Anuario IEHS 38 (2) 2023, 195-220 • doi: 10.37894/ai.v38i2.1887 «FERVIENTE SOLIDARIDAD» EN LA GUERRA FRÍA EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL Y LAS JUVENTUDES COMUNISTAS DE COSTA RICA ANTE EL GOBIERNO DE LA UNIDAD POPULAR EN CHILE 1 ‘FIERY SOLIDARITY’ IN THE COLD WAR: THE STUDENT MOVEMENT AND THE COMMUNIST YOUTH OF COSTA RICA IN SUPPORT OF THE UNIDAD POPULAR GOVERNMENT IN CHILE Randall Chaves Zamora 2 1 Este artículo es un resultado del Proyecto de Investigación C0195 “La larga Guerra Fría en Costa Rica: estado, populismo socialdemócrata, representaciones y comunismo internacional, 1934-1978”, finan- ciado por la Vicerrectoría de Investigación de la Universidad de Costa Rica y adscrito al Programa de Investigación en Ambiente, Ciencia, Tecnología y Sociedad (ACTS) del CIHAC. 2 Universidad de Costa Rica, Escuela de Historia y Centro de Investigaciones Históricas de América Central, Costa Rica. C. e.: randall.chaveszamora@ucr.ac.cr. Resumen Este artículo estudia las expresiones de solidaridad del movimiento estudiantil y las juventudes comunistas de Costa Rica para con el gobierno de la Unidad Popular en Chile entre los años de 1970 y 1990. El texto focaliza en las acciones juveniles llevadas a cabo y discute el impacto que este proceso de solidaridad tuvo en las identidades políticas de tal movimiento y juventudes. El estudio también considera las expresiones de solidaridad emprendidas por las dirigencias políticas de la izquierda costarricense y examina la forma en que esos liderazgos se posicionaron ante uno de los eventos más relevantes de la Guerra Fría latinoamericana, considerando conceptos centrales para los estudios de la segunda mitad del siglo XX en América Latina, como el de antiimperialismo y de solidaridad internacional. Así, mediante documentos periodísticos y aportes historiográficos, este artículo pretende contribuir a un tema poco abordado por la historiografía de la Guerra Fría, destacando el impacto de la solidaridad sur-sur en la formación de las identidades juveniles. Abstract This article studies the solidarity expressions by the student movement and the communist youth of Costa Rica towards the Popular Unity government in Chile between 1970 and 1990. The text focuses on the youth actions carried out and discusses the impact that this solidarity process had on the political identities of such movement and youth in Costa Rica. It also considers the solidarity expressions which were made by the political leaders of the Costa Rican left and examines the way in which these leaders positioned themselves in the face of one of the most relevant events of the Latin American Cold War, analyzing concurrent ideas reflected in studies from the second half of the twentieth century in Latin America, such as anti-imperialism and international solidarity. Thus, by means of journalistic documents and historiographic contributions, this article seeks to contribute to a subject which has rarely been addressed in the historiography of the Cold War, highlighting the impact of south-south solidarity on the formation of youth identities. Palabras clave Guerra Fría, Solidaridad, Comunismo, Chile, Costa Rica Recibido 18-12-22 Aceptado 25-4-23 Key words Cold War, Solidarity, Communism, Chile, Costa Rica Received 18-12-22 Accepted 25-4-23 http://fch.unicen.edu.ar/anuario-iehs https://www.doi.org/10.37894/ai.v38i1.1682 ‘Ferviente solidaridad’ en la Guerra Fría…196 • Anuario IEHS 38 (2) 2023 Introducción “Nuestro continente americano ha sido testigo de un despertar de consciencia…”, decía una joven estudiante de la Universidad de Costa Rica (UCR) en octubre de 2019 en un video que más tarde quedaría almacenado en Instagram. Segundos des- pués, otra joven universitaria puntualizó: “en Chile… se mantienen las manifestaciones en contra del alza a los precios del transporte público, a pesar del toque de queda… en nuestra región se están levantando importantes movimientos… ¡Costa Rica no debe ser la excepción!” (@fasaenz 2019). Con aquel video, grabado en el edificio de la Facul- tad de Ciencias Sociales, ambas explicaron su solidaridad internacional y la inspiración del movimiento estudiantil de Costa Rica, que sostenía la toma de ese y varios edificios universitarios en todo el país (Estudiantes de la UCR 2019). Se unían a la solidaridad internacional otras motivaciones domésticas que forma- ban parte de las reivindicaciones del movimiento estudiantil costarricense, como los recortes de presupuesto que el gobierno de Costa Rica pretendía hacer a la educación superior pública, las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y una lamentable reforma fiscal en discusión, que meses después se convirtió en una realidad (Mora 2019). Como el mismo video lo decía, Chile también estaba en medio de un esta- llido social inédito para ese país, que terminó con una frustrada convocatoria para refor- mar la constitución política de 1980 (Convención Constitucional 2022), que había sido heredada de la dictadura de Augusto Pinochet Ugarte (1973-1990), en el poder tras el recordado golpe de Estado contra Salvador Allende Gossens. Este, por su parte, fue pre- sidente por un corto período, desde noviembre de 1970 hasta el 11 de setiembre de 1973, cuando el golpe con patrocinio de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) protagonizó uno de los momentos más álgidos de la Guerra Fría latinoamericana (Harmer 2011). La revuelta del movimiento estudiantil de Costa Rica, por su parte, también era inédita. Nunca antes un grupo de estudiantes había ocupado los edificios de las uni- versidades públicas de manera simultánea por tantos días; y eso generó una cadena de movimientos similares en otras sedes regionales de la UCR y en la Universidad Na- cional (UNA). Además, en Costa Rica la toma de campus universitarios era una acción política excepcional, desarrollada pocas veces por la juventud durante el siglo XX (Mo- lina Jiménez 2019). El resultado más evidente de la toma del 2019 fueron las paredes de la Facultad de Ciencias Sociales. Inaugurado en el 2015 con la advertencia de no rayar sus muros, el edificio fue devuelto con una intervención total. Los seis pisos del edificio fueron cubiertos de murales, dibujos y letras con consignas políticas o acusaciones de todo tipo, hechas al calor de un movimiento estudiantil desmovilizado desde hacía al- gunos años (Villena Fiengo 2021). Cuando el edificio fue “devuelto”, cerca de la Escuela de Historia una inscripción decía en letras rojas y grandes: “VÍCTOR JARA PRESENTE”. La insistencia del movimiento estudiantil costarricense del siglo XXI por situarse al lado del contexto chileno ciertamente fue relevante en un momento como el 2019, cuando las protestas en ese país latinoamericano acaparaban la atención de la prensa Randall Chaves Zamora Anuario IEHS 38 (2) 2023 • 197 internacional. Sin embargo, al ver hacia el pasado del movimiento estudiantil y al ex- plorar las reivindicaciones de las juventudes comunistas de Costa Rica, o al situar am- bas dinámicas frente a la solidaridad transnacional que caracterizó la Guerra Fría lati- noamericana, es claro que recurrir al contexto chileno no fue una novedad, pues como lo analizan estas páginas, una relación así existía, al menos, desde la década de 1970. Al tratarse de un estudio enfocado en una dinámica de solidaridad internacional, este artículo pretende generar una explicación que renuncie al nacionalismo metodoló- gico y que evidencie los vínculos existentes entre Costa Rica y Chile desde una perspec- tiva que supere las dinámicas diplomáticas, para mirar hacia otros sectores entonces marginados de la política costarricense, como sus izquierdas y juventudes. Así, el pro- pósito es trazar un puente poco recorrido, que evidencie las conexiones entre las histo- rias políticas de Centroamérica y América Latina durante la Guerra Fría, sin descuidar la acción política y la trayectoria de la solidaridad transnacional. Mirar estas conexiones es relevante y tiene implicaciones disciplinares, pues pocas veces la historiografía latinoa- mericana inspecciona los procesos centroamericanos para explicar su pasado, aunque las relaciones tejidas a lo largo del siglo XX fueron evidentes y duraderas. Para mostrar esta interpretación, este texto se organiza en cuatro apartados que echan mano de memorias y medios de prensa de Costa Rica entre las décadas de 1970 y 1990. En primer lugar, se expone un marco referencial para comprender las relaciones de solidaridad sur-sur en el contexto de la Guerra Fría latinoamericana, que protagonizaron sectores específicos como el movimiento estudiantil y las juventudes comunistas. En un segundo punto, se inspeccionan los futuros imaginados y la simpa- tía de la izquierda costarricense ante el triunfo del gobierno de la Unidad Popular en Chile, en noviembre de 1970. Un tercer apartado analiza las reacciones más destacadas emprendidas por las juventudes para condenar el golpe de Estado de 1973, así como la manera en que los comunistas costarricenses se insertaron en una discusión sobre la solidaridad y la política anticomunista de América Latina. En su cuarta parte, este artículo estudia las acciones concretas de la solidaridad juvenil que se desarrollaron después de 1973, cuando el elogio al gobierno de la Unidad Popular se transformó en acciones de resistencia, que funcionaron a las juventudes comunistas y al movimiento estudiantil para vehiculizar sus propias demandas y reivindicaciones políticas y que fue un espacio privilegiado para que las juventudes pusieran en práctica su cultura política y para manifestar sus identidades. Solidaridad y Guerra Fría: latinoamericanizar el movimiento estudiantil Un elemento destacable de los movimientos estudiantiles durante la Guerra Fría fue- ron sus expresiones y relaciones de solidaridad. A través de estas manifestaciones, es posible constatar la circulación transnacional de ideas y la simultaneidad de agendas y denuncias. Al contextualizar los inicios de la Guerra Fría, Akira Iriye (2013) anotó que la temprana extensión del conflicto por el Tercer Mundo se evidenció en la multipli- ‘Ferviente solidaridad’ en la Guerra Fría…198 • Anuario IEHS 38 (2) 2023 cidad de movimientos con ideas anticolonialistas, que permitieron la independencia de muchas regiones. La proliferación de movimientos contra el armamentismo y los colectivos en solidaridad para con países en guerra como Vietnam fueron un punto de inflexión, y esa misma solidaridad permitió cuestionamientos al vocabulario y a las políticas anticomunistas (Tomes 1998). En el caso de Costa Rica, desde 1968, el movimiento estudiantil había bebido de la cantera de la solidaridad internacional. Esto quedó evidenciado en la organización de movilizaciones, de textos publicados en periódicos estudiantiles y de la represión policial ante sus demostraciones públicas de solidaridad para con Vietnam, en un momento en que las juventudes del mundo entero manifestaban su desprecio por las acciones del presidente Lyndon B. Johnson. La solidaridad universitaria se demostraba de tal mane- ra que, cuando ese presidente de los Estados Unidos visitó Costa Rica en 1968, algunos universitarios fueron detenidos y encarcelados por sus protestas (Chaves Zamora 2021a). En esa ocasión, el pánico por las protestas fue tal que la policía detuvo al presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios de Costa Rica (FEUCR). Lo más relevante de ese contexto de solidaridad fue el cambio que experimentaron las culturas políticas del movimiento estudiantil y su vinculación con el contexto transnacional. Al terminar su período, el presidente de la FEUCR pronunció un discurso en que, por primera vez, un joven conceptualizó el movimiento estudiantil de Costa Rica como una agrupación de “jóvenes latinoamericanos” y llamó a su generación a enfrentar los problemas regio- nales. El cambio fue significativo. En momentos previos, ese movimiento estudiantil se había caracterizado por reivindicaciones nacionalistas e institucionales y había mos- trado una preocupación marginal por América Latina (Mensaje del Presidente 1969). En este sentido, ver hacia Chile no solamente expresaba nuevas inquietudes políticas entre la juventud, sino que evidenciaba una nueva relación del movimiento estudiantil con sus límites geográficos, anteriormente limitados a sus fronteras nacionales. Aunque esta “latinoamericanización” de su experiencia y de su generación pasó des- apercibida por los estudios sobre el movimiento estudiantil costarricense (González Vi- llalobos 1985), ese proceso fue un punto de coincidencia con las juventudes estudiantiles de toda la región: la simultaneidad de movilizaciones estudiantiles y de juventudes co- munistas del ocaso de la década de 1960 representó aquello que Jeffrey Gould (2016) calificó como una “solidaridad asediada”, por la fuerte represión que experimentaron las juventudes. Esa solidaridad ofreció nuevas identidades juveniles en Costa Rica y el mis- mo aspecto posiciona este análisis en una discusión que supera las fronteras nacionales. Según los estudios (Hatzky y Stites Mor 2014), mientras las relaciones de solidaridad más visibles de la Guerra Fría fueron las que venían desde Europa o Estados Unidos hasta América Latina (norte-sur), las relaciones entre los mismos países de la región (sur-sur) han sido descuidadas por la historiografía. Una tendencia de trabajos ubica- dos dentro de la nueva historiografía de la Guerra Fría demuestra que el contexto de solidaridad para con Chile tuvo un impacto transnacional, solamente comparable con el caso de Vietnam o de Nicaragua. Randall Chaves Zamora Anuario IEHS 38 (2) 2023 • 199 Tal y como sucedió con el primero de estos países, después de 1973, en los Estados Unidos se formó un sólido movimiento de solidaridad para con las personas exiliadas de Chile (Power 2009), quienes de manera imprevisible eligieron este país como receptor. Así, a pesar de la muy conocida participación del gobierno estadounidense en el golpe de Estado y del vocabulario anticomunista de su política oficial (Harmer 2011), no debe obviarse que la trayectoria filantrópica de las universidades chilenas con instituciones de la Guerra Fría, como la Fundación Ford (Rinke 2013), propició la inclusión laboral de exiliados en instituciones intelectuales, abocadas al estudio de las ciencias sociales. Los estudios sobre la Guerra Fría cultural han evidenciado que el financiamiento de la Fundación Ford provenía del gobierno de los Estados Unidos a través de la CIA (Saunders 2001), el cual perseguía la consecución de sus intereses políticos en la región a través del financiamiento de costosos programas de investigación y otras actividades académicas (Iber 2018, Calandra 2012, Quesada 2010). De manera contradictoria, esto permitió tejer redes de solidaridad con intelectuales progresistas de las ciencias socia- les, quienes, ante la represión pinochetista, encontraron refugio en universidades de renombre en los Estados Unidos. Así, a través del imperialismo cultural estadouniden- se (Szymanski 1973), se reflejó la agencia intelectual de quienes se dedicaban al estudio de la sociedad latinoamericana durante la Guerra Fría (Calandra 2010). Aunque esto no ha sido estudiado en profundidad, una conexión similar operó en Costa Rica, donde no solo llegó una cantidad considerable de intelectuales exiliados de Chile; desde la década de 1960, en el país existía una sólida relación filantrópica entre la UCR, sus intelectuales más destacados y la Fundación Ford, que había instalado en la UCR un programa de investigación idéntico al que operaba en Chile desde fines de 1950 y en el que se involucraron intelectuales chilenos en el exilio, especialistas en sociología, demografía, migraciones internas y planificación familiar (Chaves Zamora 2022). Otros trabajos evidencian que Costa Rica, cuya solidaridad juvenil con Chile se inau- guró desde los albores del gobierno de Allende, se convirtió en un país receptor de comu- nistas en busca de refugio. Al estudiar la circulación transnacional de militantes chilenos del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Eudald Cortina Orero (2022) constató las estructuras de esa organización, compuestas por quienes vivieron en el exilio en Costa Rica y se involucraron en la Revolución sandinista (1979), ya que el gobierno de Allende había facilitado la conexión del MIR con la insurrección centroamericana, y el golpe evi- denció dichas conexiones, materializadas en la circulación geográfica de militantes. Finalmente, como sucedió en los Estados Unidos, Europa y en algunos países de Amé- rica Latina (Hughes 2016, Ellis 2014, Lewis 2013, Spahr 2015), en el caso de Costa Rica, las relaciones de solidaridad para con Vietnam establecieron una verdadera coyuntura crí- tica para las organizaciones juveniles. En momentos previos a 1968, la información de los archivos universitarios de Costa Rica y las memorias permiten afirmar que los vínculos de los movimientos estudiantiles con la política transnacional fueron débiles, pero luego de ese momento hubo un cambio en las identidades juveniles, que permitió que esas mis- mas juventudes se preocuparan por el contexto político latinoamericano, del que Chile ‘Ferviente solidaridad’ en la Guerra Fría…200 • Anuario IEHS 38 (2) 2023 fue la coyuntura más significativa después de la Revolución cubana. Así, es conocido que la solidaridad para con Chile germinó entre izquierdas con nuevas culturas políticas, que habían empezado a transformarse desde la década de 1960, por lo que sus expresiones juveniles fueron poco ortodoxas, y esto evidenció una solidaridad variada, compuesta por intelectuales, artistas y músicos (Karmy y Schmiedecke 2020, Lebeau 2020). Otro aspecto relevante tratado por la historiografía costarricense tiene que ver con las repercusiones de este golpe en Costa Rica. Hay investigaciones centradas en las ideas que generó ese contexto en el escenario local, así como las comparaciones que intelectuales y políticos hicieron entre Chile y Costa Rica ante el escenario de 1973 en los medios de prensa. Estos trabajos insisten en la amplia cobertura que recibió el derrocamiento de Allende y la urgente preocupación de los medios por informar y enunciar la crisis que inició una dictadura de más de tres décadas (Molina Jiménez 2017, Arce Valverde 2020). Otros trabajos publicados en Costa Rica analizan la pre- sencia de personas exiliadas en el país y la construcción de redes de solidaridad pos- teriores a 1973. Estas se formaron entre personas originarias de Chile que ya vivían en Costa Rica desde los albores de la década de 1970, pero también entre personas que ocupaban puestos en el Estado e instituciones educativas, quienes abrieron espacios para la incorporación laboral de chilenos y chilenas en el exilio, cuyos papeles fueron destacados en la educación superior y la cultura del país (Calderón Rioja 2021, Rojas Mejías y Ramírez Hernández 2021, Ramírez Hernández 2021). A pesar del amplio conocimiento sobre la recepción de este proceso en Costa Rica, es poco lo que se conoce sobre las acciones del movimiento estudiantil y el impacto de este proceso en las identidades juveniles. Después del triunfo de la Revolución cubana, Amé- rica Latina esperó una década para ver otro gobierno de izquierda. Con la década de 1960 surgieron nuevas izquierdas y las juventudes acumularon un imaginario que se proyec- tó en un futuro de gobiernos comunistas, basado en ideales, símbolos y personalidades como Fidel Castro, el Che Guevara y Allende. Así, aunque los estudios han privilegiado el momento del golpe de Estado en 1973, algunas personas jóvenes de Costa Rica ya ima- ginaban ese escenario. Es relevante, por lo tanto, conocer las acciones previas y las moti- vaciones que permitieron que las juventudes comunistas costarricenses se involucraran con el proceso chileno, desde antes que otros sectores de la sociedad de Costa Rica. La importancia de esta tarea es todavía más destacada al considerar la historia de la izquierda costarricense y sus juventudes, y dimensionar el significado que tuvo Chile. Así, el gobierno de la Unidad Popular asumió el poder luego de un proceso de demo- cracia electoral; y desde 1970 se sabía que las juventudes chilenas protagonizaban el nuevo gobierno, y lo evidenciaban en la dirigencia y las manifestaciones culturales. En Costa Rica, por su parte, el escenario político era restrictivo para la izquierda. El Par- tido Comunista de Costa Rica (PCCR), que para 1970 había asumido el nombre de Partido Vanguardia Popular (PVP), había conformado una ideología criolla desde su fundación, en la década de 1930 (Herrera Zúñiga 2013), conocida popularmente como el “comunismo a tica”. Sin embargo, producto del anticomunismo de la Guerra Fría y como consecuencia de Randall Chaves Zamora Anuario IEHS 38 (2) 2023 • 201 la Guerra Civil de 1948, la izquierda costarricense y sus juventudes estaban electoralmente proscritas y no volverían a disputar unas elecciones hasta la década de 1970 (Molina Jimé- nez 2008). Esto no significó, sin embargo, su sepultura: como lo hacían desde la creación del PCCR, los comunistas siguieron siendo un actor político influyente y sus intelectuales ocupaban espacios destacados de la opinión pública; además, los comunistas persiguie- ron sistemáticamente un ascenso al poder por medios democráticos y propugnaron las leyes constantemente para hacerlo realidad. De esta manera, para 1970 los comunistas costarricenses tenían como agenda política prioritaria su retorno al ruedo electoral y el escenario chileno les permitía imaginar un futuro posible, en el que sus juventudes, ahora latinoamericanizadas, podrían asumir un papel como el de sus congéneres en Chile. Triunfo y gobierno: imaginar el futuro En este escenario de exclusión de la política electoral, imaginar un porvenir de triunfos electorales era complejo para los comunistas. A pesar de los dos decenios de ilegalidad, que les impedía participar en los comicios electorales, y que materializaba gran parte del imaginario anticomunista de la Guerra Fría, desde finales de la década de 1940 (Muñoz Guillén 2010), los comunistas habían empezado a crear estrategias para participar en la política. Así, en las elecciones de 1970 habían logrado dos escaños legislativos mediante un partido inscrito bajo otro nombre; para esos años, hacían circular copiosamente su periódico, Libertad. Habían ganado militantes en todo el país; ellos mismos participaban en movimientos gremiales y sus militantes más jóvenes eran conocidos en el medio es- tudiantil. Junto al triunfo electoral de Allende, esto hacía que el escenario latinoamerica- no ofreciera esperanza ante la hegemonía anticomunista que caracterizó la Guerra Fría. La esperanza y la defensa de los procesos electorales de Costa Rica y de otros con- textos internacionales caracterizaron las discusiones del “comunismo a la tica” por esos años. El 25 de enero de 1969, el comunista Arturo Jara denunció en Liberad las amenazas a la democracia en Costa Rica y en Chile. Según Jara, en 1969 esto podía constatarse en las actividades de un grupo paramilitar de derecha que funcionaba en el país bajo el nombre de Movimiento Costa Rica Libre. Jara (1969, p. 2) denunciaba en su texto que esta organización funcionaba con la benevolencia de autoridades del país, contra la estabilidad democrática de Costa Rica, y argumentó que el anticomunismo operaba como una estrategia para encubrir un “verdadero fin”, que era impedir a los comunistas participar activamente en procesos electorales. Por esto, aseguró: Chile, como Costa Rica, como cualquier país del Hemisferio o del mundo, no está vacunado contra los golpes militares… Es de esperar que si avanzan las fuerzas democráticas, partidarias del cambio, en Chile, aumentarán en el futuro la oligarquía y del imperialismo yanqui que la sustenta, de acabar con el régimen constitucional… Nuestro deber, como revolucionarios, [sic] como verdaderos demócratas, es mantener vigilancia en torno a Chile, estar alerta para desplegar la solidaridad apenas asomen las orejas los gorilas. La actual experiencia de Chi- le debe servir también para eneñasr [sic, enseñar] al pueblo de Costa Rica, civilista como el que más, que aquí también pueden surgir intentos de golpes de Estado (Jara 1969, p. 2). ‘Ferviente solidaridad’ en la Guerra Fría…202 • Anuario IEHS 38 (2) 2023 Profética, la nota de Jara es destacable. Allí se demarcó una distinción sobre el trato periodístico respecto al caso chileno, pues a diferencia de otros procesos internacionales, rotativos como Libertad se abstuvieron de reproducir en sus páginas los cables de otros medios de prensa y publicaron sendos textos escritos por sus propios militantes, que se encargaban de informar respecto a la política chilena. Asimismo, en el texto de Jara se vislumbraba un germinal paralelismo que se volvería común, en que el lente chileno fun- cionó para interpretar a Costa Rica y ofrecer una mayor relevancia al contexto nacional. En su texto, el comunista asimilaba la vigilancia de la democracia con un acto revolucio- nario y preparó el terreno entre la izquierda del país para la solidaridad para con Chile. Ante el triunfo de la coalición liderada por Allende, en Costa Rica se inauguraron debates sobre la forma en que el país debía inaugurar “su propia” revolución. Esto era controversial, ya que el concepto de “revolución” era disputado por el bando ganador de la Guerra Civil de 1948 y su líder, José Figueres Ferrer, había sido construido como un héroe revolucionario anticomunista (Díaz Arias 2022). No obstante, por entonces las ideas que apelaban a “adaptarse al contexto nacional” o seguir la vía armada de la Revolución cubana en Costa Rica no eran marginales. Ideas como estas tienen una trayectoria que antecedía el triunfo de Allende y volvieron a acaparar la atención de las juventudes comunistas. Constantemente, los comunistas costarricenses advertían la relevancia de que un candidato a la presidencia de un país latinoamericano sostuviera públicamente una “plataforma revolucionaria” y “marxista-leninista”. Esta advertencia no ocultaba, sin embargo, su desconfianza y se cuestionaban “¿qué harán las fuerzas de la oligarquía y del imperialismo yanqui si su candidato no gana las elecciones y… si gana la candida- tura de Allende?” (Elecciones cruciales 1970, p. 6). Fatalista, la pregunta ciertamente opacaba el entusiasmo y ubicaba a la izquierda en el lugar de la derrota. Para entonces, las voces de los jóvenes comunistas habían empezado a ganar un papel relativamente marginal en un lugar tan relevante para la cultura del país como la UCR, donde sus ideas eran no eran ignoradas. En este sentido, fue la Juventud Vanguardista Costarricense (JVC), el ala de jóvenes estudiantes del PVP, la primera en expresar su solidaridad para con el contexto chileno y para con Allende, en una nota que publicaron en La República, un conocido periódico de circulación nacional, donde advirtieron que: Los jóvenes Vanguardistas Costarricenses con gran admiración y fraternal solidari- dad, saludamos el triunfo de la izquierda unida de Chile porque representa la victoria de la lucha unitaria de todas las fuerzas sociales interesadas verdaderamente en im- pulsar la revolución… hacemos un llamamiento a todas las organizaciones juveni- les a manifestar su solidaridad al pueblo chileno pidiendo que se respete la voluntad popular que libremente expresó… (Ayudaremos a consolidar 1970, p. 16). Además de recurrir, de nuevo, a un concepto controvertido y en disputa como el de “revolución”, un detalle significativo de esta coyuntura fue el involucramiento de la juventud ante una temática latinoamericana. Fue relevante también la recuperación de Randall Chaves Zamora Anuario IEHS 38 (2) 2023 • 203 otro concepto que había sido recientemente incorporado a la cultura política de las ju- ventudes costarricenses, el de solidaridad, y al diseccionar este texto juvenil se vislumbra también un horizonte de expectativas. Cuando los jóvenes imaginaron el porvenir, pro- pusieron que, en caso de que Allende resultara electo presidente de Chile, su mandato atravesaría un conflicto social que no podría prescindir de la solidaridad juvenil. Este escenario hizo que las juventudes que simpatizaban con el proceso chileno se enfrenta- ran a un debate intergeneracional, que apareció en el escenario de las ideas cuando otros comunistas de viejo cuño y de su misma generación, insistieron en ignorar lo que sucedía al sur del continente y caminar por la senda trazada por Cuba una década antes. Por entonces, Arnoldo Ferreto Segura (1970) era uno de los líderes comunistas de viejo cuño más conocidos de la izquierda costarricense. A diferencia de otros, que hu- yeron de Costa Rica después de la Guerra Civil de 1948, él vivía en el país y había asu- mido el papel de un intelectual comprometido, que escribía constantemente, a pesar de la represión a la que se enfrentaban sus ideas y la ilegalización de su partido. Al igual que la juventud, él compartía el entusiasmo por el proceso de Chile, que le funcionaba para imaginar un paisaje político similar en Costa Rica. En una nota que publicó en el mismo mes de setiembre de 1970, Ferreto polemizó sobre los “ultras”, que insistían en las luchas armadas, y aseguró: Nuestro Partido Vanguardia Popular ha sido acusado… por luchar por su participación en las elecciones, por usar los métodos electorales… por empeñarse a organizar el movimiento obrero y campesino, en lugar de formar grupos guerrilleros e internarse en las montañas. Para atacarnos se nos ha tergiversado. Se nos ha puesto a sustentar la tesis contraria a la lucha armada y a las guerrillas, cuando jamás nuestro Partido ha dicho que la lucha armada no sea la forma más alta y principal de lucha revolucionaria. Lo que nuestro Partido ha sostenido siempre es que un ver- dadero marxista-leninista, un verdadero partido revolucionario, debe estar dispuesto a emplear todas las formas de lucha… la vía de la revolución pacífica o no pacífica, armada o no, depende de factores objetivos ajenos a la voluntad de los revolucionarios (Ferreto Segura 1970, p. 3). Con el objetivo de opacar las voces “ultras”, los comunistas también prepararon un terreno, basado en la circulación de ideas sobre Chile. Mesas de diálogo y espacios pedagógicos con la participación de sus intelectuales y militantes y con la asistencia de simpatizantes del centro y la periferia del país funcionaron como espacios de forma- ción política, en los que la coyuntura de Chile fue presentada como un modelo posible (Solidaridad de nuestro 1970, Vecinos de Grecia 1970). Frente a esto, sucedió un proce- so similar al de otros países del mundo ante coyunturas similares como las protestas juveniles de 1968 (Jobs 2015), cuando, motivados por las discusiones sobre el panorama internacional, llegaron al país invitados chilenos con nuevas ideas, que permitían la circulación de sus interpretaciones en actividades del PVP y la JVC. Tras el triunfo de Allende, estos espacios no mermaron. En octubre, dos estudiantes chilenos inauguraron el tránsito de ideas juveniles sobre Chile, al visitar la UCR. Además de ser las primeras personas que visitaron Costa Rica para socializar ideas sobre triun- fo de Allende, sus identidades juveniles fortalecían el vínculo del proceso chileno con ‘Ferviente solidaridad’ en la Guerra Fría…204 • Anuario IEHS 38 (2) 2023 el movimiento estudiantil, pues ambos eran líderes juveniles de su país. Uno de ellos era Luis Sánchez, vicepresidente de la Federación Mundial de la Juventud Democrática, mientras que el otro, Juan Manuel Alcoholado, presidía, por entonces, la Federación de Estudiantes de Chile. Este aspecto presentó entre las personas más jóvenes una identi- dad juvenil del proceso político en Chile y los acercó a una realidad que desconocían. In- cluyó el movimiento estudiantil de la UCR en una discusión latinoamericana y respon- sabilizó a las juventudes de construir un “nuevo mundo” (CHILE: Empezaremos 1970). Al júbilo por el triunfo de Allende, se añadió la euforia juvenil por las acciones polí- ticas más recientes del movimiento estudiantil costarricense. Meses antes, en abril del mismo año, una masiva cantidad de estudiantes de todas las edades habían protagoni- zado una cadena de protestas de carácter antiimperialista, en contra de una empresa minera de capital estadounidense. La cantidad de personas movilizadas, la variedad de la composición social de las protestas y el componente represivo al que se enfrentó la juventud terminaron por convertir ese acontecimiento en el mito fundador del movi- miento estudiantil, con repercusiones en la memoria que se extendieron hasta el siglo XXI. Estas protestas fueron relevantes, porque también evidenciaron la composición social del movimiento estudiantil, que a pesar de sus nuevas reivindicaciones en contra de los Estados Unidos, tenía una preferencia dominante por el Partido Liberación Na- cional (PLN), fundado en la década de 1950, resultado del bando ganador de la Guerra Civil de 1948 y, consecuentemente, conocido por su postura anticomunista durante toda la Guerra Fría (Chaves Zamora 2021b). Junto a este escenario entusiasta en que se encontraba el movimiento estudiantil y ante las transformaciones de las culturas políticas juveniles, las visitas de jóvenes como Sánchez y Alcoholado utilizaban un lenguaje que fortalecía el antiimperialismo del proceso chileno, que se había incorporado recientemente al vocabulario político estudiantil del país (Chaves Zamora 2021a). En el caso de Chile, el rostro era capitali- zado por la CIA, con noticias que los comunistas difundieron durante todo el mes de octubre, que denunciaban los tempranos atentados planeados por la CIA contra la vida Allende (La CIA 1970, Plan terrorista 1970). La visita de los jóvenes chilenos generó ecos juveniles. Ese mismo mes, un estu- diante universitario, que años más tarde se convertiría en uno de los sociólogos más prominentes del país, escribió un artículo en el rotativo estudiantil El Universitario. A la edad de veinte años, Jorge Rovira Mas (1970) analizó el proceso de Chile. Aseguraba que la transformación más significativa sería el desprendimiento de su dependencia de los Estados Unidos, cuyas consecuencias se notaban en la cultura, con lo que advirtió que Costa Rica experimentaba un proceso similar. En esos días, el escenario periodístico de Costa Rica incluyó un nuevo medio impre- so, que mostró con mayor claridad la solidaridad del movimiento estudiantil. A cargo de la UCR, el nuevo semanario Universidad rápidamente se convirtió en el medio más relevante de las juventudes universitarias de Costa Rica y sus páginas no ignoraron el contexto chileno: se convirtieron en una tribuna de opiniones intelectuales y estudian- Randall Chaves Zamora Anuario IEHS 38 (2) 2023 • 205 tiles y en una fuente de noticias e información. Esto se evidenció desde su segunda edición, donde el intelectual y profesor Jaime González Dobles (1970) insistía en que el triunfo de Allende representaba un proceso electoral democrático y dejaba claro que este proceso también despertaba temor en el escenario conservador de Costa Rica. Asimismo, las páginas de los medios comunistas presentaban imágenes del triun- fo, entrevistas con Allende (Entrevista con el presidente 1970) y espacios destacados para celebrar de manera entusiasta el contexto chileno. Esto representó un punto de ruptura en la cultura política de las discusiones internacionales en Costa Rica, pues si anteriormente lo que sucedía fuera de las fronteras nacionales era analizado con el objetivo de fortalecer el imaginario de excepcionalidad respecto al país, la primicia de esta coyuntura fue ubicar a Costa Rica expresamente en el interior del contexto latino- americano y valorarlo a la luz del proceso inaugurado por Cuba en 1959 y seguido por Chile (Allende presidente 1970). Ese escenario preparado por medios de comunicación, políticos nacionales y todo tipo de simpatizantes del nuevo gobierno chileno se materializó a finales del mes de octubre en la primera expresión pública de solidaridad, cuando jóvenes, universitarios, comunistas de viejo cuño, políticos reconocidos y organizaciones gremiales se reunie- ron en un conocido cine capitalino. La prensa de izquierda calificó el evento como una muestra de “solidaridad internacional proletaria”. En esa reunión, algunas personas ofrecieron discursos impresos en los diarios. El más difundido de ellos, pronunciado por Ferreto, terminó de estrechar los pa- ralelismos entre Chile y Costa Rica, al afirmar: “las tradiciones chilenas tienen cierta semejanza con las de Costa Rica. El Partido ha utilizado esas tradiciones para apoyar su lucha para la democracia. Como el de Costa Rica, el pueblo chileno cree en las elecciones y tiene razones para ello”. Conocido por ser uno de los políticos que mol- dearon el imaginario del “comunismo a la tica”, Ferreto aprovechaba el contexto para fortalecer ideas tales como la solidaridad antiimperialista y la posibilidad de alcanzar un gobierno de izquierda mediante la vía electoral. Al hacerlo, concluyó: “En ningún momento podemos dejar la impresión de que Chile se queda solo, sin amigos. Es de vi- tal importancia para nosotros que amplias capas del pueblo comprendan la necesidad de la solidaridad. Tenemos que organizar mejor y desplegar mejor la solidaridad inter- nacional”. Según el político, la experiencia chilena había probado una teoría histórica- mente defendida por los comunistas de Costa Rica: “que es posible una vía pacífica” (Respaldan el triunfo 1970, p. 10). El vocabulario de solidaridad, durante este contexto, demuestra la circulación de ideas en América Latina. En este escenario, la izquierda costarricense y sus miembros en el movimiento estudiantil encontraron un taller cultural para vincularse con una reivin- dicación política que despertó esperanza en los países del Tercer Mundo. Las páginas de Libertad imprimieron con tremenda insistencia ideas que evidencian este proceso, con noticias y opiniones para hacer explícito que, “a lo largo del continente”, se manifestaba una “solidaridad combativa con el pueblo chileno” (Ratificado el Triunfo 1970, p. 1). ‘Ferviente solidaridad’ en la Guerra Fría…206 • Anuario IEHS 38 (2) 2023 Cuando Allende asumió el poder en noviembre de 1970, el periódico comunista y el impreso por los universitarios, fueron los medios dedicados a informar sobre el acontecer político de Chile (Substitución del sistema 1970, Cerraremos la brecha 1970, Construir un nuevo 1970, Un Chile más 1970, Miranda 1970, Rodríguez 1970, Chonchol 1970, Corvalan 1970): allí se avizoraron esperanzas y transformaciones, pero se enunció la solidaridad, las amenazas y la “agresión imperialista” (Bolivia solidaria 1970, p. 3). El 14 de noviembre de 1970, cuando se hizo pública la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Chile y Cuba (Chile y Cuba 1970), un muchacho que estudiaba en la UCR y que era parte de la JVC viajó hasta Chile para presenciar la toma de poder de Allende. Al regresar a Costa Rica, valoró su experiencia y aquello que sus ojos habían vis- to. En una entrevista, confesó su admiración por el protagonismo de las juventudes chi- lenas. Destacó las organizaciones de estudiantes que surgían al calor del gobierno y de las muchas expectativas, que abarcaban reivindicaciones variadas desde la lucha contra la pobreza hasta las nacionalizaciones de empresas extranjeras. Pero el aspecto que más despertó entusiasmo en él fue uno de carácter cultural: las paredes pintadas “con buen gusto y audacia política”, ante las que expresó su admiración por la “gloriosa juventud”, cuyas filas se fortalecían rápidamente en lo que calificaba como “una de las más produc- tivas campañas de reclutamiento” de la historia chilena (Grandes esperanzas 1970, p. 8). Expresiones como las que Solís presenció causaron un impacto relevante entre es- tudiantes y jóvenes de Costa Rica. Cuando Rodolfo Arias Formoso (2007) escribió una novela sobre su propia generación, se dedicó a describir la escena universitaria de la década de 1970, con un movimiento estudiantil eufórico e influenciado por el contexto latinoamericano. Bajo esta inspiración, una cantidad relevante de estudiantes de la UCR militaron en partidos políticos y, como lo habían hecho sus congéneres de Chile, se de- dicarían a pintar muchas de las paredes de la capital, pero de manera clandestina; así, el proceso que causó impacto en las identidades del movimiento estudiantil fue la solida- ridad, motivada por el golpe de Estado contra Allende, luego de tres años de gobierno. Golpe y solidaridad: afrontar la crisis Uno de los intelectuales más destacados en la Costa Rica del siglo XX fue Isaac Felipe Azo- feifa Bolaños, quien había estudiado en Chile y fue embajador de Costa Rica en ese mismo país entre 1962 y 1966. En febrero de 1971, el poeta y profesor de la UCR viajó hasta Chile, y a su retorno habló con Universidad. Como sucedió con otros intelectuales, en el pasado él había estrechado lazos con miembros del nuevo gobierno chileno y sus opiniones fueron ampliamente difundidas en el medio universitario (Universidad entrevista 1970). Otros intelectuales que también habían estudiado en Chile, como el rector de la UCR, Carlos Monge Alfaro (1971, p. 16), valoraron aquel contexto como un proceso “revolucionario”, que enfrentaba al anticomunismo como ideología hegemónica de la Guerra Fría. Este escenario, fortalecido por la circulación de ideas, hizo que las expresiones de solidaridad llegaran hasta el campus de la UCR y, lejos de ser opacada por el ascenso de Randall Chaves Zamora Anuario IEHS 38 (2) 2023 • 207 Allende, se extenderían durante las décadas venideras; la solidaridad convivió junto a la alerta constante de las amenazas estadounidenses y las élites chilenas, e hizo fortalecer entre las juventudes una identidad cruzada por el vocabulario antiimperialista, como sucedía entre otras organizaciones de izquierda en América Latina (Marchesi 2021). Tal afrenta antiimperialista, sin embargo, no presentaba demasiadas novedades dis- cursivas, porque se inspiró en el comunismo de viejo cuño e insistió en el papel de los Estados Unidos y la CIA en los atentados, el desabastecimiento de alimentos y un “boicot” económico que preparó el escenario para el golpe de 1973. Habría que esperar décadas, sin embargo, para que los archivos descalificados de la CIA e investigaciones históricas evidenciaran que aquellas ideas no eran una inclinación ideológica, como eran interpretadas por entonces (Lockhart 2019), sino que respondían a la realidad. Sin embargo, el antiimperialismo y la solidaridad para con Chile se conjugaron exitosa- mente. La solidaridad permitía imaginar nuevas formas de acción política y de hacer pú- blico el lugar histórico que el movimiento estudiantil de Costa Rica había asumido en este momento de la Guerra Fría, caracterizado por el apoyo a la movilidad de personas y el pro- tagonismo en actividades culturales organizadas por la juventud estudiantil, cuyo impacto fue relevante tanto en ese momento como en las memorias públicas de las juventudes. Un momento que despertó simpatía y solidaridad para con el proceso chileno suce- dió en el segundo semestre de 1971, cuando la FEUCR informó que el cantante “chileno y latinoamericano” Víctor Jara visitaría la UCR (Víctor Jara 1971, p. 4). Con un auditorio lleno, el cantautor ofreció dos conciertos en noviembre y, durante su paso por el país, fue entrevistado por el movimiento estudiantil. En sus palabras, Jara se presentó como un combatiente contra la “campaña de desinformación” sobre la política de su país y fue re- presentado por la juventud como un “artesano de la canción”. Jara habló de la relevancia de expresiones culturales como la “nueva canción chilena” y aseguró que las suyas se tra- taban de canciones “revolucionarias”. Puntualizó su solidaridad para con los contextos de violencia en otros lugares, como Vietnam, y expresó la relevancia de su movimiento cultural para las juventudes de América Latina (Lo que es revolucionario 1971, p. 5). La presencia de Víctor Jara, sin embargo, no acabó con su visita. Décadas más tarde, cuando uno de los jóvenes que trabajaba para la redacción del semanario Universidad re- cordó la transformación cultural y de las identidades juveniles que tuvo lugar en la década de 1970 y el papel de Chile en ese proceso, evocó, como lo hicieron los universitarios de la Facultad tomada en pleno siglo XXI, que la música y la figura de Víctor Jara había sido una inspiración para elaborar sus nuevas ideas políticas. Según él, la música del chileno inspiró a la gente joven a escuchar “música de protesta”, constantemente transmitida en la Radio Universitaria (Archivo Universitario Rafael Obregón Loría 2016, Acuña Ortega 1971). Según las memorias, esto amplió el horizonte musical de aquellos años e impactó en sus ideas. Para 1972, la FEUCR invitó a otros cantantes, como el catalán Joan Manuel Serrat (Joan Manuel 1972), y otros chilenos internacionalmente reconocidos, como Inti Illimani, también cantaron en el campus en 1972; la misma cercanía de las juventudes universitarias con la nueva canción chilena, que germinó con Jara, hizo que su muerte, ‘Ferviente solidaridad’ en la Guerra Fría…208 • Anuario IEHS 38 (2) 2023 durante los primeros días de la dictadura de Pinochet, generara una conmoción inédi- ta entre el movimiento estudiantil (Un golpe 1973, Así murió 1973). Durante 1972 y 1973, las juventudes comunistas y el movimiento estudiantil de la UCR recordaron constantemente el logro que había implicado el triunfo de un gobier- no socialista por la vía democrática (Ferreto Segura 1973c, Ferreto Segura, 1973d), pero al lado de ello informaban de manera insistente sobre la crisis que enfrentaba el nuevo gobierno (No hay soberanía 1972, Provocar el caos 1972, Análisis de la realidad 1972, Miró 1973, Declaración de la Embajada 1972, p. 1). Algunos comunistas de Costa Rica reflexionaron sobre la complejidad del proceso. Francisco Gamboa Guzmán (1973), un conocido líder sindical, fue el primero en reconocer que en Chile existía un escenario adverso. Como lo hacían otros líderes en esos años, él re- cordó la responsabilidad de las juventudes comunistas en la defensa de ese gobierno, pero aceptó que la “conspiración” de las derechas chilenas para derrocar a Allende había gene- rado un tremendo malestar en la sociedad. Por entonces, otro comunista reconocido e influyente entre las juventudes alertó sobre la situación del gobierno de la Unidad Popu- lar. Un texto, publicado por Eduardo Mora Valverde (1973), fue relevante porque mostró su escepticismo sobre las posibilidades de que Costa Rica pudiera andar por un camino similar al carecer de una izquierda unida como la que había logrado construir Allende. Años más tarde, la exaltación de Mora que hacía relación a la “unidad” cobró sentido entre las izquierdas del país: en 1978, fue a través de una nueva organización política a la que bautizaron con el nombre de Pueblo Unido (como referencia a la Unidad Popular) que lograron volver al ruedo electoral. Así, la inspiración de Chile también conformó realidades políticas en las que, tal y como lo recuerdan sus protagonistas, las juventu- des tuvieron un proceso destacado (Arias Formoso 2007), aunque no fue suficiente- mente evidenciado por la prensa de izquierda, que priorizó la impresión de textos de militantes reconocidos (Chile: Unidad 1973, Se eleva nivel 1973, Joaquín Gutiérrez 1973). Libertad y Universidad eran los espacios simbólicos más relevantes para hacer pública la solidaridad para con Chile. En el ocaso del primer semestre de 1973, lo que antes era una imaginación del porvenir, se convirtió en un escenario inminente. La incertidumbre dio paso a la certeza de un golpe y la solidaridad para con Chile fue principalmente asu- mida por personas relacionadas con la UCR, tales como el rector y diputados comunistas, como Manuel Mora Valverde y Marcial Aguiluz Orellana (La Juventud Vanguardista 1973, Mensajes de solidaridad 1973, Costa Rica 1973a). Otros como Ferreto (1973a) y Eduardo Mora Valverde (1973, p. 3) insistieron en escenarios fatales al prever un golpe de Estado. Ante la violencia, que alcanzó su punto máximo en setiembre de 1973, las juventu- des comunistas y el movimiento estudiantil se fusionaron, y muchas identidades po- líticas se alinearon a la izquierda. Un año más tarde, fue ganador, como presidente de la FEUCR, uno de los militantes de la JVC, con una facción política que llevó el nombre de Unidad para Avanzar. En este sentido, la recuperación de las juventudes sobre las temáticas relacionadas con Chile hizo que los discursos sobre la solidaridad se materia- lizaran en acciones políticas, concentraciones y manifestaciones callejeras. Randall Chaves Zamora Anuario IEHS 38 (2) 2023 • 209 La primera manifestación masiva de solidaridad para con Chile que organizó el movi- miento estudiantil se llevó a cabo a inicios de setiembre de 1973. Desde el 1 de setiembre, la FEUCR publicó campos pagados en la prensa, donde justificaron su postura a favor del gobierno de Allende, analizaron el contexto y los “intereses imperialistas de los Esta- dos Unidos”, que intentaban “romper el marco constitucional” chileno y conducirlo a la guerra civil”, y decidieron “brindar la más ferviente y combativa solidaridad al hermano pueblo chileno en su lucha por impedir la guerra civil y mantener dentro de los marcos pacíficos los avances de los cambios revolucionarios de su gobierno popular” (Solidari- dad con el pueblo 1973, Federación de Estudiantes 1973, Llamamiento del Partido 1973). Con esta premonición textual, la FEUCR organizó una concentración de solidaridad para con Chile, que se extendió durante una semana completa. Esa jornada fue desarro- llada en el lugar más importante para el movimiento estudiantil de Costa Rica, que era una explanada recientemente inaugurada y que había sido creada por los universitarios para conmemorar el 24 de abril de 1970, cuando protagonizaron las acciones de protesta que ya para entonces eran el mito fundador del movimiento (Jornada de solidaridad 1973, p. 4). Así, es destacada la oficialización que la FEUCR hizo de su solidaridad para con Chile, porque con ello quedó evidenciado el lugar de la Guerra Fría que asumió el movi- miento estudiantil, aun con el conocimiento de los riesgos políticos que esto podía sig- nificar en un país de tradición anticomunista como Costa Rica (El pueblo a la calle 1973). El acto más significativo que realizó el movimiento estudiantil para demostrar su solidaridad para con Chile fue el mismo 11 de setiembre de 1973, cuando se informó por la radio el golpe de Estado contra Allende y su consecuente fallecimiento. Esa mis- ma noche, bajo la lluvia, una multitud de estudiantes tomaron las calles de la capital. Su protesta era encabezada por una enorme bandera de Chile y se extendió por algu- nas horas. Cuando el movimiento estudiantil reportó lo sucedido en Universidad, ofre- ció información periodística sobre el golpe y una nota de opinión caracterizada por la incertidumbre sobre el porvenir (Chile: un golpe 1973, Las polainas y los fusiles 1973, Monge Alfaro 1973, Chile: otra 1973). Libertad, por su parte, ofreció noticias, artículos de opinión e información sobre las acciones que el movimiento estudiantil había orga- nizado para solidarizarse con el proceso chileno (Pueblo chileno 1973, Ferreto Segura 1973e), por medio de convocatorias públicas en las que exaltaron a “la clase obrera, a los campesinos, a los estudiantes, a los intelectuales, a todos los patriotas y a todos los verdaderos demócratas costarricenses, a ofrecer y manifestar su ayuda solidaria” (Solidaridad con Chile 1973, p. 3). Las juventudes comunistas y el movimiento estudiantil costarricense demostraron conocer con detalle el contexto latinoamericano y las élites locales durante la Guerra Fría. Mientras los más tradicionales utilizaban el vocabulario que ya circulaba en los medios y que responsabilizaba a la CIA y los Estados Unidos, el movimiento estudiantil culpó del golpe a las élites chilenas, evidenciando con ello un argumento descentrado, que reconocía la agencia de los países latinoamericanos y de sus dinámicas políticas locales (Mooney y Lanza 2020, El balazo asesino 1973, p. 1). ‘Ferviente solidaridad’ en la Guerra Fría…210 • Anuario IEHS 38 (2) 2023 Tras el golpe, en la UCR no se detuvieron los actos solidarios. El movimiento estu- diantil fue insistente en organizar reuniones, manifestaciones públicas y protestas ante la Asamblea Legislativa, que estaban apoyadas por el diputado Manuel Mora Valverde, quien insistía en que Costa Rica debía condenar el golpe internacionalmente. La Aso- ciación de Estudiantes de Ciencias Políticas publicó: El único camino que le queda al pueblo chileno, no por su voluntad, es la violencia para responder a la represión política y económica que hoy día tratan de ejercer contra él, las clases dominantes en asocio con el imperialismo norteamericano. En esa lucha nosotros somos solidarios con el legítimo gobierno de la Unidad Popular, y propugnamos el es- tablecimiento de una verdadera democracia en Chile (Ciencias Políticas 1973, p. 4). Además de los textos, en el mismo mes de setiembre un grupo de estudiantes sus- pendieron clases y organizaron protestas solidarias con Chile (Ingeniería apoya 1973). Denunciaron la persecución de universitarios de Centroamérica tras el golpe (En Chile persiguen 1973) y crearon una “intensa campaña de solidaridad con el pueblo de Chile” que, según los jóvenes comunistas, se desplegó en todo el “país, protagonizada por estudiantes, obreros, profesionales, por las fuerzas más sanas de nuestro medio” y rea- lizada en el campus de la UCR (Costa Rica 1973b, p. 4). Así, conforme pasó el énfasis mediático y el interés por Chile abandonó la mente de políticos e intelectuales con interés en la política latinoamericana, fue el movimiento estudiantil el encargado de prolongar las manifestaciones de solidaridad (Movimiento popular 1973, Costa Rica 1973b), y su eco universitario fue replicado por profesores y el rector de la UCR (Rector y catedráticos 1973, Manifiesto de profesores 1973). Si bien universitarios y militantes comunistas que formaban parte del movimiento estudiantil no se detuvieron en su difusión de la actualidad chilena, lo cierto es que el impacto más relevante de ese contexto fue el cambio trascendental que tuvo lugar du- rante los tres años del gobierno de Allende respecto de sus identidades juveniles y su renovada cultura política. No es despreciable tampoco la capacidad del movimiento estudiantil al consolidarse como un actor de la sociedad informado y capaz de discutir sobre los contextos más destacados de la Guerra Fría. Asimismo, la solidaridad para con Chile no acabó con el gobierno de Allende; fue justo en ese momento cuando el movimiento estudiantil inauguró otro tipo de proceso, a partir de entonces en el plano del recuerdo. Con esta memoria no solo anhelaron el pasado, sino que dieron signifi- cados a las coyunturas venideras y tendieron su mano a quienes escapaban de Chile y de la dictadura durante las siguientes décadas. Memoria y denuncia: recordar el pasado Mientras asistía al décimo Festival de la Juventud, celebrado en octubre de 1973 en Ale- mania del este, el poeta chileno Pablo Neruda reconoció el aporte de las juventudes del mundo entero con el proceso de la solidaridad para con su país. “Vuestra fraternidad”, dijo Neruda, “es el pan y el agua que necesita la lucha heroica de mi pueblo” (Pablo Randall Chaves Zamora Anuario IEHS 38 (2) 2023 • 211 Neruda 1973, p. 3). En el mismo año, la solidaridad para con Chile por parte de movi- mientos estudiantiles fue masiva y transnacional. Pocos días antes, se había formado la Confederación de Solidaridad con el Pueblo de Chile en Finlandia (¡Por la solidaridad! 1973) y después más de 125 países se reunieron en París en la Conferencia Europea de Solidaridad con el Pueblo Chileno (Conferencia Europea 1974). El eco global que gene- raron estas organizaciones permitió también que el movimiento estudiantil costarri- cense se considerara parte de un movimiento amplio (El mundo se solidariza 1973, p. 4). Para 1974, el movimiento estudiantil ya sabía elaborar coyunturas conmemorativas que le daban forma a sus identidades, pero el golpe de 1973, junto a figuras entonces familiares como las de Salvador Allende y Víctor Jara, les permitió elaborar una nueva memoria, que no hacía énfasis en los elogios del pasado, sino en la denuncia (Allier Montaño 2009) contra la dictadura de Pinochet y los Estados Unidos. En palabras de Elizabeth Jelin (2004), estas fechas, convertidas en motores o coyunturas de la memo- ria, permitieron analizar sus propios desafíos como movimiento estudiantil; y eso fue evidente cada vez que elaboraron jornadas de solidaridad para con Chile. La posibilidad de realizar estas actividades también respondía al contexto del movi- miento estudiantil. Desde 1974, un joven comunista era presidente de la FEUCR y esto permitía organizar espacios conmemorativos excepcionalmente prolongados, con ac- tividades diarias durante semanas completas, que incluían discursos de autoridades universitarias, actividades artísticas, una “marcha de solidaridad con el pueblo chileno” por las calles de la ciudad, así como la interpretación de la música más conocida de la nueva canción chilena (Marcha de Solidaridad 1974, p. 1; Actividades de la semana 1974, Chile vencerá 1974). Para 1974, el movimiento estudiantil ya había conformado el Comité Universitario de Solidaridad con Chile; y en el país había un Comité Nacional de Solidaridad, presidido por Joaquín Gutiérrez Mangel (Semana Internacional 1974), que se unía a las opiniones intelectuales como otro de los métodos conmemorativos (Un año de fascismo 1974, El pueblo de Chile 1974, Denuncia en EE.UU. 1974, El interro- gatorio 1974, Millas 1974, La CIA en Chile 1974). Las fotografías publicadas luego de estos eventos tenían la intención de demostrar la gran cantidad de personas que asistían a estas actividades, organizadas por el mo- vimiento estudiantil, que se solidarizaba con Chile de la mano de otras organizaciones de la sociedad (Reseña gráfica 1974). Con ello, es claro que el golpe se convirtió en un recuerdo privilegiado por el movimiento estudiantil para hacerse notar en el espacio público; y esto mismo permitió que, con los años, se vinculara con otros procesos inter- nacionales a través de viajes a países latinoamericanos (Juventud latinoamericana 1974). En 1975, la FEUCR convocó un gran festival artístico conocido como “Una canción para Chile”. En el mismo escenario donde años atrás había cantado Víctor Jara, varias agrupaciones de jóvenes interpretaron sus propias obras musicales, bajo una enorme inscripción que adornaba la tarima y que decía “Víctor Jara ¡vive!”. En el festival partici- paron agrupaciones juveniles de músicos de Costa Rica, Guatemala y El Salvador, y has- ta la UCR llegaron representantes juveniles de la región para participar como jurado ‘Ferviente solidaridad’ en la Guerra Fría…212 • Anuario IEHS 38 (2) 2023 de la actividad, anunciada como un acto de solidaridad heredero de la nueva canción chilena y antesala del Festival Latinoamericano de la Canción en Solidaridad con el Pueblo Chileno, realizado en un estadio en el centro de la capital, con la asistencia de más de ocho mil personas (Tayacán gana 1975, p. 2, Festival de la Canción 1975, p. 3). La solidaridad del movimiento estudiantil se hizo más notable cuando intelectuales chilenos y chilenas llegaron hasta las universidades públicas y se fortalecieron los Co- mités de Solidaridad. Los estudios (Rojas Mejías y Ramírez Hernández 2021) han dejado constancia del crecimiento de estas redes durante la década de 1970, en la que se invo- lucraron personas ajenas al medio estudiantil: desde agrupaciones de chilenos que lle- garon después de 1973, hasta partidos políticos, organizaciones gremiales, eclesiásticas, artistas, intelectuales y agrupaciones del movimiento estudiantil costarricense. Estos es- tudios dejan claro que los espacios de sociabilidad más importantes para la solidaridad para con Chile durante la década fueron el campus de la UCR y de la UNA, a las que se incluyó una cantidad reconocida de intelectuales exiliados (Ramírez Hernández 2021). Asimismo, durante toda la década fue común que los periódicos universitarios se mantuvieran al tanto del contexto chileno y constantemente fue conmemorado el golpe de Estado con notas y opiniones (Actos de solidaridad 1975, Crece la solidaridad 1976, Homenaje a Salvador 1977, Costa Rica 1977, Costa Rica 1979). Además de unirlo y de permitirle crear lazos con organizaciones que no pertenecían a las universidades, las conmemoraciones ameritaron que el movimiento estudiantil adoptara posturas ante los gobiernos de turno en Costa Rica. En 1977, organizó nuevas jornadas de solidaridad para con Chile con el objetivo de presionar al gobierno de Daniel Oduber Quirós (1974- 1978) para dar un voto de censura ante la Organización de Estados Americanos (OEA) contra la junta militar chilena. Según la FEUCR, que para entonces realizaba activida- des junto a dirigentes del MIR, exiliados en el país (Vinicio Toro 1977), un elemento grave de la dictadura era el “desfinanciamiento” de las universidades y la inexistencia de becas (Estudiantes piden 1977, Directorio de la FEUCR 1977a, Directorio de la FEU- CR 1977b, ¡Exclusivo! Informe 1977, Denunciarán torturas 1977). La cantidad de personas exiliadas desde Chile y su presencia en la escena cultural cos- tarricense era muy evidente; para finales de la década de 1970, ya se había constituido un Centro Cultural Costarricense Chileno, encargado de realizar actividades en que las personas chilenas exiliadas ofrecieron homenajes a escritores nacionales que recibían galardones (Constituido Centro 1978); y la presencia chilena generó tanto arraigo en el ámbito estudiantil y universitario que para entonces el semanario Universidad era dirigi- do por el chileno Renato Cajas Corsi, que vivía en el país desde 1973 (Renato Cajas 1978). El proceso de solidaridad para con Chile durante toda la década de 1970 permi- tió otro proceso solidario, en que ya no solamente se unieron las personas jóvenes de Costa Rica, sino también los chilenos que vivían en el país desde el golpe. Sofía Cortés Sequeira (2019) ha dejado claro que, a partir del inicio de la Revolución sandinista, una cantidad importante de costarricenses se unieron en brigadas de solidaridad para to- mar las armas y pelear en Nicaragua. Se sabe también que allí la Revolución tuvo un Randall Chaves Zamora Anuario IEHS 38 (2) 2023 • 213 componente estudiantil cuya trayectoria de oposición era de larga data (Rueda 2018, 2019). En este proceso revolucionario se involucraron muchachos y muchachas chilenas, que buscaban transmitir la solidaridad juvenil recibida en Costa Rica y en toda América Latina hacia otros países que libraban batallas contra las dictaduras de la región, por lo que muchas personas exiliadas en el país cruzaron la frontera norte para ingresar a la clandestinidad revolucionaria (Unidad Popular 1978, Movimiento popular 1980). En las actividades públicas de solidaridad para con Chile, constantemente ese país fue analizado junto a Nicaragua. La primera de ellas, tras el triunfo de la Revolución sandinista, fue realizada en setiembre de 1979 y allí asistió el sociólogo y embajador de la Revolución sandinista, Edelberto Torres Rivas. En actividades como esas se enaltecía el triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), para ubicarlo al lado de las fuerzas populares contra Pinochet (Chile: seis 1979). Debido a su apoyo discursivo a la Revolución sandinista, Costa Rica y sus izquierdas y juventudes se convirtieron en re- ferente de solidaridad internacional. Cuando Jaime Estévez, el secretario del Comité de Solidaridad Latinoamericana con Chile visitó Costa Rica en diciembre de 1979, recono- ció el importante papel que había cumplido la juventud del país en el proceso solidario para con Chile, del que se conocía desde inicios de la década (Derechos Humanos 1979). El triunfo de la Revolución sandinista trasladó hacia otras fronteras las preocupacio- nes transnacionales del movimiento estudiantil costarricense, pero luego de la agitación política en Nicaragua, la preocupación internacional más latente siguió siendo el contex- to chileno. Así, el plebiscito que Pinochet convocaba desde inicios de la década de 1980, con el objetivo de perpetuarse en el poder, hizo que el proceso de solidaridad iniciado una década atrás “renaciera” en el ámbito universitario, en el que la larga trayectoria de disidencia contra Pinochet también había generado la transmisión generacional del tema (Plebiscito: Renace 1980). Así, luego de diez años de haber incluido a Chile dentro de su cultura política, esta misma solidaridad fue transmitida por las personas que fue- ron jóvenes en la década de 1970 y que para 1980 ya eran docentes en las universidades; con esto, sus propios estudiantes, la nueva juventud, asumió aquella causa como propia. La década de 1980 vio el fortalecimiento del Comité de Solidaridad con el Pueblo Chileno en Costa Rica y en otros países del mundo, así como el debilitamiento pro- gresivo del régimen de Pinochet durante ese mismo período (En Chile solo 1981). Las acciones de solidaridad que se desarrollaron en Costa Rica durante ese momento vol- vieron a orientarse a reivindicaciones políticas que sucedían en Chile, como el apoyo a huelgas y las denuncias latentes en ese país (Agenda cultural 1983), pero también a conmemorar, ahora con melancolía, el triunfo de Allende, que había despertado sim- patía hacía más de una década (Conmemoran elección 1985, Chile: más 1985). En adelante y hasta la caída del régimen de Pinochet, que ocurrió luego de su fracaso político en 1990, la organización más destacada en el movimiento de solidaridad para con Chile fue Por Chile, constituido en 1986 por intelectuales de la UCR y de la UNA, coordinado por Gutiérrez Mangel, con la participación de jóvenes, estudiantes y un cen- tenar de personas exiliadas, que llegaron al país durante toda la década de 1970 (Nace ‘Ferviente solidaridad’ en la Guerra Fría…214 • Anuario IEHS 38 (2) 2023 movimiento 1986). Durante la década de los ochenta, el movimiento Por Chile celebró sus actos de solidaridad en el Teatro Nacional, la institución cultural más importante de Costa Rica (Un grito solidario 1987); y esos actos conmemorativos se convirtieron en espacios de sociabilidad y encuentro, donde la música, el arte y la poesía (Realizarán peña 1987; Arte, música 1988) siguieron siendo el vehículo para recordar un pasado que impactó, como pocos, a las juventudes y al movimiento estudiantil costarricense. Conclusión En su libro Melancolía de izquierda, el historiador Enzo Traverso (2019) afirma que un punto clave para comprender la cultura política de las izquierdas es analizar la derrota. Esa derrota, que carga con muertes y que preconiza una lectura nostálgica o melancó- lica del pasado, se almacenó en el recuerdo y forma parte de las coyunturas conmemo- rativas más privilegiadas. Esta forma de recordar está compuesta por un horizonte de expectativas, pero también está cargado de futuros inciertos, que durante la Guerra Fría impulsó acciones políticas radicalizadas. Durante todo ese período, un mundo so- cialista pareció posible, tal y como parecía ser posible en Cuba, Chile y Nicaragua. Por esto, las muestras de solidaridad del movimiento estudiantil y de las juventudes cos- tarricenses con su entorno latinoamericano ofrecen explicaciones que anteriormente la historiografía no había considerado y que permiten mirar la transformación en las identidades y las culturas políticas del movimiento estudiantil de Costa Rica, así como sus relaciones con un contexto que no respondía a sus fronteras nacionales. El impacto que generó la solidaridad para con Chile en algunas identidades políti- cas, sin embargo, no tenía antecedentes. Mostrar los escenarios referenciales de este proceso no es un detalle menor. Cuando la izquierda costarricense logró volver al rue- do electoral, nombró su coalición con un nombre muy similar al de la Unidad Popular con que Allende gobernó, y bautizó su partido como Pueblo Unido. Al hacerlo, logra- ron ganar solamente tres escaños legislativos. Las memorias militantes tienden a pen- sar en ese escenario como una de las derrotas políticas más impactantes de la década de 1980. Junto a esto, otro motivo desmembró la izquierda costarricense, y también se relacionó con un proceso de solidaridad juvenil, cuando muchos miembros de agru- paciones políticas y del movimiento estudiantil decidieron convertir la solidaridad en acción política, aunque eso significara ir a las montañas nicaragüenses para inscribirse en una guerra (Cortés Sequeira 2019). No obstante, el involucramiento de las juventudes costarricenses en la Revolución sandinista no acalló la memoria de denuncia y solidaridad para con Chile y este proceso continuó latente hasta que la juventud de entonces vio caer a Pinochet y presenció la transición democrática por la que militó durante dos décadas. Así, como sucedió con el movimiento estudiantil que protestó contra la guerra de Vietnam, para notar las repercusiones de la solidaridad para con Chile es necesario evaluar la transformación de las culturas políticas y las identidades juveniles. Para evaluar ese impacto, además, Randall Chaves Zamora Anuario IEHS 38 (2) 2023 • 215 no basta con mirar hacia el pasado, sino ver hacia las nuevas generaciones estudiantiles, para quienes Chile continúa siendo un significante y un punto de referencia obligatorio, evidenciando aquello que Claudia Rueda (2019) conceptualiza como una “genealogía de la disidencia”. Una genealogía que les hace revivir a Víctor Jara en sus reivindicaciones más actuales y que les hace ubicarse al lado de un contexto político de resistencia, como el de Chile durante el año 2019. Así, como sucedió con las generaciones del pasado, el nuevo contexto enfrenta el movimiento estudiantil a una nueva cultura de la derrota, caracterizada por la consolidación del neoliberalismo y por las batallas culturales del siglo XXI latinoamericano. Por ello, la “ferviente solidaridad” de la Guerra Fría no es un proceso concluido, sino una memoria militante que ubica en el presente a los mártires del pasado y para dar un contenido político e histórico a sus afrentas del presente. Bibliografía ALLIER, E., 2009. Presentes-pasados del 68 mexicano. Una historización de las memorias públicas del movimiento estudiantil, 1968-2007. Revista Mexicana de Sociología, vol. 71, nº 2, pp. 287-317. http:// dx.doi.org/10.22201/iis.01882503p.2009.002.17750. ARCE, L.G., 2020. 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Lo que es revolucionario es lo que está detrás de esta guitarra: Víctor Jara, 1971. Universidad, 22 de noviembre, p. 5. Manifiesto de profesores universitarios contra golpe militar en Chile, 1973. Libertad, 6 de octubre, p. 6. Marcha de solidaridad con el pueblo chileno, 1974. Libertad, 7 de setiembre, p. 1. Mensaje del presidente de la FEUCR al XI Congreso, 1969. El Universitario, marzo, p. 3. Mensajes de solidaridad con la Unidad Popular, 1973. Libertad, 7 de julio, p. 5. Millas, O., 1974. Chile: el futuro pertenece al pueblo. Libertad, 14 de setiembre, p. 13. Miranda, H., 1970. Se abren enormes perspectivas para el pueblo chileno. Libertad, 7 de noviembre, p. 3. MIRÓ, J., 1973. Comentario de actualidad: Chile: el fiel de la historia se inclina hacia la violencia. Univer- sidad, 27 de agosto, p. 20. MONGE, C., 1971. Chile y su Permanente Actitud Revolucionaria”. Universidad, 14 de junio, p. 16. MONGE, C., 1973. Chile: La independencia del hombre ha empezado de verdad. 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Libertad, 24 de octubre, p. 4. https://delfino.cr/2019/10/ucr-mantiene-toma-de-edificios-autoridades-de-la-una-ya-pintaron-paredes-de-rectoria https://delfino.cr/2019/10/ucr-mantiene-toma-de-edificios-autoridades-de-la-una-ya-pintaron-paredes-de-rectoria ‘Ferviente solidaridad’ en la Guerra Fría…220 • Anuario IEHS 38 (2) 2023 Plebiscito: renace solidaridad con el pueblo de Chile, 1980. Universidad, 18 de setiembre, p. 16. Por la solidaridad mundial con el pueblo de Chile, 1973. Libertad, 12 de octubre, p. 3. Provocar el caos económico y político en Chile, 1972. Universidad, 3 de julio, p. 9. Pueblo chileno combate en las calles, 1973. Libertad, 15 de setiembre, p. 1. Ratificado el triunfo de Allende, 1970. Libertad, 31 de octubre, p. 1. Realizarán peña por Chile, 1987. Universidad, 3 de diciembre, p. 12. Rector y catedráticos condenan golpe en Chile, 1973. Libertad, 22 de setiembre, p. 8. Renato Cajas: Jefe de redacción en Universidad, 1987. Universidad, 23 de junio, p. 2. Reseña gráfica de la jornada de solidaridad con el pueblo de Chile, 1974. Libertad, 21 de setiembre, p. 5. Respaldan el triunfo de Allende las mejores fuerzas democráticas de Costa Rica, 1970. Libertad, 24 de octubre, p. 10. RODRÍGUEZ, A., 1970. Culmina toda una vida de lucha del pueblo de Chile. Libertad, 7 de noviembre, p. 3. ROVIRA, J., 1970. Hacia una nueva educación para un hombre nuevo en Chile. El Universitario, octubre, p. 6. Se eleva nivel de vida del pueblo chileno, 1973. Libertad, 28 de abril, p. 7. Semana internacional de solidaridad con el pueblo chileno, 1974. Universidad, 2 de setiembre, p. 13. Solidaridad con Chile: Llamamiento del comité central del partido Vanguardia Popular, 1973. Libertad, 15 de setiembre, p. 3. Solidaridad con el pueblo chileno, 1973. Universidad, 3 de setiembre, p. 20. Solidaridad de nuestro pueblo con el pueblo chileno, 1970. Libertad, 12 de setiembre, p. 4. Substitución del sistema capitalista quiere la mayoría de los chilenos, 1970. Universidad, 26 de octubre, p. 15. Tayacán gana el festival Una canción para Chile, 1975. Universidad, 24 de febrero, p. 2. Un año de fascismo en Chile, 1974. Libertad, 7 de setiembre, p. 4. Un chile más amplio y generoso para los chilenos, 1970. Libertad, 7 de noviembre, p. 3. Un golpe más “made in USA”, 1973. Libertad, 29 de setiembre, p. 2 Un grito solidario por el pueblo chileno, 1987. Universidad, 17 de setiembre, p. 3. Unidad Popular con el pueblo nicaragüense, 1978. Universidad, 29 de setiembre, p. 15. Universidad entrevista a Isaac Felipe Azofeifa. El pueblo chileno tiene la conciencia política más alerta de América, 1970. Universidad, 1 de marzo, p. 3. Vecinos de Grecia con Allende, 1970. Libertad, 26 de setiembre, p. 8. Víctor Jara viene a Costa Rica, 1971. Universidad, 8 de noviembre, p. 4. Vinicio Toro: Siguen masacrando a pueblo chileno, 1977. Universidad, 4 de julio, p. 17. _GoBack