísticos dis- pon ibles, desde que se comenzó a especular sobre las afinidades de los huetares se comprendió que la tarea era una de particular dificultad. Así pues, Peralta (1893) afirmó: "es casi imposible determi- nar las afinidades étnicas de los Güetares mientras no se descubran en alguna biblioteca los vocabula- rios que debieron escribir franciscanos tan hábiles en el arte de su s lenguas como Fray Pedro de Be- tanzos, Fray Juan Baptista y otros que fundaron varios conventos y catequizaron a los Güetares de Cartago" y Gagini (1917) consideró que el proble- ma era el "punto negro" de la etnografía costarri- cense. 3.1. Hipótesis de Brinton No obstante, Brinton (1897) creyó haber halla- do la solución en un léxico de 123 rubros, conoci- do como Vocabulario de los indios de San José de Costa Rica y recogido a mediados del siglo XIX, que él había adquirido como parte de la colección de manuscritos Berendt. Según notó acertadamen- te Brinton, la mayor parte de las palabras incluidas en dicho documento eran muy semejantes a las palabras correspondientes de las lenguas tal aman- queñas (de hecho, a la luz de nuestros conocimien- tos actuales, se ve claramente que la lengua del vocabu lario es el cabécar), En vista de que el voca- bulario había sido recogido en las "cercanías" de San José, esto es, en el territorio señalado por las fuentes históricas como parte del dominio huetar, Brinton concluyó que el vocabulario era una mues- tra de la lengua huetar y que con esto quedaba de- mostrado el estrecho parentesco existente entre el huetar y las lenguas cabécar y bribri. Brinton expu- so otros argumentos de menor peso en favor de su hipótesis: que las 5 palabras recogidas por Benzoni en Suerre en 1544 se paree ían a las correspondien- tes de las lenguas talamanqueñas, que varios nom- bres geográficos de la Meseta Central (Escazú, Ta- rrazú, Irazú, etc.) incluían un sufijo -zu que en CONSTEN LA: El huetar. .. 11 cabécar significaba 'cerro' y que una palabra hue- tar recogida por Juan Vásquez de Coronado, birite- ea 'amazona' tenía correspondencia en las lenguas talamanqueñas. El argumento principal de Brinton fue objetado primeramente por Thomas y Swanton (1911, p. 85-6) qu ienes refiriéndose al vocabulario de San José señalaron: "este se obtuvo hace aproximadamente 44 años de algu- nos nativos que resid ran cerca de San José, pero pareciera que no se dijo una sola palabra acerca de su relacién con la tribu gUetar. Los indicios reales en consecuencia, se limitan al hecho de que el vocabulario se obtuvo de indios que vlvfan en la regi6n anteriormente, comprendida en el territorio gUetar. Se considera más seguro, ... , incluir por ahora el idioma en el grupo talamanqueño". Sin embargo, fue Gagini (1917, p. 56) quien lo rebatió totalmente habiendo determinado que el Vocabulario de San José "fue hecho por el señor Riotte en Orosi o Tucurrique" y que "estos lugares estaban desde el siglo XVIII habitados, no por Huetares, sino por Talamancas". Por lo que atañe a los otros argumentos de Brinton, hay que anotar lo siguiente: a) Cabe la posibilidad de que al menos dos de las palabras recogidas en suerre tengan relación con palabras cabécares (Constenla, 1981, p. 53), pe- ro el mismo Brinton (1897, p. 497) reconoció que: "el "suerte" aunque Berendt y otros lo hayan considerado idéntico al güetar, no se sabe positivamente que lo haya si- do y, geográficamente, parece haberse hablado en la costa norte, a lo largo del río del mismo nombre, a alguna dis- tancia de la provincia de los güetares históricos". b] En cuanto al presunto sufijo -zu, que según Brinton estaría contenido en topónimos como Irazú y Escazú, hay que señalar, por una parte, que en cabécar existe, en efecto, un elemento /-tol que se presenta combinado con /k3J 'lu- gar, tiempo' en la palabra /k'5.(;Q/ 'cerro', pero también es cierto que este elemento no se presenta, aparentemente, fuera de dicha pala- bra, ni en topónimos ni en ningún otro tipo de vocablo. Por otra parte, no hay ninguna razón para suponer que el elemento cabécar en cuestión estuviera comprendido en nombres como Tarrazú, Irazú y Escazú, careciendo como carecemos de toda base científica para tratar de establecer la etimología de los mismos. Desafor- tunadamente el estudio de la toponomia del área, no sólo en este casi sino que en la inmensa mayoría de los trabajos que se han ocupado de ella, se ha llevado a cabo de manera caprichosa y ametódica, sin tomar en cuenta los prin- cipios básicos de la investigación toponímica seria (como se exponen, por ejemplo, en Corominas, 1972, pp. 128-156). e) Finalmente, no se pueden tomar en serio las es- peculaciones de Brinton sobre la etimología de biriteea que consideró compuesta por una palabra era que no identificó (probablemente el cabécar /0) ó,kl 01 o por la palabra térraba wa-re (lywoJ L/ 'mujer') más el verbo bribri ituk (lt'Qk/) 'golpear, derribar de un disparo'). Las mismas van en contra de los principios más elementales de la investigación etimológica (como se exponen, por ejemplo, en Szemerény, 1962). Además, como lo hizo notar Gagini (1917, p. 56) la fuente colonial (Vásquez de Coronado, 1964) señala que el nombre biriteea era empleado por"los güetares y otras naciones". 3.2. Hipótesis de Gagini Como se habrá notado, algunas de las críticas más acertadas a la posición de Brinton provinieron de Gagini. Este último autor, sin embargo, rechazó la hipótesis de Brinton únicamente para proponer otra abiertamente descabellada (Gagini, ibid. p. 62): que el idioma huetar hab ía sido "una mezcla del tarasco" (lengua aislada hablada en el estado de Michoacán, Méjico, véase Campbell, 1979) "con len- guas del grupo utoazteca ... y aún es posible que entre ellos hubiese tribus chorotegas, como se verá más adelante, y aún caribes". La obsesión tarasca le vino a Gagini de la mane- ra arbitraria en que trató de resolver el problema de las afinidades del huetar: tomó la palabraybux o ebux 'principal' antes mencionada y se dedicó a buscar conexiones etimológicas en vocabularios de toda clase de lenguas americanas. Finalmente en- contró que cabeza en tarasco se dec ía ehpu yeso le bastó para creer que hab ía encontrado la solu- ción. La exposición de Gagini (ibid., pp. 63-70) es una larga sucesión de identificaciones arbitrarias en que a los pocos nombres comunes y a los numero- sos gentilicios y topónimos del área huetar se les asigna "etimologías" cuya única base es el pareci- do que él creyó ver entre ellas y cualquier voz contenida en cualquier léxico del tarasco o de la 12 FILOLOGIA y LINGUISTICA amplia gama de lenguas que pensaba se habían mezclado para constituir el huetar. El siguiente es un ejemplo de las mismas (ibid., pp. 64-5): "Abacara y Chucasque parecen azte- cas; Cobobici, Cahita; Cobux, es el tarasco copux ciruelas; Xoquia el azteca xoquia, plural de x oqui- tl, barrizal; Cobux Ciruelas y Xoquia, Barrial, die- ron después Cubujuquí, nombre antiguo de Here- dia. Yurusti es Yolotzin, "corazoncito"; y por último Barva puede ser el azteca Palapan, "en el río negro u oscuro", nombre que de acuerdo con la fonética huetar deb ía dar Baraba ... que pronu n- ciado como esdrújulo, según hacen los Tarahúma- ras y otros pueblos, dió Barba". 3.3. Hipótesis de Fernández Guardia y Pérez Zeledón Con posterioridad a Gagini, Ricardo Fernández Guardia (Pérez Zeledón, 1918) renovó la tesis de la identidad del huetar y el "viceita, talamanca o bribri", basándose en el hecho de que en la propo- sición hecha al rey en 1617 por el capitán Diego del Cubillo (Fernández, 1881-1907, V, pp. 218-22) se dice lo siguiente: "Así mismo me obli- gó a que ... pondré el ea tecismo y doctrina cristia- na en la lengua materna y general de aquella pro- vincia que llaman güetar, de manera que con facili- dad los religiosos puedan administrar los sacramen- tos y los indios entender la fee y se puedan confe- sar". Según Fernández Guardia el capitán del Cubi- 110 planteaba esto como un medio para lograr la conquista de Talamanca, pareciendo pues lógico que la lengua hablada en dicha región fuera el hu e- tar. La posición de Fernández Guardia fue adoptada también por Pedro Pérez Zeledón (1918) (quien ante la objeción planteada por Gagini de que no hab ía razón alguna que impidiera que en un país dominara un habla como lengua general y, al pro- pio tiempo, en secciones dadas de ese país, se ha- blaran dialectoslocales)argumentó que si lo que se pretend ía concretamente era conquistar Talamanca y la lengua nativa de dicha región no era el huetar sino otra, carecería totalmente de sentido que el capitán del Cubillo se hubiera comprometido a ha- cer que se tradu jeran los tex tos religiosos al huetar, por más que este fuera la lengua general de Costa Rica, pues lo que se necesitaba para facilitar aquel objetivo era que se pudiera evangelizar en la lengua vernácula. Pérez Zeledón argumentó también que dado que a) fray Agustín de Ceballos en una carta al rey del 10 de marzo de 161O afi rmaba conocer tres lenguas ind ígenas de la provincia (religiosa) de Nicaragua y Costa Rica; b) que en un documento de 1608 (Informaciones de méritos y servicios de los frailes menores de San Francisco, Fernández, 1881-1907, VIII, p. 47-101) se señala que las lenguas habladas por fray Agustín eran la de Nica- ragua (nicarao, es decir nahoa), la de Nicoya (cho- rotega) y huetar, y c) que era "bien sabido que fray Agustín" hab ía "trabajado asiduamente por largos años en la evangelización de Talamanca" y hab ía predicado a los indios de dicha región "en su lengua nativa, a más de haber compuesto en güetar catecismo, confesionarios y doctrina", se impon ía la conclusión de que no pu diendo haber sido ni el chorotega ni el nahoa las lenguas que usara "tuvo que echar mano del güetar que era la otra única lengua de naturales que entendía y hablaba". Además de estas razones, aparentemente bien fundamentadas, Pérez Zeledón añadió otras de pre- tenciones lingü ísticas cuya falta de valor es obvia a primera vista por tratar de establecer parentesco lingü ístico sobre la base de presuntas coincidencias entre segmentos del plano de la expresión del hue- tar y de la "lengua de Talamanca" sin atender para nada al plano del contenido, en contradicción con los principios más básicos de la lingüística diacró- nica: 'fácil es la tarea de perfeccionar la prueba de la tesis en discusión, mediante el estudio comparativo de la estruc- tura de las palabras pertenecientes al dialecto vivo de Tala- manca, de una parte, y de las voces que nos quedan de la lengua güetar, por la otra ... Esos nombres de personas o cosas güetares pasan de 500 vocablos, y sus ratees, termi- naciones y demás elementos constituyentes proclaman a mi juicio la identidad de origen de uno y otro grupo de palabras. No es este lugar adecuado para entrar en semejante afán; y de paso diré, sin embargo, que las terminaciones en abi y ab í, aba y abá, aca y acá, ura y urá, ibi e ib r, ari y arr I, irri e irrf, asi y asj', iea e id, eva y eva, aru y arü: asf como las rafces: tari, turi, tiri y tara; curi y cari, saqui y uqui, uru y ura; arra, acha, buea y guaca; chuma y chura, taye, cabi, queso, tabi, tuba, tocu, guti, poco oro, etcétera, son tan frecuentes paralelas en la lengua de Talamanca y en las reliquias de la huetar que han llegado a nosotros, que no pueden (sic) ponerse en duda su inmediato parentesco, por no decir manifiesta identidad". A continuación paso a refutar la argumentación de Fernández Guardia y Pérez Zeledón que se aca- ba de presentar. Por lo que atañe al argumento relacionado con la proposición del capitán del Cu billo cabe señalar que, cuando los documentos coloniales califican a una lengua como general" éste término no es em- pleado en ellos de manera imprecisa, sino con toda CONSTEN LA: El huetar ... 13 exactitud en el sentido que actualmente le dan al- gunos lingüístas. El término en cuestión es sinóni- mo del quizás más frecuente lingua franca, que Lázaro Carreter (1962) define como: "lengua o variedad dialectal única que adoptan para comuni- carse individuos de lenguas o dialectos diferentes cuando han de mantener un contacto frecuente". A este respecto señala Tovar (1961): "lengua gene- ral es aquella reconocida en calidad de tal por los conquistadores, pero aceptando un hecho anterior a la conquista misma. Son por lo mismo lenguas generales el Nahuatl de los Aztecas de Méjico y el Quechua de los Incas del Perú". Existen motivos para que el huetar en efecto hubiera servico en la época anterior a la conquista como lengua general. Por una parte, su distribu- ción territorial hac ía que estuviera en contacto con varios de los otros grupos ind ígenas de lo que ac- tualmente es Costa Rica y, por otra, de acuerdo con los informes de la época de la conquista, cons- titu ían un grupo especialmente poderoso desde el punto de vista poi ítico y militar que, por ejemplo amenazaba a los chorotegas (véase Fernández, 1975, p. 16) y ten ía a los votos reducidos a condi- ción de tributarios (véase Fernández Guardia, 1975, p. 109). Ahora bien, los misioneros españoles, cuando existía una lengua general, con frecuencia no se preocupaban por las lenguas de carácter más local, como señala Tovar (1961, p. 189): "en muchos lugares los misioneros adoptaron simplemente la lengua general y la extendieron entre los indígenas de lenguas menores". En el caso de los conquista- dores, esta actitud era todavía más decidida (To- var, ibid.): "la organización colonizadora de la Co- rona desconoció las lenguas menores ". Como seña- la este mismo autor (ibid., p. 190) la lengua gene- ral era la "llave maestra en el complejo mundo in- dígena". Este hecho ocasionó que, en algunos casos in- cluso, los españoles fueran responsables de la difu- sión e imposición de una lengua general por terri- torios en los que anteriormente no se hab ía habla- do o era muy poco conocida, como fue el caso de la penetración del quechua en el norte de Argenti- na de acuerdo con Morínigo (1959, pp. 80-98). En las palabras de Tovar (1961, p. 189): "la convivencia de lenguas que surge a partir de los últimos años del siglo XVI ... determina las relacio- nes entre el españ 01 y las lenguas ind ígenas. Su fórmula podría ser: utilización de la lengua invaso- ra por ind ígenas, utilización de las grandes lenguas generales por conquistadores y misioneros y tam- bién por ind ígenas hablantes de lenguas menores". Como se puede ver, fue su conocimiento defectuo- so de las circunstancias linguísticas del período de la conquista y de la colonia lo que llevó a que Fernández Guardia y Pérez Zeledón creyeran que el hecho de que el capitán del Cubillo hablara de poner el catecismo y la doctrina cristiana en hue- tar, esto ten ía que significar que aquellos a los que se iba a catequizar serían personas cuya lengua ma- terna fuera el huetar. Pero por otra parte, sus con- clusiones erradas se debieron también a una lectura descuidada del documento en cuestión, porque el propósito de del Cubillo era, como lo dijo muy claramente, reducir y pacificar no solo a los indios de talamanca sino que también a (Fernández, 1881-1907, V, p. 218) "los demás que están por rreduzir en la dicha provincia" (Costa Rica): En su proposición, por ejemplo, del Cubillo menciona en este sentido varias veces a los votos En cuanto al segundo argumento de Pérez Zele- dón se puede señalar en primer lugar que, de acuer- do con lo que se acaba de exponer, aunque fuera cierto (como en efecto parece) que Fray Agustín sólo hablara náhuatl, chorotega y huetar y proba- blemente hubiera empleado esta última lengua en sus prédicas en Talamanca, esto no quiere decir en modo alguno que los indios talamanqueños tuvie- ran el huetar como su lengua materna. Pero por otra parte hay otros factores que es necesario to- mar en cuenta. La presencia de los españoles en Talamanca durante el siglo XVI fue bastante espo- rádica y no fue sino a principios del XVII en que, con la fundación de la ciudad de Santiago de Tala- manca (1605), esta presencia se hizo más perma- nente, de modo que, cuando se escribieron las In- formaciones de méritos y servicios de los fray les menores de San Francisco en 1607 y 1608, el conocimiento que se tenía de la región no podía ser muy profundo. Además, de las mismas infor- maciones se desprende que el misionero a cargo de ella fue Fray Juan de Ortega. Todo parece indicar que la participación de Fray Agustín de Ceballos, al menos durante aquellos años, en las misiones de Talamanca debe haberse limitado a alguna visita en su condición de provincial de Costa Rica. La super- ficialidad del conocimiento que podía tener Fray Agustín de Ceballos de la situación lingü ística de Talamanca se hace obvia al leer el memorial que le envió al Rey en 1610, en el cual aunque da algunos datos muy interesantes desde el punto de vista et- nográfico no menciona en ningún momento una sola de las lenguas habladas all í. Este conocimiento 14 FILOLOGIA y LINGUISTICA superficial no era exclusivo de él. En las Informa- ciones de méritos tampoco aparece mención espe- cífica de las lenguas talamanqueñas, lo cual con- trasta profundamente con la exactitud extraordi- naria con que, 100 años más tarde, Fray Antonio de Andrade y Fray Pablo de Rebullida delimitan los dominios de las lenguas cabécar, bribri y tiribí (Fernández, 1881-1907, V). No es de extrañar este hecho, ya que de acuerdo con Fernández Guardia (1975, p. 189) no fue sino a partir de 1689 que "entraron en su apogeo las misiones de Talamanca". Por otra parte, para la época del Memorial de Fray Agustín de Ceballos, a apenas medio siglo del establecimiento de los españoles en su territorio, el güetar mantenía su vitalidad y su vigencia como lengua general, sintiendo los misioneros poca nece- sidad de dominar las lenguas más locales. Pero un siglo más tarde, destruida la estructura precolombi- na de relaciones entre el centro del país y las otras regiones, diezmada y cada vez más absorbi da la población huetar, el aprendizaje de su lengua por individuos de otros grupos habría perdido vigencia por completo, de modo que los misioneros se ve- rían en la necesidad absoluta de aprender las len- guas de Talamanca para poder predicar en aquella región. 3.4. Hipótesis de Walter Lehmann Lehmann (1920, 1, p. 179) era de la opinión de que no debía de estar muy separada de las actuales lenguas talamanqueñas. Sus argumentos en favor de esta idea no son, sin embargo, mejores que los de sus predecedores, ya que se basan en la identifi- cación de partes, arbitrariamente segmentadas de topónimos y antropónimos huetares con morfemas de las lenguas talamanqueñas. As í pues, considera que en Accerri (una de las formas del actual topó- nimo Aserrí en los documentos de la época de la conquista y comienzos de la colonia) la primera sílaba ac significa piedra y por lo tanto coincide con el bri bri / r1k/ 'piedra', que en Cobarrá y Peara hay un elemento ara ~ arra 'hijo, niño' que coincide con el bri bri /aJ ó./ 'hijo niño', que en Choboro apa- rece un boro que corresponde al bribri /bul tí tt. que en Turrúcares está contenido un car que signi- fica árbol como el bribri /kM l , que en Tirib í está comprendido de ti 'río' emparentado con el bribri /di?/ 'agua, río', etc., etc. En ningún momento aclara, sin embargo, con cuál fundamento hace es- tas identificaciones, ya que ninguna fuente docu- mental nos da el significado de los topónimos y los antropónimos citados, si es que tuvieron otro que el de designar a las personas y los lu gares en cues- tión. 3.5. Especulaciones posteriores Después de Lehmann, el tema de la identidad lingüística de los huetares pareciera no haber reci- bido mucha atención en ningún estudio, sino tan solo haber sido tocado con ligereza en obras de carácter eminentemente especulativo y acientífico mo (para citar sólo el ejemplo más reciente) la de Bákit (1981) en la que se desarrolla una fantas Ia, esta vez de vinculación sudamericana, basada en el "descubrimiento", por parte del autor, de "la eti- mología" de varios nombres nombres de origen huetar iniciados por g (como güetar, Garabito, Guarco, etc.)' que en su opi nión se derivarían de la palabra guaraní guarini 'guerra'. 3.6. Conclusiones sobre las hipótesis analizadas De lo expuesto queda claro que hasta el mo- mento no se han dado argumentos aceptables des- de el punto de vista lingüístico para determinar las afinidades lingüísticas del huetar y que, en conse- cuencia, no se ha demostrado su pertenencia a nin- guna familia lingüística, mucho menos su inclusión en un grupo o incluso subgrupo de una familia. 4. Argumentos en favor de la inclusión del huetar en la familia chibcha Existen grandes diferencias entre las posibilida- des de confirmación de las distintas hipótesis trata- das en 3. La mejor orientada de ellas, por razones obvias de localización geográfica, es la que asigna la lengua a la familia chibcha. Por medio de la apli- cación del método comparativo a los elementos que aparentemente no pueden ser sino huetarismos conservados como sus trato en el castellano del Va- lle Central he obtenido resultados que la apoyan: al menos ocho de dichos vocablos proceden de éti- mos que se dan en otras lenguas ind ígenas costa- rricenses de origen chibcha (para mayor informa- ción sobre las correspondencias fonéticas y las formas reconstruidas véase Constenla, 1981): burú 'tipo de abeja silvestre'. Bribri /búlub.k/ 'abeja'. capasurí 'venado que tiene los cuernos recubier- tos de piel', guatuso / <1- u:['i/, bribri /sQ'l1' /, térraba /.r u' 1i r'J/ 'venado'. « /*surt 1). CONSTEN LA: El huetar. .. 15 No he observado en la actualidad el uso de este término recogido por Gagini en su Diccionario de costarriqueñismos. El que esta fuente no indique el lugar donde se usaba la palabra, hace casi seguro que ésta fuera propia del habla del Valle Central, que es sin duda su objeto princi- pal de descripción. Gagini tiende a dar indicacio- nes sobre el área de procedencia de los vocablos casi únicamente cuando no es el Valle Central (véanse, por ejemplo, los artículos poró y ele- queme). cosorró 'pájaro carpintero', guatuso/ 4 oro: rol, boruca jkuxsl:ot! « /* soro -t. La raíz en guatuso es /4 oro:/, /-ro/ es un for- mativo consistente en la reduplicación de la última sílaba de la raíz, la /4/ guatusa es co- rrespondida por /s/ en las otras lenguas chib- chas de Costa Rica excepto en térraba, en que aparece / .r /. En boruca, el grupo / x sJ:/ es señal de la exis- tencia de un linde morfemático previo (kux/ y / SI:ot/ (aunque esta palabra parezca ser inana- lizable sincrónicamente): el grupo / sJ:/ fuera de este caso sólo se ha observado como inicial de morfema. cusinga 'tipo de tucán' (Pteroglossus torquatus, Pteroglossus Frantzii), guatuso /ku 4 i ') ku 4 i qrn 0./, boruca [kusi 1)/ «/*kusl-/. En guatuso l-ovx! y / rj son formativos de te- mas. La / ')/ final del boruca proviene de la na- salidad vocálica de la protolengua, la / ')/ gua- tusa tiene un origen completamente diferente. poró 'tipo de árbol' (Erythrina costaricensis Mi- cheli), guatuso /po:lo')/, bribri /bo.ló/, cabécar /bo.lo/ « /*bol:o/). purruja 'tipo de mosquito' [Diptera sp.), guatuso /puru,:puru:/, bribrj /ba1 a J u o.k/, cabécar /bUlu suák/ «/*buru7/). En guatuso aparece un formativo de temas consistente en la reduplicación total de la raíz: en bribri y cabécar /- r / y /-s/ son también formativos de temas y /-uo.k/ aparece en nombres de insectos que suelen darse en gran- des grupos. El huetar probablemente presen- taba una forma con un formativo /- r / como el bribri: /*puru J/ al cual se le habría 'añadido la vocal (-0./ 'femenino' en castellano constitu- yendo un /*puru.r 0./ que por el cambio de /.r / /x/ que tuvo lugar en el siglo XVII, habría dado el actual /puruxa/. urás 'hijo menor', guatuso (Ul:o.rj 'hijo varón'. « /*ul:e-/). Esta palabra recogida por Gagini, aparentemen- te ha caído en desuso. La /-s/ final probable- mente fuera un formativo de temas como la /-1)/ guatusa. yurro 'manantial, vertiente', bribri /jól/ 'chorro, corriente de agua, cascada' (probablemente < /*iQr-/). Fuera de estos casos que parecen etimologías seguras, hay otros en que existe alguna posibilidad, como arrangre 'tipo de abeja pequeña negra' que podría estar relacionado con el térraba /01:-/ (cf/o!:dio/ 'miel', /dio/ '1(quldo') o urrú 'apolilla- do, carcomido (referido a madera)' que, como ha señalado Agüero (1962, p. 209) podría tener el mismo étimo que el bribri /uY ú/, cabécar /hul u/ 'balsa', embarcación que se hace de la madera del mismo nombre (en castellano), que es extremada- mente suave. Las formas del sustrato comentadas en los pá- rrafos anteriores aclaran uno de los puntos dudo- sos que se plantearon en 1.1. en relación con el sistema fonológico del huetar: aparentemente en esta lengua l rl Y rr I se opon ían. El fonema / J:/ era reflejo de dos protofonemas, /* 1:/ Y /*1/, en tanto que /r/ era reflejo de uno solo /*r/. 5. Dificultades de la subclasificación del huetar Como se señaló antes, la mayor parte de los autores de clasificaciones de las lenguas chibchas, lo mismo que los que en el pasado formularon hipótesis sobre las afinidades del huetar, subagru- paron esta lengua con otras determinadas. La fa- cilidad con que esto se creyó factible regleja más que nada la falta de conocimiento que hasta hace poco ha existido sobre la profundidad de la separación que existe entre las lenguas chibchas. La observación del cuadro que se incluye de por- centajes de términos compartidos en una lista de 126 rubros de vocabulario básico (incluidos entre los que integran la lista glotocronológica de 215 rubros, véase Swadesh, 1955) que llené para 13 lenguas de la familia chibcha permite ver que fuera del caso del bribri y del cabécar (que comparten un 71 %), la relación léxica, incluso en el 16 FILOLOGIA y LINGUISTICA caso de lenguas vecinas, es bien distante (un 23% entre el bribri y el térraba; un 20o/oentre el guatuso y el rama, para ci tar dos casos). Tomando en cuenta la realidad reflejada por el cuadro y el hecho de que no son muchos los elementos de sus trato huetar presentes en el caste- llano de Costa Rica que han resultado tener térmi- nos emparentados en las otras lenguas de la fami- lia habladas todav ía en el mismo país, no es arries- gado pensar que las relaciones entre esta lengua y las otras de la familia bien pueden haber sido tan distantes como las que de acuerdo con el cuadro se dan en el caso de, por ejemplo, el guatuso. Esto no quiere decir que no deba intentarse sacar con- clusiones sobre la mayor o menor afinidad del huetar con otras lenguas de la familia a la que pa- rece haber pertenecido. Eso sí, es un claro indicio de que no se puede ser muy optimista y de que la cautela debe ser extremada, pues la subclasifica- ción con frecuencia es asunto difícil, aún cuando los datos disponibles sean relativamente abundan- tes, debido a los efectos de fenómenos como los cambios coincidentes aunque independientes (ori- ginados en tendencias presentes en el sistema de la lengua madre) y el contacto entre lenguas. Lo escaso de los términos de aparente origen huetar para los cuales se han encontrado etimologías chibchas, hace por el momento imposible apreciar el verdadero carácter de las innovaciones de esta lengua (y, como es bien sabido, las innovaciones son el criterio por excelencia en materia de suba- grupación de lenguas emparentadas). Así pues, formas como purruja, paró, /taka.cák/ hacen pensar que el huetar pudo haber llevado a cabo el mismo tipo de fusión de las oclusivas sonoras con las co- rrespondientes sordas que hizo el guatuso (Cons- tenia, 1981), sin embargo, no se puede estar seguro, porque no se sabe qué sucedió en huetar con las oclusivas sordas (/*t/ y /*p/) de la protolengua, pues no se han encontrado formas con étimos que las presenten y, además, hay un caso, burú, en el que /*b/>b. Porcentajes de vocablos compartidos por 13 lenguas chibchas en una lista de 126 rubros paya rama guatuso bribri cabécar térraba boruca move bocotá cuna cágaba bintucua Pa Ra 0,15 Guat. 0,12 0,20 Brib. 0,16 0,25 0,19 Cabo 0,17 0,24 0,19 0,71 Te 0,08 0,15 0,12 0,23 0,21 Bor. 0,11 0,18 O,H 0,24 0,23 0,17 Mov. 0,09 0,14 0,14 0,27 0,18 0,21 0,21 Boc. 0,12 0,21 0,17 0,25 0,23 0,18 0,22 0,30 Cu 0,10 0,18 0,15 0,18 0,16 0,18 0,21 0,20 0,20 Cág. 0,11 0,21 0,21 0,24 0,26 0,18 0,21 0,21 0,25 0,23 Bint. 0,11 0,17 0,18 0,19 0,19 0,17 0,18 0,21 0,23 0,19 0,48 Mu. 0,18 0,23 0,21 0,26 0,25 0,19 0,22 0,18 0,24 0,21 0,31 0,29 CONSTEN LA: El huetar ... 17 BIBLlOGRAFIA 1. Agüero, Arturo. El español de América y Costa 1962 Rica. San José: Librería e Imprenta Atenea. 2. Bákit, Oscar. Garavito: nuestra raíz perdida. 1981 San José: Jiménez y Tanzi. 3. Brinton, Daniel G. "The ethnic affinities of the 1897 Guetares of Costa Rica". Proceedings of the American Philosophical Society 36: 496-8. 4. Campbell, Lyle. 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