Alternativas teóricas y empíricas en las investigaciones sobre vida doméstica Cristina Gomes Compiladora RODOLFO TUIRÁN / ALICIA LINDÓN REBECA WONC / MARÍA ELENA FIGUEROA VANIA SALLES / ORLANDINA DE OLIVEIRA MARINA ARIZA / SERGIO REUBEN SOTO Luis ALBERTO DEL REY POVEDA MIGUEL MOCTEZUMA LONGORIA AGUSTÍN SALVIA / ANA MARÍA GOLDANI ANN VARLEY / MARIBEL BLASCO KAIZÓ BELTRÁO / SONOÉ PINHEIRO FRANCISCO OLIVEIRA / VERÓNICA MONTES DE OCA LETICIA MARTELETO / MARY C. NOONAN MÉXICO 2001 Primera edición, julio del año 2001 © 2001 FACULTAD LATINOAMERICANA DE CIENCIAS SOCIALES © 2001 Por características tipográficas y de edición MIGUEL ÁNGEL PORRÚA, librero-editor Derechos reservados conforme a la ley ISBN 970-701-150-5 IMPRESO EN MÉXICO ^iM» PRINTED IN MÉXICO Amargura 4, San Ángel, Alvaro Obregón, 01000 México. D.F. Capítulo €3 Características familiares de ios hogares costarricenses Sergio Reuben Soto* ALGUNAS CONSIDERACIONES TEÓRICO-METODOLÓGICAS Consideraciones teóricas relación con la importancia del estudio de la familia, en nuestra investigación con los ::.s del Censo de Población de 1973, dijimos lo siguiente: El problema de la familia se presenta como de gran importancia para el conocimiento de varios :enómenos sociales. En ese núcleo social fundamental se dan los procesos elementales de so- cialización del individuo, de nutrición, de aprendizaje y educación; así como, en algunas regiones y sectores sociales, constituye el núcleo social sobre el que descansan algunos procesos funda- mentales para la supervivencia y desarrollo productivo de los individuos. Por otra parte, es en su seno donde se llevan a cabo primordialmente la actividad reproductiva de la población y donde se materializan las prácticas de salud prenatal, de prevención de la mortalidad infantil y, al com- pletarse el ciclo vital, de cuidado de los ancianos. Finalmente, ella es el fundamento de las ne- :esidades habitacionales de una sociedad; su composición según parentesco, su estructura de edades, así como el plazo de su ciclo vital afectado por el número de miembros y sus edades. son todos factores determinantes de las necesidades absolutas de vivienda y sus características.1 Hoy, estas previsiones no sólo confirman la importancia de conocer mejor las carac- :;ticas del núcleo familiar, sino que éste ha comenzado a verse como el medio primi- -.0 donde tratar un conjunto grande de problemas y patologías sociales que complican sociedad, limitan sus posibilidades de desarrollo y transformación o conducen esta trans- ~.ación por vías violentas. En este sentido, el conocimiento sobre la familia se recono- romo de vital importancia para atender en sus formas más primitivas y elementales y en ~eno original esos problemas sociales. Este ámbito se presenta así como un espacio na- emente privado que el Estado debe fortalecer favoreciendo aquellas condiciones sociales su resorte que contribuyan con su desarrollo y evolución. "Catedrático de la Escuela de Antropología y Sociología de la Universidad de Costa Rica. 1 Sergio Reuben Soto, 1986, p. 3. 147 Algunos aspectos teóricos Para entender con mayor claridad la forma en que el Estado debe desempeñarse an:¿ | hecho como éste, permítasenos hacer unas breves reflexiones sobre las principales ce- siones alrededor del tema. Como ya lo dijimos en nuestro trabajo antes citado, no hay al día de hoy estudí: detallados y sistemáticos que arrojen luz sobre los factores sociales, psicológicos y eccr.: micos que afectan la estructura y evolución de la familia en nuestro país. O bien, con _r visión dialéctica, que estudien las determinaciones que la composición familiar e;€r: sobre el ámbito social y económico. Se pueden encontrar trabajos de naturaleza más c>: demográfica que se esfuerzan por conocer la relación entre fecundidad, mortalidad. OB tumbres, inserción laboral de la mujer, crecimiento poblacional, etcétera, y que, por ti- to, tangencialmente tienen que ver con el ámbito de lo familiar.2 Pero las relaciones r.; complejas, tales como la composición de la familia, sus características demográficas relación de estas características con fenómenos sociales y económicos de la sociedad. -•: ejemplo, aspectos cruciales para plantearse el objetivo de la atención sistemática del • cleo por parte de cualquier actor social, hacen falta en nuestro medio.3 Este estudio prete- de agregar nuevos elementos para configurar la base fundamental de información rec.-: rida para desarrollar el campo de estudio de la familia en nuestro país. Las definiciones de familia Son múltiples las consideraciones que se discuten alrededor del tema de la familia. Mencionaren. :s las que a nuestro juicio son las principales y que tienen una relación más directa con .-;s objetivos de comprensión de la transformación de las características de los hogares costarr.- censes. En primer lugar se encuentra la definición misma de la familia. Entre las definiciones más usuales hay una de perspectiva general que nos atrever. :~ a denominar "antropológica", por partir de la evolución histórica de la familia, que la ic¿- tifica fundamentalmente con relaciones de parentesco. Este concepto, plenamente va..;: desde un punto de vista histórico, ha venido perdiendo sentido conforme las relacior.íí sociales "modernas" han tomado cuerpo en las sociedades.4 El debilitamiento como re.; ciones familiares de las relaciones de parentesco más lejanas, impuesto por esta orgar_ zación social, ha implicado la configuración de un núcleo familiar alrededor de las relacio- nes de parentesco más inmediatas y directas, circunscribiéndolo a las relaciones de primer: y segundo grado fundamentalmente. Este proceso ha originado una perspectiva de núclet 2Véanse Acuña y Dentón, 1979, y Rosero, 1978, entre otros. 3Dos trabajos, sin embargo, deben mencionarse en esta dirección: el de Vega (1990) y el nuestro (1987 4Vamos a identificar en este estudio las relaciones sociales "modernas" con las relaciones sociales burguesa- o capitalistas. Dentro del paradigma marxista o "de las relaciones sociales", la forma en que los individuos se re = donan con el objeto de producir riqueza material y espiritual o, en general, transformar la naturaleza y la realidac para mejorar las condiciones de existencia, constituyen una especie de "sistema" que determina y gobierna la evo- lución y desarrollo de la sociedad, de sus instituciones y de los mismos individuos en sociedad. Sergio Reuben Soto ;amiliar restringido a los cónyuges y sus hijos solteros, núcleo que se agranda circunstancial- ~:ente con otros parientes más o menos cercanos y otros miembros no familiares según se presenten circunstancias no características o impropias de esta organización social. No obstante lo anteriormente señalado, que permanece válido para lo que concier- ne a la definición y funciones fundamentales del núcleo familiar, las caracerísticas de vida :ue la sociedad burguesa contemporánea ha ido determinando en los últimos años han originado formas familiares nuevas que han comenzado a proliferar en algunas socieda- des posindustriales. Estas formas surgen de costumbres asociadas con los lazos de soli- :aridad usuales entre parientes, pero que, al modificarse el núcleo producto de separa- ciones, divorcios y matrimonios consecutivos, los lazos entre parientes consanguíneos ahora se establecen entre "parientes políticos", lo que provoca tensiones nuevas, tanto dentro del núcleo familiar "cerrado" como dentro de la "familia" más extensa. Así, uno de los primeros y principales criterios para definir la familia ha sido el san- jume coniuncti entre los miembros constituyentes. Este criterio es hoy día totalmente váli- do, no obstante que, como se dijo arriba, la evolución que muestran los núcleos sociales rundamentales de hoy día, especialmente dentro de los países altamente industrializados, parece debilitarlo. A partir de aquí, por tanto, la definición de familia varía según se determinen los nive- les de parentesco y relaciones consanguíneas que conforman el núcleo. Este estudio parte del criterio del sanguine coniuncti; pero para efectos prácticos, como luego se verá, se cir- cunscribe a los miembros que constituyen un hogar, con la definición que de éste formula A Censo de Población. Los factores de la transformación de la estructura familiar Esta discusión sobre la definición de la familia ha originado a su vez hipótesis alrededor de los supuestos procesos de desarrollo o evolución del núcleo familiar determinados por ^as transformaciones en la organización social correspondiente. Así, ha propuesto la exis- tencia de una relación inversa entre la industrialización (modernización) de una sociedad y !a predominancia del núcleo familiar extendido, entendiendo a éste como aquel que incor- pora no sólo otros núcleos familiares formados por hijos casados, sino también por otros parientes. Y, además, esta teoría supone la sustitución de la familia extendida por la nuclear conyugal.5 De aquí se derivan propuestas teóricas que Burch, no obstante oponerse a esta reoría, reseña bien: Esto significa que dentro de cada sociedad las familias extensas son más corrientes en los sec- tores rurales que en los urbanos; y que desde el punto de vista cultural, ellas predominan más en las sociedades subdesarrolladas que en las desarrolladas. A través del tiempo esto significa SLira, 1976. Características familiares de los hogares costarricenses 149 que a medida que una sociedad se desarrolla, la familia extensa tiende a ser reemplazada como forma modal por la familia nuclear (o conyugal) independiente, formada por marido, su mujer y sus hijos.6 Desde una visión demográfica propiamente dicha, esta teoría de la sustitución de las familias extendidas por las conyugales -llamémoslas por ahora así- encuentra su respal- do en la teoría de la "transición demográfica". Según dicha teoría y en términos suma- mente esquemáticos -siempre desde una perspectiva del desarrollo social en la dirección del dominio de la organización social por las relaciones capitalistas de producción- una población pasa por varios momentos o etapas. Estas etapas se caracterizan por variacio- nes de la fecundidad y la mortalidad, las que a su vez vienen dadas por las mejoras en la salud de la población y por los cambios en el comportamiento reproductivo. Se parte de un primer momento en que hay altos índices de mortalidad y fecundidad y la población, pese a la alta fecundidad, no crece aceleradamente debido a la también elevada mortali- dad. Esta etapa se asociaría a una familia extensa, que serviría de medio para asegurar la reproducción social, sobre todo en relación con el cuidado de los niños y las personas mayores. Conforme las relaciones que la sociedad establece para organizar la producción social y el ordenamiento jurídico avanzan en la dirección anotada, la dinámica de la población entra en un segundo momento; el desarrollo de técnicas médicas y de salud en general, asociadas al progreso de esta organización, reduce drásticamente la tasa de mortalidad de la sociedad, pero no altera en forma considerable ni con la misma velocidad los índices de fecundidad, con lo que las tasas de crecimiento de la población alcanzan niveles muy altos. En esta etapa la familia extensa entraría en crisis precisamente debido a su acele- rado crecimiento interior. Por último, en un tercer momento, se experimenta una baja paulatina de la fecundi- dad debido principalmente a las costumbres asociadas a las nuevas relaciones modernas de producción, en las que destacan el nuevo papel de la mujer (al incorporarse masiva- mente a las actividades laborales remuneradas y sometidas a horarios y condiciones de trabajo que limitan su fertilidad), los altos costos de la preparación de los hijos para su desempeño socialmente merecido y otros asociados a los requisitos del consumo social- mente impuesto. Esta etapa de la transición se asocia al tipo conyugal independiente de famila o familia nuclear como la hemos denominado en este trabajo. Otra hipótesis que surge de las consideraciones teóricas originales es la que propo- ne Burch.7 De acuerdo con esta visión, las familias no muestran modificaciones impor- tantes entre países de distintos tipos y niveles de desarrollo, al menos en términos pro- mediales. Levy explica de la siguiente manera la propuesta: ^Burch. 1976. Ubidem, p. 213. 1 SO Sergio Reuben Soto Los diseños generales y la naturaleza de las estructuras actuales de la familia han sido virtual- mente idénticos en ciertos aspectos estratégicos en todas las sociedades conocidas en la histo- ria del mundo, por lo menos para el 50 por ciento de los miembros de esas sociedades.8 Esta visión, más que negar la existencia de formas familiares compuestas y extendi- das en condiciones sociales distintas a las actuales, lo que sostiene es que, para efectos de los objetivos de la reprodución material y social, la estructura familiar, en términos de su organización y relaciones hegemónicas, no se distingue sustancialmente de la existente. La relación familia-sociedad Estas concepciones teóricas suponen, como puede fácilmente deducirse, no sólo determina- da dirección del cambio social, ya anotada arriba, sino también una relación determinís- tica entre las condiciones sociales y la forma y estructura de la familia. Alrededor de esta determinación también hay discusión. Al lado de las posturas que observan la determinación desde la sociedad hacia la familia, se encuentran las que la invierten: la familia como célula social, sus relaciones, su comportamiento, son los que integrados "promedialmente' y vía los mecanismos de la hegemonía cultural y política, establecen la base de la cultura y de la organización social, y determinan la evolución de la sociedad.9 El desarrollo de la perspectiva dialéctica en las ciencias sociales ha generado un con- junto de propuestas para explicar este tipo de relaciones. Se ha avanzado de modo consi- derable en los últimos años precisamente tratando de explicar relaciones que presentan fenómenos de determinación recíproca, sea como retroalimentación o como antiperístasis.10 Pero, a pesar de este desarrollo conceptual y metódico, las aplicaciones concretas gene- ralmente presentan imprecisiones que terminan, en la práctica, repitiendo los modelos de determinación directa antes discutidos, o bien sin poder describir con claridad las vías o los agentes concretos por donde transitan las interdependencias, así como sus pesos o pon- deraciones. Para Minuchin -nos advierte Vega- la familia es un grupo de personas que interactúan entre sí a partir de posiciones interrelacionadas y roles definidos por la socie- dad de la que forma parte. O bien, Leñero se refiere a la estructura familiar como aquella unidad constituida por una serie de interrelaciones humanas que se dan tanto en la vida familiar como entre diversas estructuras extrafamillares: SLevi, 1965, pp. 41-42. 9Por "los mecanismos de la hegemonía social y política' entendemos, para los efectos de este trabajo, ios medios que le permiten al individuo influir en el comportamiento social: usualmente por eslabonamientos de orga- nizaciones y actores colectivos con grados de poder y convocatoria mayores que los del individuo aislado; sin embargo, claro está, hay individuos que. por su posición y prestigio social, tienen capacidad de influir individual- mente en ese comportamiento. 10 No obstante usarse el término en la medicina, hemos querido utilizarlo aquí por la precisión con que des- cribe el fenómeno mencionado. El diccionario Larousse lo define así: "acción de dos cualidades contrarias, una de las cuales exita por su oposición el vigor de la otra". Características familiares de ios hogares costarricenses 1 C 1 si se quiere conocer los elementos que la condicionan, así como aquellos que son influidos por ella, es necesario plantear, dentro del estudio, los factores globales de la sociedad enmarcante, así como los que se refieren en concreto a la vida de los individuos y de sus familias.11 O bien, como nos propone la misma Vega siguiendo a Leñero: queremos destacar el concepto de diversidad familiar, entendiendo por éste que no hay un solo tipo de familia, sino que, por el contrario, coexisten múltiples tipos de familas, dependiendo de la variedad de factores macrosociales que inciden en su configuración y desarrollo. Al ser parte de una comunidad sociocultural más amplia, la familia se constituye a partir de las con- diciones socioeconómicas y culturales del sistema social del que forma parte, a más de los patrones interaccionales propios de cada grupo familiar.12 El problema de la dirección de la determinación no parece resuelto en los plantea- mientos anteriores. Como decíamos arriba, el concepto de interrelación o de relación dia- léctica entre fenómenos frecuentemente termina en la práctica resolviéndose dentro de los límites de los modelos determinísticos convencionales o mecánicos. En nuestra propuesta de estudio señalábamos que la familia es una institución que se modifica de acuerdo con los principios que configuran una sociedad; pero que, como fenómeno social que es, sus características y funcionamiento interior ejercen influencia sobre ella. El resultado final surge de la "contradicción" entre esas dos fuerzas; es, en últi- ma instancia, un resultado de fuerza, de lucha, de poder. Aceptamos que esta relación recíproca es compleja y no existe un modelo teórico capaz de reproducirla y explicarla en forma suficientemente precisa en todos sus extre- mos; pero que para principiar a formalizar la dirección de la determinación debe comen- zarse por comprender que ella pasa por el individuo y sus grados de libertad frente a la sociedad y la familia.13 Las decisiones tomadas por el individuo dentro del marco cultural de la familia constituyen elementos del comportamiento social a través de los procesos de socialización usuales, tales como los antes mencionados de la hegemonía cultural y polí- tica y los sencillamente masivos o cuantitativos. Y, al mismo tiempo, la acción de la socie- dad sobre el individuo, en los extremos de la necesidad de éste de trabajar, de relacionar- se y de reproducirse dentro de ella, ejerce un influjo mayor o menor sobre el individuo dependiendo de los grados de libertad que maneje con ésta, influyendo así en el compor- tamiento y estructura de la familia de acuerdo con los procesos hegemónicos internos familiares. "Isabel Vega. 1990. op. di., p. 5. l'¿lbidem, p. 4. 13Jorge Rovira ha propuesto una solución atractiva, sacada del modelo físico de /a resultante histórica como fuerza que resulta de la acción de varias fuerzas sobre un objeto. Pero, desde luego, el modelo en ciencias socia- les tiene dificultades de aplicación práctica en vista de la dificultad de cuantificar las fuerzas y distinguir la direc- ción de ellas. Cfr. Rovira. 1987, pp. 17 y ss. Sergio Reuben Soto De las consideraciones anteriores, queda claro, a nuestro, entender, que las relaciones :amilia-sociedad tienen como elemento central el individuo, y como medios o vehículos, los :-Dcesos de socialización del comportamiento individual (en los que desempeñan un papel ~_r.damental los grados o niveles de hegemonía cultural y política que ejercen estos indivi- ;_ ;5 a través de sus grupos o clases sociales sobre el conglomerado), así como los procesos r.versos de familiarización e individualización del comportamiento colectivo (en los que los gra- ::s y niveles de hegemonía que los miembros ejercen sobre el núcleo familiar desempeñan i. papel de ponderadores). En definitiva, la sociedad demarca el campo donde se desarro- • la familia y en ese sentido y sólo en ese sentido, la determina. La familia transforma ; .a sociedad en la medida en que, como el individuo, tiene posibilidades de socializar su ::nportamiento. La relación entre individuo y familia sigue un modelo semejante. .indones de la familia L otro ámbito de discusión en relación con la familia es el de sus funciones. También en -:. encontramos posturas que se identifican con perspectivas históricas, que privilegian a • vez elementos para el análisis surgidos de los papeles desempeñados por la familia en -:. :ranscurso del tiempo. Propuestas sociologistas que privilegian las funciones de socia- ización de la prole por parte de la familia, o propuestas economicistas que advierten f: : re el papel que la familia juega en la producción de las condiciones materiales para la ¿: rrevivencia del individuo y de la sociedad. También hay propuestas psicosociológicas -:r. las que se señalan las funciones de "formación de la identidad psicosocial del ser -..•nano".14 Torrado, a nuestro entender, hace un esfuerzo de integración: la unidad familiar está :instituida por Un grupo de personas que interactúan en forma cotidiana, regular o permanente, a fin de ase- gurar mancomunadamente el logro de uno o varios de los siguientes objetivos: su reprodución biológica; la preservación de la vida; el cumplimiento de todas aquellas prácticas, económicas y no económicas, indispensanbles para la optimización de sus condiciones materiales y no materiales de existencia.15 De esta manera, nos encontramos en el ámbito de las funciones, entre las tesis de aturaleza propiamente funcionalista, en las que la familia se desempeña como una ins- cción al servicio de la sociedad, o bien, como un hecho originado por el mismo :dividuo para su conservación y reproducción. No cabe duda de que aquí nos encon- amos frente a una discución semejante a la del "huevo o la gallina", por cuanto de cuerdo con la primera, la familia -sea ésta como sea en su constitución- es producto ; .a sociedad y está a su servicio, mientras que, de acuerdo con la segunda, la fami- «Cfr. Vega, I . , 1990, p. 5. ^Torrado, 1981, p. 67. Características familiares de los hogares costarricenses 1 CO lia es un hecho privado. Desde luego, este tipo de dilemas han sido lo bastante traba- jados dentro de la concepción teórica que orienta este estudio como para no quedar- r nos entrampados en ella. Así, independientemente de su "origen privado", la familia se constituye hoy día dentro de una sociedad, igual que el mismo individuo, y, por tanto, como hecho social, con las características determinativas mencionadas al final del apartado anterior. Sus funciones, si podemos llamar así al papel que desempeña actualmente, son socia- les y privadas, cambiantes de acuerdo con las necesidades del individuo en sociedad. La responsabilidad del Estado Por la importancia que el estudio de la familia ha venido adquiriendo dentro de las insti- tuciones públicas, queremos copiar aquí algunas reflexiones -que ya hicimos en un estu- dio anterior- sobre la forma en que vemos la participación del Estado en el desarrollo de la familia.16 El Estado es una institución social. Como tal no es la sociedad; es un instrumento de la sociedad y tampoco el único. Sus objetivos como instrumento deben ser aclara- dos y delimitados por la Constitución. La sociedad reacciona ante las acciones del Estado. Por un lado, la comunidad le da un mandato a las autoridades estatales para desempeñar determinadas funciones y dentro de cierto marco ideológico; por tanto, el Estado es la expresión de un grupo social y de una clase, según el grado de homoge- neidad de ésta y de representación ante el grupo en el poder; pero, por otro lado, la sociedad reacciona ciertamente a esas acciones. El devenir histórico de la sociedad es el resultado, en lo fundamental, de ese "conflicto". Los individuos en forma privada u organizada reaccionan ante la acción estatal, ya sea dentro de la sociedad política (par- tidos e instituciones formales de poder) buscando con ello determinar la actividad del Estado en el interior de la misma estructura, o bien dentro de la sociedad civil, por medio de organizaciones que se oponen a su acción, la delimitan, la retardan, la condicionan, la afectan de variadas formas. Según esta forma esquemática de ver el Estado, sus funciones ante la familia están delimitadas por la Constitución, por el marco ideológico del grupo dominante y por la actividad de "control político" de las instituciones de poder formal. El resultado concre- to, histórico, del desempeño en esas funciones sería la resultante de la sinergia política confrontada con el comportamiento de los individuos en la sociedad civil. Una política familiar del Estado debe partir ante todo del marco ideológico del gru- po en el poder, de la visión que de familia se tenga y de los objetivos que la institución familiar deba desempeñar dentro de ese marco. Profundizar en el conocimiento de las características sociocultuales, económicas y políticas de la familia es, ante todo, un pri- mer objetivo de toda propuesta programática; en segundo lugar sirve para conocer los 16Reuben, 1992. Sergio Reuben Soto :"..-.cipales roles que la familia está desempeñando en la actual organización social y, en mees lugar para identificar las áreas, los conflictos, las patologías sociales que se quieren :rregir, con las funciones de la familia. De esta manera, se podrán detectar y orientar -: cursos hacia la matriz de estas dificultades, a fin de alcanzar grados mayores de eficien- -, en el gasto para la atención de los conflictos. Este trabajo pretende estudiar los hogares costarricenses en función de las relaciones :-: parentesco entre sus miembros, y entonces el hogar se observa como un núcleo fami- •-: precisamente como el núcleo familiar elemental. Así, el estudio de los hogares con -:; procedimiento permite asomarse a las principales formas en que se constituyen estos _;!eos fundamentales de la sociedad. Al cruzar estas formas con las características demográficas, sociales, educacionales • jefe del hogar, o con otras variables levantadas por censos y encuestas, se obtienen ndicios claros de las relaciones entre estas formas, o de hogar o tipos familiares, con ::r.diciones socioeconómicas particulares, comportamientos especiales determinados por :. transcurrir del tiempo, o por modificaciones en los entornos institucionales. Así, este es- _;:o pretende contribuir con el acervo de información requerida para elaborar políticas ocíales sobre la familia. De los datos y de ¡a tipología qen de los datos _¿ fuente de los datos fue directamente la base de datos de la Encuesta de Hogares de _:o de 1993, levantada, codificada y sistematizada por la Dirección General de Estadística Censos. Virgina Rodríguez, directora en ese momento, autorizó su uso para los efectos ie esta investigación. El trabajo de ordenamiento de la información, de acuerdo con las ~riables de la investigación, se llevó a cabo por medio del programa SPSS. Sharon ülhmann y María Laura Soto fueron contratadas para elaborar los programas corres- xndientes para la tabulación de los datos. Los resultados de este trabajo se entregaron t responsable de esta investigación en formato Lotus 1,2,3, para efectos de ser trabaja- ::s en aquellos extremos requeridos por el análisis estructural y el control de variables. Jescripción de la tipología 'ara la definición de los tipos familiares se recurrió a la relativamente poca experiencia que -: ore el particular hay en América Latina. Las consideraciones teóricas en relación con _-.a tipología como la desarrollada en este trabajo se han expuesto de manera completa ir. nuestro trabajo ya mencionado.17 17 Puede verse también Reuben, 1986. Características familiares de los hogares costarricenses 155 Cuadro 1 VARIABLES DE IDENTIFICACIÓN DE LOS MIEMBROS DEL HOGAR (Código de to Encuesta) Miembro de hogar fle/oc. con ¡efe Esíodo civil Variable Cónyuge o compañero(a) 2 - Cónyuge Hijo comprometido * 3 1 o 3 Hijo_Cas Hijo no comprometido * 3 <=>1 o 3 Hijo_Sol Yerno o nuera comprometidos* 4 1 o 3 Yn_Cas Yerno o nuera no comprometidos* 4 <=>1 o 3 Yn_Sol Padres o suegros - Pd_Sue Nietos comprometidos* 1 o 3 Niet_Cas Nietos no comprometidos* <=>1 o 3 Niet_Sol Familiares comprometidos* 5 o 6o 7 1 o 3 Fam_Sol Familiares no comprometidos* 5 o 6 o 7 <=>1 o 3 Fam_Cas Otros no familiares comprometidos* 9 1 o 3 No_Fam_Cas Otros no familiares no comprometidos* 9 <=> 1 o 3 No_Fam_So *EI concepto "comprometido" significa que el miembro tiene un estado civil de casado o en unión; por el con- trario, en el concepto "no comprometido" se incluyen los miembros cuyo estado civil es soltero, viudo, separado o divcr- ciado. Entiéndase <=> por "distinto de" y el guión (-) "cualquiera". Los códigos para el estado civil son los siguientes: 1 casa- do y 3=en unión. Debe señalarse también que los "sirvientes" no fueron considerados para efectos de distinguir la constiu- ción de los hogares. En este trabajo sólo presentaremos la definción final de los tipos de hogares y el pro- cedimiento para su construcción a partir de los registros de la encuesta de hogares. El procedimiento seguido se expone inmediatamente: • A cada miembro de hogar se le asignó una variable según el cuadro 1. • Con base en las letras que identifican a cada miembro que la investigación deseaba conside- rar, se construyeron los ocho tipos de hogares según las definiciones que se copian en z cuadro 2 de las definiciones. Una consideración fina' sobre las expresiones de género En primer lugar, debo manifestar que, no obstante compartir con las mujeres sus lega- mos deseos de liberación de la opresión y la discriminación secular, tengo reservas sobre Sergio Reuben Soto CJ u a tJ ro '^ DEFINICIONES DE LOS TIPOS DE HOGAR Jipas Defindón literal Deíinción algorítmica Hogar tipo 1 Hogar Unipersonal, constituido por una sola persona, con o sin servicio doméstico y sus familiares Todas las Variables =0 Hogar tipo 2 Hogar Nuclear Conyugal, constituido por los dos cónyuges (jefe del hogar y su cónyuge o compañera(ero)). Cónyuge <=> O, Resto de variables =0 Hogar tipo 3 Hogar Nuclear Convencional, constituido por los dos cónyuges (¡efe del hogar y su compañera(ero)) y los hijos solteros de éstos. Cónyuge + Hijo_Sol <=> O, Resto de variables =0 Hogar tipo 4 Hogar Nuclear Desintegrado, constituido por el jefe del hogar y sus hijos solteros. Hijo_Sol <=>0, Resto de variables =0 Hogar tipo 5 Hogar Familiar Extendido, constituido por un hogar tipo 3 y al menos un hijo casado con o sin núcleo familiar. Hijo_Cas o (Hijo_Cas+ +Yn_Cas)<=>0 Hogar tipo 6 Hogar Familiar Ampliado constituido por uno de los hogares nucleares más otro Familiar no-comprometido Fam_Sol o Niet_Sol o Pad_Sue<=>0 e (Hijo_Cas, Yn_Sol, No_Fam_Sol)=0 Hogar tipo 7 Hogar No-familiar Ampliado constituido por uno de los hogares nucleares más otro no-familiar no-comprometido Yn_Sol o No_Fam_Sol Pen_Sol)<=>0, e Hijo_Cas=0 Hogar tipo 8 Hogar Extendido, constituido por uno de los siete tipos anteriores pero con otro familiar u otro no-familiar comprometido. De los anteriores escoge los que tienen No_Fam_Cas o Pen Cas <=>0 o bien de los otros Tipos distintos del Tipo 5 y 8 extrae los que tienen Fam_Cas o Niet_Cas<=>0 la forma en que algunas y algunos han venido traduciendo los esfuerzos para superar tales la- cras por medio de la repetición cansina de los artículos oracionales en sus dos géneros o, como lo acabo de hacer arriba por última vez en este estudio, con la repetición cacofó- nica de los sustantivos en masculino y femenino o viceversa. No me cabe la menor duda de que la lengua española, por su notable opción por los géneros, ha contribuido al ocul- tamiento (o "invisibilización") de las mujeres, y esto es lamentable. En otros idiomas más neutros, esa característica no habrá contribuido al fenómeno de la discriminación femenina, pero tampoco obviamente la ha evitado. Como es de todos conocido tampoco el género de las palabras discrimina en el sen- tido de denotar inferioridad o superioridad o bien dominación u opresión. El concepto de fuerza se expresa con una palabra del género femenino, así como los conceptos de opre- sión y dominación precisamente. Y conceptos tan hermosos como el de paz y el de amor se expresan con palabras de géneros distintos. La palabra mar es mucho más sugerente con su género femenino que con el masculino. La tribu designa a un conglomerado de personas de ambos sexos, y la legión designó a un conglomerado de hombres. Así como hombre, del género masculino, indica en todos los idiomas romances al ser humano, la palabra persona, del género femenino, indica "individuo de la especie humana". Y cree que cuando se dice, por ejemplo, "las personas afectadas por el temporal", a nadie se le vendrán a la cabeza únicamente las mujeres afectadas; de la misma manera que cuandc se dice "el hombre está perdiendo la batalla contra el cáncer", nadie pensará que las mujeres la están ganando. Creemos que la función social desempeñada tradicionalmente por los individuos de uno y otro sexo ha determinado, con mucha frecuencia, el género asignado a las pala- bras que designan los conceptos correspondientes a esas funciones. Así, "los traba- jadores asalariados" designa a todos aquellos que trabajan por un salario, tanto hom- bres como mujereres, de manera semejante a como cuando se dice que las "maestras de primaria no ganan suficiente" o que la "industria maquilera ha despedido a un gran número de costureras"; en ambos casos sabemos que también hay maestros y costure- ros. O cuando se menciona a la "clase asalariada" no obstante el género femenino de la palabra, todo el mundo piensa tanto en los hombres como en las mujeres que la componen. Por cuanto respecta a este estudio, hemos tomado la decisión de no caer en la repetición cancina de los artículos, adjetivos y sustantivos en ambos géneros, corno una medida de economía del lenguaje y como acto de fe en nuestra lengua. En aque- llos casos en que encontremos importante la distinción, porque oculta inconvenien- temente la participación de las mujeres o los hombres, así la haremos. Pedimos dis- culpas de antemano por aquellos momentos en que, a juicio del lector, pudiéramos estar invisibilizando condiciones de opresión o situaciones propias de la actividad de las mujeres. Sergio Reuben Soto Estamos convencidos de que, conforme la discriminación femenina se vaya reducien- : . la mujer ampliando su espacio de acción en las actividades públicas tradicionales y, = ~.;smo, cuando las actividades tradicionalmente "privadas", hogareñas o femeninas •:;-. ejecutadas por personas de distinto sexo y adquieran naturaleza pública, muchas de _- oalabras que hoy ocultan la acción de las mujeres irán perdiendo su connotación típi- imente masculina para adquirir una más neutra como la de "persona" y "hombre". Al - : al cabo la igualdad entre los sexos debe conducir a que el género de las palabras no ;:a referencia al sexo de las personas. Ese es el acto de fe que hacemos sobre nuestra :racidad de comunicación con el español. ANÁLISIS DE LOS RESULTADOS DE LA INVESTIGACIÓN La distribución general de ¡os hogares :s primeros datos que presentamos son los relacionados con las características gene- -..€5 de los jefes de hogar. Este análisis ofrece información sobre el sexo de los jefes, :?re sus edades y sobre la distribución geográfico-regional de los hogares. Asimismo, se resentará la distribución de los hogares según los tipos elaborados por la investiga- :n. para ofrecer una primera visión de las características familiares de los hogares del Los jefes de hogar y su distribución por sexo La distribución de los jefes de hogar por su sexo representa una observación de mucho _-.terés, particulamente en este momento en el que se busca conocer con detalle la parti- r.padón de la mujer en las distintas situaciones sociales. En la tabla que sigue se presenta el número relativo y absoluto de hogares encabezados por mujeres, con una cifra cerca- -.a al 20 por ciento de los hogares costarricenses. Tabla 1 COSTA RICA: DISTRIBUCIÓN DE LOS HOGARES SEGÚN SEXO DEL JEFE, 1993 frecuencia relativa Sexo de! ¡efe Número de hogares Total 698,685 100 Masculino 560,142 80.2 Femenino 138,543 19.8 Fuente: Datos de la encuesta. Características familiares de los hogares costarricenses Desde luego, la definición de jefe y la forma en que se recopila esta información er el levantamiento de la encuesta, determina estas cifras. Es conocido cómo, no obstante la presencia cada vez más determinante de la mujer en la contribución al mantenimient: económico del hogar, así como en otros aspectos que definen las funciones del jefe, le; valores tradicionales influyen en la designación del varón como jefe del hogar. Por eso es particularmente significativa la cifra del 20 por ciento, por cuanto representa una pro- porción seguramente subvalorada. La distribución por edad de los jefes de los hogares encuestados En la tabla siguiente se puede observar que el grupo de edad modal es el que va de 35 a 39 años. En ese rango se ubican las edades de los jefes del mayor número de los hogc- res entrevistados;18 no obstante, también son importantes los grupos que van de 30 a 34 años y de 40 a 44. En el rango de los 30 a los 44 años de edad, se encuentra el 38.5 por ciento de los hogares entevistados por la encuesta. Llama la atención el crecido número de jefes mayores de los 59 años que, por se: una clase abierta, no la hemos considerado para el señalamiento de la clase modal; sin embargo, acumula casi el 21 por ciento de los hogares considerados. No cabe duda de que la alta expectativa de vida en el país es la causante de esta elevada proporción, así-come, seguramente, la costumbre de considerar a las personas de mayor edad como "jefes de. hogar". Finalmente, se puede estimar que en la mitad de los hogares con jefes más jóve- nes, éstos tienen una edad menor a los 41 años. La distribución de los hogares según su ubicación geográfica En tercer lugar, se presenta la distribución de los hogares según las regiones oficiales de. país. Esta distribución no se distingue mucho de la que presenta la población total, obvia- mente, ya que el tamaño medio de los hogares no es sustancialmente distinto entre las regiones. Con relación a esos datos parece importante destacar sobre todo, la alta con- centración de los hogares en el área metropolitana, con el 36.5 por ciento del total y, er. la Región Central, con el 64.2 por ciento. La concentración del 63.3 por ciento de la población en esa región, por tanto, indica que sus hogares son un tanto más pequeño; que los del resto de las regiones, pero particularmente, como se desprende de la tabla. de las regiones Chorotega, Huetar Norte y Brunca, donde se concentran los hogares de mayor tamaño. 18En e! apartado "Confrontación de los resultados de 1984 y 1993" se expondrá el razonamiento por ¿ cual, por ser abierta, no es posible considerar la última clase como la modal. 160 Ser9'° Reuben Soto Tabla 2 COSTA RICA: DISTRIBUCIÓN DE LOS HOGARES SEGÚN EDAD DEL JEFE, 1993 Frecuencia relativa frecuencia acumulada r;;; del ¡efe, años cumplidos Número de togores % % "Dial 698,685 100 19 y menos 2,896 0.4 0.4 := 20 a 24 26,084 3.7 4.1 ~i 25 a 29 72,414 10.4 14.5 Ir 30 a 34 91,519 13.1 27.6 --- 35 a 39 93,283 13.4 41.0 IT 40 a 44 84,178 12.0 52.0 ;- 45 a 49 69,688 10.0 62.0 IT 50 a 54 60,673 8.7 70.7 I-í 55 a 59 51,807 7.4 78.1 ;•; . más 146,143 20.9 100 Fuente: Datos de la i nvestigación Tabla 3 ' ?93: COSTA RICA: DISTRIBUCIÓN DE LOS HOGARES Y LAS PERSONAS. "-MAÑO MEDIO DEL HOGAR SEGÚN REGIÓN frecuencia relativa Frecuencia relativa Número de hogares % Número de personas % Tamaño medio ~.\:~.¡ Rica 698,685 100 3,002,473 100 4.30 *rj "letropolitana 254,935 36.5 1,110,554 36.9 4.36 r̂ ~: Región Central 193,282 27.7 792,237 26.4 4.10 r-;"tega 52,790 7.6 243,593 8.1 4.61 *>:• :: central 41,158 5.9 168,289 5.6 4.09 65,544 9.4 289,786 9.7 4.42 •L'Í'J" atlántica 59,307 8.5 252,267 8.4 4.25 T.í-.jr norte 31,669 4.5 145,657 4.9 4.60 :uente: Datos de la investigación. Características familiares de los hogares costarricenses 1 A 1 La distribución de los hogares según la tipología de la investigación En primer lugar, observamos el comportamiento de los hogares existentes en 1993 según se distribuyen en los tipos de hogares establecidos por la investigación. En .; tabla 4 puede observarse esta distribución, en la que destaca, como era de esperar por los resultados obtenidos en nuestras investigaciones anteriores y otras realizadas según nuestra tipología, la concentración de éstos en el tipo 3 u hogar nuclear cc~ vencional (NC) en el que se encuentran los cónyuges y sus hijos solteros.19 De . : í 698,685 hogares estimados por la Encuesta de Hogares de ese año, 364,016 se rec:- nocen como hogares nucleares convencionales (NC) para constituir el 52 por cier.:: del total. El segundo grupo en importancia es el tipo 6, constituido por hogares conformaos por los cónyuges, sus hijos solteros, y un familiar adicional del jefe en estado civil solte- ro, separado, divorciado o viudo (lo que hemos denominado como "estado civil no cor- prometido"). Estos hogares los conocemos como hogares familiares ampliados (NA). El tercer tipo en importancia es el constituido por uno de los cónyuges y sus hijcí solteros (en estado civil no comprometido) tipo 4. Este es el hogar que hemos denomi- nado como hogar nuclear desintegrado o uniparental (ND). Como luego se verá, en e;:-: tipo de hogar se concentra el mayor número de jefas, por lo que su estudio tiene prove- cho dentro de la vertiente de las investigaciones del género. Es también interesante reparar en el peso relativo de estos hogares, con el 10 p:" ciento de la totalidad, ya que hay una creciente tendencia a considerar que estos hoga- res uniparentales representan un peso sustancial en la estructura de la sociedad. La observación que ahora hacemos para el año 1993, así como las observacior.íí hechas en nuestras anteriores investigaciones, demuestran que el peso de los tipo 4 -^ pequeño, con un crecimiento también pequeño, y confirma, al menos en los mismos tér- minos hipotéticos en que la hemos propuesto, la existencia de esta condición como tran- sitoria; de manera que habría una tendencia contraria que se expresa en la reconstitucic- de estos hogares nucleares desintegrados presuntamente en la forma nuclear convenci:- nal, o bien, en alguna de las otras formas, posiblemente la del tipo 6.20 Cuando realic¿- mos el estudio comparativo con las investigaciones anteriores, ampliaremos estas cor.;.- deraciones. Parece interesante observar, por tanto, que 28 por ciento de los bogara costarricenses está constituido según los dos tipos antes mencionados, donde se encuera tra el núcleo desintegrado por la falta de uno de los cónyuges o bien conviviendo c:' otros parientes. En los tipos anteriores (3, 4 y 6) se concentra el 81 por ciento de los hogares c:;- tarricenses; el 19 por ciento restante se encuentra repartido en los tipos 1, 2, 5. 7 y * «Nos referimos a Reuben, 1992 y a Kühlmann y Soto, 1994. 20Puede verse Reuben. 1992. Sergio Reuben Soto En cuarto lugar, es importante señalar la presencia de los hogares unipersonales (tipo constituidos por una persona (de acuerdo con nuestra definición tipológica, pueden con- '.'. con ella servidores domésticos); así como de los hogares conyugales (tipo 2), consti- pas por los cónyuges solos.21 Estos tipos de hogares tienen la particularidad de repre- sar dos etapas definidas del ciclo familiar: o la temprana, o la tardía, cuando el núcleo -:liar convencional se ha desintegrado con la salida de los hijos o la muerte de uno de los nyuges.22 El peso relativo de estos dos tipos de hogares es, como se puede ver en la tabla :írior, de alrededor de un 12 por ciento. .ibla 4 S'RIBUCIÓN DE LOS HOGARES SEGÚN TIPO, 1 993 frecuencia relativa Jipo de bogar Número de bogares Total 698,685 100 Tipo 1 34,778 5.0 Tipo 2 51,051 7.3 Tipo 3 364,016 52.1 Tipo 4 74,258 10.6 Tipo 5 25,117 3.6 Tipo 6 126,165 18.1 Tipo 7 19,000 2.7 Tipo 8 4,300 0.6 :uente: Datos de la investigación. Finalmente, debe señalarse la poca incidencia de los hogares más complejos. El tipo : -;; el constituido por un hogar nuclear conuencional (NC) con al menos uno de los hijos -~ -.nado civil comprometido (esto es, casado o en unión); y por tanto en el que se da ¿ :-esencia de dos núcleos familiares pero con un solo jefe; a este tipo se le conoce ~r-.3 hogares familiares extendidos. Asimismo, los tipo 7 no familiar ampliado y los tipo ? -:vrendidos, en los que conviven distintos núcleos familiares constituidos por familiares as -re civilmente comprometidos y otros no parientes, representan partes poco siginifi- sr.as de la población de hogares, con un 3.3 por ciento de ésta. En total, estos hoga- -•íí más complejos representan cerca del 7 por ciento de los hogares costarricenses. 1 La existencia de los servidores domésticos, recordamos, no fue considerada para la determinación de nin- :e los tipos de hogares. -Cfr. Vega. 1990. Características familiares de los hogares costarricenses 1 ¿O La distribuidor! de los hogares por tipos agrupados Los ocho tipos definidos por la investigación están concebidos de manera que se puedan integrar en grupos que conserven su diferencia sustantiva por sus relaciones de parentes- co; así, se establecieron cinco tipos agrupados de la forma expresada en el Cuadro 3. Consideramos que la integración de los tipos convencionales 2 y 3 en el integrado hogar nuclear no necesita mayores explicaciones: son hogares constituidos por los dos cónyuges con o sin hijos solteros. La integración de los tipos 5 y 6, por el contrario, sí la requiere. Cuadro 3 Jipas convencionales Tipos agrupados Hogar tipo 1 Hogar unipersonal Hogar tipo 2 + Hogar tipo 3 Hogar nuclear Hogar tipo 4 Hogar desintegrado Hogar tipo 5 + Hogar tipo 6 Hogar familiar ampliado Hogar tipo 7 + Hogar tipo 8 Hogar extendido Amerita aquí hacer una reflexión, acaso breve por la naturaleza de este trabajo, qu; alerte al lector sobre los principios que se han venido constituyendo como orientadoreí del desarrollo familiar en esta investigación. El trabajo empírico, la revisión bibliográfica y la discusión con colegas nos ha orientado a concebir los hogares como elementos d¿ un núcleo familiar más vasto que tiende a aglutinarse en hogares dependiendo de variabííí aún indefinidas, pero que, al parecer, un grupo importante de ellas está asociado a condi- ciones materiales de existencia y a la capacidad de reproducción social de los núcleos. D-: esta manera, el hogar es en realidad sólo una parte de la familia y su dinámica con rela- ción a ésta depende de factores sociales y económicos que deben estudiarse y definirse En función de este principio decidimos hacer valer para esta integración el criter.: "familiar" como luego lo definimos. El otro criterio utilizado, la presencia de uno o vanes núcleos familiares en un mismo hogar, aun cuando es importante para análisis socioe- conómicos asociados con el estudio del hacinamiento, y aunque los ocho tipos converr clónales permitían utilizarlo, su uso no nos pareció conveniente en este estudio, porc_-: una tipología originada en él polariza la distribución y engendra un análisis de rasgos rr.-. gruesos, limitantes para el conocimiento estructural. Por el contrario, el criterio "familiar" 164 Ser9'° Reuben Soto -''.- el que se aglutinan los hogares en función de las relaciones de parentesco entre sus -.imbros, abre el abanico taxonómico y permite una descripción mejor de la población. -_-_~.ismo este criterio, de ser verdadera la suposición mencionada, debería permitir una adscripción más heurística del entorno. Así pues, la agrupación de los tipos 5 y 6 convencionales en el tipo hogar familiar z.-r.'iado responde a ese principio, por cuanto el núcleo original se expande con sus -¿r.snles. Y. por el contrario, siguiendo ese mismo criterio, la integración de los tipos conven- zir.ales 7 y 8 en el tipo hogar extendido (que podría denominarse también como no ffr.iüar) se refiere a los casos en que el núcleo original se expande con individuos que *.: guardan ninguna relación de parentesco con el jefe. De esta manera, se establece la tipología agrupada según la cual el hogar uniperso- •c sigue siendo el constituido por una sola persona; el hogar nuclear agrupa a todos los ;:-.: jrmados por los cónyuges sin hijos o con hijos solteros; el hogar nuclear desintegra- :: -¿coge a todos aquellos hogares donde falta uno de los cónyuges el hogar familiar ji-r.'iado agrupa a los hogares en los que se encuentran los cónyuges; con hijos casados (o d 'unión) o bien con otros parientes no comprometidos, y finalmente, los hogares en los -.-. ís. encuentran los cónyuges con otros no parientes, ya estén éstos unidos o solte- •:? ¡e integran en el hogar extendido. La distribución que resulta con esta agrupación se presenta en la tabla 5. El resultado de la agrupación, como puede verse, es la observación del importantísi- - : oeso de los hogares nucleares en la distribución, secundados por los hogares familia- --.- :mpliados y seguidos por los nucleares desintegrados. Los miembros de la familia •j¿ ;efe del hogar, ya sean sus hijos solteros o casados, ya sus parientes por sangre o por •í. parientes políticos), constituyen los componentes fundamentales de más de las 9/10 :c~es de los hogares costarricenses. Tabla 5 C:STA RICA: DISTRIBUCIÓN PORCENTUAL SEGÚN ---:$ INTEGRADOS DE HOGARES, 1993 Total 100.00% Hogares unipersonales 5.0 Hogares nucleares 59.4 Hogares nucleares desintegrados 10.6 Hogares familiares ampliados 21.7 Hogares extendidos 3.3 Fuente: Tabla 4. Características familiares de los hogares costarricenses 1 ¿.C La distribución por región La segunda dimensión del estudio consiste en la observación y análisis de los hogares y sus formas en las regiones del país. Este análisis tiene particular interés por el hecho de que, a diferencia de las provincias, las regiones representan poblaciones culturalmente más homo- géneas, ya por sus rasgos culturales ancestrales como la Chorotega o la Huetar Atlántica, ya por sus características socioeconómicas y productivas como la Huetar Norte, donde se encuentra el polo de desarrollo de San Carlos y las plantaciones bananeras de Río Frío. O la misma Región Central, donde se concentra la mayor parte de la producción industrial o. aún más, si distinguimos entre el Área Metropolitana y el Resto de la Región Central, pode- mos observar poblaciones con características socioculturales y económicas distintas, en la primera orientadas más hacia la producción industrial y de servicios, la segunda más afec- tada por las condiciones de la producción agroindustrial y mercantil. El estudio de las tablas 6 y 7 nos ofrece la oportunidad de comparar, por primera vez. las estructuras regionales con la nacional, así como confrontarlas entre sí. Como se dijo arri- ba, en los estudios anteriores hechos con este método, se utilizó la distribución provincial para el análisis espacial o geográfico, con las limitaciones que el criterio provincial en nuestro país implica para asociar las estructuras de los hogares con las características socioeconómicas y culturales de las poblaciones.23 Los datos de la tabla 7 muestran diferencias significativas en sus estructuras de hogares, tanto entre sí como con la distribución nacional. Y se hacen cier- tamente más distinguibles las estructuras regionales entre sí y con la distribución nacional, que las ofrecidas por el análisis provincial. En el siguiente capítulo se ampliará este análisis. De los datos llama la atención en primer lugar la presencia importante de hogares nucleares convencionales (tipo 3) en el Área Metropolitana y en la región Huetar Atlántica: mientras que, por el contrario, su presencia es escasa en el resto de la Región Central y en la Chorotega. En las otras regiones, no obstante ser sus diferencias estadísticamente significati- vas, su proporción no se distancia sustancialmente de la que presenta la distribución nacional. En segundo lugar, llama la atención la escasa presencia de hogares tipo 6 (cónyuges con otros parientes no comprometidos) en el Área Metropolitana, en el Pacifico Central y en la Huetar Atlántica, mientras que, por el contrario, la región Chorotega presenta concentraciones mucho mayores a la distribución nacional. En tercer lugar, parece importante señalar la distribución regional de los hogares tipo 4 (uno solo de los cónyuges con sus hijos no comprometidos) u hogar nuclear desintegrado. Es de gran interés sobre todo la presencia importante de éstos en el resto de la Región Central, mientras que las otras regiones no presentan proporciones menores o semejan- tes a aquélla, considerando que el Área Metropolitana -donde era de esperar una mayor proporción de éstos por la presunción de que las relaciones sociales urbanas propician la separación de las parejas con caracteres incompatibles- no muestra una concentración mayor a la nacional. Por otra parte, las regiones de Chorotega, Huetar Atlántica y Huetar Norte presentan concentraciones relativamente menores a la distribución nacional. 23 Nos referimos al trabajo de Kuhlmann y Soto y los de Reuben antes citados. 1 ("}(") ^er9'° Re uben Soto Tabla 6 ' 993: DISTRIBUCIÓN DE LOS HOGARES POR TIPO SEGÚN REGIÓN fieg/ón Central '•: ;;i Costo Rica Áreo Meíropo/. fiesto Choroíego Pacífico Centra/ Brunco Huetor Atlántica Huetor Norte '--.i 698,685 254,935 193,282 52,790 41,158 65,544 59,307 31,669 "::> 1 34,778 10,234 7,671 3,127 2,434 4,659 5,220 1,433 -:o 2 51,051 17,361 14,569 3,724 3,767 4,651 4,733 2,246 ":: 3 364,016 145,065 89,392 25,808 20,659 33,619 29,783 19,690 -:•: 4 74,258 25,592 27,442 4,048 4,308 6,238 4,596 2,034 ":•: 5 25,117 9,236 6,039 2,985 1,258 2,129 2,406 1,064 ":•: 6 126,165 42,350 37,720 11,602 6,747 12,666 10,696 4,384 ~:c 7 19,000 3,790 8,649 1,098 1,948 1,100 1,679 736 -;•: 8 4,300 1,307 1,800 398 37 482 194 82 Fuente: Datos de la investigación Tahla 7 "993: DISTRIBUCIÓN PORCENTUAL DE LOS HOGARES POR TIPO SEGÚN REGIÓN Región Central ':: '•-.: Costa Rica Área Metrapol. fiesto Cnoroíego Pacífico Centro/ Brunco Huetor Atlántico Huetor Norte •fatal 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 -;: ' 4.98 4.01 3.97 5.92 5.91 7.11 8.80 4.52 -;•: 2 7.31 6.81 7.54 7.05 9.15 7.10 7.98 7.09 -;•: 3 52.10 56.90 46.25 48.89 50.19 51.29 50.22 62.17 --•: A 10.63 10.04 14.20 7.67 10.47 9.52 7.75 6.42 -;: 5 3.59 3.62 3.12 5.65 3.06 3.25 4.06 3.36 -:: 6 18.06 16.61 19.52 21.98 16.39 19.32 18.03 13.84 •%» 7 2.72 1.49 4.47 2.08 4.73 1.68 2.83 2.32 -;•: 3 0.62 0.51 0.93 0.75 0.09 0.74 0.33 0.26 Fuente: Datos de la investigación. _as cifras resaltadas no son significativamente diferentes a la correspondiente en la distribución nacional, según los tados de la Prueba "Z". Hemos discriminado con una probabilidad del 0.5 por ciento (Z=2.58). Características familiares de los hogares costarricenses Estos resultados, de mantenerse la hipótesis de la relación directa entre las relacio- nes sociales modernas (urbanas) y la mayor incidencia de hogares convencionales des- integrados, estaría indicando, justamente, que la Región Central presenta esas condi- ciones sociales más desarrolladas y consolidadas que el resto de las otras regiones; mientras que la Chorortega, la Huetar Atlántica y la Huetar Norte, por el contrario, reunirían relaciones sociales más tradicionales asociadas a las formas de vida rurales tradiciona- les. El hecho de encontrar una leve incidencia menor de los hogares desintegrados o uniparentales en el Área Metropolitana debe hacer reflexionar sobre la conclusión ante- rior. Una forma compleja de explicar el fenómeno dentro de la perspectiva propuesta sería asumiendo, en primer lugar, como ya lo hemos hecho en las anteriores investiga- ciones, que existe la tendencia social hacia la reintegración de estos hogares desinte- grados en la forma convencional o nuclear, y que, el Área Metropolitana ofrece mejo- res condiciones que el resto de las regiones (por su concentración demográfica e intensidad de los servicios y el transporte, principalmente) para esta reintegración. reduciendo el tiempo de "exposición" de los hogares a las condiciones de la desinte- gración.24 Otro elemento determinante para que se presente una mayor incidencia de hogares desintegrados, como fue analizado en nuestras anteriores investigaciones, es la edad del jefe. En ellas se pudo establecer que estos hogares se encuentran con mayor frecuencia con jefes mayores de 40 años. Si tomamos en cuenta este factor, sería posible explicar la situa- ción del Área Metropolitana, asumiendo que en ella se encuentran concentraciones mayo- res, con respecto a la de la Región Central, de jefes jóvenes. Lamentablemente, el análisis de la edad de los jefes no se puede hacer por región, debido a la naturaleza de la muestra. La desagregación de los datos en tantas categorías le resta validez a los resultados. Finalmente, parece importante observar las altas concentraciones relativas de hoga- res unipersonales en las regiones Brunca y Huetar Atlántica; mientras que los hogares conyugales (tipo 2) muestran una relativa distribución uniforme entre las regiones. Asimismo, llama la atención la alta concentración relativa de hogares tipo 7 (no familiar ampliado) en el "resto" de la Región Central. Este tipo de hogar podría estar asociado con movimientos migratorios y escasez realtiva de viviendas, que abrirían condiciones para el alquiler de habitaciones dentro de la vivienda, a no parientes. El anterior análisis nos lleva a concluir que, efectivamente, las regiones presentan estructuras de hogares con características determinadas que, presuponemos, se asocian a condiciones culturales, sociales y económicas particulares; pero que, con la información disponible en esta investigación no podemos precisarlas, ni establecer inequívocamente su determinación efectiva en el tipo de hogar. La comprobación de una mayor especifi- cidad de las estructuras regionales sobre las provinciales ofrece, de la misma manera, ele- 24Véase también las consideraciones que sobre este particular se incluyen en la tercera parte, donde se con- frontan los resultados de 1993 con los de 1984. Sergio Reuben Soto -entos que nos indican la existencia de tales determinaciones "culturales" sobre la estruc- tura de los hogares. En la tercera parte volveremos sobre esto. La distribución de los hogares según la edad de los jefes Er. esta sección hemos copiado los datos elaborados escogiendo los hogares según la -;:ad del jefe registrada en la encuesta de hogares. El estudio reviste gran interés por :_anto, como ya se mencionó arriba, y de acuerdo con los estudios en el campo del ciclo amiliar, éstos pasan por distintas formas según el tiempo que tengan de constituidos; desde -ego, la edad del jefe es un indicador relativamente adecuado para estimar el tiempo ;-: constitución de éstos. Lo que parece importante destacar de la distribución anterior es la concentración -portante de jefes con edades avanzadas. Los 146,143 jefes con 60 años y más -epresentan el 21 por ciento del total de los jefes de hogares en el país. Desde luego, : :r ser esta clase abierta, no describe con precisión la edad modal. No obstante, con _-; ejercicio estadístico para calcular proporcionalmente el número de jefes que se ubi- carían en la clase de 60 a 65 años, resultó un total de 39,989 y un residuo de 106,154 :;ra los jefes de 65 años y más. Los resultados anteriores nos indican con claridad que íí clases quinquenales que se elaboren a partir de los 39 años van a ir acumulando cada vez menos hogares. Por consiguiente, es posible decir con toda propiedad que la :.=se de entre 35 y 39 años es la clase modal de la distribución costarricense de 1993 cí los jefes de hogar. Y entre los 36 y 37 años la edad modal del jefe de hogar para -:;¿ año. En la tabla 8 y en la gráfica 1, se ilustra la distribución de los tipos de hogares según ; edad de sus jefes. Puede observarse, en primer lugar, que el comportamiento de los r.ogares tipo 1 y tipo 2 presenta un fuerte crecimiento en las edades tempranas, se estan- :j en las edades medias y vuelve a crecer en las edades más avanzadas. Esta clase de comportamiento es lógico que se presente en estos tipos de hogares, por cuanto son los -.Dgares típicos de la primera y de la última etapa del ciclo familiar, como ya se ha men- cionado en el primer capitulo de este informe. Por el contrario, el comportamiento de los hogares tipo 3 es "normal", en tanto que 5! número de hogares crece conforme aumenta la edad del jefe hasta llegar a la edad de .:s 37 años a partir de la cual comienzan a decrecer.25 La distribución de los hogares tipo 4 (aquellos en los que falta uno de los cónyuges) 5¿gún la edad de sus jefes, tiene un crecimiento conforme aumenta la edad de éstos, en su mayoría mujeres como ya lo hemos expuesto. Este crecimiento es mayor, sin embar- :D. entre los 25 y los 40 años; a partir de esa edad del jefe o jefa el número de esos r.ogares se mantiene constante y va descendiendo lentamente. 25Calculamos la edad de 37 años por ser el punto medio de la clase "de 35 a menos de 39". Características familiares de los hogares costarricenses Tabla 8 1993: DISTRIBUCIÓN ABSOLUTA DE LOS HOGARES POR TIPO DE HOGAR SEGÚN EDAD DEL JEFE Edad del jefe De 19 de 20 de 25 de 30 de 35 de 40 de 45 de 50 de 55 de 60 Total y menos o 24 o 29 a 14 a 39 a 44 a 49 a 54 a 59 /más Total 698,685 2,896 26,084 72,414 91,519 93,283 84,178 69,688 60,673 51,807 146,143 Tipo 1 34,778 303 931 1,740 2,360 2,109 1,797 2,044 2,763 3,461 17,270 Tipo 2 51,051 947 5,108 7,259 3,878 2,637 2,139 2,277 3,283 3,582 19,941 Tipo 3 364,016 504 11,634 44,230 64,861 61,784 53,584 42,744 30,356 19,657 34,662 Tipo 4 74,258 48 1,611 5,543 7,568 10,993 10,247 7,140 7,314 7,034 16,760 Tipo 5 25,117 0 0 145 166 705 2,096 3,690 3,475 3,754 11,086 Tipo 6 126,165 868 5,586 10,090 8,491 11,400 11,321 11,066 12,719 12,809 41,815 Tipo 7 19,000 226 1,095 2,902 2,509 3,379 2,766 727 509 1,202 3,685 Tipo 8 4,300 0 119 505 1,686 276 228 0 254 308 924 Fuente: Datos de la investigación. Por último, de los tipos más complejos merece destacar, en primer lugar, el compor- tamiento del tipo 5 (donde hay al menos un hijo casado o en unión); no es casual por cierto que no aparezcan hogares con jefes menores de 24 años y muy pocos casos cor. edades menores de 24 años y con edades menores de 35 años. A partir de esa edad comienza a aparecer el hogar tipo 5, para concentrarse en edades mayores a los 45 años. Para el caso de los hogares tipo 6 (nucleares con un pariente civilmente no com- prometido), los encontramos con jefes de relativa baja edad (a partir de los 20 años). pero su número no crece en los siguientes tractos etarios y comienzan a aparecer más bien en las edades mayores (de 50 años en adelante). Los hogares tipo 7 (nucleares con otros no parientes civilmente no comprometidos) podrían responder, según se ha expresado hipotéticamente, a condiciones donde hay escasez de viviendas y movimien- tos migratorios fuertes. La distribución de estos hogares según la edad del jefe es semejante al tipo 6, sólo que muestra concentraciones mayores en las edades superiores. El tipo 8, confirmando su naturaleza atípica, muestra un comportamiento errático segur, esta variable. No reconocemos factores que puedan explicar el "brinco" que exhibe entre las edades de 30 y 34 años. No obstante, podría argumentarse que en esas edades, los jefes de hogar, ante determinadas condiciones sociales y económicas, tienen posibilidades de com- partir (posiblemente alquilar) una habitación de su hogar con extraños (y no parientes), y que pasadas esas edades (quizá por el tamaño de sus familias) se hace más difícil; en edades 1 *7f) Sergio Reuben Soto r_:ho mayores volverían a presentarse condiciones para la presencia de hogares comple- :í como el tipo 8. L'n análisis semejante al anteriormente hecho se puede llevar a cabo mediante la ;:'.:rontación de las estructuras porcentuales, por tipo de hogar, que presentan cada _r.2 de las clases o grupos de edades. Ése fue el procedimiento utilizado para el análisis ;-; .as distribuciones regionales en la segunda parte de este capítulo. No obstante, en este ;¿;o. las diferencias de las estructuras de cada uno de los grupos de edades, con res- -~:io a la distribución nacional o general, son muy grandes y en verdad estadística- -¿rrte significativas. Este análisis depara, en todo caso, la conclusión de que no hay un r-upo de edad que tenga una estructura de hogares semejante a la nacional. Tafo/a 9 "993: DISTRIBUCIÓN RELATIVA DE LOS HOGARES - IR TIPO DE HOGAR SEGÚN CLASES DE EDAD DE LOS JEFES [dad del ¡ele Total 19y De 20 De 25 De 30 De 35 De 40 De 45 De 50 De 55 De 60 ;: Cases menos a 24 a 29 a 34 a 39 a 44 a 49 a 54 a 59 y más ':•:• 1 100 0.87 2.68 5.00 6.79 6.06 5.17 5.88 7.94 9.95 49.66 ":: 2 100 1.86 10.01 14.22 7.6 5.17 4.19 4.46 6.43 7.02 39.06 ":•: 3 100 0.14 3.2 12.15 17.82 16.97 14.72 11.74 8.34 5.40 9.52 zo 4 100 0.06 2.17 7.46 10.19 14.8 13.8 9.62 9.85 9.47 22.57 ~:o 5 100 0 0 0.58 0.66 2.81 8.34 14.69 13.84 14.95 44.14 ~:o 6 100 0.69 4.43 8.00 6.73 9.04 8.97 8.77 10.08 10.15 33.14 ~:o 7 100 1.19 5.76 15.27 13.21 17.78 14.56 3.83 2.68 6.33 19.39 -:: 8 100 0 2.77 11.74 39.21 6.42 5.30 0 5.91 7.16 21.49 Fuente: Datos de la investigación. La tabla 10 ilustra, sin embargo, otros aspectos que es importante destacar. En pri- ~sr lugar, véase cómo los hogares tipo 1 (unipersonal) y tipo 2 (conyugal) muestran altas :; ncentraciones relativas de padres de 19 años o menores; menos marcada es esta pre- benda relativa en el caso de los hogares tipo 6 (nucleares con un pariente no compro- metido). La diferencia más notable es la de los hogares conyugales (distribución nacio- r.al=7.31 por ciento, distribución etaria 19 y menos=32.7 por ciento), que nos indica ;:mo estos hogares ciertamente forman parte del primer ciclo familiar o de "nido vacío", ;:mo se han llamado en los estudios del ciclo. Éstos mantienen concentraciones relativas altas hasta el grupo de 25 a 29 años; a partir de ahí, por el contrario, muestran concen- ::aciones relativas menores a la nacional, hasta que comienzan a crecer a partir del gru- Características familiares de los hogares costarricenses 171 po de los 55 a 59 años y es de esperar que, siguiendo el mismo comportamiento de los hogares tipo 1, crezcan en las últimas etapas de la vida de los jefes. El comportamiento de los hogares tipo 6 en relación con esta variable hace pensar que, al menos uno de ellos está constituido por madres jóvenes separadas, auxiliadas por un pariente; mientras que las concentraciones relativas superiores a la nacional en las últimos grupos etarios podría estar indicando la existencia de parejas o individuos de edades avanzadas también auxiliados por un pariente El hogar tipo 3 (cónyuges con hijos solteros) tiene un comportamiento esperado, con bajas concentraciones relativas en las primeras edades, altas en las medias y una brusca reducción a partir de los 54 años. El hogar tipo 4 (uniparental) tiene un comportamiento interesante, sus concentracio- nes relativas son bajas hasta la edad de 34 años del jefe. Crecen a partir de ahí; se man- tienen constantes por un largo lapso hasta que parecen reducir su participación relativa en los últimos años de las jefas o los jefes. Lo que quiere decir este comportamiento es que la variable edad no es altamente significativa para este hogar, excepción hecha para las primeras edades: una vez que se alcanzan los 34 años, existe la misma probabilidad de encontrar un hogar uniparental en los otros grupos etarios. Tabla 1O 1993: ESTRUCTURAS PORCENTUALES SEGÚN GRUPOS DE EDADES DE LOS JEFES POR TIPOS DE HOGARES [dad del jete Cosía I9y De 20 De 25 De 30 De 35 De 40 De 45 De 50 De 55 60 Jipo/Clases Rica menos a 24 a 29 a 14 a 39 a 44 a 49 a 54 a 59 y más TOTAL 100 100 100 100 100 100 100 100 100 100 100 Tipo 1 4.98 10.46 3.57 2.4 2.58 2.26 2.13 2.93 4.55 6.68 11.8: Tipo 2 7.31 32.7 19.58 10.02 4.24 2.83 2.54 3.27 5.41 6.91 13.6- Tipo 3 52.10 17.4 44.6 61.08 70.87 66.23 63.66 61.34 50.03 37.94 23.72 Tipo 4 10.63 1.66 6.18 7.65 8.27 11.78 12.17 10.25 12.05 13.58 11.4" Tipo 5 3.59 0 0 0.2 0.18 0.76 2.49 5.3 5.73 7.25 7.5í Tipo 6 18.06 29.97 21.42 13.93 9.28 12.22 13.45 15.88 20.96 24.72 28.6' Tipo 7 2.72 7.8 4.2 4.01 2.74 3.62 3.29 1.04 0.84 2.32 2.í'- Tipo 8 0.62 0 0.46 0.7 1.84 0.3 0.27 0 0.42 0.59 0.6: Fuente: Datos de la investigación. 172 Ser9'° Reuben Soto Con el mismo razonamiento, va a ser virtualmente imposible encontrar hogares tipo vadear, con hijos casados), con jefes menores de los 42 años; mientras que lo será mucho 5 fácil con edades superiores a los 49 años. Lo distribución de los hogares según el sexo del jefe sideraciones preliminares r¿ la variable y análisis general r. ístudio de la distribución de los hogares en función de la variable sexo del jefe es de par- :: _ar interés en este momento en que es necesario conocer con la mayor precisión las con- diciones sociales en que vive la mujer, así como las circunstancias en que se expresa la se- .--•-ación y la opresión femeninas. No nos cabe la menor duda de que, en la recopilación de los datos por parte de los -;-.:uestadores de la Dirección General de Estadística y Censos, se ha colado la influen- ; i de las costumbres y valores segregacionistas de la mujer, no obstante el cuidado que ;í=de hace ya varios años dedica esta oficina para reducirla en la información sensible como •b. De manera que los datos de la tabla 11 y siguientes sin duda subvaloran el núme- • de jefes femeninos, particularmente en los hogares más convencionales y frecuentes. r-:ro. por la naturaleza de esta investigación, no tenemos otra opción que partir de esa r.rormación. Lo primero que parece necesario destacar es la distribución general de 560,142 hogares con jefes masculinos en 1993, cifra que representa 80.2 por ciento de los hoga- --:¡ costarricenses y 138,543 hogares que tenían jefes femeninos, los que constituyen 19.8 por ciento de los de todo el país. En segundo lugar, merece destacar la concentra- ran de hogares tipo 3 con jefes masculinos; los 360,224 hogares con esas característi- :is representan 51.6 por ciento de los hogares costarricenses. En seguida hallamos los rogares tipo 6 con jefe también masculino, con 87,467 que representan 12,5 por cien- to del total de hogares y, en tercer puesto, los hogares tipo 4 con jefe femenino, que r.acen un total de 66,830 con una representación del 9.6 por ciento de los hogares :el país. Puede observarse que los hogares con mayor índice de masculidad son los tipo 3 (con -.'. 99 por ciento) y tipo 2 (con el 97,8 por ciento), los nucleares más convencionales; los figuen los más complejos, el tipo 8 y el tipo 7. Por el contrario, el hogar tipo 4 (unipa- rental) tiene el índice de masculinidad más bajo, con sólo el 10 por ciento. Le siguen los nogares tipo 5 (nuclear con hijos civilmente comprometidos) y tipo 6 (nuclear con un pariente civilmente no comprometido), en ese orden. Características familiares de ios hogares costarricenses 1 *7 O Tabla 1 1 1993: DISTRIBUCIÓN DE LOS HOGARES SEGÚN SEXO DEL JEFE POR TIPO DE HOGAR Jen» de/ /efe femenino Masculino Relativo Relativo Tipo/Sexo. roto) Absoluto % Absoluto % Total 698,685 138,543 19.83 560,142 80.17 Tipo 1 34,778 14,474 41.62 20,304 58.38 Tipo 2 51,051 1,143 2.24 49,908 97.76 Tipo 3 364,016 3,792 1.04 360,224 98.96 Tipo 4 74,258 66,830 90.00 7,428 10.00 Tipo 5 25,117 8,196 32.63 16,921 67.37 Tipo 6 126,165 38,698 30.67 87,467 69.33 Tipo 7 19,000 4,622 24.33 14,378 75.67 Tipo 8 4,300 788 18.33 3,512 81.67 Fuente: Datos de la investigación. En la tabla 12 se presenta la información ordenada de otra manera; en ella se pue- den observar las regiones en razón de la proporción de jefes masculinos y femeninos que existan en cada una de ellas. En las últimas tres columnas se presentan las estructuras relativas de los hogares con jefes femeninos y masculinos según las regiones oficiales. De esos datos parece importante destacar la menor proporción de hogares con jefes mascu- linos en el resto de la Región Central con respecto a la que presenta la estructura genera! y, consecuentemente, la mayor proporción de jefes femeninos (35.4 por ciento confron- tado con 27.7 por ciento de la distribución nacional). Esto significa que en esta subre- gión es donde hay más presencia relativa de estos hogares. Si dicho resultado se asocia con el obtenido antes con relación a los tipos de hogares, podemos concluir que esta inci- dencia de jefes femeninos se estructura alrededor de hogares uniparentales o tipo 4. El otro análisis que se puede realizar con esta variable se presenta en la tabla 13 don- de encontramos la estructura por tipo de hogar, de los hogares dirigidos por una mujer o un hombre. En ella queda claro que los hogares con mayor presencia relativa de jefes femeninos son los tipo 4, tipo 6 y tipo 1, en ese orden. Y que, por el contrario, las muje- res tienen menor participación en los hogares nucleares tipo 3, tipo 2 y en el extendido tipo 8, en ese orden. 1 74- Sergio Reuben Soto r.'a 12 3: NÚMERO DE HOGARES SEGÚN SEXO DEL JEFE POR REGIONES OFICIALES ¡efes Total femeninos masculinos Total '-«-:• : :a 698,685 138,543 560,142 100.00 100.00 100.00 fcO':~ Central 448,217 96,497 351,720 «=¡ veropolit. 254,935 47,475 207,460 36.49 34.27 37.04 fe-: Central 193,282 49,022 144,260 27.66 35.38 25.75 •"533 52,790 9,685 43,105 7.56 6.99 7.70 •Kfca Central 41,158 7,807 33,351 5.89 5.64 5.95 65,544 10,484 55,060 9.38 7.57 9.83 - . - •_ • • Atlántica 59,307 9,697 49,610 8.49 7.00 8.86 -_-;:;-- Norte 31,669 4,373 27,296 4.53 3.16 4.87 Cuente: Datos de la investigación. La cifra resaltada no es significativamente diferente a la correspondiente en la distribución nacional, según los resultados ;-ueba "Z". Hemos discriminado con una probabilidad del 0.5 por ciento (Zc=2.58). Fabla 13 993: DISTRIBUCIÓN DE LOS HOGARES POR TIPO SEGÚN SEXO DEL IEFE Sexo del jefe fem. Tipo/Gene. Total 100 100 Tipo 1 3.6 10.4 Tipo 2 8.9 0.8 Tipo 3 64.3 2.7 Tipo 4 1.3 48.2 Tipo 5 3.0 5.9 Tipo 6 15.6 27.9 Tipo 7 2.6 3.3 Tipo 8 0.6 0.6 Fuente: Datos de la investigación. Características familiares de los hogares costarricenses 1 "7 C También puede notarse la estructura distinta, y por tanto realmente atípica, de los hogares con jefe femenino, comparada con la estructura de los hogares con jefe mascu- lino, mucho más parecida inevitablemente a la nacional. Análisis de los hogares con jefe femenino El otro análisis que merece la atención con esta variable es el de la estructura de los hoga- res con jefe femenino en las distintas regiones del país. El estudio de estas estructuras puede dar información interesante sobre cómo se distribuyen geográficamente estos hogares y la influencia que tienen sobre ellos las variables culturales, en el entendido de que tales regiones impliquen tales particularidades. Tabla 14 1993: DISTRIBUCIÓN DE LOS HOGARES CON JEFE FEMENINO SEGÚN LA ESTRUCTURA REGIONAL POR TIPO DE HOGAR Región Distrib. Central «egm Pacífica Huetar Huetar Tipo de Nacional Área Metropol. fiesta Chorotga Central Branca Atlántica Norte Hogar Total 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 1 00.00 Tipo 1 10.45 10.13 9.55 11.26 9.94 9.12 15.54 14.96 Tipo 2 0.83 1.11 0.00 1.55 1.88 1.31 1.01 1.86 Tipo 3 2.74 2.17 2.82 2.55 3.30 0.66 4.92 7.46 Tipo 4 48.24 48.80 51.40 38.70 49.03 50.36 38.54 42.79 Tipo 5 5.92 7.55 3.96 7.18 4.27 3.94 11.43 2.7C Tipo 6 27.93 27.41 26.73 35.14 28.74 31.98 24.60 27.30 Tipo 7 3.34 2.35 5.26 1.56 2.83 1.32 3.48 1.86 Tipo 8 0.57 0.47 0.28 2.07 0.00 1.32 0.49 0.94 Fuente: Datos de la investigación. Las cifras resaltadas no son significativamente diferentes a las correspondientes en la distribución nacional, según los -~- sultados de la Prueba "Z". Hemos discriminado con una probabilidad del 0.5 por ciento (Zc=2.58). El primer aspecto que parece importante resaltar es la estructura de la región Brunca distinta en todos sus extremos de la nacional. Todos los tipos de hogar en ella presentar proporciones de jefes femeninos distintas a las de la estructura nacional. En segundo lugar, esta región, junto con la que define el resto de la Región Central, tienen proprociones de jefes femeninos significativamente mayores a las mostradas per la nacional en los hogares tipo 4 (uniparentales). Este resultado nos autoriza a señalar 1 Hf\o Reuben Soto :•:: otra parte, que la mayor incidencia relativa de jefes femeninos en la subregión "res- :; de la Región Central" que habíamos detectado en los apartados anteriores obedece a ;::3S factores y no sólo a la mayor presencia relativa de hogares tipo 4. En sentido contrario, encontramos las regiones Chorotega y Huetar Atlántica, en las :_€ estas proporciones son significativamente menores para ese tipo de hogar. Estos resultados parecen entonces asociados más con condiciones sociales, culturales y econó- ~::as favorables en la subregión resto de la Región Central, a la constitución de hogares ::r. jefaturas femeninas y, por el contrario, encontramos condiciones adversas a estos •: zares en la región Chorotega y Huetar Atlántica. Análisis de ¡os tipos de hogares según el ingreso familiar y del jefe del hogar Bgún el ingreso total del hogar z¿:~ estudio es de particular importancia para establecer las relaciones con las condicio- ---= de vida características de los tipos de hogares. Queremos averiguar si determinados ~::ares se encuentran asociados o relacionados con condiciones de pobreza o, por el ::r.:rario, con ingresos relativamente mayores a la media nacional. De acuerdo con los datos recabados de la encuesta de hogares, el ingreso promedio :•;: hogar fue en 1993 como lo muestra la tabla 15. Tabla 15 '993: INGRESO MENSUAL TOTAL Y PROMEDIO :: _OS HOGARES COSTARRICENSES POR TIPO DE HOGAR Ingreso promedio Ingreso total en miles mím. de bogares mensual en colones ~I-Jt 40'1 73,230 696,344* 57,691.64 ---. ' 1 '063,441 33,258 31,975.48 '-•: 2 2'490,331 50,645 49,172.30 ~Z'~. 3 22'1 88,549 363,740 61,001.12 ":•: 4 3'1 14,088 74,119 42,014.71 :•: 5 1 '902,469 25,117 75,744.26 ~: : 6 7721,240 126,165 61,199.54 ~ - - "7 1358,873 19,000 71,519.61 -;•: 8 334,241 4,300 77,730.35 Fuente: Datos de la investigación. 'Faltan 2,321 hogares que no rindieron declaración de ingreso Características familiares de los hogares costarricenses 1 r7'7 Como primera lectura, podemos señalar que la información en ella es consistente con las definiciones de los tipos. Los más complejos, tales como los tipos 5, 6, 7 y 8 tienen ingresos más altos que la media nacional (Í57.691.6 colones, aproximadamen- te 407.95 dólares mensuales),26 seguramente asociados a la presencia de parientes y no parientes del jefe con capacidad de trabajo que contribuyen con el ingreso familiar. Los hogares tipo 4 o uniparentales, presentan un bajo nivel de ingreso, lo cual podría entenderse por el hecho de faltar uno de los cónyuges. Los tipo 3 o nucleares, tienen un ingreso promedio ligeramente superior a la media nacional y superior a los hoga- res tipo 2 o conyugales. Este resultado llama la atención, ya que, si suponemos la con- tribución de únicamente uno de los cónyuges al ingreso del hogar en este tipo, podría significar niveles de ingreso individuales superiores para sus jefes; a esta conclusión se podrá llegar cuando analicemos los ingresos del jefe propiamente dichos. Finalmente, los hogares tipo 1 o unipersonales, consecuentemente, tienen el más bajo nivel de ingre- so familiar. No obstante, en los casos de bajos ingresos familiares, tales como los hogares tipo 4, tipo 2 y tipo 1, es posible que tales niveles se deban también a bajos salarios de quie- nes contribuyen con el ingreso familiar. Este es un análisis que se hará más adelante En la tabla 16 aparece la distribución de los hogares por categorías de ingreso; er. ella es posible observar mejor la distribución del ingreso para cada tipo. Tabla .16 1993: NÚMERO DE HOGARES POR TIPO DE HOGAR SEGÚN INGRESO TOTAL DEL HOGAR Total Tipo ) Tipo 2 Tipo 3 Tipo 4 Tipo 5 Tipo 6 Tipo 7 Tipo í Total 696,344* 33,258* 50,645* 363,740* 74,119* 25,117 126,165 19,000 4,30-: Menos de 1 0,000 118,650 12,268 10,723 51,829 1 6,946 2,691 20,969 2,756 461 10,000 25,000 112,698 9,550 12,243 49,475 16,700 2,129 20,421 1,942 2¡i 25,000 50,000 194,364 7,513 12,672 112,274 19,710 6,955 30,764 3,545 93' 50,000 100,000 168,835 2,344 10,134 93,344 14,838 6,632 33,244 6,879 1,42: 1 00,000 250,000 89,805 1,333 3,957 49,706 5,812 6,048 18,536 3,170 1,243 250,000 y más 11,991 250 916 7,112 113 662 2,230 708 Fuente: Datos de la Investigación. *No se obtuvo información sobre e\o en 1,520 hogares tipo 1, 406 tipo 2, 276 tipo 3 y 139 tipo 4. 26Datos del dólar para julio de 1993. 141.42 colones por dólar para la comnra, datos del Banco Centra. 1 *7Q Sergio Reuben Soto -. '.a tabla 17 puede observarse la distribución relativa de los hogares por clases de : total del hogar. Esta variable suma los ingresos de todos los miembros del hogar tanto define mejor el nivel de bonanza relativa de los hogares. Ja 1 7 : DISTRIBUCIÓN RELATIVA DE LOS HOGARES _ASES DE SU INGRESO TOTAL POR TIPO DE HOGAR Total Tipo / Tipo 2 Tipo 3 Tipo 4 Tipo 5 Tipo 6 Tipo 7 Tipo i 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100% •: 17.04% 36.89% 21.17% 14.25% 22.86% 10.71% 16.62% 14.51% 10.88% 330 16.18% 28.71% 24.17% 13.60% 22.53% 8.48% 16.19% 10.22% 5.53% • :oo 3 3 0 27.91% 22.59% 25.02% 30.87% 26.59% 27.69% 24.38% 18.66% 21.65% 300 24.25% 7.05% 20.01% 25.66% 20.02% 26.40% 26.35% 36.21% 33.02% : 300 300 12.90% 4.01% 7.81% 13.6 7.84% 24.08% 14.69% 16.68% 28.91% 1.72% 0.75% 1.8 0.15% 2.64% 1.77% 3.73% 0.00% •uente: Datos de la investigación. Como puede verse, la mayoría de las proporciones son estadísticamente represen- y las diferencias con la estructura nacional (total) son significativas. De ahí se Je señalar cómo la estructura de los hogares tipo 1, tipo 2 y tipo 4 están cierta- ite sesgadas hacia los ingresos bajos. Esto es comprensible, como ya se dijo, por el 10 de que, por definición, en el primer tipo hay sólo un miembro que recibe ingre- .0 mismo al parecer en los tipo 4; y en los tipo 2, quizás la situación que los carac- como los asociados con la primera y la última fase del ciclo familiar implica sala- -.5 bajos para los jóvenes y para las personas de mayor edad, que, como se dijo, son •:•• que prevalecen como miembros de estos tipos de hogares. Por el contrarío, el res- :; zs los tipos, particularmente los tipo 8 y 7, observan un sesgo hacia los ingresos - ivores. Características familiares de los hogares costarricenses 1 7Q Según el ingreso de los jefes También nos pareció importante analizar la variable ingreso del jefe. Se presupone que este estudio muestra con mayor precisión la ubicación de los tipos de hogar en la estruc- tura general de distribución del ingreso nacional. La presunción que se hace es que el nivel de ingreso del jefe representa el nivel de ingresos de los otros miembros que aportan al ingreso familiar. Con propiedad podemos suponer que el ingreso del jefe es normalmen- te el mayor y que, por tanto, sirve para ubicar el hogar en una clasificación general de ingresos. Tabla 1S 1993: DISTRIBUCIÓN DE LOS HOGARES POR CATEGORÍAS DE INGRESO DEL JEFE SEGÚN TIPOS DE HOGARES total Tipo 1 Tipo 2 Tipo 3 Tipo 4 Tipo S Jipo 6 Jipo 7 Jipe .• Total 696,184 33,258 50,645 363,740 74,119 25,117 126,165 19,000 4,30C Hasta 9,999 92,434 12,268 11,698 73,560 31,892 10,850 46,174 4,791 1,26: De 10,000 hasta 24,999 149,655 9,550 12,832 67,297 20,381 5,727 29,034 4,342 52- De 25,000 hasta 49,999 220,479 7,513 16,868 133,970 14,038 5,803 33,573 6,606 2,15" De 50,000 hasta 99,999 94,523 2,344 6,280 63,007 6,388 2,247 11,496 2,415 36' De 100,000 hasta 249,999 34,606 1,333 2,482 22,721 1,384 351 5,634 708 O De 250,000 en adelante 4,487 250 485 3,185 36 139 254 138 I Fuente: Datos de la investigación. De la tabla 19 queda claro que los hogares que presentan jefes con los niveles rr.a; bajos de ingreso son los tipo 1, tipo 4, tipo 5 y tipo 6 (no se puede confirmar con eses datos, sin embargo, los bajos ingresos supuestos para los jefes de hogares tipo 2). Las estructuras de dichos tipos tienen concentraciones relativas mayores en las categorías á¿ ingreso más bajas; mientras, por el contrario, muestran concentraciones de hogares mas bajas a la nacional, en las categorías de ingreso alto. Los jefes de los hogares tipo 3 sc~ los mejor remunerados, ya que en la mayoría de las categorías de ingreso alto tiener. concentraciones mayores que la nacional y, en las categorías de ingreso bajo ocurre lo ccrv- trario La estructura del hogar tipo 8 es especial, por cuanto ofrece una concentración x 180 Ser9'° Reuben Soto z-z ingreso medio muy superior a la nacional, mientras que no tiene jefes con ingresos El estudio de los ingresos promedio de los jefes según los tipos de hogares ofrece s importantes, en particular para los tipos 4 (uniparentales) y tipo 5 (familiares .¿ios o multinucleares) que muestran los ingresos medios mensuales más bajos de s los jefes. Y, por el contrario, los ingresos más altos de los jefes los presentan los tres tipo 2 y tipo 3 (conyugales y nucleares). ría 2O • BUCIÓN RELATIVA DE LOS HOGARES CATEGORÍA DE INGRESO MENSUAL DEL JEFE SEGÚN TIPOS DE HOGAR Total Tipo í Tipo 2 Tipo 3 Tipo 4 TipoS Tipo 6 Tipo 7 Tipo S 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 300 27.64 36.89 23.10 20.22 43.03 43.20 36.60 25.22 29.30 21.50 28.71 25.34 18.50 27.50 22.80 23.01 22.85 12.28 31.67 22.59 33.31 36.83 18.94 23.10 26.61 34.77 50.02 13.58 7.05 12.40 17.32 8.62 8.95 9.11 12.71 8.40 :•: :oo -.1 : :oo 4.97 4.01 4.90 6.25 1.87 1.40 4.47 3.73 0.00 1:'! 300 0.64 0.75 0.96 0.88 0.05 0.55 0.20 0.73 0.00 Fuente: Datos de la investigación. Los datos resaltados no son significativamente diferentes a la distribución total. Se puede concluir, entonces, que los bajos ingresos medios de los hogares tipo 2 no s¿ deben a bajos ingresos de sus jefes, como se había propuesto en el apartado anterior, =.r.o presumiblemente al hecho de que sólo uno de sus miembros tiene ingresos. Y cier- tamente ocurre lo contrario para los hogares tipo 5, que aparecían con altos ingresos •¿miliares en el apartado anterior, pero que al analizar los datos de los ingresos del jefe ¿parecen como hogares pertenecientes a individuos ubicados en bajas posiciones de la íscala social de ingresos. Características familiares de los hogares costarricenses 1 Q1 Tabla 21 1993: NÚMERO DE JEFES, INGRESO MENSUAL MEDIO POR TIPO DE HOGAR Núm. de jefes Ingreso total en miles Ingreso medio del jefe Total 696,184 25'543,575 36,691 Tipo 1 33,258 1 '063,441 31,975 Tipo 2 50,645 2'008,214 39,653 Tipo 3 363,740 15'622,105 42,949 Tipo 4 74,119 1 '692,778 22,839 Tipo 5 25,117 609,117 24,251 Tipo 6 126,005 3738,936 29,673 Tipo 7 19,000 688,348 36,229 Tipo 8 4,300 120,638 28,055 Fuente: Datos de la investigación. Tabla 22 1993: INGRESOS MEDIOS MENSUALES DE LOS JEFES Y DE LOS HOGARES POR TIPO DE HOGAR Relación Ingreso medio del ¡ele Ingreso medio del hogar % Total 36,691 57,692 63.6 Tipo 1 31,975 31,975 100.0 Tipo 2 39,653 49,172 80.6 Tipo 3 42,949 61,001 70.4 Tipo 4 22,839 42,015 54.4 Tipo 5 24,251 75,744 32.0 Tipo 6 29,673 61,200 48.5 Tipo 7 36,229 71,520 50.7 Tipo 8 28,055 77,730 36.1 Fuente: Tablas 15 y 21. Podemos comparar los datos expuestos arriba con los mostrados en la Tabla 15, don- de se presentan los datos del ingreso medio de los hogares. Los resultados se recogen en la tabla 22 donde se puede apreciar qué parte del ingreso familiar la aporta el denomina- 1 QQ Sergio Reuben Soto io jefe. En promedio, para todo los hogares podemos observar que éste contribuye con el 63.6 por ciento del ingreso del hogar; pero, cuando se estudian los distintos tipos de nogares, vemos que, en los nucleares tales como el conyugal (tipo 2) y el nuclear conven- cional (tipo 3), el porcentaje aportado por el jefe es superior a la media nacional, mientras que en todos las otras formas de hogar es menor. Y son de llamar la atención, a nues- tro entender también, los hogares tipo 5, tipo 6 y tipo 8, donde el jefe aporta menos de .a mitad del ingreso familiar. Al confrontar la distribución de los hogares por los tipos definidos por la investiga- ción, con las variables de ingreso del hogar e ingreso del jefe, queremos destacar dos con- clusiones. En primer lugar, efectivamente, los hogares de más bajos ingresos son los uni- oarentales (tipo 4), y también son sus jefes (fundamentalmente mujeres) quienes perciben menores ingresos. Les siguen en mejor condición social los hogares tipo 5. En segundo .ugar, los hogares mejor ubicados en la "estructura social" (si consideramos el nivel de ingreso del jefe como indicador) son el tipo 3, seguido por los tipo 2 y tipo 7, en ese orden. El estudio de la categoría ocupacional del jefe debería afirmar estas presunciones. os ogares y a categoría ocupacional del jefe del hogar Las categorías ocupacionales principales Lo que más llama la atención de los datos copiados en la tabla 23 es la similitud de la ¿structura de los hogares con jefes en la categoría "por cuenta propia" con la nacional. Como puede verse, sus valores se distinguen poco de la estructura general (en la tabla, con el encabezado Costa Rica). Los hogares con jefes en esa categoría, por tanto, no presentan concentraciones relativas mayores en algunos tipos particulares. Y más bien oarece importante destacar la baja concentración relativa de hogares tipo 4, o uniparen- tales, entre jefes con esta categoría ocupacional. Como no podemos controlar simultánea- mente distintas variables, porque el análisis de los datos se haría interminable, y más bien pensamos que esos análisis más específicos podrían hacerse a partir de esta investiga- ción, no podemos tampoco asegurar que esta similitud estructural, o bien la presencia de relativamente pocos hogares tipo 4 para esta categoría ocupacional, obedezcan a la mayor concentración por cuenta propia o menores concentraciones de hogares desinte- grados, por ejemplo, en alguna de las regiones nacionales que habíamos detectado con esas características. Otro aspecto destacable es la relativa similitud de las estructuras de las dos categorías Dcupacionales que determinan la condición de asalariado del jefe: la de los empleados pú- blicos y la de los empleados de empresas privadas. Juntas suman la casi totalidad de los asa- lariados nacionales. No obstante su similitud, muestran entre sí algunas diferencias que me- recen discutirse. Características familiares de los hogares costarricenses 1 QQ JLOO Tabla 23 1993: DISTRIBUCIÓN RELATIVA DE LOS HOGARES SEGÚN CATEGORÍA OCUPACIONAL DEL (EFE POR TIPO DE HOGAR Cosío Pofrono Cuento fmpfeodo fmp/eodo Servicios familiar Busco No Tipo/Coi. fi/co o Socio propia fmp. puW. fmp. pr;V. domésticos no remunerado por primera vez se aplica Ocupación % % % % % % % % % Total 100.00 100 100 100 100 100 100 100 100 Tipo 1 4.98 2.7 5.1 2.8 3.3 6.3 2.8 0 9.8 Tipo 2 7.31 9.6 7.5 5.3 6.7 0 4.5 0 9.6 Tipo 3 52.10 63.0 58.6 63.7 62.9 3.9 36.3 0 19.8 Tipo 4 10.63 3.8 7.7 8.1 5.7 64.7 17.4 21.1 21.7 Tipo 5 3.59 2.4 2.2 2.8 2.8 6.2 7.2 29.7 7.0 Tipo 6 18.06 14.3 16.1 13.6 15.5 17.3 27.2 49.2 28.3 Tipo 7 2.72 4.1 2.2 3.3 2.3 0.7 1.9 0 3.3 Tipo 8 0.62 0.2 0.6 0.4 0.8 1.0 2.8 0 0.5 Fuente: Datos de la investigación En primer lugar, se observa la menor presencia relativa de hogares unipersonales y conyugales entre los asalariados de ambas categorías con la nacional, mientras que, por el contrario, hay prevalencia de hogares nucleares convencionales tipo 3 entre ellos. En este sentido le hacen honor a la denominación de proletarios que en las ciencias socia- les se les ha asignado por sus preferencias procreativas; no obstante que, si por ello fue- ra, los patronos tendrían las mismas inclinaciones que las de sus antípodas sociales, de tener su prole en hogares nucleares. En segundo lugar, llama la atención la presencia rela- tivamente escasa de hogares uniparentales o tipo 4 entre los asalariados y, en general, de los otros tipos de hogares más complejos como los nucleares extendidos tipos 5 y 6. Por último, en las dos categorías destacamos la diferencia significativa entre los asalaria- dos públicos de constituir más hogares uniparentales (tipo 4) que los asalariados privados. Las categorías marginales Si reconocemos a los patronos, trabajadores por cuenta propia y asalariados como las cate- gorías ocupacionales normales, las otras, a saber, los familiares no remunerados, los emplea- dos en el servicio doméstico, los que buscan por primera vez y los que no se encuentran en ninguna de esas categorías, serían las categorías minoritarias, o marginales, por ser seguramente también las menos reconocidas para la asignación del valor del trabajo. 1 Q/J_ Sergio Reuben Soto Las distribuciones de los hogares por tipos de hogar que establece la investigación nos depara información interesante. Todas son distribuciones que se distinguen con cla- ridad de la nacional, y por tanto son efectivamente atípicas. Su principal distinción se encuentra en la prevalencia de hogares uniparentales tipo 4, hogares con hijos casados tipo 5 y hogares con otros parientes tipo 6, mientras presentan bajas concentraciones relativas de los hogares más convencionales tales como los conyugales y nucleares. Esta Dbservación es, pues, consecuente con la presunción del apartado anterior por la que asignábamos a estos hogares los puestos marginales de en la "escala social". CONFRONTACIÓN DE LOS RESULTADOS DE 1984 Y 1993 En el presente apartado se llevará a cabo el estudio de la distribución de los hogares elabora- da con los datos recabados del Censo Nacional de Población de 1984, con la distribu- ción elaborada con los datos de la Encuesta de Hogares de julio de!993. Para todos los efectos comparativos, véase el análisis hecho en la primera parte de este estudio, relacio- nado con el procedimiento de elaboración de la tipología de hogares y algunas considera- ;:ones relativas a las definiciones de hogares y jefes de hogar. La distribución general de los hogares según los tipos de hogar En la tabla 24 pueden observarse las ditribuciones relativas en los dos años analizados por la investigación. De estos datos queremos destacar, en primer lugar, la reducción sus- tancial en la estructura porcentual de los hogares tipo 2 entre 1984 y 1993. Nos encontramos así con el fenómeno observado en 1984 con respecto a los datos del Censo Nacional de Población de 1973, pero invertido.27 Mientras entre 1973 y 1984 r.abíamos detectado el crecimiento porcentual de este tipo, de un 7 por ciento en 1973 al 30.9 por ciento en 1984, ahora, cuando volvemos a realizar el estudio comparativo, encontramos que la proporción de hogares tipo 2 se ha reducido a los niveles que pre- isntaba en la década de los años setenta. El resultado observado parece estar reafirmando la hipótesis formulada en el docu- mento mencionado en la anterior nota al pie, según la cual la proporción inflada de hoga- res tipo 2 en los primeros años de la década de los años ochenta seria resultado de la ..egada a la edad matrimonial de las tupidas cohortes de los años sesenta -cuando el país rresentó índices de natalidad entre los más altos del continente-, junto con una reduc- ción sustancial de las tasas de mortalidad infantil, y así se originó un perfil demográfico de cohortes numerosísimas en las primeras edades. Sin embargo, la edad promedio del "Cfr. Reuben. 1992. Características familiares de los hogares costarricenses 1 QC primer matrimonio para los hombres en nuestro país era en ese momento de 24 años, edad que en 1984 tenían los nacidos en 1960, cuando el país presentaba ese perfil demográfico particular. De ahí que aparezcan en 1984 un alto porcentaje de hogares con- yugales o tipo 2. Si a esta situación literalmente demográfica se añaden los otros elemen- tos de la hipótesis, a saber, el rezago de las parejas jóvenes en tener hijos, por una par- te, y el crecimiento relativo de los hogares conyugales por la mayor expectativa de vida de los cónyuges, la presencia de altas proporciones de hogares tipo 2 en esos primeros años de la década de los ochenta parece, por tanto, explicable. Tabla 24 1984-1993: DISTRIBUCIÓN DE LOS HOGARES EN LOS DOS AÑOS SEGÚN TIPO DE HOGAR 1991 1984 frecuencia relativa frecuencia relativa Jipo de hogar % % Total 100 100 Tipo 1 5.0 6.8 Tipo 2 . .-> 30.9 Tipo 3 52.1 31.2 Tipo 4 10.6 7.9 Tipo 5 3.6 4.1 Tipo 6 18.1 13.0 Tipo 7 2.7 3.6 Tipo 8 0.6 2.5 Fuente: Datos de la investigación. La reducción de este tipo de hogares, luego de pasadas las cohortes del boom demo- gráfico, parece ser consecuente con la hipótesis elaborada en el estudio citado, por cuan- to, como se puede entender, al reducirse relativamente el tamaño de los grupos nacidos en cada año, al llegar éstos a la edad matrimonial reducen proporcionalmente el tamaño de los hogares "conyugales" o tipo 2. En 1993 se habrían casado (o constituido nuevos hogares) las cohortes nacidas a finales de los años setenta, cuando el país presentaba índi- ces de natalidad mucho más bajos. El análisis de la distribución de los hogares por tipos, según la edad de los jefes, debe- rá corroborar esta presunción, al mostrar en 1984 proporciones muy altas de hogares tipo 2 en las edades más tempranas que las que presentan los datos de 1993, propor- 1 Q£ Sergio Reuben Soto :•- que se iguala con las mostradas por el estudio de 1993, en las edades mayores. En ;:arlado siguiente de este estudio se presenta este análisis. Por otra parte, llama la atención el crecimiento entre 1984 y 1993 de dos tipos de reares: el tipo 4 (hogar uniparental) y el tipo 6 (hogar familiar ampliado). Con respec- 2! hogar tipo 4, como se discutió en la segunda parte, en nuestra investigación anterior oíamos formulado la hipótesis de que, entre 1973 y 1984, estos hogares crecerían más • proporcionalmente; atendiendo al supuesto de que se habría acelerado la disolución -; .os hogares convencionales como resultado de la mayor independencia social y eco- :~.¡ca de la mujer y de la trasformación de ciertos valores morales y religiosos que ten- ar, a conservar los matrimonios aun entre cónyuges de caracteres incompatibles. No ruante, los datos recabados para 1984 no la confirmaron y más bien presentaron un : -portamiento que hacía pensar en una proporción relativamente constante en el tiem- : de esos hogares. A partir de esa constatación, desarrollamos la hipótesis de que los hogares uniparen- •s tenían un comportamiento poco estable y que la desintegración del núcleo conyu- : ira temporal, pues estos hogares tendían a su reconstitución (claro está que con otro rr.yuge) en la forma nuclear convencional.28 El aumento de hogares tipo 4 entre 1984 y 1993, de 7.9 por ciento a 10.6 por •i'.io de todos los hogares, aun cuando es reducido, podría indicar el inicio de una trans- -~ación en la proporción de estos hogares. El crecimiento de 2.5 puntos porcentuales I su participación general debe observarse en relación con la nula variación entre 1973 1984. Pero esta transformación que, dicho sea de paso, implicaría la consolidación de : jstumbre social de formar hogares con la madre y sus hijos solteros, representa toda- ¿ una proporción pequeña de los hogares nacionales. Por lo que respecta al crecimiento de los hogares tipo 6 (familiares ampliados) tam- ¿r. apunta a la misma tendencia. El análisis de las caraterísticas de los jefes de este tipo ; hogar hecho en la segunda parte sugiere que también aquí encontremos una alta pro- : -;ión de jefas. La presunción elaborada para explicar esta situación es que estos hoga- í ocultan" -dada las definiciones de nuestra tipología- el fenómeno de las mujeres solas • sus hijos solteros, que se hacen acompañar, ya no por otro compañero-cónyuge, sino • otro familiar cercano.29 Por último, los otros tipos de hogares complejos (tipo 5, tipo 7 y tipo 8) presentan :ucciónes proporcionales y, en el caso de los hogares tipo 8, una marcada disminu- : ~ . La tendencia ya evidente entre 1973 y 1984, de reducción de los tipos más com- bos, se acentúa en la década de los noventa. 28Puede verse nuestro estudio antes citado: Reuben, 1992, III Parte, passim. Asimismo, hay algunos otros aligadores que han formulado propuestas semejantes para otros países; puede consultarse Naciones Unidas, 1991. 29 Véase cómo, en el estudio de las características socioeconómicas de las familias de la Provincia de Tarapaca : Chile, Lira encuentra alta presencia de jefas en hogares extendidos, esto es. donde conviven otros parientes, • Lira, 1976c. p. 279. Características familiares de los hogares costarricenses 1 Q7 £/ estudio de la edad de los jefes En la tabla 25 analizamos el comportamiento de los tipos de hogares según la edad de los jefes y los confrontamos para los dos años en estudio. Analizando con cuidado la tabla anterior, se puede observar que las proporciones más altas de hogares tipo 2 en 1984 corresponden a jefes con edades entre los 19 y los 32 años aproximadamente. Estos jefes y sus cónyuges contribuyen significativamente con la alta proporción de hogares tipo 2 que se presentan en esa época. Las proporciones de este tipo de hogar descienden rápidamente a partir de esas edades a 10.6 por ciento 6.8 y 12.7 por ciento para las respectivas clases subsiguientes, y para las edades mayo- res, de 50 años y más, se observan proporciones semejantes a las que muestra el estu- dio con los datos de 1993. Estas observaciones nos hacen pensar formalmente en que las altas proporciones de hogares tipo 2 encontradas en el estudio de 1984 obedecen a un fenómeno temporal, propio del comportamiento de las poblaciones: la llegada a la edad matrimonial de los bebés del boom poblacional de los años sesenta. La virulencia con que surge el proble- ma habitacional en la década de los años ochenta podría ser consecuencia también de este fenómeno.30 Otro aspecto que es muy importante destacar en la tabla anterior es el notable cre- cimiento en 1993 de los jefes de hogares en edades menores. Con excepción de los hogares tipo 2, como ya se discutió arriba, en el resto de los tipos principales, el tipo 3 (nucleares), el tipo 4 (desintegrados) y el tipo 6 (familiares ampliados), la proporción de jefes entre los 15, digámoslo así, y los 40 años, es mayor a la que se presentaba en 1984. Ciertamente, una parte importante de esta inflación de jefes jóvenes (los que se encuentran entre los 25 y los 40 años) es producto del mismo fenómeno de la explosión demográfica de los años sesenta, sólo que ahora corrida en 10 años más. Pero lo que llama la atención son las mayores proporciones de jefes con edades entre los 15 y los 24 años. Tanto en hogares tipo 3, tipo 4, como en los tipo 6, encontramos en 1993 pro- porciones crecidas, con respecto a 1984, de jefes en esas edades. Resultados como éstos nos hacen conjeturar que estamos en presencia de una generación de jóvenes que ha adelan- tado su edad de matrimonio y de formación de hogares con respecto a las generaciones inmediatamente anteriores. Comparación del índice de jefes varones La comparación del índice de varones jefes (proporción de jefes hombres del total de jefes nos permite observar otros aspectos del desarrollo de las características de los hogares na- cionales en el transcurso del tiempo. 30Sobre esta virulencia y sus manifestaciones, puede consultarse, Lara, 1994. 1 QQ Sergio Reuben Soto Tabla 25 1993-1984: DISTRIBUCIÓN DE LOS HOGARES POR TIPO DE HOGAR SEGÚN CLASES DE EDADES !9 años y menos de 20a 24 años de 25 a 39 oras de 40 a 49 años de SO a 59 años de 60 y más años 1984 1993 1984 1993 1984 1993 1984 1993 1984 1993 1984 1993 100% 100% 1 00% 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100% Tipol 18.13 10.46 8.37 3.57 4.99 2.41 3.80 2.50 6.40 5.53 13.79 11.82 Tipo2 51.65 32.7 72.37 19.58 50.60 5.36 10.62 2.87 6.84 6.10 12.67 13.64 T¡po3 1.65 17.4 1.17 44.6 22.86 66.43 52.78 62.61 44.56 44.46 27.13 23.72 T¡po4 0.00 1.66 0.19 6.18 4.57 9.37 11.19 11.30 12.65 12.76 10.64 11.47 TipoS 0.00 0.00 0.00 0.00 0.57 0.39 4.45 3.76 9.51 6.43 8.89 7.59 Tipoó 19.78 29.97 11.82 21.42 10.70 11.66 11.02 14.55 13.07 22.70 20.53 28.61 Tipo7 4.95 7.8 3.45 4.2 3.23 3.42 3.66 2.27 4.31 1.52 3.86 2.52 TipoS 3.85 0.00 2.63 0.46 2.48 0.96 2.49 0.15 2.64 0.50 2.48 0.63 Fuente: Datos de las muestras. Tabla 26 1993-1984: DISTRIBUCIÓN DE LOS HOGARES EN LOS DOS AÑOS SEGÚN ÍNDICE DE JEFES VARONES POR TIPO DE HOGAR 1993 1984 índice índice % % Total 80.17 83.51 Hogar tipo 1 58.38 47.67 Hogar tipo 2 97.76 99.57 Hogar tipo 3 98.96 98.71 Hogar tipo 4 10.00 16.04 Hogar tipo 5 67.37 74.15 Hogar tipo 6 69.33 73.47 Hogar tipo 7 75.67 79.83 Hogar tipo 8 81.67 77.46 Fuente: Datos de la investigación. El primer aspecto por resaltar es la reducción significativa del índice general en casi cuatro puntos porcentuales. En esa reducción juega un papel importante la reducción de dicho indicador en los hogares tipo 4 y tipo 6, principalmente, por su peso en la distri- bución general. En este sentido se puede decir que, contrariamente a lo que algunos podrían pensar, los hogares desintegrados, donde falta uno de los cónyuges, tienen como jefes mujeres en mayor proporción que hace diez años. El supuesto desarrollo de la con- ciencia masculina hacia la responsabilidad paterna no se hace patente con este indicador. Otro aspecto que merece destacarse de los datos de la tabla 26 es el crecimiento del índice en los hogares unipersonales o tipo 1. Los modificaciones de la estructura en zonas geográficas Lamentablemente, por la naturaleza de los datos de la encuesta de hogares, no se pudo hacer el análisis por provincia para el año 1993, lo que hubiera permitido una compa- ración más precisa de las modificaciones, en el periodo, en la estructura provincial. Lo que sí podemos hacer es una somera comparación entre las estructuras provinciales y las regionales según como se discutió en la segunda parte de este estudio. Las transforma- ciones más importantes en escala nacional ya fueron discutidas en el apartado antes mencionado, por lo que en este veremos las transformaciones que pueden deducirse de los datos en escala regional y provincial. 1QQ Sergio Reuben Soto En primer lugar, es importante señalar que la provincia de Limón coincide completa- mente con la Región Huetar Atlántica; por tanto, es en el único caso que podemos hacer .a comparación exacta. Las modificaciones a esa escala son parecidas a las observadas a íícala nacional en cuanto concierne a la reducción importante de la proporción de hogares r.po 2, como ya se discutió anteriormente. Pero además, los datos muestran una reduc- ción de los hogares tipo 1 en la estructura del año 1993 (que alcanza un 8.8 por cien- to) con respecto a la de 1984 (que presentaba un 12.35 por ciento), mientras aumentan :s hogares tipo 6 en dicha provincia, de 11.8 por ciento en 1984 a 18 por ciento en 1993. Una región que coincide en buena medida con la estructura provincial es la Chorotega (con la Provincia de Guanacaste). La comparación de las estructuras de ambas zonas muestra un comportamiento semejante en los hogares tipo 6; vemos cómo, entre 1993 y 1984, el porcentaje de hogares de este tipo pasa de 14.1 por ::¿nto a casi 22 por ciento. Tabla 27 1993: DISTRIBUCIÓN PORCENTUAL DE LOS HOGARES POR TIPO SEGÚN REGIÓN Región Centra/ Costo Área Centra/ Pacifico Huelo; Huetar Rica Metropol. Resto Choroíego Central Branca Atlántica Norte :•: Seo. % % % % % % % Mal 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 ~DO 1 4.98 4.01 3.97 5.92 5.91 7.11 8.80 4.52 " DO 2 7.31 6.81 7.54 7.05 9.15 7.10 7.98 7.09 ~DO 3 52.10 56.90 46.25 48.89 50.19 51.29 50.22 62.17 ~PO 4 10.63 10.04 14.20 7.67 10.47 9.52 7.75 6.42 ~po 5 3.59 3.62 3.12 5.65 3.06 3.25 4.06 3.36 ~po 6 18.06 16.61 19.52 21.98 16.39 19.32 18.03 13.84 "po 7 2.72 1.49 4.47 2.08 4.73 1.68 2.83 2.32 "DO 8 0.62 0.51 0.93 0.75 0.09 0.74 0.33 0.26 Fuente: Muestra de la investigación. Por último, la provincia de San José tiene cierta correspondencia con la región Central. Las modificaciones que se destacan en esas estructuras son, por una parte, la reducción de los hogares tipo 1, igualmente a como lo habíamos visto con la región Huetar Atlántica-Limón; el crecimiento importante, particularmente en el "resto" de la Región Central de los hogares tipo 6, semejante a lo observado en las Huetar Atlántica- Características familiares de los hogares costarricenses 101 Limón y Chorotega-Guanacaste y, un fenómeno particular, el crecimiento importante de los hogares tipo 4 o uniparentales, en especial en el "resto" de la Región Central. Tabla 23 1984: DISTRIBUCIÓN PORCENTUAL DE LOS HOGARES, POR TIPO DE FAMILIA SEGÚN PROVINCIA Cosío Rica S, ¡osé Majuela Cartago Heredta Guancoí. Limón Total 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 Hogar tipo 1 6.82 7.16 5.64 4.35 5.87 5.58 7.98 12.35 Hogar tipo 2 30.89 29.41 32.31 32.55 33.88 29.15 31.55 30.66 Hogar tipo 3 31.22 30.61 33.08 35.43 30.52 31.60 29.61 26.13 Hogar tipo 4 7.85 9.15 7.36 7.44 7.99 6.60 6.13 7.44 Hogar tipo 5 4.12 3.92 3.82 4.07 3.06 5.98 4.10 4.53 Hogar tipo 6 12.97 13.53 12.01 12.26 14.05 14.10 12.48 11.83 Hogar tipo 7 3.62 3.76 3.16 1.66 2.76 3.86 5.39 4.58 Hogar tipo 8 2.53 2.46 2.63 2.25 1.87 3.13 2.76 2.48 Fuente: Muestra de la Investigación. Ciertamente es importante volver a resaltar aquí este crecimiento, y la correspon- diente estructura que lo determina, con una alta concentración de hogares desintegrados o uniparentales. Ya lo habíamos hecho en la segunda parte, pero esta constatación nos obli- ga a referirnos de nuevo a esta particularidad. El "resto" de la Región Central son zonas entre urbanas y rurales. Más bien diríamos, a esta altura, que son zonas urbanizadas, con la mayoría, si no la totalidad, de los servicios públicos y privados que determinan usual- mente la condición de urbano, tales como agua corriente, electricidad, educación, servi- cios médicos, y telefónicos. La marcada diferencia entre las estructuras de hogares entre el área metropolitana y el "resto", y la diferencia de ésta con la estructura general del país, particularmente en cuanto se refiere a las altas proporciones de hogares tipo 4 y tipo 6 y las bajas proporciones de hogares tipo 3, nos hace pensar en procesos sociales inten- sos que están transformando sus estructuras. Nos parece importante concluir que la notable especificidad de las estructuras por regiones, en contraposición a la mayor homogeneidad de las estructuras provinciales, pone de manifiesto la validez de presuponer la intervención de determinaciones culturales en la constitución de los tipos de hogares. En la tabla 29 hemos calculado, para cada tipo de hogar y en cada región o provincia, la diferencia (desviación) con el valor correspondien- te en la distribución nacional. Para hacer positivas esas diferencias, las elevamos al cua- 192 Ser9'° Reuben Soto irado y sumamos esos valores para todas las provincias en el caso de los datos de 1984 y para todas las regiones en el caso de los datos de 1993. Hemos calculado, además, el pro- medio simple de cada uno de esos valores. Los resultados de esas operaciones se pre- sentan en la tabla siguiente. Como puede verse, en la casi totalidad de los tipos el valor para el caso de las regio- r.as es superior que para el de las provincias, a excepción de los tipos 1, 2 y 8. La suma :e esos promedios simples se presenta en el encabezado de las respectivas columnas. Esa ~j.ma es más de dos veces mayor en la distribución por región, lo que demuestra la mayor heterogeneidad de estas distribuciones. También es importante hacer ver que los hogares tipo 3, tipo 4 y tipo 6 son los más sensibles a estas determinaciones geográfico-culturales. Tanto la variable de provincia :3mo particularmente la de región ejercen influencia significativa en la proporción de istos hogares en las distintas distribuciones. Tabla 29 3COMEDIO SIMPLE DE LA SUMA DE LOS CUADRADOS DE LAS DESVIACIONES :_\TRE LAS DISTRIBUCIONES PROVINCIALES (1 984) Y LA NACIONAL Y ENTRE LAS DISTRIBUCIONES REGIONALES (1993) Y LA NACIONAL POR TIPO DE HOGAR Distribución por provincia Distribución por región 1984 1993 Suma de cuadrados 19,910 44,446 Tipo 1 5,997 3,293 Tipo 2 2,774 0,614 Tipo 3 7,241 25,259 Tipo 4 0,972 7,019 Tipo S 0,698 0,734 Tipo 6 0,817 5,969 Tipo 7 1,275 1,468 Tipo 8 0,135 0,091 Fuente: Elaboración de los datos de las tablas 27 y 28. Comparación entre las estructuras según las categorías ocupacionales de los jefes 3n respecto a la transformación de las estructuras cuando se estudia la categoría ocu- acional de los jefes, queremos resaltar en primer lugar la reducción del número de :uenta propia" en la distribución nacional, probablemente en favor de la categoría Características familiares de los hogares costarricenses 1 QQ "patrono o socio", que aumenta correspondientemente. Asimismo, se observa una impor- tante reducción de la categoría "familiar no remunerado" que casi desaparece de la escena nacional. Tabla 3O 1993: DISTRIBUCIÓN RELATIVA DE LOS HOGARES POR TIPO CON RESPECTO A LOS JEFES EN CONDICIÓN DE ACTIVIDAD SEGÚN CATEGORÍAS OCUPACIONALES Patrono Cuenta familiar no Busca por Tipo/ Jota/ o socio propia Asalariados remunerado primera ve! /raí. ocup. % % % % % Total 100 7.40 26.07 66.04 0.43 0.05 Tipo 1 100 5.25 35.87 58.54 0.34 0.00 Tipo 2 100 10.59 29.02 60.11 0.28 0.00 Tipo 3 100 7.72 25.22 66.85 0.22 0.00 Tipo 4 100 3.65 26.04 69.10 1.04 0.17 Tipo 5 100 6.54 20.81 70.81 1.17 0.67 Tipo 6 100 6.84 27.34 64.78 0.89 0.15 Tipo 7 100 11.78 22.76 65.19 0.27 0.00 Tipo 8 100 1.95 23.97 72.14 1.95 0.00 Fuente: Datos de la investigación. La estructura por tipo de hogares muestra una transformación importante en la categoría patrono o socios entre los años que estamos considerando. Mientras en 1984, los jefes con esta categoría ocupacional se distribuían con bastante homoge- neidad en los ocho tipos de hogares, en 1993 vemos aparecer diferencias significa- tivas. Así, estos jefes se encuentran con preferencia en hogares tipo 2 y curiosamente tipo 7; mientras que con poca frecuencia se encuentran en hogares tipo 4 o unipa- rentales. Para los jefes con categoría ocupacional "cuenta propia", los datos muestran una especie de desplazamiento hacia los hogares tipo 1 y tipo 2 en 1993, de hoga- res tipo 3 en 1984. Estas transformaciones podrían estar asociadas a la edad de los jefes. De hecho, estos hogares en que se presentan concentraciones relativas de jefes "patronos o socios" y "cuenta propia" son los que están asociados a edades jóvenes de sus jefes. Es posible que las transformaciones económicas de estos últimos años estén obligando a los jefes de hogar más jóvenes a ubicarse en esas categorías ocupacio- nales. 1 QA Sergio Reuben Soto ab/a 31 984: DISTRIBUCIÓN DE LOS HOGARES POR TIPO DE ACUERDO CON LA 5-ACIÓN OCUPADA Y CESANTE SEGÚN CATEGORÍA OCUPACIONAL Patrono Cuenta familiar no -;: Mal o socio propia Asalariados remunerado -z :•:„!>. % •bal 100.00 3.34 30.11 64.71 1.85 ":•: 1 100.00 3.18 32.36 62.91 1.55 ":•: 2 100.00 3.58 24.02 70.54 1.86 -:•: 3 100.00 3.12 35.76 59.38 1.75 ':•: 4 100.00 3.15 24.36 70.75 1.75 -:•: 5 100.00 3.87 37.78 54.87 3.47 -;•: 6 100.00 3.23 29.28 65.72 1.76 -;: 7 100.00 3.82 33.00 61.08 2.09 -.-: 3 100.00 2.64 33.37 62.32 1.76 Fuente: Reuben, 1992; Partell, p. 9. Por cuanto respecta a los "asalariados", que dicho sea de paso muestran un incremen- : en su participación general en el periodo en estudio, podemos ver que, de estar relativa- •ínte mayor representados en hogares tipo 4 y 2 en 1984, sus concentraciones relati- --? pasan a los hogares tipo 4 y 5 en 1993. Este último dato, la presencia relativa de un _¿n número de hogares tipo 5, dirigidos por asalariados, podría estar indicando cierto -"srioro en las condiciones de vida de estas personas. La presencia de hijos casados en nogar de jefes obreros denota esta situación. Asimismo, véase cómo también encon- amos una presencia de estos jefes asalariados en hogares tipo 8, en 1993; mientras que I 1984 los jefes asalariados no presentaban una presencia importante en estos hogares implejos. Algunas conclusiones generales !;be quedar claro que por la naturaleza de esta investigación no se puede llegar a pro- ar hipótesis particulares, sino más bien nuestra pretensión es básicamente arribar a con- dones sobre algunos aspectos de la estructura de hogares costarricenses y su natura- =za familiar, las determinaciones sociales y económicas que podrían influir sobre ella, sus hracterísticas morfológicas generales. Cinco conclusiones principales se desprenden de este estudio, que nos parece que- an bien fundamentadas con los datos analizados. Otras son obvias y no es necesario Características familiares de los hogares costarricenses 1 QC^ resaltarlas en este apartado, otras quedan esbozadas, parcialmente expuestas por los datos. Sobre estas últimas dejamos a los interesados la tarea de formularlas y elaborar los ins- trumentos de investigación para fundamentarlas debidamente. En primer lugar -sin que por ello se entienda que le damos la mayor importancia- queremos señalar que los resultados estudiados mostraron variaciones importantes en las estructuras regionales, que indican la presencia de factores asociados con las caracterís- ticas socioculturales, económicas y geográfico-ambientales propias de las regiones, y que determinan la estructuración de los tipos de hogares. La confrontación de estas variacio- nes con las provinciales de 1984 arrojó evidencia bastante concluyente en esta dirección. Ciertamente, la naturaleza de los datos no nos permitió tomar estos factores y sus efec- tos específicos sobre la estructura de los hogares; sin embargo, hay datos suficientes para entender que esas variaciones están asociadas a variables originales en las condiciones regionales. De acuerdo con ello, las propuestas teóricas que quieren considerar la familia, y e. hogar como su expresión más concreta, como inmutables en el tiempo e inmunes a varia- bles culturales, políticas y económicas, son engañosas, porque hacen referencia más bier. a características temporales y asociadas a determinadas condiciones sociales. La gran mayoría de la población vive en estos momentos en hogares nucleares, pero esto no pue- de entenderse como que, al variar ciertas condiciones, esos hogares no tiendan a perder su preeminencia. O, en todo caso, a presentar proporciones mucho menos importantes De hecho, la presencia de hogares más complejos y extensos en ciertas zonas y regiones con características culturales particulares, como la Chorotega, parece indicar que en otros momentos los hogares más usuales no eran nucleares tipo 3. La segunda conclusión se refiere a la influencia de los procesos demográficos en la; características de los hogares. Éstos son influidos temporalmente en su tamaño y carac- terísticas familiares por los tamaños de las cohortes, los hábitos reproductivos de las pobla- ciones y las costumbres en la formación de los núcleos maritales. Esta conclusión tiene importancia porque establece la influencia de variables demográficas en las características de los hogares. La tercera conclusión que podemos extraer de los datos analizados es en realidad una precisión de la primera antes mencionada. Hace referencia a los factores económicos que influyen en la formación de los hogares. El estudio de los ingresos de los jefes y del hogar por una parte, así como de las categorías ocupacionales de los primeros, hace patente que algunos tipos de hogares, tales como el tipo 4 y el tipo 5, se asocian a condicione; marginales de existencia social. Mientras que. por el contrario, los hogares tipo 3 y tipc 2 están asociados a ingresos medios-altos. Lo que podemos denominar como el "imperio del hogar nuclear" es la cuarta con- clusión que se origina en los resultados de esta investigación. Las condiciones políticas, económicas y culturales prevalecientes en nuestra organización social favorecen la formaciór. de hogares nucleares. Otros tipos, más complejos, con otros parientes y no parientes en e. 1 Qf\o Reuben Soto seno del hogar tienden a desaparecer. No obstante, tanto los hogares unipersonales (tipo 1), como los uniparentales (tipo 4) y los familiares ampliados (tipo 6) constituyen formas :mportantes en las que convive alrededor de la tercera parte de la población nacional. La quinta conclusión es sobre lo que hemos denominado como la inestabilidad de los hogares uniparentales; o, en relación con la cuarta conclusión, su tendencia a la confor- mación de hogares nucleares. Como ya se mencionó en la segunda parte, la poca varia- ;ión de la proporción de hogares tipo 4 en los 20 años que cubren estos estudios da la pauta para concluir que no hay una tendencia clara hasta el momento que haga pensar en el crecimiento relativo de estos hogares en la estructura nacional. Asociados a varia- bles tales como la edad de los jefes, sus condiciones sociales, su residencia en ciertas zonas, los hogares tipo 4 tienden a reconstituirse en hogares nucleares tipo 3 o bien fami- .:ares ampliados tipo 6, más o menos rápidamente. La velocidad con que lo hacen podría estar vinculada a las condiciones zonales de "socialización", tales como densidad poblado- ra!, medios de comunicación, sitios de encuentro. Los hogares son unidades sociales que se constituyen sobre la base de una cultura ;omún, en condiciones sociales definidas por las normas legales, económicas y políticas is una sociedad, pero determinadas fundamentalmente por las costumbres de reproduc- ción y cuidado de las proles. Tienden por tanto a homogenizarse alrededor de una for- ~.a común, "normal", sin que por ello queden excluidas otras formas que responden a ;3ndiciones particulares de la organización social en que existen. Las variaciones en la ¿structura tipológica de los hogares refleja fenómenos en la población y en las condiciones sociales de las regiones y los países. BIBLIOGRAFÍA Ari'ÑA. Oída y Carlos Dentón (1978), La familia en Cosía Rica, San José de Costa Rica, Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, IDESPO, Imprt. Nacional. 3/RCH, Thornas K. (1976), "El tamaño y la estructura de la familia: Un análisis comparativo de los datos censales", en Burch T. K. La familia como unidad de estudio demográfico. 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