UNIVERSIDAD DE COSTA RICA SISTEMA DE ESTUDIOS DE POSGRADO EL PAPEL DE LOS NARRADORES COMO SUJETOS RECONSTRUCTORES DE LA MEMORIA INDIVIDUAL Y COLECTIVA EN CUATRO OBRAS DE LA POSGUERRA GUATEMALTECA Tesis sometida a la consideración de la Comisión del Programa de Doctorado en Estudios de la Sociedad y la Cultura para optar al grado y título de Doctorado en Estudios de la Sociedad y la Cultura IVANNIA BARBOZA LEITÓN Ciudad Universitaria Rodrigo Facio, Costa Rica 2020 ii Dedicatoria Dedicatoria Dedico el trabajo de tesis a mi hija Angélica, a mi madre y a mi padre. Gracias por el apoyo brindado durante estos años. iii Agradecimientos Agradecimientos Agradezco profundamente el aporte de Valeria, por ser quien, en los primeros pasos, estuvo en el bosquejo de lo que hoy es esta tesis. A Patricia por impulsarme a hacer los estudios de doctorado, a Teresa por terminar guiando el último producto. A Álvaro por ser parte paciente del comité asesor, a Jacqueline por el apoyo administrativo y, finalmente, a todas aquellas personas que me impulsaron, a pesar de mi procrastinación, a terminar lo iniciado. A la Universidad Rafael Landívar en Guatemala, así como la Universidad de San Carlos, por el soporte bibliográfico y de pasantía que permitió el desarrollo del trabajo investigativo. iv roba v Tabla de contenidos Contenido Dedicatoria ........................................................................................................................................... ii Agradecimientos ................................................................................................................................. iii Hoja de aprobación ............................................................................................................................. iv Resumen............................................................................................................................................. vii Lista de tablas ...................................................................................................................................... ix Lista de abreviaturas ............................................................................................................................ x Introducción ........................................................................................................................................ 1 Tema .................................................................................................................................................... 5 Definición y justificación del problema de investigación .................................................................... 5 Objetivos ............................................................................................................................................. 9 Objetivo general .............................................................................................................................. 9 Objetivos específicos ..................................................................................................................... 10 Estado de la cuestión ........................................................................................................................ 10 Acerca de la memoria como hecho social..................................................................................... 10 Acerca de la literatura centroamericana ...................................................................................... 15 Acerca del corpus .......................................................................................................................... 18 Marco teórico .................................................................................................................................... 27 Interrelaciones de la memoria ...................................................................................................... 28 Sobre narratología ........................................................................................................................ 36 Marco metodológico ......................................................................................................................... 41 Capítulo I. (Re)construcciones de una patria fracturada .................................................................. 47 Volver al pasado con las heridas de hoy ....................................................................................... 51 Arrastramos vivencias de un pasado muy profundo .................................................................... 73 Capítulo II. Crónicas de un pasado angustioso ................................................................................. 88 Los recuerdos vienen con nosotros .............................................................................................. 89 Siglo XX: de la Reforma Liberal a la primavera democrática ...................................................... 119 Tres décadas convulsas ............................................................................................................... 126 Década de 1980: diez años de un abismal horror ....................................................................... 136 Década de 1990: en construcción de la paz ................................................................................ 143 vi Capítulo III. Memorias: nación, ciudadanía y sentido ..................................................................... 153 El pasado se explica desde el presente ....................................................................................... 153 Una generación transmisora del pasado .................................................................................... 174 Yo asumo el presente como mejor me parezca .......................................................................... 179 Memoria: voluntad e interpretación .......................................................................................... 186 Conclusiones ................................................................................................................................... 196 Referencias ...................................................................................................................................... 206 vii Resumen El título de esta tesis es El papel de los narradores como sujetos reconstructores de la memoria individual y colectiva en cuatro obras de la posguerra guatemalteca; las obras elegidas son ConPasión Absoluta (2005) de Carol Zardetto, Insensatez (2005) de Horacio Castellanos, El arte del asesinato político: ¿Quién mató al Obispo? (2009) de Francisco Goldman y El material humano (2009) de Rodrigo Rey Rosa. La selección de las obras se basa en que dan cuenta en la primera década del siglo XXI de la posguerra en Guatemala, luego de la Firma de los Acuerdos de Paz en 1996. El análisis tiene su base en la memoria como proceso narrativo y ficcional que permite a los narradores tejer simultáneamente la memoria nacional y la memoria personal. Asimismo, muestro cómo se manifiesta en la construcción literaria del corpus elegido la incorporación de textos de gran peso histórico como lo son el Informe de la Recuperación de la Memoria Histórica REMHI (1998), la Memoria del Silencio (1997) y el Archivo Histórico de la Policía Nacional (AHPN), que fue descubierto en el 2005. El abordaje teórico proviene de la memoria como elemento social e histórico a la vez que individual, pero con las implicaciones que esta conlleva. Es decir, aunque la voz narrativa que se reconoce en las cuatro obras resulte, por momentos, muy particular y alejada de los hechos de violencia que se muestran, termina por incorporarse en la esfera de lo colectivo pero difumina su presencia en la ficción que conforma también el tejido textual. El análisis del discurso es el sustento metodológico en el que se reconoce la fragmentación, la multiplicidad y las estrategias de las que se han valido los narradores para relatar los acontecimientos de las obras. Convergen en las memorias recursos intertextuales, polifonía y el uso diverso de otros textos que, como aportes, condensan los discursos dispersos en la mente de los narradores. El resultado de esta investigación muestra que la narrativa de posguerra en naciones como Guatemala es un lugar común en la literatura centroamericana, pero no por ello ajeno a las presiones sociales de la violencia, el duelo y el olvido como parte del sistema que pretende difuminarlas en la historia nacional y colectiva. Por eso el corpus seleccionado es un aporte para pensar en las fragmentaciones colectivas e individuales que se mueven con la soltura que la inmediatez les proporcionó, en la renovación de la escritura del pasado que lograron realizar los narradores hallaron otras formas de relatar(se) e inscribirse en hechos de violencia que algunos de ellos no experimentaron. Finalmente, en estas reescrituras del pasado, hay una continuidad intergeneracional, ya sea por un acercamiento decidido o por accidente, pero que, para el caso de la historiografía literaria centroamericana posiciona ejercicios asociados a la memoria colectiva e individual. Es además, una revaloración de la memoria que le reconoce el espacio a la violencia instaurada como motivo literario en Centroamérica. Descriptores LITERATURA CENTROAMERICANA; MEMORIA; HISTORIA; POSGUERRA GUATEMALTECA; PROCESOS DE PAZ; FICCIÓN; NARRATIVA DE POSGUERRA. viii Abstract The title of this thesis is “The Role of the Narrators as Reconstructive Subjects of the Individual and Collective Memory in Four Guatemalan Post-War Works” [El papel de los narradores como sujetos reconstructores de la memoria individual y colectiva en cuatro obras de la posguerra guatemalteca]; the selected works are ConPasión Absoluta (2005) by Carol Zardetto, Insensatez (2005) by Horacio Castellanos, El arte del asesinato político: ¿Quién mató al Obispo? (2009) by Francisco Goldman and El material humano (2009) by Rodrigo Rey Rosa, as they appear in the first decade of the XXI century, after the Peace Treaty of 1996 was signed. The analysis is based on memory as a narrative and fictional process that allows the narrators to weave the national and personal memory simultaneously. Moreover, I explore how the literary construction of the selected corpus incorporates texts of historical importance, such as the Informe de la Recuperación de la Memoria Histórica REMHI (1998), Memoria del Silencio (1997) and the Archivo Histórico de la Policía Nacional (AHPN), discovered in 2005. The theoretical approach departs from memory not only as a social and historical element, but also individual, with the implications it entails. That is, although at times the narrative voice recognized in the four works appears particular and detached from the violence that is depicted, it finally incorporates into the collective sphere, its presence just blurred by the fiction that makes up the textual fabric. Discourse analysis will be the method by which I identify the fragmentation, the multiplicity and the strategies employed by the narrators to recount the occurrences in the texts. The convergence of intertextual resources, polyphony and the diverse use of other texts contribute to condense the unfocused discourses in the mind of the narrators. The result of this research demonstrates that the Post-War narrative in nations such as Guatemala is a common ground in Latin American literature, but not indifferent to the social pressure of violence, mourning, and oblivion as part of the system that seeks to blur them in the national and collective history. That is why the selected corpus is a contribution to think about the collective and individual fragmentations that move with the ease that immediacy provided them; in the renovation of the writing of the past achieved by the narrators, they found ways to recount and inscribe (themselves) in acts of violence some of them did not experience. Finally, in these re-writing of the past, there is an intergenerational continuity, either by a conscious approach or by accident, but that, for the instance of the Central American literary historiography, provides exercises associated with the collective and individual memory. It is also a re-appraisal of the memory that recognizes the place of violence established as a literary motif in Central America. Keywords CENTRAL AMERICAN LITERATURE, MEMORY, HISTORY, GUATEMALAN POST-WAR, PEACE PROCESS, FICTION, POST-WAR NARRATIVE. ix Lista de tablas Tabla 1. Coordenadas espacio-temporales y de sentido para los narradores ................................. 70 Tabla 2. Clasificación de las memorias en ConPasión Absoluta ..................................................... 90 Tabla 3. Elementos intertextuales en ConPasión Absoluta y Fruta amarga ................................. 102 Tabla 4. Clasificación de las memorias en Insensatez ................................................................... 106 Tabla 5. Clasificación de las memorias en El arte del asesinato político ..................................... 109 Tabla 6. Clasificación de las memorias en El material humano .................................................... 112 x Lista de abreviaturas ACD Análisis crítico del discurso AHPN Archivo Histórico de la Policía Nacional CEH Comisión para el Esclarecimiento Histórico ODHA Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado REMHI Informe de la Recuperación de la Memoria Histórica 1 Introducción La Guerra Fría trajo consigo para Centroamérica una vivencia particular: si los dos bloques más poderosos (liderados por Estados Unidos de Norteamérica y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) se enfrentaban hostilmente en el marco de una estrategia geopolítica, la región centroamericana la vivió al calor de los conflictos armados internos en el siglo XX. Guatemala, El Salvador y Nicaragua sufrieron los embates de la polarización ideológica evidente en el terrorismo de Estado contra los grupos insurgentes y sobre la población civil se descargó la violencia de esa polarización. Hoy, en el presente siglo XXI, múltiples y diversas manifestaciones dan cuenta de actos de la memoria colectiva e individual que luchan contra el tiempo, la impunidad y el olvido que parecen borrar los recuerdos, pero no los traumas. En 1996, se firman en Guatemala los Acuerdos de Paz con las autoridades gubernamentales y la Guerrilla. Con este acto, hay un cese al fuego de la violencia que el Estado guatemalteco instauró contra la población civil que grupos armados revolucionarios repelieron con todas sus fuerzas. Las razones de esa violencia armada son tan profundas y de difícil desapego que continúan marcando, a su vez, otras formas de aniquilamiento social y civil. Aún en el siglo XXI, la sociedad guatemalteca arrastra consigo los fantasmas de la guerra vivida durante 36 años que abrió escenarios más sólidos para que otras manifestaciones del terrorismo se instalaran en el ámbito social (pandillas y narcotráfico, por ejemplo). La literatura, como producto cultural, no estuvo desvinculada de los acontecimientos bélicos, el género testimonial es ejemplo en el siglo pasado. Con el cese del fuego, la vuelta a supuestos gobiernos democráticos, que se ocultaban tras ciertos populismos y la reconstitución social, se abrió paso a la posguerra (finales del siglo XX e inicios del presente) en Guatemala. Así también se ha denominado a la literatura que da cuenta de esa fase, que hoy se reconoce como no acabada. Desde el marco académico del Doctorado en Estudios de la Sociedad y la Cultura, cuya finalidad es el entrecruzamiento de epistemes que sustentan los Estudios Culturales, esta tesis propone el análisis de un corpus literario. Con los Estudios Culturales se multiplican las posibles respuestas de un proceso social y cultural significativo para Centroamérica y Guatemala, en particular con la posguerra. Es por lo anterior, que el objeto de estudio es un corpus heterogéneo porque ConPasión Absoluta (2005) de Carol Zardetto, 2 Insensatez (2005) de Horacio Castellanos Moya, El arte del asesinato político: ¿Quién mató al Obispo? (2009) de Francisco Goldman y El material humano (2009) de Rodrigo Rey Rosa, no son solo unas piezas más en el mosaico disparejo de la reconstitución discursiva literaria de un momento histórico de Guatemala (posguerra, en los inicios del presente siglo), sino que también proveen desde otras aristas, visiones de lo que fue, para los narradores-protagonistas, el conflicto mismo. Las afinidades, también contribuyeron en su elección: el corpus da cuenta de un mismo espacio geográfico, referente espacial de la violencia señalada líneas arriba; en ellas el abordaje del pasado, a pesar de ser diverso, muestra las memorias −tanto la oficializada como la individual− que los narradores se permitieron intercalar con la ficción. Asimismo, hay cercanía temporal en el corpus pues median cuatro años entre las publicaciones y los autores que son resultado generacional del conflicto armado, por ejemplo, Carol Zardetto nació en 1959 en Guatemala, al igual que Rodrigo Rey Rosa (1958); Horacio Castellanos en Honduras en 1957 y Francisco Goldman (1954) en Estados Unidos. Es por lo anterior, que el objetivo de estudio es analizar el papel de los narradores, en cuatro obras de la posguerra guatemalteca, como sujetos reconstructores de las memorias. En las novelas, los narradores, quienes a su vez son protagonistas, se enmarcan dentro de contextos de posguerra en Guatemala. Anónimo, en Insensatez; con tono autobiográfico en El material humano; ambos hacen labores investigativas, casi detectivescas. El primero de ellos busca, con permiso oficial, entre el Archivo Histórico de la Policía Nacional de Guatemala (AHPN) documentos. Se pierde en la maraña y cede a la presión ejercida por las autoridades encargadas. La labor filológica es la tarea del segundo narrador: su trabajo consiste en la corrección del Informe de la Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI). En ConPasión Absoluta, Irene, no hace tareas intelectuales, pero se propone al final de la novela escribir como catarsis. Ella, representa la unión de sus recuerdos, los de su abuela y los de la nación guatemalteca desde aproximadamente el régimen de Jorge Ubico Castañeda (1931-1944). Finalmente, El arte del asesinato político: ¿Quién mató al Obispo? escrito a manera de crónica, con sentido autobiográfico, expone una exhaustiva recopilación de datos históricos, biográficos, periodísticos y judiciales acerca del asesinato de Monseñor Gerardi ocurrido en 1998. 3 La selección de estas producciones literarias la justifico 1 con dos aspectos primordiales: primero, porque la memoria se ha vuelto un proceso renovado que construye nuevas visiones en la relación historia-literatura. Como segundo aspecto se halla la particular visión ofrecida por los narradores quienes, al calor de sus recuerdos, acogen otras voces para generar un panorama nacional desde la evocación subjetiva de un pasado de violencia, que es, a su vez, referencial y reconocible para los lectores. Los narradores y protagonistas, son quienes (re)construyen, (re)elaboran y (re)ordenan el relato que perfila discursos orales y escritos y, por último, narran una concatenación de hechos que engloban el universo literario con tintes de ficción dentro de un eje histórico particular (los hechos de violencia en Guatemala durante el conflicto armado interno) como ejercicio de la memoria. Es con la teorización de Maurice Halbwachs, Paul Ricœur y Elizabeth Jelin en cuanto a la memoria, que se conjugan esas funciones clave para desentrañar el texto del pasado que los narradores generan en un presente enunciativo. Efectúo el análisis desde la teoría de la memoria con el empleo de Halbwachs. Él la concibe como acto social en su sentido colectivo pero, a la vez se apropia de la capacidad de recordar en la particularidad del individuo. El contraste teórico y argumentativo que enriquece el estudio del corpus proviene de Ricœur, por cuanto discute categorías de análisis para la memoria individual y apoya la colectiva. Con Jelin termina de cerrarse el círculo, por cuanto su aporte sociológico acerca de la violencia ejercida por los Estados, provee las discusiones de las memorias narrables para subsanar el tejido social. El análisis crítico del discurso afirma la metodología en la que se reconoce la fragmentación, la multiplicidad y las estrategias de las que se han valido los narradores para relatar las situaciones de las obras. Convergen en las memorias situaciones intertextuales, polifonía y el uso diverso de otros textos que, como piezas, condensan los discursos dispersos en la mente de los narradores. El acto de narrar es un acto discursivo, para ello con van Dijk, el 1 Empleo la primera persona singular por tres razones. La primera de ellas es porque el análisis investigativo de esta tesis es producto mío, no oculto o invisibilizado en una impersonal lo que resulta falso. Tampoco se acuerpa en una ficticia primera persona plural, es una tesis individual. En los textos Reglamento de tesis del Sistema de Estudios de Posgrado y Formato de presentación de tesis (basado en la normativa correspondiente) no hay indicación que refiera el empleo de la persona en la redacción de dichos trabajos. En el primer texto, el Artículo 2 indica: “La tesis de grado es la culminación de un trabajo de investigación original” (1980, p. 1). Por lo anterior, empleo mi palabra, mi voz y mis ideas en la utilización de la primera persona singular, solo en algunas ocasiones utilizo la primera persona plural cuando me incluyo como lectora en las apreciaciones generales sobre las obras. 4 aporte del discurso como análisis crítico, permitió explorar los contextos, los tipos de discursos y la finalidad de estos en el universo narrado y para los sujetos mismos. El procedimiento expositivo incluye los siguientes apartados: la Introducción seguida del aparato teórico-metodológico. En él expongo el soporte teórico para el análisis del corpus. También se hallan los objetivos, el estado de la cuestión y la metodología. (Re) construcciones de una patria fracturada es el primer capítulo, trata cómo los narradores posicionados en coordenadas como la posguerra guatemalteca y en espacios geográficos, inician el recuento del pasado desde la inmediatez del tiempo presente. En él desarrollo la caracterización de los cuatro narradores como sujetos discursivos. El capítulo II, cuyo título es Crónicas de un pasado angustioso, lleva entre sus líneas un recorrido histórico paralelo al corpus en el empleo de la memoria. Posee cinco subapartados, cuatro de ellos sobre las décadas en las que la violencia de Estado se ensañó contra la población civil como forma de control. Es la expresión del terror, el acoso y la destrucción de las subjetividades colectivas plasmadas en textos como fichas, testimonios o recuerdos. Este capítulo se inmiscuye en las memorias individuales que van al unísono con las colectivas y las históricas. La apropiación del pasado como tarea escritural, personal o de exposición con rasgos detectivescos es el desarrollo del Capítulo III. Con lo anterior, evidencio que los narradores del corpus han hecho suyas las memorias colectivas, en la diversificación de las labores que el pasado de guerra en Guatemala mostró. Además dichas labores fueron asumidas por los narradores como mejor calzaron en sus mundos de vida y para las respuestas que deseaban obtener del tiempo ido. Por último, aparecen las Conclusiones y las Referencias. 5 Tema El papel de los narradores como sujetos reconstructores de las memorias en cuatro obras de la posguerra guatemalteca: ConPasión Absoluta (2005) de Carol Zardetto, Insensatez (2005) de Horacio Castellanos, El arte del asesinato político: ¿Quién mató al Obispo? (2009) de Francisco Goldman y El material humano (2009) de Rodrigo Rey Rosa. Definición y justificación del problema de investigación Con la posguerra, Guatemala entró a la experimentación de aparentes tiempos de tranquilidad social, los Acuerdos de Paz se habían cristalizado en el año 1996 y eran la señal de partida para una calma que la sociedad guatemalteca necesitaba después de más de tres décadas de luchas armadas. Acorde con el desarme de los grupos enfrentados en la guerra, las movilizaciones sociales, la reorganización de la institucionalidad castrense y las elecciones presidenciales hacia escenarios democráticos, la literatura de la región no se quedó atrás. Corría paralela en la desmovilización de otras formas de narrar; con el resurgimiento luego de las batallas armadas, los temas literarios tenían que suplir los vacíos que aún no subsanaba la pacificación. En el contexto anterior, surgen las obras literarias seleccionadas. ConPasión Absoluta le deparó el Premio Mario Monteforte Toledo a su autora Carol Zardetto en el año 2004, la novela es la revelación de un mundo matrilineal en donde el cierre de rachas de violencia corporal, psicológica y colectiva (con hechos reconocibles en la historia de Guatemala) se hace con la voz y la escritura de Irene Ferrara, su narradora y protagonista. A ella le toma un año calendario reunir la valentía para condensar su historia personal junto con la de sus familiares. Al lado de los procesos evocativos de tres generaciones, la novela conjunta un recorrido histórico desde la época colonial hasta después de los Acuerdos de Paz. Insensatez de Horacio Castellanos Moya, en cuya narración se reconoce un narrador de profesión filólogo oculto tras el anonimato, divaga en escenarios más públicos. El narrador socializa los terrores y traumas de los indígenas sobrevivientes de los genocidios ocurridos en la década de 1980, para cerrar con el asesinato del sacerdote católico, que a la cabeza de la ODHA en Guatemala, lo contrató. Similares en las tareas que ejecutan sus narradores, El arte del asesinato político: ¿Quién mató al Obispo? de Francisco Goldman y El material humano de Rodrigo Rey 6 Rosa se convierten en trabajos de la memoria, esto por cuanto, los protagonistas exploran en el pasado específico que arroja el AHPN y el crimen de Monseñor Gerardi Conedera. En la primera novela, el periodista marcha al unísono con el equipo especializado en la recolección de indicios de la ODHA con respecto del crimen del sacerdote sucedido en 1998. El copista de El material humano se sumerge en los pasillos laberínticos del AHPN en el año 2007, con el fin de obtener material acerca de la intelectualidad perseguida y desaparecida durante la guerra. La homologación en la escogencia de las obras se debe a que abordan entre sus líneas dos períodos diversos temporalmente, pero no por ello aislados: en el corpus los narradores fluyen en una transitividad continua, que son el momento mismo de la guerra y la posguerra, en tiempos iníciales de la pacificación. Al ser discursos transicionales, pasan indistintamente de uno al otro como una suerte de rompimiento de la dimensión espacio- temporal y, con esto, los narradores se constituyen en la generación bisagra (Hirsch, 2008, p. 103). Reconocibles como parte de esa generación, los narradores emplean los textos del pasado y los testimonios que compilan desde la oralidad, con seres cercanos o allegados a los hechos de violencia. Si bien es cierto aunque una de las obras fue escrita por una mujer y, de paso configura en la narración la presencia femenina con una narradora y protagonista, ConPasión Absoluta discurre paralela al resto de las novelas, es decir, el corpus concuerda en los acontecimientos narrados, los escenarios, los problemas y las actividades que la memoria les proveyó. No pretendo hacer una distinción literaria en quienes (dependiendo de la teoría de género), escribieron, sino en lo que escribieron como insumo para el análisis de las memorias. De las introducciones acerca del corpus elegido, puede colegirse que el pasado como motivo literario predomina en él. Por lo anterior, el problema de investigación planteado es cuál es el papel de los narradores como sujetos reconstructores de la memoria individual y colectiva en cuatro obras de la posguerra guatemalteca. Las razones que sustentan la investigación de dicho problema tienen como preludio diversos ejes que confluyen en la literatura centroamericana reciente. Uno de ellos es el ámbito histórico- político, pues las obras seleccionadas dan cuenta de la conflictiva situación vivida por Guatemala durante 36 años y de la herencia dejada por la guerra en las voces de los 7 narradores como parte del ejercicio de la memoria. Como producto literario retratan un período de las situaciones postconflicto, retroceden temporalmente para brindar a los lectores un desarrollo histórico rastreable desde la ficción. Por esas mismas razones y porque en ellas hay un tratamiento intertextual y referencial del Informe REMHI, la Memoria del Silencio y el AHPN, las obras en conjunción con la ficción literaria, sustentan la elección del tema. El Informe REMHI (1998) y la Memoria del Silencio (1997) son documentos rendidos por organizaciones instituidas en Guatemala luego del cese de los conflictos armados por anuencia y solicitud, tanto de organismos nacionales como internacionales. En el primer texto, se reconoce la labor de la ODHA y, en el segundo, de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH). El AHPN fue descubierto por un hecho fortuito en el año 2005. Este posee folios sobre ciudadanos que fueron clasificados, torturados, desaparecidos y asesinados desde finales del siglo XIX hasta 1997. La labor de ordenamiento, conservación y estudio aún continúa pues son millones los folios y las solicitudes por parte de los familiares de desaparecidos y de instituciones nacionales e internacionales de derechos humanos. En la consideración del diálogo que la memoria establece con la historia de Guatemala por un espacio de tiempo considerable, es preciso reconocer las fronteras que el análisis procura traspasar. La revisión e interrelación de las obras no se muestra en el plano conmemorativo que la memoria otorga a la historia como museos, monumentos, placas o los nombrados por Nora (2008) como “los lugares de la memoria”. Al contrario, la memoria sirve en las obras como transmisión y resignificación de hechos del pasado, en particular, aquellas épocas en las que la sociedad guatemalteca vivió bajo el manto del terror estatal porque el carácter para hacerlo lo otorga solo el tiempo presente. En cuanto al proceso reconstructivo de la memoria en las novelas, los narradores posicionados en distintos planos narrativos son el punto convergente del pasado colectivo, por lo que ellos asumen selectivamente qué compartir al lado de las memorias propias. Desde la concepción genettiana, se mueven en distintos espacios y tiempos o, en algunos casos, retrotraen acontecimientos con el fin de ilustrar la vivencia del presente. El papel ejecutado por ellos organiza el mundo narrado, renueva la inmediatez con las experiencias del pasado de la guerra y abren el umbral para pensar en las tareas pendientes del futuro. 8 Así también, la literatura centroamericana del presente siglo, con soporte en la memoria, ha sentado las bases para una discusión teórica-crítica que se encuentra en apogeo. La revisión de dicho debate desde las obras elegidas, supone intersecar la literatura con la memoria histórica, con la cual es posible reconocer que los narradores, como sujetos históricos, también han revisitado el pasado. Al calor de la literatura de posguerra, la memoria en Centroamérica ha colocado, en un espacio visible, discusiones acerca del nexo entre experiencias individuales con complejos textos de carácter político-social. De la mezcla anterior ha derivado la (re)construcción literaria que algunos teóricos han denominado nueva narrativa centroamericana. En la literatura se ha anclado, producto de coyunturas históricas de las guerras centroamericanas y de los procesos de pacificación, la memoria con otras formas narrativas, testigos y discursos, lo cual ha diversificado el acercamiento al pasado. La producción literaria ha heterogeneizado el remanente surgido de la colectividad, manifiesto en diversos géneros (novela, crónica, memorias, lírica, teatro, autobiografías, entre otros), para un encuentro entre grupos humanos que vivieron en algún momento aconteceres identitarios de su país y las personas que hoy los leen. Sabemos de otras formas posibles de que la memoria perdure en la ciudadanía como parte de la identidad nacional e individual (informes, certámenes literarios, premios, monumentos, entre otros), así la literatura se revela hoy como el medio para encauzar el pasado hacia un acto expresivo. Una característica que determina los hechos evocados, al calor de situaciones de violencia, es el tejido social mostrado en su estado más deteriorado por la violencia (la represión, el acoso, la persecución y los ataques de lesa humanidad). Es decir, en la literatura pueden acogerse experiencias individuales y colectivas de esas memorias en un interesante diálogo con la ficción y, de paso, (re)construir simbólicamente subjetividades desde la palabra. La narrativa centroamericana de posguerra, al decir de Mackenbach y Ortiz Wallner (2008a), evidencia una “ruptura de lo ‘público’ y lo ‘privado’ en tanto que las violencias se movilizan y atraviesan dinámicamente estos ámbitos” (p. 93). Enmarcada en el área de los Estudios Culturales, esta tesis aborda, desde una naturaleza interdisciplinaria, la alianza de la memoria y literatura para valorarlas en el producto en el que se fusionan: en este caso específico, obras de la narrativa centroamericana. En el corpus, los narradores evocan el pasado, posicionan en las 9 sociedades el acto constitutivo de la identidad, además, traen a la mesa dicha conexión, en la que resulta visible la cultura de la memoria, para germinar en distintas áreas del saber artístico-cultural de las naciones centroamericanas. La memoria también renueva la visión del tiempo pretérito en donde “el problema de la representación del pasado no comienza con la historia sino con la memoria” (Ricœur, 2007, p. 26); al decir del teórico, la memoria reconstruye frente al rol de la Historia como constructora. La primera puede volverse excusa para que los narradores reflexionen a la par de una historia oficial. Coincido con Baeza Ventura y Zimmerman (2009) cuando señalan, para los Estudios Culturales de la región centroamericana, la necesidad de “constituir una versión regional apropiada, adecuada y fructífera para examinar el pasado, el presente y el futuro de la realidad centroamericana” (p. xvii). Asimismo, parto de la idea de que la narrativa centroamericana de la memoria continúa escribiéndose en un transitar heterogéneo; obras como las seleccionadas (dentro de un variado corpus) representan una reposición de la literatura de la región desde el pasado. La reconstitución de la memoria en las sociedades de posguerra como la guatemalteca es, efectivamente, un transcurrir complejo encaminado desde los Estudios Culturales. Sirva esta tesis como la unión de cuatro obras de la posguerra, no hecha con anterioridad, para rastrear en la memoria un sentido de sobrevivencia sobrecogedora frente al horror producido por los monstruos en el pasado; además, para reflexionar desde un aporte particular con productos estético-literarios que se insertan en una serie más numerosa sobre la violencia de la guerra y la posguerra aún presentes en la narrativa regional. Finalmente, valorar en boca de los protagonistas, la utilidad del recuerdo en momentos en donde el desencanto, heredado de la guerra ha sido trastocado por otras utopías y tareas en función de un mejor futuro. Objetivos Objetivo general Analizar el papel de los narradores, en cuatro obras de la posguerra guatemalteca, como sujetos protagonistas discursivos para la reconstrucción de la memoria individual y colectiva. 10 Objetivos específicos 1. Identificar las circunstancias históricas, políticas e ideológicas en cuatro obras de la posguerra guatemalteca, para una contextualización enunciativa de los narradores en cuanto a la memoria. 2. Distinguir las reconstrucciones de los discursos de la memoria empleadas por los narradores como recursos ficcionales, intertextuales e históricos en el mundo narrado, en cuatro obras de la posguerra guatemalteca. 3. Establecer la utilidad de las memorias para los narradores como elemento reconstructivo en sus relatos, en cuatro obras de la posguerra guatemalteca. Estado de la cuestión El estado de la cuestión acoge entre sus líneas el desarrollo de lo general a lo particular. Por lo anterior, esta sección comprende tres divisiones internas: Acerca de la memoria como hecho social; Acerca de la literatura centroamericana y, finalmente, una revisión de lo que la crítica literaria ha escrito sobre el corpus de interés. Acerca de la memoria como hecho social Los estudios sobre la memoria representan un corpus complejo rastreable en el espacio y en el tiempo porque ha sido una inquietud de los seres humanos. La forma en que accedemos al pasado no siempre posee los mismos medios y fines. La organización de esta parte interrelaciona la bibliografía que ha teorizado acerca de la memoria, indistintamente si esta es individual o colectiva, y presupone, sin ningún afán de colocar en una jerarquía, los estudios efectuados para acontecimientos, enmarcados en la memoria, de conocimiento mundial como el Holocausto judío o las dictaduras en América Latina y las cercanas a nosotros. Tres órdenes diferentes abren este estudio: Le Goff (1991) postula que la memoria tiene sentido social y connota dos fenómenos: el psicológico y el biológico. Ambos son el resultado de sistemas de organización que, en su etapa inicial, se manifiestan en el lenguaje como almacenamiento de la memoria. En el texto hace un recorrido histórico-antropológico para configurar a la memoria como estructura colectiva con una revisión de los antiguos pensadores griegos. Por su lado, Todorov (2013) señala que abusar de la memoria es 11 nocivo, distingue dos modelos: la memoria literal caracterizada como portadora de riesgos y de rencor. La memoria ejemplar, por su parte es liberadora y ejemplarizante para la construcción colectiva de un mejor futuro. Nora (2008) devela una relación antinómica entre memoria e historia en la que la primera cumple distintas funciones sociales. Así, la memoria ha generado diversas discusiones sobre el carácter oscilante entre la objetividad de un hecho recordado y la subjetividad que permea el acto en sí, lo anterior lo exponen Sarlo (2006) y Jelin (2002). Esta última parte de tres tareas: la memoria como acto subjetivo, como elemento de discusión y, tercera, la historización de las memorias. De la misma autora junto con Azcárate (1991), se publica un artículo sugerente en cuanto al contexto revisado (Argentina) desde los entrecruzamientos de los derechos humanos y la democracia en la década de 1970, en los que la memoria colectiva entra en juego junto a demandas de no-olvido. Con aportes de teóricos como Bordieu, Todorov, Le Goff, Hobsbawm, Derrida y White, entre otros, está la publicación del Instituto Centroamericano de Prospectiva e Investigación (2005), cuyos ensayos discurren acerca de la historia, la memoria (individual y colectiva), el olvido y el perdón. Agamben (2007) sostiene la experiencia del ser humano como relato gracias al poder de la palabra. Enmarca este hecho desde una concepción de la historia, condicionada por la experiencia, que le permite al sujeto desde su yo individual elaborar y ser parte de la instancia de discurso. Menjívar Ochoa, Argueta y Solano (2005) revisan la interrelación memoria-historia en la que tarea pendiente es, para la región centroamericana, procurar democracias más inclusivas. Por su lado, Vásquez (2001) la analiza desde el imaginario social. La delimitación en el estudio y enfoque de la memoria en este trabajo de tesis contiene la particularidad de que es un proceso pensado desde situaciones de violencia, es una reconstrucción de hechos del pasado, cuya huella marcada por el terrorismo de Estado en sus distintas ramificaciones, dejó a una sociedad guatemalteca a inicios del siglo pasado, sumida en el trauma, el duelo, el silencio y el olvido. Por eso, hacia donde se encauza la revisión bibliográfica es hacia la vivencia de hechos excepcionales y trágicos como los denomina Todorov (2013, p. 20) en un eje espacio-temporal y con afectación de ciertas poblaciones. Esta distinción no es meramente subjetiva, sino que obedece a la memoria histórica perdurable en las naciones cuyos hechos de terrorismo no han subsanado, ya sea 12 por la impunidad de los delitos de lesa humanidad, ya por el desinterés de las entidades en la valoración de la memoria como parte del acervo cultural. A este respecto, menciono para el caso del genocidio judío durante la Segunda Guerra Mundial los textos de Adorno (2005) y Arendt (1981 y 2006). Los argumentos propuestos señalan que el poder ha llevado al exterminio de otras colectividades bajo mecanismos del horror, hecho que no debe repetirse, pero que no deja tampoco alternativa para pensar en la construcción de un mejor futuro. Solo, tal vez, la educación crítica posibilite que la humanidad no repita esos acontecimientos en aras de la convivencia pacífica, en la cual el papel preponderante esté en manos de la justicia. LaCapra (2005) puntualiza en el trauma como concepto y su representación histórica con los testimonios de sobrevivientes del Holocausto judío. Para ello, utiliza una revisión desde la teoría freudiana psicoanalítica con la finalidad de comprender, en un nivel pragmático, los hechos históricos significativos. Hirsch (2008), siempre en la línea del Holocausto judío, sostiene el concepto teórico sobre la segunda generación y la elección para constituir unas memorias por derecho propio, a esa generación se le considera como la intermediaria, la de otras memorias en conexión con los antepasados y los que ahora pueden concebirse como las futuras. Argumenta la autora que, con la transmisión intergeneracional, se ha constituido un vehículo valioso de los individuos que ha permitido integrar procesos de dolor. Asimismo, no deja de mostrar que a la luz de la evocación y del ejercicio de la memoria, los conceptos planteados son vigentes para la teorización de un recuento de los hechos pasados. Finalmente, el artículo de Lentin (2006) toma como base la obra de Agamben, entre otros teóricos, para analizar los testimonios de mujeres sobrevivientes en Transnistria (Ucrania). Con sus cuerpos, se contiene la construcción nacional, territorial e identitaria, que les permite generar una discusión acerca de la memoria y sus representaciones. Texto significativo por cuanto la memoria también se inscribe en el cuerpo humano. Del Cono Sur y en términos más contemporáneos, está de Allier Montano (2010), un libro cuyo fin es mostrar las luchas memoriales y los usos políticos del pasado en Uruguay. En Chile, Richard y Moreiras (2001) exponen una serie de ensayos científicos acerca de la postdictadura chilena desde una tónica reflexiva y crítica sobre pensar más que saber para, indefectiblemente, conocer sobre la violencia. Para Argentina, señalo a 13 Lorenzano y Buchenhorst (2007), quienes presentan aproximaciones teóricas y estéticas del pasado militar hechas en el presente como forma de renovación acerca de la violencia y la misma memoria. Destacan también los trabajos de Avelar (1999 y 2000), quien trata diversos procesos postdictatoriales en Brasil y Argentina. Jelin (1994) relaciona la memoria con los derechos humanos en la nación sudamericana, concluye que dicha sociedad no ha podido cerrar el duelo con los desaparecidos a pesar de que las instancias políticas presionen por un cierre del pasado. El tema intergeneracional, es por último, pero no por eso menos valioso tratado por Fried (2001). Por otra parte, en el contexto centroamericano desbordan aportes desde instituciones como la Asociación para el Avance en las Ciencias Sociales de Guatemala (AVANCSO) con una serie de ponencias recopiladas en el año 2006, cuyo título es Memoria e historia. Seminario Internacional en homenaje a Myrna Mack. Su figura sentó un precedente, que en manos de su hermana Hellen Mack, ha permanecido con exigencias civiles y reivindicaciones en el contexto de la posguerra guatemalteca en oposición a la impunidad. Por otro lado, Balsells (2001) interviene, desde un aporte ético, en la discusión social y política luego de la firma de los Acuerdos de Paz en Guatemala. Diversas contribuciones que apelan a la memoria, pero con sentido reconstructivo, coinciden en que, en las puertas de la posguerra, la nación guatemalteca no ha logrado más y mejores políticas tendientes a la reconstitución social y, con ella, la reelaboración del tejido social, entre esa línea sobresalen aportes como el de Mack (2005) y el de Pacheco, Acevedo y Galli (2002). En cuanto a la violencia estatal con las diversificaciones que el sistema castrense y el movimiento guerrillero manifestaron, sobresalen estudios desde visiones antropológicas como el ejecutado por Manz (2010) que refiere la matanza de Panzós en 1978. Nelson (2009) concluye que las jóvenes generaciones de la posguerra guatemalteca entrecruzan las vivencias de cintas estadounidenses de terror para apropiarse del horror vivido por sus progenitores. López García, Bastos y Camus (2009), como editores, recopilan diversos artículos que contextualizan la violencia tanto de Estado durante los enfrentamientos armados como la que degeneró en la posguerra con los linchamientos populares. Brett (2007) y Casaús (2011) remiten a la especificidad de la Tierra arrasada que, en la década de 1980, fueron el objetivo militar del Ejército guatemalteco. 14 La memoria histórica a prueba. Reflexiones sobre la muerte, la verdad y la reconciliación nacional (1999) por su carácter reciente, luego de los Acuerdos de Paz, procura el perdón en la reconstrucción democrática de Guatemala, el texto, según FLACSO, pretende abrir el debate de tareas emergentes que la pacificación lleva consigo. El estudio de Moller y Bazzy (2009) destaca del resto de las obras en cuanto a los testimonios y al registro fotográfico de las poblaciones que, en el contexto de la guerra, tuvieron que desplazarse como forma de supervivencia. Otro aporte fotográfico es el de Simon (2012), en cuya Introducción leemos “Las imágenes … no pretenden ofrecer una profunda perspicacia respecto del pasado … su valor reside en el hecho de que existen” (p. 15). Por último, cabe la consideración de dos textos, que en la dinámica social guatemalteca no pueden obviarse: Sanford (2004 y 2008). Esta autora subraya el carácter de una sociedad excluyente, cuyo poder político y militar terminó de aislar a etnias indígenas. En el primer libro, Sanford recopiló testimonios de indígenas desplazados por el horror, mientras que, en el segundo, reconoce un sistema patriarcal en el que, a pesar de la finalización de la guerra, persiste como herencia. En cuanto a producciones cinematográficas, destaco el documental realizado por Stelzner (2010), en él se retrata, desde dos visiones antinómicas, el espacio de La Isla (antiguo centro de tortura), pero al mismo tiempo es el sitio que resguarda documentación de la memoria histórica de Guatemala cuando fue ocupado por la Policía Nacional. Con un tono más intimista, Cuevas (2011) ilustra el recorrido tortuoso para saber de familiares desaparecidos. En otra línea, pero esta vez desde los Informes de la Verdad, acentúo el papel que los organismos gubernamentales y no gubernamentales (nacionales e internacionales) tuvieron en la constitución de las Comisiones de la Verdad. Los documentos, como ejercicios de la memoria, tratan de subsanar en el ámbito individual y colectivo, mediante la palabra, los traumas sociales e íntimos o, en el mejor de los casos, instituir cauces para la búsqueda de la justicia y la verdad. Posterior a la firma de los Acuerdos de Paz, en Guatemala se publican Memoria del Silencio (1997) y el Informe REMHI (1998). En el primero, el trabajo fue producto de un acuerdo firmado en Noruega (23 de junio de 1994), cuyo alcance pretendía responder a 15 interrogantes que, en el seno de la sociedad guatemalteca, se maduraban; consta de doce tomos. En el año 2009, con Prólogo de Torres-Rivas, la CEH publica Conflicto armado interno y denegación de la justicia. Guatemala memoria del silencio como un aporte paralelo con carácter jurídico al Informe brindado en 1997. La ODHA en la cabeza de Monseñor Juan José Gerardi Conedera logró la publicación del Informe Guatemala Nunca Más (REMHI) en 1998. El Informe registra cuatro tomos. Además, cabe mencionar el AHPN2, centro documental que alberga millones de folios. Los documentos de todo formato, dimensión y fines datan desde finales del siglo XIX y cierran aproximadamente en el año 1997, aún después de la pacificación. La digitalización que han procurado archivistas, historiadores, especialistas forenses y voluntarios es lo que ha facilitado el acceso a algunos documentos; dicha labor hiperbólica no termina aún en el momento de escritura de esta tesis. Paralelo al Archivo, subyace el Diario Militar, con la segunda publicación (2011) por parte de la Secretaría de la Paz de la Presidencia de la República. Bajo la égida de la Doctrina de Seguridad Nacional, el Diario consignó aproximadamente más de un centenar de datos acerca de los considerados enemigos públicos, cuyos finales coinciden en secuestros, torturas, desapariciones y asesinatos. Dobles Oropeza (2009) cierra este rastreo con un libro significativo, por cuanto, desde una revisión exhaustiva, examina la institucionalidad de las Comisiones de la Verdad. Realiza un recorrido que supone la teorización de la memoria para, en el contexto latinoamericano (Argentina, Chile, El Salvador, Guatemala, Perú y Uruguay) evaluar la funcionalidad de las Comisiones de la Verdad. Acerca de la literatura centroamericana En cuanto a la literatura centroamericana, la memoria ha estado presente desde el género literario testimonial, tan emblemático de la región; quizás el texto más reconocido por la crítica, que le valió, junto con su defensa de los derechos humanos, el Premio Nobel de la Paz (1992) a Rigoberta Menchú, sea Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia (1985). Dicho testimonio al igual que La montaña es algo más que una inmensa estepa verde (1982) de Cabezas, No me agarran viva. La mujer salvadoreña en la lucha 2 https://ahpn.lib.utexas.edu/es 16 (1983) de Alegría y Flakoll (1983) o, Dalton con Miguel Mármol: los sucesos de 1932 en El Salvador (1999) sitúan un acto escritural y de recuperación del pasado con carácter emergente en la palestra internacional. La memoria, como recurso humano de acercamiento al tiempo pretérito, es heredera de los hechos retratados en los testimonios de las décadas de finales del siglo XX, lo que separa ambas manifestaciones literarias es el reposo del pasado. Con el cese del conflicto armado interno en Guatemala surgió un período de posguerra, que puede datarse después de los Acuerdos de Paz y continúa en tránsito. Quizá no en la misma dimensión en que vio la luz el género testimonial, la literatura de posguerra supo posicionarse como producción estético-literaria. También, la posmodernidad contribuyó en el derrumbe de algunos esquemas; otros con formas renovadas proveyeron materiales, insumos y recursos para generarla. Los sujetos centroamericanos que vivieron el conflicto armado no eran los mismos que en el presente siglo escribieron acerca de sus naciones para la reconstrucción material y subjetiva. El conflicto armado trastocó escrituras y a quienes las crearon y las leyeron. De esta manera, son valiosos los textos críticos compilados, desde la historiografía literaria centroamericana, en cuyas líneas hay aportes acerca de la historia, la literatura y la memoria. Algunas participaciones poseen la especificidad de que estudian el corpus de esta tesis. Hacia una Historia de las Literaturas Centroamericanas, como proyecto interdisciplinario de la región posee hasta el momento cuatro tomos editados (2008, 2009, 2012 y 2018). Las publicaciones, como en el primer libro, responden a una necesidad del istmo en cuanto a la historiografía literaria y las múltiples interrogantes para pensar la literatura centroamericana. Asimismo, el segundo tomo presenta una serie de ensayos críticos acerca del advenimiento de la Modernidad en la región y sus repercusiones, las cuales, hasta finales del siglo anterior, se hicieron evidentes en el campo cultural. Por su parte, el tercer tomo “gravita en torno a las sensibilidades de la posguerra centroamericana, su constitución y configuración” (contraportada). Ligados por la política y la literatura, los estudios del último tomo, transitan por un período álgido para la vida política del istmo como las décadas de 1950 hasta la de 1990 (2018, p. xi). A ese período se le adicionan aportes de crítica literaria acerca de la novela histórica y la memoria, como actos escriturales de la historia. 17 Cortez (2010) y Ortiz Wallner (2012a) suman otros estudios respecto de la posguerra. El primero de ellos discute acerca de la ubicación cronológica que, para la autora, se gestó a mediados del siglo XX en la región centroamericana. A Cortez, en un primer momento, le interesa analizar en el corpus escogido por ella, lo que trasciende más allá de la cultura de guerra y posguerra en los personajes literarios; ahonda en la construcción de la subjetividad enraizada en la psique de los sujetos. En el segundo texto hay una revisión crítica literaria de una serie de obras de la región producidas entre los años de 1985 y 2006, años de guerra y posguerra con lo que evidencia “un complejo entramado cultural y de representaciones que muestra, cuestiona, subvierte y pervierte las claves de los procesos sociales e históricos dominantes” (2012a, p. 17). En otro texto Ortiz Wallner (2002b) señala que “la complejidad de nombrar y aprehender la novela centroamericana de posguerra, estas escrituras en proceso, abre nuevas interrogantes al trabajo crítico sobre las literaturas de la región” [el destacado es del original] (párr. 5). Sobre esto, es valioso engranar la investigación, pues se está ante la complejización de ficcionalizar hechos ya sucedidos desde estructuras no definidas y diversas. Mackenbach (2004) arguye líneas de pensamiento y de praxis para la construcción narrativa, discute sobre el tópico de la literatura centroamericana contemporánea con dos inquietudes: ¿desde qué categorías pensamos las literaturas centroamericanas contemporáneas? ¿A qué temática o motivo responden esas literaturas que se producen actualmente? El estudioso deja abiertas las propuestas para repensar las categorías constitutivas de las producciones literarias de Centroamérica con un canon y desde un tema en particular. En otro texto, Mackenbach (2007) trata la línea narrativa seguida en Centroamérica en cuanto a la violencia, en él define la literatura como lugar de la violencia. Desde la asunción teórica de Sarlo, Ricœur y Dobles Oropeza, Mackenbach (2012) determina la dinámica y constante convergencia de los términos historia, memoria y ficción desde cuatro estudios propuestos a la luz de varias obras narrativas centroamericanas: el testimonio, las memorias individuales, los informes de la verdad y las novelas. Llega a la conclusión de que, efectivamente, en el cotejo de los términos surge una producción literaria valiosa que ha supuesto experiencias experimentales de proyectos personales (como en el caso de las memorias individuales) y ficcionales en el caso de las construcciones novelísticas escritas desde la dinámica de los paratextos e intertextos de los 18 Informes y las Comisiones de la Verdad en la región. Artículo valioso que permite asimilar la hibridez y construcción de las obras escogidas porque ordena la producción literaria de la región centroamericana a partir de la memoria y la valoración e incidencia que esta ha representado desde finales del siglo pasado. Kohut (2004a, 2004b) discurre en presupuestos teóricos con el fin de definir el punto medio que la literatura ha generado entre la memoria y la historia, en el primer texto, condensa teóricamente la historiografía de la literatura con categorías como la narración y la ficción. En el segundo ahonda en las funciones de la narración y la ficción tanto para los historiadores que narran, como para quienes escriben novela histórica. La riqueza que el estado de la cuestión propone es tal, que incluso hay espacio para aportes críticos acerca de la discusión teórica que una literatura guatemalteca pueda representar, tanto material como estéticamente en la región centroamericana. Así entonces Liano (2007) discurre metafóricamente desde la fragmentación colonial que la tierra y la etnia han extendido hasta el siglo presente. Perdida entre fronteras identitarias, la literatura guatemalteca sucumbe al mercado que, en el siglo XXI, erige consumos y necesidades. Acerca del corpus Dadas las similitudes, hay estudios que abordan el corpus desde temas comunes; en algunos casos, hay referencias de las obras en cuanto a los narradores. Para la novela de Goldman los artículos son escasos, probablemente debido a su publicación primero en inglés que retardó la recepción y lectura en Guatemala. Por constitución del apartado que me ocupa, he procurado abarcar la totalidad de la crítica al alcance: distingo en algunos casos, análisis tratados conjuntamente, otros en forma aislada. La novela de Zardetto es un acercamiento complejo al pasado individual, familiar y nacional de la protagonista (Irene). Es, además, un mosaico que pretende alcanzar la unidad de sentido en la exploración fragmentada de las memorias. Sobresalen los recursos estilísticos empleados por Zardetto, que destacan Marchio (2015) y Grinberg Pla (2008). Para la primera de las críticas literarias, la intertextualidad como recurso, posibilita un distanciamiento que es a la vez de la protagonista principal y de la escritora en la obra. Mientras que, para Grinberg Pla, hay una configuración del acto circular anclado en el pasado, característico de la exploración autobiográfica, esto produce una construcción 19 identitaria. Calderón-Rojas (2015) homologa con recursos lingüísticos la relación que Marchio hizo notar con la novela. La construcción también fragmentada de Irene es analogía del resquebrajamiento del Estado guatemalteco, que ya se había anunciado con el trance de muerte de la abuela Toya (pp. 23-24). Es entonces, el cruce de lo personal con la historia. Spiller (2015) centra el interés en la memoria desde las tareas cognitivas y reflexivas, revisa la novela junto con otras de Castellanos y Rey Rosa, pero lo hace desde el mundo inconsciente con el sueño y la pesadilla. El estudio de maestría de Maldonado Paz de Lendl (2010) concentra los ejes en la memoria cultural e histórica de Irene, con énfasis en los aspectos identitarios (etnia, género, condición social y papel dentro del núcleo familiar). Si bien considera a nivel macro la historia de Guatemala, asume en todo momento la imagen de la autora, sin separarla de la narradora por lo que “La Historia de Guatemala abre un canal en la obra de Carol Zardetto, la memoria de almacenación le ha permitido a la autora construir una novela de ficción con un eje principal, el de la Historia del país” (p. 78). Situada en un espacio de globalización y neoliberalismo, en analogía con la Malinche como personaje histórico recuperable, Irene se debate ante el amante extranjero, esa situación le devela luchas psicológicas que debe librar; esa es la postura de análisis que Nixon (2014) desarrolló. La autora concluye que el paraíso conocido por Irene se destruye con las figuras de los pater familias, lo que le corresponde a la protagonista es reconstruirse desde los lazos familiares (párr. 16). Jara Quesada (2008) explicita una contribución desde la memoria y el olvido, ambos extremos se tensionan en la función narrativa. La novela, para Jara Quesada es un enunciado “recuperable por pedazos, así como la memoria de Guatemala … y, consecuentemente, la alternancia de recuerdos personales con hechos de la historia política guatemalteca” (p. 3337). Alrededor de Insensatez gravitan críticas y estudios predominantes en la figura del narrador, quien navega por los testimonios que corrige estilísticamente. Los autores de los artículos pretenden una caracterización bajo el influjo de la posguerra guatemalteca junto con los textos de dolor que el personaje protagonista socializa cuando los lee en voz alta y recita, cuales versos, a desconocidos. 20 Los estudios coincidentes en la figura del narrador señalan el cinismo (Cortez, 2010) en el narrador. Kokotovic (2009) considera que el empleo de la primera persona permite la identificación del lector con el hablante, el recurso del testimonio (señalado con fragmentos de indígenas sobrevivientes de las masacres) genera la apropiación de los recursos orales desde dos ámbitos: retratan la guerra −lo que considera no ficción− y convierten al narrador en un lector de testimonios con una carga de cinismo (pp. 547-548). Además, no hay una transformación del narrador como lo indica Hass (2010). Si bien es cierto que lee y copia los testimonios, estos no conllevan un efecto positivo o catártico para el corrector de estilo (p. 178). No se conmueve o busca a los culpables de las atrocidades cometidas durante el conflicto armado interno y la impunidad continúa sobre la palestra. En una reseña de Bermúdez (2006) se revela la presencia de sesgos autobiográficos del autor, en cuya caracterización se reconoce “como erotómano voraz” (p. 187). Grinberg Pla (2007) muestra dos tesis con respecto a la posguerra guatemalteca: el trauma que el escritor abre tanto para los que sufrieron y vivieron la violencia como para los que la infligieron con la frase repetitiva de un indígena sobreviviente. La identificación, es el segundo punto, paralela a la imaginación, juntas contribuyen a que los lectores conozcan hechos acaecidos. Fallas (2011) conjunta Insensatez y El material humano en cuanto al término poéticas de la memoria, estas describen con horror los hechos violentos en los cuales se hallan tanto los sujetos que son narrados, como los que terminan por narrarlos. Discute a partir de las premisas teóricas de Deleuze y Guattari, las tendencias en la narrativa denominadas literaturas rizomáticas o nomádicas, así como la literatura menor, modelos en los que encajan ambas novelas. Gras (2005, p. 166) reseña la novela, en ella refiere una voz testimonial que une los testimonios de las víctimas con personajes ficcionales. Jastrzębska (2012a) enfatiza el género de novela negra que permite difuminar fronteras de la historia, la política y la ficción. Ratifica la paranoia como un espacio de amenaza que se cierne sobre los protagonistas y un delirio en el desciframiento de hechos alejados y extraños a sus labores de escritores intelectuales, esa es la tónica de los narradores en Insensatez y El material humano. En cambio, Jossa (2013) acota que hay una división entre el autor y el escritor explicitada con dos ideas, en donde “el intento del autor es precisamente disminuir el papel del escritor con respecto a la tarea de transmitir la 21 memoria histórica” (p. 37), para ello emplea el humor y el sarcasmo con una actitud “decididamente autorreferencial” (p. 37). El narrador con el uso del sarcasmo integra, al decir de la teórica, la historia, la memoria y la literatura. Con respecto de El material humano, cuyo análisis une al anterior, Jossa menciona que el narrador guarda distancia de la memoria (las fichas que ha hallado en el Archivo) para dar cabida “a la dimensión íntima y personal de su vida” (p. 53), con esto abandona las memorias paralelas que solo al inicio de la obra llegaron a tocarse. Por último, Buiza (2013) estima el trauma como construcción poética en el discurso del narrador. Este nexo logra transformar al sujeto que narra a “to a poetics of affect that enables him to understand the trauma of the other to the point where he begins to share in and internalize it [una poética del afecto que le permite comprender el trauma del otro hasta el punto en que comienza a compartirlo e interiorizarlo]” (p. 156). También en la misma línea escritural, textos como el de Besse (2009) subraya el vínculo que la escritura y la violencia posibilitan cuando de las memorias del horror se trata: es decir, la palabra y la enunciación de los crímenes es poder regenerador de las subjetividades, “la escritura puede despertar conciencias” (párr. 33). Finalmente, para la novela de Castellanos Moya comparto los estudios doctorales de Herrera Montero (2010) y Severyn (2011). El primero teoriza desde el cuerpo y la subjetividad en la coyuntura contemporánea, con ese presupuesto considera que, en Insensatez, como otras obras revisadas, hay cuerpos marginales. La particularidad, coincidente con los propósitos de esta tesis es el empleo figurativo y literario de las frases testimoniales que el narrador procura comunicar. No obstante, la referencialidad de esas enunciaciones de los indígenas leídas por el narrador está vacía de cuerpos o, en su caso, de fragmentos corporales. Concluye que en “forma intencional el texto enfatiza, no en el carácter de denuncia social ni de información verídica de estos fragmentos testimoniales, sino, por el contrario, en el carácter poético de su palabra” (p. 322). Severyn (2011) parte del supuesto de que hay obras literarias, como el corpus revisado por él, en las que la interacción con la historia tiene referentes comprometidos. Asimismo, señala que el narrador es mediador de un proceso metatestimonial ficticio (p. 9); es decir, el protagonista recupera de un primer discurso, otra versión que comparte a los lectores para concluir que “this novel will continue to bridge the old and new generations of 22 literature, as well as mark other genres due to the intrinsic nature of the hybridity of Insensatez [esta novela seguirá uniendo las viejas y nuevas generaciones de la literatura, además de marcar otros géneros debido a la naturaleza intrínseca de la hibridación de Insensatez]” (p. 34). Otro estudio doctoral, más reciente, de Detry (2019) se centra en los estereotipos que acompañan dos novelas de Castellanos Moya, para ello cuenta con las contribuciones teóricas acerca del estereotipo, particularizado para la narrativa latinoamericana, con Amossy, Herschberg-Pierrot, Maingueneau, Angenot y Dufays. La autora propone que el narrador muestra estereotipos en relación con las personas, vinculados también con los lugares y, por último, en conexión con la cultura. Este lastre es producto de lo que Detry determina como una manera en la que el autor “quiere enseñarnos que, para sobrevivir e ir adelante, se tiene que borrar estas representaciones, aunque son las consecuencias de los actos de violencia que tuvieron lugar en el país” (p. 88). Pezzè (2016a) propone un artículo en el que, como es la tónica de algunos tratados en el estado de la cuestión, compara las obras de Castellanos Moya y Rey Rosa. En él sustenta que los hechos de la guerra civil centroamericana dejan resabios que luego, trasladados al espacio literario, se constituyen en recursos estilísticos, emplea a Blachot con el texto L’écriture du désastre (1980). Señala que la novela “al empujar la imposibilidad del testimonio (o de su falsificación) hasta dimensiones neuróticas, responde muy bien a las interrogantes que se nos presentan al considerar la escritura del desastre como tentativa (imposible) de racionalización social del mismo” (p. 13), lo cual frustra la recuperación de la memoria desde la escritura de la gran obra que el protagonista anheló hacer. Coello Gutiérrez (2009) expone “los antihéroes no pertenecen, pues, al gremio de los que hacen las leyes ni de los que aspiran a hacerlas. Han descubierto un campo neutral, que es el de la comedia” (p. 16), en el que el narrador de Insensatez alude a figuras esperpénticas, ironiza con crímenes que desea cometer y oscila entre el hastío que su labor le deja. Para cerrar este estudio, menciono a Voionmaa (2011), cuyo texto presupone que el narrador de Insensatez, desde la teorización de Sloterdijk se sumerge en la metanoia, “la creación de un nuevo pensamiento y la re evaluación de la ‘gramática moral’” (p. 179). Enfatiza, desde ese eje, que el protagonista, imbuido en cierta paranoia, no afronta la 23 realidad ni de los testimonios que lee ni las vivencias propias. Torres (2019) determina que la Modernidad degeneró en el contexto guatemalteco del conflicto armado. Los requerimientos étnicos y éticos son herencia que, en las enunciaciones repetidas por el narrador, se vuelven factuales. Es decir, hay un traslado de una violencia moderna, que el protagonista corrige o intenta hacerlo. Cuando cierra la novela, el narrador pasa a formar parte de “la migración, tanto metafórica como real, de las personas víctimas de las políticas que han llegado a caracterizar la modernidad capitalista” (p. 114). En esa misma línea, Vila (2014) reconoce la sobreimposición de la voz del narrador sobre la de los testimonios que lee y corrige (p. 564) en una narrativa producto de una territorialidad fragmentada. El arte del asesinato político: ¿Quién mató al Obispo? fue para Shifter (2009) la primera obra de no ficción del escritor. Pezzè (2016b) determina la labor detectivesca del escritor que guarda distancia con respecto de las novelas de Castellanos y Rey Rosa, porque es “el único que persigue una actitud positiva hacia la realidad circundante ... ya que los otros dos se hunden en el torbellino de sus hipótesis paranoicas” (p. 132). Asimismo, el análisis es crítico acerca de cuánta carga subjetiva (que se cuela en el título mismo de la obra) termina por permear la investigación detectivesca con un final anticipado. Pezzè (2018) articula esta obra literaria en el apartado El policial de no ficción en donde se dedica teórica y metodológicamente a considerarla dentro de un corpus de otras producciones literarias centroamericanas representativas del género policial. Valora el esfuerzo documental del narrador en la recopilación del material, considera que hay un sesgo subjetivo que se coló “por su identidad de guatemalteco politizado” (p. 201). Finalmente, Rodríguez (2014) se sirve de la discusión de los derechos humanos, la memoria y la ciudadanía para considerar que la crónica de Goldman, junto con Insensatez y El material humano, son producto de un “social universe narrated by these three ‘moral entrepreneurs’" [universo social narrado por estos tres emprendedores morales] (p. 93), universo que "is psychotic or at least perverse" [es psicótico o al menos perverso]” (p. 93). Ahonda en el texto de Goldman con la consideración de la memoria dentro de los archivos que instituciones y el Estado guatemalteco mismo han ocultado como mecanismos para su verdad. Estos ocultamientos son posibilidades de las que se sirvió el narrador y el panorama perverso de un Estado criminal. 24 El material humano de Rey Rosa guarda semejanzas con Insensatez, razón que ha generado estudios comparativos acerca de sus narradores y de ciertos intereses comunes que la crítica centroamericana e internacional les han señalado. Con respecto de la imagen y las funciones del narrador, expongo el estudio de Hass (2010), quien afirma que “el protagonista y narrador de la novela es un alter ego del autor” (p. 178). Sobre ello, coinciden Weitzdörfer (2010), Bada (2010) y Urbina (2017), pero este último, lo denomina autor implícito (p. 292), cuyo trasfondo de análisis es semiótico. Jastrzębska (2012b) determina que la novela de Rey Rosa e Insensatez “comparten la característica, ya traída a colación, de narrar en primera persona una historia que, por lo menos, al principio, no es la del narrador y se centra en un enigma o en un sujeto concreto” (p. 340). Martinetto entrevista a Rodrigo Rey Rosa en el 2012, quien se refiere a El material humano como diario de apuntes y experimento de la autoficción. Monterroso (2011) señala tres aspectos clave con respecto de la novela: la conformación del narrador y de la obra misma es el primer punto. El origen del material narrable, es decir, aspectos autobiográficos anexados a hechos violentos de Guatemala el segundo y, la autoficción es el último, el cual se rompe en un punto de la novela cuando a Rey Rosa ya no lo dejan entrar al Archivo y la inclinación hacia el género policiaco (p. 126). Goldman junto con Robins (2013) entrevistan a Rey Rosa acerca del proceso creativo de la novela y de otras más del mismo autor, en donde la memoria y “the way in which people change things they've lived through—as the years pass and they have to recount them—all of that is fictionalizing too [la forma en que las personas cambian las cosas que han vivido- a medida que pasan los años y tienen que contarlas- todo eso también es ficticio]” (p. 72). La entrevista culmina con la tarea de dilucidar qué es la ficción y la realidad en los mundos mostrados, recurso narrativo interrelacionado con la vida de Rey Rosa y sus publicaciones. Para las novelas Insensatez y El material humano es coincidente el enfoque que se ha hecho de ellas acerca del género policial o de cuasi novelas negras en la narrativa de la región centroamericana. Esta línea de estudio considera, desde análisis semióticos, a las anteriores obras como ejercicios del género policial en los que la maraña de la violencia, la memoria y la complejidad del inconsciente devienen en los productos literarios. En eso coinciden Spiller (2015) y Schelonka (2017). El primero descubre que los narradores 25 asumen funciones detectivescas que los sumergen en el pasado de la nación guatemalteca, solo que, para el caso de la novela de Rey Rosa, los sueños (manifestación constante del personaje protagonista) develan interconexiones con la vida del autor (p. 190). Por otro lado, escribe Schelonka, ambas producciones literarias “revelan otra faceta de este mundo: un mundo democrático no libera a los ciudadanos de esta paranoia” (2017, p. 55), es por esto que los personajes protagonistas miran el pasado como recurso para hallar culpables. Kokotovic (2016) caracteriza al personaje protagonista “like the novel’s author, the narrator of El material humano is a cosmopolitan writer from the Guatemalan elite [como el autor de la novela, el narrador de El material humano es un escritor cosmopolita de la élite guatemalteca]” (p. 83), quien sumergido en el Archivo, cual laberinto literario, abre las puertas de un sistema de poder que aún afecta a la sociedad guatemalteca. Jossa (2013) por su lado, vincula el testimonio, la ficción y la historia en el estudio comparativo de ambas obras, coincidentes en varios aspectos tanto formales como de fondo. Además, con respecto a El material humano acota que el narrador guarda con el autor nexos rastreables en el mundo narrado (pp. 49-50). Oña Álava (2015) revisa las novelas Insensatez y El material humano. Para ambas producciones literarias, dictamina que el archivo público (tanto el REMHI como el AHPN) contribuyen para que los dos narradores se alejen de las voces empleadas como testimonios. Escribe, para el caso de la novela de Rey Rosa, “los comentarios y opiniones, los distintos registros que apelan a la memoria se los deja a otras voces, no recaen en la primera persona que lleva adelante el diario” (párr. 8). Pezzè (2018) coincide en que los narradores, no solo revisan desde distintas aristas fragmentos de testimonios no recabados por ellos, sino que sitúan en un espacio aislado a la memoria para, finalmente, por circunstancias disímiles huir de los escenarios en los que se hallaban (el Arzobispado y el Archivo). Las novelas conjuntan una visión paranoica y biopolítica de sus narradores, en la cual “el testimonio y el policial interactúan en la representación de unas sociedades en las que la interpretación del pasado es sumamente compleja” (p. 270). Hay un estudio de Spiller (2017), cuya exploración liga el texto cinematográfico con el literario en el punto de la memoria y del archivo como sitio espectral. Al respecto Spiller acota que el sabor del Archivo (como en un juego metafórico) se traslada al saber (p. 110) por lo que el narrador transita en sus pasillos para develar traumas colectivos. Pezzè 26 (2016a) remite a los deseos de escritura que el narrador en El material humano tiene, pero que, en el borde del abismo, “se traban en la imposibilidad de constituir un texto apto para ordenar los múltiples puntos de vista sobre el archivo” (p. 11). Pérez (2019) publica una exploración de la memoria desde el duelo, por cuanto el narrador, quien tiene acceso al Archivo y con él a las fichas de personas ya fallecidas, no logra transmutar la voz de quienes fueron subsumidos en una lógica de poder estatal (p. 26). Efectuada la exploración bibliográfica para el presente estado de la cuestión, expongo los puntos en los que converge el material revisado, con la finalidad de determinar ejes clave que los ligan a la memoria: 1. A pesar de la distancia espacio-temporal, la memoria cuando se vivencia, se experimenta y se recuerda sustenta dos funciones comunicables: la memoria individual y colectiva. Por eso, he procurado integrar estudios desde políticas de exterminio (como el Holocausto judío), pasando por los períodos dictatoriales del Cono Sur similares en productos, resultados y falencias. Las memorias, sean del orden que sean, perviven a pesar del dolor, el trauma, el silencio o el olvido. 2. Para la producción literaria centroamericana de posguerra el camino sigue en construcción desde cánones, categorías y temáticas. Es decir, es un continuum en el que han entrado tendencias, géneros literarios y escritores. No obstante, hay una preferencia a mostrar una caracterización de la violencia –resabio persistente de los problemas de la región– con diferentes ramificaciones (es la guerra, la posguerra y la violencia del presente siglo). La memoria y, por lo tanto, la vuelta al pasado como recurso literario es, hoy por hoy, emergente en la producción literaria, diversifica otras tendencias que ya estaban agotadas, tanto literarias como estéticamente. Que una construcción literariamente enmarañada muestre el resquebrajamiento que aún no ha sanado luego de los conflictos armados parece ser la norma. La novela centroamericana de posguerra, como el término más acuñado y preciso en esta revisión bibliográfica, revela intersticialmente un punto de encuentro en cuanto a las épocas y contextos que la precedieron (finales del siglo XX en países como El Salvador, Guatemala y Nicaragua) y el siglo presente. Aunque los teóricos, analistas y literatos denominen posguerra a ese espacio, que se supone, significaría el fin de los conflictos armados y la deposición de las armas, es en realidad un leiv motiv persistente 27 en la literatura, es una estética, un locus, un referente y un intertexto histórico. Mackenbach (2007) denominó la literatura como lugar de la violencia. 3. Con respecto del corpus, el panorama es más amplio pero similar. En ConPasión Absoluta se enfatiza la funcionalidad narrativa de Irene que logra conglomerar con profusa descripción, con más recursos estéticos y estilísticos, la historia personal, familiar y nacional desde una revisión histórica. La intertextualidad de textos históricos y el desarrollo subjetivo del hilo de la memoria le confieren a la obra, un sentido identitario que retrata el siglo pasado y el presente. En Insensatez, El material humano y El arte del asesinato político: ¿Quién mató al Obispo?, por otro lado, la balanza se inclina a considerar las producciones literarias dentro del género policial. Un metódico y sistemático acercamiento a la memoria, en función de situaciones particulares personales, prevalece en la línea argumental de análisis de los narradores como investigadores. No obstante, los enfoques que la crítica y la revisión académica han hecho del corpus son significativos y continuos. A casi dos décadas de la publicación de la primera novela seleccionada, la academia reelabora nuevas lecturas de ella y del resto de las obras, por lo que resulta significativo que, en el plano político por ejemplo, con la consecución de los derechos humanos, del planteamiento de juicios por genocidio en Guatemala y de la búsqueda de fosas comunes, la literatura y la crítica no han olvidado ni los hechos de violencia del conflicto armado ni las reescrituras que se hicieron del pasado. Finalmente, los ejes revisados guardan concordancia con el presente estudio; no obstante, los autores leídos no exploran con profundidad el papel de los narradores en la constitución de la memoria presente en el corpus seleccionado ni en cómo esta convierte el acto enunciativo en la unión de diversas memorias y la utilidad para tal acción. La mayoría de los textos gravitan en el acercamiento a los hechos de violencia por el peso del contexto mismo (la sociedad guatemalteca de posguerra) y el valor de inscripción en el ámbito literario centroamericano. A pesar de la variedad, la violencia como eje estructurante está presente en las novelas y sobresale la memoria como praxis para lograr atacar el olvido y la impunidad de las situaciones de conflicto vividas en los países centroamericanos. 28 Marco teórico Este marco teórico transita con las teorías desde dos ámbitos: Interrelaciones de la memoria y, Sobre narratología. El desarrollo no es aislado, al contrario, sobre la marcha discursiva teórica que el apartado exige, he yuxtapuesto a los teóricos consultados, sus textos y sus contribuciones para dilucidar el marco general en el que se asienta la tesis. Las conceptualizaciones clave aparecen organizadas de lo general a lo particular, para manifestar la pertinencia y la relevancia junto con alusiones de las obras. Sin esas consideraciones, los términos aislados y desconectados del corpus seleccionado carecen de sentido. Interrelaciones de la memoria En la consideración de esta parte, los teóricos empleados son Halbwachs (Francia, 1877-1945), Ricœur (Francia, 1913-2005) y Jelin (Argentina, 1941-). La elección de ellos se debe a que Halbwachs teoriza acerca de la memoria en el plano individual para luego insertar las experiencias de rememoración inherentes al sentido colectivo de las sociedades. Asimismo, encaja las experiencias recordatorias dentro de los marcos sociales para comprender cómo en los seres humanos se generan vivencias conectadas con el pasado. Con Ricœur, la cadena continúa, es decir, si Halbwachs explora con minuciosidad en los marcos sociales (la familia, la religión y las clases sociales) el terreno que favorece el pasado individual, es Ricœur quien imbrica la memoria colectiva en la disciplina histórica. Distancia con precisión la utilidad, el empleo y las razones que separan el sentido individual y colectivo que las memorias procuran insertar en el continuum social. En conexión también con este último, surgen conceptualizaciones como el tiempo histórico, el olvido, el silencio y la narración, es entonces que hay cabida para considerar la memoria, a partir de situaciones específicas de violencia de Estado, que, en el tejido social, afloran como hechos de dolor colectivo. Ese es el aporte de Jelin, por cuanto la visión sociológica de la autora, establece la particularidad de hechos de violencia y su reelaboración en el presente, como formas de recuperación de la memoria. Si Halbwachs fue uno de los teóricos que incursionó en la conceptualización acerca de la memoria, es Ricœur quien viene a declarar posteriormente, aportes que se inclinan 29 tanto para desestimar algunas concepciones como para valorar otras. El punto de desencuentro es la memoria individual, al respecto Halbwachs escribe: La memoria individual no es más que una parte y un aspecto de la memoria del grupo, como de toda impresión y de todo hecho, inclusive en lo que es aparentemente más íntimo … los marcos de la memoria colectiva conservan y vinculan unos con otros nuestros recuerdos más íntimos. No es necesario que el grupo los conozca (2004, p. 174). Ricœur objeta el carácter de reciprocidad que proviene de tal acto de recordación, por cuanto, indistintamente de los recuerdos, los sujetos rememoran en una colectividad. Postula que si Halbwachs escribió acerca del marco colectivo como base para la memoria individual, esta última descansa en el “análisis sutil de la experiencia individual y sobre la base de la enseñanza recibida de los otros” (2004, p. 157). En otras palabras, no existe tal memoria individual, sino más bien una colectiva que subsume bajo su manto la representación del pasado como una suerte de encadenamiento de ideas, pensamientos, transmisiones y retransmisiones en las sociedades. Asimismo, Ricœur (2004) resalta el testimonio como el elemento factual comunicativo que sostiene el pasado, señala que no es aquel “proferido por alguien con vistas a ser recogido por otro, sino como recibido por mí de otro en cuanto información sobre el pasado” (p. 158), con esto expande los marcos sociales de Halbwachs. Ricœur no deslegitima la noción de los marcos sociales, porque llegan a “convertirse en una dimensión inherente al trabajo de rememoración” (2004, p. 159). Arguye, en este sentido, que el tiempo presente provee la conciencia para hacerlo. Al respecto amplía Halbwachs que el marco de la memoria es: no solamente el conjunto de las nociones que podemos percibir en cada momento, puesto que ellas se encuentran más o menos en el campo de nuestra conciencia, sino todas aquellas en que se alcanza partiendo de éstas [sic] por una operación del espíritu análoga al simple razonamiento (2004, p. 156). Con esa noción distingue marcos sociales más generales como el tiempo, el espacio y el lenguaje; los más específicos, que terminan por afinar, como herramientas los recuerdos, son la familia, la religión y las clases sociales. Ahora bien, llevados por la vida, 30 vamos, según expone Ricœur (2004), acumulando recuerdos de “lugares visitados en común” (p. 158), más los que hemos compartido como grupos en los que “accedemos así a acontecimientos reconstruidos para nosotros por otros distintos de nosotros” (p. 158). Esos marcos de la memoria no desmerecen los explicitados por Halbwachs porque son memoria colectiva. En el interior de los grupos, recordamos, fuera de ellos también: eso achaca como fallo Ricœur (2004) porque el sentido de colectividad y de grupo sostiene el recuerdo del sujeto. Ricœur (2004) desestima la sucesión interna (p. 159) como aquella que permite el encadenamiento de un recuerdo con los elementos adheridos en el proceso de recordación. En su lugar, reconoce que, al ser individuos sociales en el espacio-tiempo, navegamos indistintamente a los recuerdos del pasado (la niñez es un ejemplo de ello, con imágenes como el jardín, la casa o el patio de juegos), siendo ya adultos regresamos a esos espacios por nuestra misma capacidad de ser los poseedores del recuerdo. Esta categoría es homóloga al marco social halbwachsiano de la familia, por ejemplo. Con dos principios de encadenamiento, Ricœur (2004) postula que los hechos y fenómenos materiales y la memoria colectiva (p. 160) son las facilitadoras del proceso de rememoración. El principio de los hechos y los fenómenos materiales es el ejercicio que solo en el tiempo presente es viable por la conciencia que, como seres humanos poseemos, para recordar el pasado. De ahí que en la memoria colectiva hallemos “los medios para evocar la serie y el encadenamiento de los objetos. Sólo [sic] el pensamiento colectivo es capaz de esta operación” (Ricœur, 2004, p. 160). Otro punto discutido de la teorización de Halbwachs (2004) es aquel en el que Ricœur rompe la dialéctica de la memoria individual y la memoria colectiva, con las nociones de a sí, a los próximos y a los otros, para finalmente señalar que la hipótesis de la memoria individual y la colectiva pueden expandirse en una tercera noción. Es entonces una triple atribución de la memoria (p. 172) en la que hay cabida para los allegados, estos serían los seres situados desde una distancia distinta a la de los otros, con la excepción de que la proximidad que establecemos con los allegados es dinámica, por cuanto es un nexo continuo. Con la conjunción de los teóricos fue posible determinar que la memoria individual propuesta por Halbwachs (2004) no logra sustentar con fuerza la idea de que recordamos 31 individualmente en el ámbito social. Ricœur (2004) no desestima el carácter colectivo de la memoria, pero sí entrecruza líneas de pensamiento en las que las generaciones poseen “doble sentido de la contemporaneidad de una ‘misma’ generación, a la que pertenecen juntos seres de edades diferentes, y de la sucesión de generaciones, en el sentido de la sustitución de una generación por otra” (p. 509) como las constitutivas de esa transición y retransmisión del pasado histórico. Hemos sido la suma de los pasados de los próximos, de los allegados (p. 509) en los que expandimos el sentido hacia una memoria viva. Con Jelin (2002) la teorización de la memoria deviene en el producto de experiencias traumáticas individuales y colectivas por hechos de violencia. Distingue entre las memorias habituales y las narrativas, sobre las últimas escribe que son “construcciones sociales comunicables a otros” (p. 29), esto porque “los procesos de construcción de memorias son siempre abiertos y nunca ‘acabados’” (2007, p. 308), en los cuales es preponderante la presencia del lenguaje (Halbwachs, 2004, p. 84). El lenguaje, en su papel de vehículo portador de imágenes, sentidos y representaciones, provee a los individuos la recuperación de experiencias subjetivas e intersubjetivas y, con ello, la discursividad de la memoria. Es por lo anterior que, en las obras seleccionadas, la confluencia de las memorias guarda correspondencia con situaciones escriturales (esos son los casos de las novelas de Zardetto y Goldman), los discursos frustrados en las posibles publicaciones son la norma para el narrador de Insensatez y El material humano, pero no por eso dejan de generar interacciones y actos comunicativos con seres allegados (familia y seres conocidos). Todos, a su vez, en situaciones sociales, experimentan pertenencias intersubjetivas asociadas a la atmósfera de posguerra en la nación guatemalteca. Tanto Jelin (2002) como Ricœur (2004, p. 512) coinciden en la pluralidad de las memorias. Ella dimensiona teóricamente su naturaleza en la elaboración de identidades colectivas, que fracturadas por la violencia y la represión se hallan en procesos reconstructivos como la memoria misma: En cualquier momento y lugar, es imposible encontrar una memoria, una visión y una interpretación únicas del pasado, compartidas por toda una sociedad. Pueden encontrarse momentos o períodos históricos en los que el consenso es 32 mayor, en los que un “libreto único” del pasado es más aceptado o aun hegemónico [el destacado es del original] (2000, pp. 5-6). El caso es que si hay diversas memorias como individuos en las sociedades, así también habrá diversas lecturas, interpretaciones y sentidos de utilidad con respecto de esas memorias. Ese es el aporte teórico significativo que la socióloga dilucida, por cuanto, hay “seres humanos activos en los procesos de transformación simbólica y de elaboración de sentidos del pasado. Seres humanos que ‘trabajan’ sobre y con las memorias del pasado” (2002, p. 14). La línea investigativa que Jelin (1991, 1994, 2001, 2002, 2007) ha desarrollado y he revisado tiene asidero en situaciones de violencia de Estado, en cuyos contextos las dictaduras y las violaciones a los derechos humanos han resquebrajado el tejido social. En el ámbito público entran en juego, como construcciones sociales, las mismas nociones de “qué es pasado y qué es presente” (2002, p. 23) para reconstituir las memorias con carácter colectivo. Mientras que, en el caso de las memorias individuales, surge un sentido afectivo y emocional con carácter identitario que termina por adherirse además a las primeras. En las sociedades que han experimentado el terrorismo de Estado son comunes las experiencias tangenciales y posteriores como el olvido, el silencio, el trauma, el duelo, la verdad, el perdón y la reconciliación. Estas resemantizan a la memoria misma porque como sugiere Halbwachs (2004) “hay sentimientos tristes, y otros dulces y felices. Pero nos es de utilidad nutrir y acrecentar estos últimos, reducir y disipar los primeros ... Así se explicaría que olvidemos los aspectos penosos del pasado” (pp. 132-133). Para Jelin (2002), quien se acuerpa en la teorización de Ricœur (2004), la memoria es selectiva, en esta entra el juego el olvido y el silencio. Distingue un olvido que denomina profundo o, definitivo, el cual representa borrar situaciones del acontecer histórico más global. Del mismo modo, existe la posibilidad de retornar a algunas de ellas desde una coyuntura o eje en las sociedades desde un llamamiento colectivo (2002, p. 29). Se caracteriza por ser un acto político voluntario, que desde la base de un poder social, traza las líneas del tiempo seguidas por los ciudadanos subordinados a esas estructuras poderosas, para invocar o acallar el pasado. Así también acota que “la contracara del olvido es el silencio” (2002, p. 29). 33 Una situación de violencia, por ejemplo, en la cual se cometan crímenes de lesa humanidad, supone borrar toda huella del pasado, es la supresión de hechos, pruebas o incluso, la negación de que determinado acontecimiento sucedió. No obstante, persiste la dificultad [que] no radica en que hayan quedado pocas huellas, o que el pasado haya sufrido su destrucción, sino en los impedimentos para acceder a sus huellas, ocasionados por los mecanismos de la represión, en los distintos sentidos de la palabra (Jelin, 2002, p. 30). Cuando una persona no quiere recordar porque afecta emotivamente su subjetividad por alguna u otra razón, transforma el olvido en un acto evasivo. Este segundo tipo, para Jelin (2002), se manifiesta en acontecimientos de gran envergadura (catástrofes, represiones, genocidios, entre otros). Consecuentemente, el silencio aparece como mecanismo dentro del dolor porque: “también hay voluntad de silencio, de no contar o transmitir, de guardar las huellas encerradas en espacios inaccesibles, para cuidar a los otros, como expresión del deseo de no herir ni transmitir sufrimientos” (2002, p. 31). El acto deseable, en el proceso comunicativo del silencio, es que hubiera una persona dispuesta a escuchar. Por último, el olvido liberador con sentido catártico quita el peso de encima para seguir al horizonte de la vida. Es consciente y acertado para quienes desean continuar con sus vidas sin llevar sobre sus espaldas un pasado histórico, sin comprometer su existencia y que les resulte pesaroso. La particularidad de reconstruir la memoria −en situaciones específicas, por ejemplo de violencia− modifica la conciencia individual y colectiva. Así, para el caso del conflicto armado interno guatemalteco, las evocaciones del pasado con las heridas abiertas aún en el tiempo presente, resignifican las identidades nacionales porque “esas memorias y esas interpretaciones son también elementos clave en los procesos de (re)construcción de identidades individuales y colectivas en sociedades que emergen de períodos de violencia y trauma” (Jelin, 2002, p. 6). Cuando recordar el pasado resulte traumático por las situaciones de dolor, el individuo entra a un espacio en donde lo que había concebido como normal desaparece, cede al trauma. Freud lo define como “una fijación del sujeto al accidente sufrido” (1948, p. 200), la situación experimentada es la de una vuelta constante al suceso particular que lo marcó, la memoria se dinamiza, pues ese hecho recurrente opera desde una rememoración. 34 La persona se ancla a una realidad traumática acontecida en el pasado desde el presente, con imágenes que tornan la situación obsesiva, establece con el acto traumático una relación en la que su memoria trabaja siempre sobre el aco