Introducción Hace casi tres décadas fueron descubier- tos en Turrialba los restos culturales prehispá- nicos más tempranos del país. Los datos reco- brados desde entonces han sugerido a los investigadores la existencia de un campamento de grupos humanos cazadores-recolectores de finales del Período Pleistocénico (12000-9000 a.p.). Además, el depósito arqueológico también contenía evidencias de que el lugar fue ocupado por sociedades sedentarias agrícolas entre 2300 y 1200 años a.p. (Snarskis, 1977, 1979; Castillo et al., 1987). Recientemente se obtuvieron datos que han permitido complementar la información existente acerca de las ocupaciones humanas tempranas en Finca Guardiria. Esto ha sido facti- ble a través del análisis de las industrias líticas por ellos utilizadas (secuencias tecnomorfológicas y Cuadernos de Antropología Nº14, 135-157, 2004 funciones hipotéticas de conjuntos líticos), asignándoseles una presumible asociación cro- nológica y proponiendo un determinado arre- glo espacial, mediante planos que muestran las áreas de los depósitos arqueológicos y los espa- cios que carecen de ellos. No obstante, el sitio, al no presentar una estratigrafía clara debido a los diferentes procesos transformacionales (erosión, trabajos agrícolas mecanizados), y al no contar con materia orgánica que permita el fechamiento absoluto, plantea un problema metodológico en el esquema cronológico-espa- cial propuesto; por esto se requiere la búsqueda de depósitos arqueológicos que solventen el problema. Sin embargo, es clara, como ya se había definido desde mediados de los años 70 del siglo pasado, la presencia de dos tipos de tradición tecnológica paleoindia, la sudameri- cana, con su aparición tardía, y la norteameri- cana, así como de tradiciones arcaicas, ambas EVIDENCIAS PALEOINDIO / ARCAICAS Y SU DISTRIBUCIÓN ESPACIAL EN FINCA GUARDIRIA, TURRIALBA Wilson Valerio L. RESUMEN Recientemente, se realizó un estudio evaluativo en Finca Guardiria y, posteriormente, ex- cavaciones restringidas en áreas seleccionadas, a raíz del proyecto de construcción de una zona industrial en dicho terreno. Con el trabajo de investigación arqueológica se pretendió conocer el estado actual del depósito cultural, su carácter estratigráfico-temporal (compo- nentes) y espacio-dimensional (extensión, áreas de actividad, núcleos de concentración) y su relación con el impacto a sufrir por la construcción del complejo industrial. Tales investigaciones muestran que Finca Guardiria, la cual cuenta con más de 57 hectá- reas, mantiene la presencia de materiales arqueológicos (lítica, cerámica) en una densidad variable en 6 áreas arqueológicas definidas. Tales materiales culturales representan las ac- tividades cotidianas de diversos grupos humanos a lo largo de 11.000 años, proponiéndose la existencia de un importante componente paleoarcaico y arcaico entre 9000 y 4000 años a.p. de cazadores-recolectores que da continuidad a las poblaciones paleoindias anteriores. 136 Cuadernos de Antropología de características regionales. Tales tradiciones tecnológicas forman parte del proceso de pobla- miento del Istmo Centroamericano, y reflejan el aprovechamiento de recursos de diversos eco- sistemas mediante la adopción de nuevas estra- tegias de subsistencia y lo que parece ser la con- tinuidad, más que el reemplazo de las poblaciones (Willey, 1966, 1971; Coe, 1960; Sander, 1964, 1977; Gruhn y Bryan, 1976, 1977; Bird y Cooke, 1978; Ranere, 1981; Hester, Kelly y Ligabure, 1981; MacNeish y Nelken-Turner, 1983; Cooke, 1984; Cooke y Ranere, 1987; Rane- re y Cooke, 1991; Fonseca y Cooke, 1993; Snars- kis, 1977, 1979; Pearson, 1998). En consideración a esos aspectos, el Mu- seo Nacional de Costa Rica inició en 1998 un proyecto de evaluación y rescate de la finca, mo- tivado por la construcción de un complejo in- dustrial en su modalidad de zona franca. El sitio, la propiedad y su entorno La propiedad donde se localiza el sitio Finca Guardiria tiene una extensión de más de 57 ha; está compuesta de terrazas con pendien- tes leves y “yurros” con dirección norte-sur, a una altitud de 600 m.s.n.m.. El área, cultivada desde hace varias décadas con caña de azúcar, se encuentra drenada al sureste por el Río Tuis y la Quebrada Eslabón, los cuales confluyen con el Río Reventazón hacia el sur (Figs.1, 2, 7). 137VALERIO: Evidencias paleoindio / arcaicas y su distribución espacial... Figura 2. Fotografías del sitio Finca Guardira mostrando (a) panorámica del terreno y (b) Área arqueológica I. (Fot. R. Vázquez). 138 Cuadernos de Antropología En la zona es característica la presencia de rocas clásticas de las formaciones Brito, Tuis y Las Palmas, y calizas de las formaciones Las Animas1, David y Barra Honda, con intercala- ción de rocas volcánicas (Ministerio Industria y Comercio, 1968). Según la clasificación de zonas de vida de Holdrige, el área de estudio se ubica dentro de la vegetación natural definida como Bosque Muy Húmedo Tropical (Tosi, 1968), lo que implica una precipitación anual promedio de 2611 mm. (Ins- tituto Meteorológico, en Castillo et al., 1987: 22). Al costado nordeste de la propiedad, se elevan las pendientes de los cerros circundantes y al suroeste la mayor depresión del valle, parte importante de lo que fue una laguna conforma- da por el taponamiento del río Reventazón, co- mo consecuencia de la actividad del volcán Tu- rrialba denominada “debris avalanche de Angostura”, con una edad promedio de 14.200 años (17000 años para el evento de la avalancha de acuerdo a las fechas calibradas de Vázquez, 2002: 336) y contemporánea de las coladas de Cervantes que fluyeron desde el volcán Irazú (Al- varado y Leandro, 1997:51).2 Es probable que un panorama similar a ese, o al menos con humeda- les importantes, fue el que encontraron los pri- meros grupos de cazadores-recolectores al llegar a ese valle, alrededor de 3.500 años después. Un ambiente con grandes recursos acuíferos, y de flora y fauna, dentro de una gran área de aprovi- sionamiento caracterizada por bosque lluvioso compuesto, entre otros, por roble encino (Quer- cus costaricensis) y roble blanco (Quercus cope- yencis), de acuerdo a muestras recolectadas en la zona pero, a criterio de Alvarado y Leandro (1997: 53), debido a que en la actualidad esas es- pecies se encuentran a alturas superiores a los 2000 m., tales muestras podrían no estar in situ. No obstante, los estudios paleobotánicos, a los cuales dichos autores también se refieren, indi- can que en Costa Rica para finales del Pleistoce- no la línea de foresta se encontraba unos 1000 m debajo de lo que está hoy en día (Martín, 1964;.Kesel, 1983; Horn, 1985; Hooghiemstra et al., 1992, referencias en Alvarado y Leandro, 1997). Además, durante la incursión de esos pri- meros grupos humanos en el Istmo Centroame- ricano, parece haberse entrado en un nuevo ciclo climático el cual varió de un estado frío y seco a uno más cálido y húmedo conformándose el bosque tropical lluvioso (Martín, 1964; Van der Hammen, 1974; Toledo, 1982; Horn, 1985; Markgraf y Bradbury, 1982; Kesel, 1983; Colin- vaux et al., 1996, referencias en Alvarado y Lean- dro, 1997; Bartlett y Barghoorn, 1973; Piperno, 1985, referencias en Ranere y Cooke, 1991). Por otra parte, en relación con la tempe- ratura, Alvarado y Leandro (1997: 53) son del criterio que pudo haber prevalecido un prome- dio de cerca de 18° C en la zona donde se en- cuentra el sitio Guardiria, unos 5° C menos de la temperatura actual de acuerdo a Cooke y Ra- nere (1987: 256). Registro de los depósitos culturales Si bien es cierto que se habían realizado diversas temporadas de campo en el sitio Guar- diria, en las que se recobró una buena cantidad de material cultural que fue la base para el co- nocimiento del sitio y de sus industrias líticas3, se desconocía con exactitud la delimitación es- pacial de los componentes arqueológicos y su dispersión en toda la finca. Esto motivó que, impulsado por la acción coyuntural del proyec- to industrial a desarrollarse en la propiedad, surgiera el interés de conocer con mayor exac- titud el carácter del depósito cultural, por lo que se llevó a cabo el reconocimiento y prospec- ción de toda la finca mediante la implementa- ción de transectos. Para ello, se utilizaron pla- nos de la propiedad bajo estudio siguiendo las divisiones internas de la finca, márgenes de los ríos Reventazón y Tuis y las quebrada Eslabón y otros drenajes secundarios. También se hicie- ron reconocimientos fuera del área específica de la propiedad, verificándose la extensión de los depósitos culturales al costado noreste. De tal manera, lo que ha sido definido como Áreas arqueológicas I y III son más amplias de lo que se muestra en el plano, debido a que éstas han sido cortadas por la carretera vecinal (Fig. 7). Una vez detectados focos de material ar- queológico, éstos fueron recobrados mediante cua- drículas de 20x20 m., raspando la superficie y re- moviendo entre 5 y 10 cm del terreno (Figs. 3 y 4). 139VALERIO: Evidencias paleoindio / arcaicas y su distribución espacial... Posterior a estos trabajos, se llevaron a cabo excavaciones horizontales restringidas en algunas áreas que podrían ser impactadas por las obras de infraestructura planeadas (Fig. 5). Allí se realizaron excavaciones horizontales, si- guiendo niveles arbitrarios de 15 cm, recupe- rando los materiales culturales, tanto in situ como en el total de la matriz. En este último Figura 3. Cuadros de recolección terraza interior (Bonilla), Área arqueológica I. Se señala con elipse el área de mayor presen- cia de la industria lítica de reducción bifacial. 140 Cuadernos de Antropología caso, los sedimentos fueron recobrados en sa- cos y trasladados al laboratorio de campo, don- de fueron tamizados en mallas de 1/4 y 1/8 de pulgada. Para facilitar esa tarea se utilizó agua con mangueras a presión. En relación con la presencia de material cultural en estas cuadrí- culas resulta interesante, en aras de la metodo- logía comparativa, observar las cantidades tota- les recobradas en las cuadrículas tamizadas y las de recolección in situ y, como es de esperar, favoreciéndose metodológicamente la primera alternativa (Fig. 6). Se excavaron, además, calas estratigráfi- cas de 2 x 2 m. y se limpiaron perfiles en cortes de caminos internos y canales (Fig. 8), con el propósito de buscar una correlación estratigrá- fica y cronológica de los materiales culturales por terrazas (procesos de sedimentación natu- ral y cultural). Sin embargo, en ningún sector fue posible lograrlo. Figura 4. Cuadros de recolección terraza superior (Portón Nuevo), Área arqueológica I. Se señala con elipse el área de mayor presencia de la industria lítica de reducción bifacial. 141VALERIO: Evidencias paleoindio / arcaicas y su distribución espacial... Figura 5. Excavaciones realizadas en el Área arqueológica II. 142 Cuadernos de Antropología Áreas arqueológicas e industrias líticas Fueron detectadas 6 áreas con presencia de vestigios culturales en superficie (Áreas ar- queológicas), algunas de las cuales se conocían anteriormente, pero no se había delimitado su extensión, ni tampoco definido si formaban par- te de un mismo depósito arqueológico o, por el contrario, eran varios. Otras áreas con materia- les en superficie fueron registradas con el pre- sente estudio (Fig. 7). Los materiales culturales recobrados son principalmente líticos y en me- nor escala fragmentos cerámicos del complejo El Bosque (Snarskis, 1976, 1978). Los datos del análisis fueron registrados relacionando atributos tecnológicos y morfoló- gicos de los implementos con su posible uso. Tal procedimiento se plantea mediante un siste- ma unificado, estandarizado y cuantificable que permite la comparación entre elementos de la misma y otra colección, capaz de la codificación y procesamiento de cómputo. Una variedad de atributos es considerada y registrada en fórmu- las codificadas mediante una guía, permitiendo construir una base de datos con la cual se pue- den obtener frecuencias y correlaciones que orienten las interpretaciones de herramientas y desechos (Cuadro 1). Los materiales líticos muestran la adap- tación al medio circundante, ya que se aprove- charon las fuentes de sílex local (Formación Fi- la de Cal), ubicándose las poblaciones a orillas de la cantera (Quebrada Eslabón). También fue- ron de gran utilidad los grandes recursos hídri- cos y de flora y fauna propios de la zona (bosque premontano). Tal materia prima fue controlada y/o modificada siguiendo criterios de selectivi- dad en cuanto a calidades de las rocas y tama- ños de los bloques iniciales para trasladarlos a los talleres de fabricación. En esos lugares, los manufactureros generaron productos mediante acciones de transformación (lasqueo), obser- vándose en los restos procesos de desbastado u obtención de materiales crudos, reducción me- dia o conformación de productos específicos y reducción avanzada o acabado de implementos. También es evidente el uso a que fueron some- tidos varias herramientas y el mantenimiento (reactivación) de algunas otras (Rouse, 1960; Wilsem, 1970; Acuña, 1983 b, 2002; Valerio, 1987; Cabrera, 1994; Nami y Bellelli, 1994; Shott, 1996). Figura 6. Frecuencia de artefactos de cuadrículas recolectadas “con” y “sin uso” de zaranda en el Área Arqueológica II. 143VALERIO: Evidencias paleoindio / arcaicas y su distribución espacial... Fi gu ra 7 . U bi ca ci ón d e Ár ea s ar qu eo ló gi ca s de fin id as e n Fi nc a G ua rd ir ia . ( Il us tr ac ió n Fe lip e So l) . 144 Cuadernos de Antropología Figura 8. Perfil de calle y pozo de sondeo. 145VALERIO: Evidencias paleoindio / arcaicas y su distribución espacial... 146 Cuadernos de Antropología Área arqueológica I Conforma el área más importante en cuanto a tamaño, cantidad y variedad de eviden- cia arqueológica en la finca y, probablemente, en la zona. Gran parte de esta área fue la que se descubrió en los años 70. Su área es de aproxi- madamente 68.590 m2, extendiéndose proba- blemente aún más si se toma en cuenta que ha- cia el costado noreste el sitio fue cortado por la carretera que va a La Suiza, y abarca parte de los cafetales cerca de la loma, fuera de la propie- dad evaluada. Así lo demuestran las recolecciones rea- lizadas para este estudio, tanto en la terraza su- perior (Portón Nuevo) como inferior (Bonilla), con gran cantidad de fragmentos cerámicos y desechos de fabricación en sílex (lascas, algunas de adelgazamiento bifacial)1, núcleos2 y frag- mentos, e implementos terminados del mismo material (n=645) dentro de los cuales destacan (Fig. 9 y 10): l Perforadores de forma triangular y rectangular3. l Raspadores aquillados y seudocarenados (raederas)4 l Raspadores plano-convexos5 l Raspadores de muesca6 l Raspadores finos ovales y discoidales7 l Raspadores amorfos8 l Bifaces o preformas de bifaz 9 l Implementos cortantes unifaciales sobre lascas10, y otros bifaciales (< 5cm) petaloides con lomos mediales leves l Percutores 11 l Núcleos rajar/tajar o tajadores bifaciales12 l Tajador tipo ´´T´´ 13 l Punta de proyectil acanalada.14. Similar a una tipo cola de pez, recobrada en Lago Madden, Panamá (Ver Fig. 10: 1 y nota al final XIV; Bird y Cooke, 1977: Fig. 8; 1978: Fig. 2c y 3c; Ranere y Cooke, 1991: Figs. 4B y 5B), y con algunas diferencias morfológicas a la encontrada en el mismo sitio Guardiria por Snarskis (1977: Fig. 2 F, 1979: Fig. 2 F y Fig. 3 A). l Puntas de proyectil con pedúnculo: Un fragmento distal de punta triangular y cuatro puntas pequeñas asimétricas con pedúnculo en “V” (Fig. 10: 4, 6, 11). l Implementos hachoides en lutitas (rocas sedimen- tarias clásticas)xv y basalto-andesitas l Fragmentos cerámicos. En general, la industria silícea en el Área arqueológica I está representada por técnicas de adelgazamiento bifacial asociada a tecnología paleoindia, especialmente localizada hacia el noroeste de la terraza inferior y en la parte su- reste y central de la terraza superior (Figs. 3 y 4, respectivamente). Esto coincide con lo obser- vado por Snarskis (1977, 1979, com. personal) y Castillo et al. (1987) y los hallazgos de puntas Clovis y Cola de Pez. En los otros sectores del Área arqueológica I, estos materiales se en- cuentran de forma más dispersa. Entre éstos destacan las puntas de proyectil, bifaces o pre- formas de puntas de proyectil / cuchillos en eta- pas crudas, intermedias y avanzadas y en menor escala lascas o desechos producto de su talla. Además, encontramos artefactos que muestran un lasqueo bifacial menos elaborado, como son los implementos de formas petaloides (< 5 cm), tajadores bifaciales y algunas puntas de proyec- til pedunculadas. Además, una gran mayoría de litos son resultantes de la utilización de técni- cas unifaciales, las cuales podrían tener un ám- bito cronológico mucho más amplio incluyen- do el Período Arcaico y el Período Cerámico, como lo son también los desechos y herramien- tas como perforadores, raspadores y algunos de los implementos cortantes. (Fig. 7) Por otra parte, existe un registro impor- tante de utensilios y fragmentos de hachas acinturadas y tajadores sobre rocas sedimenta- rias clásticas (lutita y arenisca), conocidas his- tóricamente por su asociación a sociedades se- dentarias agrícolas. Varios pozos estratigráficos fueron exca- vados en esta Área (Fig. 8), mediante los cuales se ratifica la característica estratigráfica del si- tio, destacada previamente por Snarskis (1977, 1979) y otros investigadores. Tal composición de suelos es confusa en relación con el ordena- miento cultural; es decir, no existe estratigrafía cultural. Hay una primera capa húmica que os- cila entre 15 y 40 cm, a la cual se asocian los materiales arqueológicos y a la que subyace una capa arcillosa amarillenta de mucho mayor pro- fundidad, estéril de restos culturales. En un perfil realizado en el corte de la calle que da al río Tuis, son distinguibles tres capas naturales (Fig. 8). Una primera capa húmica de 70 cm, una segunda arcillosa amarillo-rojiza de 76 cm y una tercera capa arcilloso-blancuzca que se 147VALERIO: Evidencias paleoindio / arcaicas y su distribución espacial... pudo observar hasta 70 cm, pero que proba- blemente es mucho más profunda. La dife- rencia del espesor de la capa húmica de este perfil con el registrado en las calas estrati- gráficas puede deberse a la mecanización agrícola y la erosión del terreno en la zona de las excavaciones. Área arqueológica II Se trata de un pequeño promontorio de unos 25 m de diámetro y 0.90 m de altura ubi- cado a unos 200 m. al oeste del Área arqueoló- gica I; por sus dimensiones es casi impercepti- ble a la distancia. En el montículo, en el cual se encuentran algunos cantos rodados y piedras angulares de entre 10 y 40 cm de largo disper- sos sin ningún orden aparente, se excavaron 24 cuadros de 2 x 2 m. El conjunto artefactual recuperado allí consta de herramientas, un núcleo y tres frag- mentos de percutor: l Una punta de proyectil bifacial burda completa con base en forma de “V” (Fig. 10.2) y tres frag- mentos, uno basal y dos distales. l Implementos cortantes unifaciales sobre lascas y otros bifaciales (< 5 cm) petaloide con lomos me- diales leves. l Raspadores o fragmentos de raspadores aquillados, burdos y seudocarenados. l Raspadores generales burdos y raspadores finos. l Bifaces o preformas de bifaz intermedias. l Fragmentos de percutor. l Herramientas cortantes unifaciales sobre lascas. l Un probable perforador triangular. l Desechos de talla. l Lascas y materiales de desecho. l Implementos hachoides en lutitas y basalto-ande- sitas (rocas sedimentarias clásticas). xvi l Fragmentos cerámicos (solamente 10). El conjunto lítico asociado a esa área es en casi un 100 % de origen sedimentario quími- co, silicatos criptocristalinos; solamente tres herramientas fueron elaboradas sobre rocas se- dimentarias clásticas (lutitas). La industria lítica silícea muestra técni- cas de talla por percusión directa unifacial y de forma leve el retoque a presión; por ejem- plo, en el caso de algunos raspadores y lascas cortantes. En dos fragmentos, se detectó la téc- nica de reducción bifacial. La punta de proyec- til completa y tres fragmentos mostraron las- queo bifacial burdo. Tal cuadro tecnomorfológico de la in- dustria lítica recuperada del Área arqueológi- ca II muestra características que no se asocian a los conjuntos líticos más tempranos conoci- dos de Finca Guardiria, con excepción de los dos fragmentos bifaciales. No existe ahí la tec- nología de reducción bifacial propia del Perío- do Paleoindio representada en el Área arqueo- lógica I. La presencia de raspadores aquillados, varios de los cuales son seudocare- nados, similares a los reportados en Florencia I (Acuña,1983 a; 2002), y a una punta de pro- yectil completa y un fragmento basal con atri- butos semejantes a las que se asocian a herra- mientas del Período Arcaico reportadas en diversas partes del continente (Willey, 1966 Vol. I: Fig. 2.29) favorece la posibilidad de que el Área arqueológica II pueda ligarse a ese pe- ríodo. A la vez, el montículo natural evidencia un área de actividad bien delimitada donde se llevaron a cabo labores de manufactura de he- rramientas y probablemente otras labores re- lacionadas con la subsistencia. Área arqueológica III Se trata de una elevación o loma alarga- da ubicada al centro-norte de la propiedad, a orilla de la carretera principal que va a La Sui- za. El área, de aproximadamente 8.625 m2, fue subdividida en sectores arbitrarios con el fin de observar diferencias en relación con la densidad de materiales culturales y su distribución espa- cial, por lo que se llevó a cabo una recolección exhaustiva aprovechando que el terreno fue re- cientemente arado. El conjunto lítico en sílex recobrado en esa área fue relativamente poco, concentrándo- se mayormente hacia la mitad este del mismo donde, además, se excavaron trincheras de 2 x 10 m. (subdivisiones 4 y 5). El conjunto artefac- tual recuperado consta de herramientas, dese- chos de fabricación y fragmentos de núcleo; las herramientas son: 148 Cuadernos de Antropología l Percutores l Implementos cortantes (< 5cm)de forma petaloide lasqueados bifacialmente, no adelgazados, con lo- mos mediales leves y otros unifaciales sobre lascas. l Raspadores semicirculares plano convexos l Raspadores aquillados burdos y seudocarenados l Raspadores amorfos burdos l Raspadores finos l Perforadores l Un fragmento de bifaz o preforma intermedia l Dos puntas de proyectil, una de las cuales es de las denominadas “pinito” (Fig. 10: 3 y 5) l Implementos hachoides elaborados en lutita. l Fragmentos cerámicos En general, el conjunto lítico del Área arqueológica III es similar al recuperado en el Área arqueológica II, tanto en cuanto al material utilizado como las técnicas de talla y los productos obtenidos. Así, la técnica de talla predominante es el lasqueo por percu- sión unifacial, en el caso de perforadores, raspadores e implementos cortantes. Sola- mente en cinco casos se detectó el uso de percusión bifacial burda, y había solo una preforma bifacial. Esta área, de acuerdo con la muestra artefactual recuperada, no contie- ne evidencias tecnomorfológicas claras que puedan asociarse al Período Paleoindio. Las técnicas de talla, así como la presencia de la punta de proyectil de tipo “pinito”, los raspa- dores aquillados y seudocarenados, y el resto de los desechos de talla y herramientas recu- perados, señalan un ligamen más tardío cro- nológicamente hablando. Parece ser, por lo tanto, que los materiales representan una ocupación arcaica, o paleoarcaica, aunque no se descarta que parte de los materiales co- rrespondan al Período Cerámico. Con respecto a la distribución de los res- tos culturales, no existe un claro arreglo espa- cial de los mismos que indiquen áreas de activi- dad. Sin embargo, su mayor concentración en el sector denominado con el número 4 y la pre- sencia del conjunto de percutores en el sector aledaño número 5 sugieren que en el costado este del Área arqueológica III podrían haberse llevado a cabo actividades especiales de manu- factura. Área arqueológica IV Es un área de aproximadamente 8500 m2 cercana a la quebrada que pasa detrás de la Es- cuela Pública de Eslabón y el río Reventazón. A pesar de que esa área presenta material prehispá- nico en superficie, éste es muy escaso y disperso. Tal característica se pudo comprobar durante las excavaciones realizadas en sectores escogidos del mismo. En trincheras de 2 x 10 x 0,40 m. no se recuperó material cultural, con excepción de unas pocas lascas. En mayor cantidad se recupe- ró cerámica, hachas acinturadas y fragmentos de éstas, y otros artefactos en lutita y arenisca, lo cual parece asociar esta área mayormente con períodos más tardíos de ocupación. Área arqueológica V Situada al oeste de la finca en un peque- ño lomo, cubre un área aproximada de 7470 m2. Fue aquí donde se llevó a cabo la excavación más extensa, y donde se presentó la mayor con- centración de material cultural después del Área arqueológica I. Se removió un área de 148 m2, en unidades de 2 x 2 x 0,40 m. Un total de 191 herramientas y 30 nú- cleos fueron recuperados, además de una canti- dad indeterminada de desechos de talla y en mucho menor escala fragmentos cerámicos. Tal como en las restantes áreas, en el Área arqueológica V el conjunto lítico está com- puesto básicamente por una industria elabora- da en silicatos criptocristalinos, aunque se re- cuperaron 22 herramientas talladas en lutitas y areniscas. Las clases de herramientas definidas es- tán representadas por: l Percutores l Núcleos para rajar-tajar o tajadores bifaciales Un tajador tipo ´´T´´ l Seis puntas de proyectil o fragmentos de éstas, dos de las cuales son completas con pedúnculo y mues- cas, elaboradas en sílex, lutita y basalto (Fig. 10: 7, 9 y 10). Los otros son fragmentos basales (Fig. 10.12) y un fragmento distal. Otra punta completa presenta pedúnculo ancho, espigas y retoque unifa- cial alterno en los bordes (Fig. 10.8). 149VALERIO: Evidencias paleoindio / arcaicas y su distribución espacial... l Implementos cortantes sobre lascas; cuatro de ellos representan rasgos de adelgazamiento bifacial l Preformas bifaciales iniciales y avanzadas l Raspadores aquillados o seudocarenados de apa- riencia burda l Raspadores finos l Raspadores plano convexos l Raspadores amorfos l Perforadores l Herramientas hachoides laqueadas en lutitas y areniscas l Fragmentos cerámicos En general, el conjunto lítico del Área arqueológica V está representado por una téc- nica de talla predominantemente de percu- sión directa unifacial; únicamente ocho he- rramientas o fragmentos de herramientas presentaron rasgos de percusión directa bifa- cial (reducción bifacial). También, en algunos casos se notó el uso de la presión leve. En cuanto a técnicas de talla y a la obtención fi- nal de artefactos, no se muestran rasgos clási- cos de las industrias paleoindias, y tampoco se recuperaron puntas o fragmentos de puntas de proyectil acanaladas o raspadores aquilla- dos finos. Dada la presencia reducida de he- rramientas cortantes con rasgos de reducción bifacial y formas de bifaces en general, y su asociación con raspadores aquillados burdos y seudocarenados, parece ser un área más pro- pia de una ocupación paleoarcaica (probable Arcaico Temprano), similar a lo que Acuña (1983a; 2002) definió para el sitio Florencia I (9000-6000 a.p.). También algunos de los ma- teriales recuperados pueden ser de ocupacio- nes más tardías. En cuanto a la distribución espacial de los materiales culturales, no se observaron di- ferencias importantes; algunos sectores deli- mitados mostraron mayor presencia, aunque nada determinante para poder definir áreas de actividad. Área arqueológica VI La revisión exhaustiva del terreno y al- gunos pozos de prueba realizados determinaron la escasez de material arqueológico en esa área (Fig. 9 y Fig. 10). Resultados generales del estudio Con este trabajo de evaluación y rescate arqueológico realizado en Finca Guardiria, se ha logrado verificar que después de 50 años de labores agrícolas intensivas, y de las recoleccio- nes de materiales que fueron parte de las diver- sas investigaciones realizadas desde hace más de 26 años, aún hay una importante presencia de restos culturales, tanto del Período Precerá- mico como del Período Cerámico. Además, se han obtenido valiosos datos acerca de las ocupaciones humanas en el área de estudio, algunos de los cuales ratifican la in- formación conocida del sitio: los depósitos no sobrepasan los 50 cm de profundidad, su carác- ter es multicomponente, y la materia prima de las fuentes de roca sedimentaria silicificada pre- sente en Quebrada Eslabón fue aprovechada. De igual manera, se postula que en el lugar se lle- vó a cabo una diversidad de actividades de taller, y la obtención y el procesamiento de alimentos, así como de otros productos. Se detectaron seis focos culturales los cuales representan diversos momentos de tiem- po a lo largo de 11.000 años, distribuidos en más de 57 ha de terreno. Algunas de esas áreas, aunque conocidas desde hace casi tres décadas, no se sabía con exactitud, o al menos no se ha- bía registrado, su verdadera extensión, mien- tras que otras áreas fueron descubiertas con el presente estudio. Esos focos culturales (Áreas arqueológi- cas) fueron delimitados espacialmente y, con base en el examen analítico de las industrias de piedra, fundamentados en los procedimientos de reducción de talla, proponiéndose su asocia- ción cronológica hipotética. Industrias líticas asociadas a la reduc- ción bifacial están presentes en el Área arqueo- lógica I, representadas por puntas de proyectil acanaladas, bifaces, preformas o cuchillos bifa- ciales en diversas etapas de manufactura, ade- más de lascas intencionales o desechos de talla asociados a estos, con algunos sectores de ma- yor concentración en la parte central y suroes- te de la terraza superior y la parte central oes- te de la terraza inferior. La presencia de raspadores aquillados finos en asociación con 150 Cuadernos de Antropología Figura 9. (33 % tamaño original): (1)Núcleo unidireccional (2)Núcleo multidireccional (3)Núcleo tajador (4)Percutor semi- rectangular o alargado (5)Percutores semicirculares (6)Raspadores aquillados finos (7)Raspadores aquillados burdos o seudocarenados 8)Raspadores generales planoconvexos (9)Raspadores de muesca (10)Perforadores rectangulares y triangulares (11)Herramientas cortantes unifaciales (12)Cuchillo bifacial (13)Fragmentos de preformas de bifaz (14)Preforma bifacial (15)Implemento cortante bifacial petaloide con lomo medial leve. (Ilustr. 1-4: M. Acevedo). 151VALERIO: Evidencias paleoindio / arcaicas y su distribución espacial... las industrias bifaciales ratifica el componente Paleoindio de dicha área. Algunos bifaces o pre- formas bifaciales se recuperaron, aunque en po- ca cantidad, en las Áreas arqueológicas II, III y V, pero no se pudo verificar la presencia de pun- tas o fragmentos de puntas de proyectil acana- ladas. Sí se recuperaron en esas áreas, así como en el Área arqueológica I, otras puntas de pro- yectil con un carácter tecnomorfológico dife- rente asociadas a períodos de ocupación poste- riores. Dentro de éstas, hay puntas triangulares pedunculadas, también conocidas como “pini- to”, que se reportan, además, en el sitio Floren- cia I (Acuña, 1983: Fig. 3; 2002: Fig. 3c), cuya ubicación cronológica hipotética es Paleoarcai- co/Arcaico Temprano. Otras formas de puntas pedunculadas y muescadas, como las encontradas en Guardi- ria, son utilizadas desde el Precerámico Tem- prano en Centro, Norte y Sudamérica (Willey, 1966 Vol. I: 477 y 55-64, 1971 Vol. II:50-69; Ranere y Cooke, 1996:59). Por lo general, es- tas puntas de proyectil presentan un lasqueo relativamente controlado y algunas muestran leves lomos mediales producto del lasqueo co- lateral y orillas con poco retoque. Una técnica de talla similar a esa es la que presentan algu- nos implementos cortantes (< 5 cm) de forma petaloide lasqueados bifacialmente. Herra- mientas similares a esas fueron encontradas en el sitio Bajos del Tigre, ubicado a 30 km del Va- lle de Turrialba y de probable asociación Arcai- ca (Acuña, 2002; Valerio, 1991: Fig. 5c). Tam- bién Willey (1971 Vol. II: Fig. 2.24) ilustra ese tipo de herramientas presentes en Sudamérica y temporalmente ubicadas hacia 6000 a.p. Además, herramientas de lasqueo bifacial burdo y que fueron utilizadas para labores fuer- tes como tajadores que están presentes en el Área arqueológica V y núcleos rajar / tajar, casi exclusivos del Área arqueológica I, tienen un presumible ligamen Paleoarcaico/Arcaico. La industria de sílex de talla unifacial es- tá presente en todas las Áreas arqueológicas de- finidas, y en todos los períodos culturales, por lo que es menos factible la asociación cronoló- gica de sus conjuntos artefactuales 4(con excep- ción de los raspadores aquillados finos, conoci- das herramientas del período Paleoindio). También los raspadores aquillados burdos y/o seudocarenados de afiliación precerámica, pre- sentes en Florencia I (Acuña, 2002: Fig. 3f), en el sitio Bajos del Tigre (Valerio, 1991: Fig. 5a), en los abrigos rocosos de Chiriquí (Ranere, 1975: Fig. 11; 1976: Fig. 11; 1980a:Fig. 3.0-10; 1980b: Fig. 8/6 a-h) y en la región de Barú Figura 10. (33 % tamaño original): Diversos tipos de puntas de proyectil (1)Acanalada-paleoindia (2)Bifacial burda, probable- mente arcaica (3 y 4)Tipo pinito, probablemente arcaica (5-12) Diversos tipos de puntas probablemente arcaicos. 152 Cuadernos de Antropología (Sheets, Rosenthal y Ranere, 1980: Fig. 14/3f) en Panamá, se encuentran presentes en las Áreas arqueológicas I, II, III y V de Finca Guar- diria, por lo que se favorece la posibilidad de una asociación Paleoarcaica/arcaica (9000-4000 a.p.). Existe la posibilidad de que estos imple- mentos fueran utilizados todavía en el período cerámico, ya que ejemplares morfológicamente similares, aunque elaborados en lutita silícea, han sido recobrados junto con materiales cerá- micos de superficie asociados a la Fase Pavas de la Región Central del país. Tales herramientas son destacables por el uso de una técnica de ta- lla seudo-levallois (Dauvois, 1976). Otros utensilios como perforadores, he- rramientas cortantes y raspadores generales burdos y finos no son exclusivos de ninguna Área arqueológica específica, aunque en el caso de los perforadores la gran mayoría se encuen- tra en el Área arqueológica I. Por tal razón, po- drían estar ligados al mismo período Paleoar- caico/Arcaico (9000-4000 a.p.). No se han reportado herramientas semejantes para el pe- ríodo cerámico en la Región Central, aunque al- gunos implementos que cumplen funciones si- milares y de menor tamaño fueron recobrados por Acuña en el sitio Margot (Acuña, 2002: Fig. 9). En el caso de las lascas para cortar, como las denominadas cuchillos de lomo y lascas latera- les retocada y no retocadas son también repor- tadas por Acuña (2002: Fig. 9 d-g) para el mis- mo sitio Margot. Raspadores de muesca o cóncavos simila- res en forma y técnicas de talla a los de Finca Guardiria (los analizados por Snarskis, 1977, 1979 y Castillo et al. 1987 fueron recuperados en el sector sureste de la terraza superior, el cual es sector paleoindio) son reportados por Acuña (1983a: Fig. 6; 2002: Fig. 4i, 6 c-d) para los sitios Florencia I y La Cruzada. También Ra- nere (1976: Fig. 10; 1980 b: Fig. 8/7 a-e) los re- porta para varios abrigos rocosos del río Chiri- quí. De acuerdo a esos datos, este tipo de instrumentos pudo haber tenido una larga tra- dición durante el Período Precerámico. Por otra parte, núcleos, desechos de ma- nufactura y percutores no presentaron diferen- cias importantes en cuanto a la asociación de las áreas arqueológicas y de su probable ubicación temporal. Tampoco es factible emitir ese tipo de criterios en relación con algunos de los imple- mentos definidos por Castillo et al. (1987), como lo son: raspadores en pico, raspadores en forma de cuchara, tajadores unifaciales, cepillos (gran- des raederas), grabadores, buriles, inserciones para rallar, y poliedros, pues estos no fueron identificados en nuestra muestra. Con base en esos datos, se sugiere una importante ocupación humana de cazadores re- colectores en la zona entre 9000 y 4000 años a.p. que da continuidad a una primera incur- sión de cazadores-recolectores tempranos (11000-9000 a.p.). Posteriormente, el área es ocupada por sociedades agrícolas sedentarias entre 2300 y 1600 a.p. Tales ocupaciones post- paleoindias, representadas en una microárea delimitada por la propiedad bajo estudio, mues- tran el aumento en localidades arqueológicas, sugiriéndose un probable surgimiento demo- gráfico, pero conservándose en grupos peque- ños. Este fenómeno parece ser ratificado con es- tudios subregionales realizados en los últimos años (Acuña, 2002: 41-76; Vázquez, 2002: 334- 369: Messina, 2002: 205-242) como un hecho paralelo, aunque a menor escala, a lo sucedido en otras regiones de Centroamérica (Brown, 1980: MacNeish y Nelken-Turner, 1983; Cooke y Ranere, 1984; Ranere y Cooke 1991). En relación con la tecnología, existe un predominio de percusión unifacial para casi el total del conjunto lítico. En cuanto a la talla bi- facial, existe un cambio progresivo del uso de técnicas de adelgazamiento hacia las técnicas bifaciales burdas en algunas herramientas co- mo puntas de proyectil-cuchillos, las cuales muestran mayores espesores. No existe ningu- na otra técnica de talla particular que indique innovación, aunque las formas y las dimensio- nes de los utensilios varían relativamente5. Tal característica parece sugerir la realización de actividades relacionadas con la caza-recolec- ción-pesca y preparación de productos de flora y fauna silvestre (huesos, pieles, tejidos, made- ras), entre los primeros grupos que ocuparon el área y aquellos que los prosiguieron aprove- chando los ricos recursos de humedales6, fuen- tes de piedra y bosque premontano y Valle de Turrialba. Eran actividades propias de grupos 153VALERIO: Evidencias paleoindio / arcaicas y su distribución espacial... de cazadores-recolectores que se desplazaban, en una determinada área en rondas anuales, pero probablemente permaneciendo períodos largos, quizás de forma semipermanente (Kelly, 1995) en lo que actualmente es Finca Guardiria. Notas 1. Actualmente denominada Fila de Cal. 2. Esas condiciones topográficas, hidrográficas y geo- morfológicas fueron recientemente aprovechadas para la construcción de un embalse y represa hi- droeléctrica por parte del Instituto Costarricense de Electricidad 3. Se realizaron análisis exhaustivos (Snarskis, 1977, 1979; Castillo et al., 1987) y preliminares (Coladan- Deleglise, 1988; Pearson, 1998) de los materiales recobrados en Finca Guardiria en las temporadas de campo de mediados de los años 70 y primera mi- tad de los 80. 4. La talla unifacial de herramientas sobre lascas con modestas cantidades de retoque y sin preparación de núcleos tiene una larga tradición en el Área In- termedia, abarcando desde el Precerámico Tempra- no al Cerámico Tardío (Bray, 1984; Ranere y Cooke, 1996: 59 ), por lo que muchos artefactos de la co- lección no pueden ser asignados a ningún período específico. 5. Se ha registrado en otros conjuntos líticos del Valle de Turrialba el uso de la tecnología de percusión bi- polar, relacionada con el período cerámico (Acuña, 1985; 2002). 6. Varios de los depósitos culturales localizados en la terraza inferior de la finca se encuentran concen- trados en pequeñas elevaciones o lomas, sugiriendo la posibilidad de depósitos de agua en sus alrededo- res, quizás de forma temporal. Glosario 1. Desechos de talla: Los desechos son mayormente sin corteza, anchos, gruesos y con plataformas pe- queñas. Fragmentos que se asocian a la reducción bifacial se identificaron en un número reducido, 51 de un total de 1166 en el Área arqueológica I. 2. Núcleos: La muestra de núcleos recuperada es- tá representada principalmente por núcleos amorfos, multidireccionales (en dirección de las extracciones) y únicamente dos ejemplares unidireccionales y bifaciales procedentes del Área arqueológica I. 3. Perforadores: Fueron elaborados sobre lascas gruesas a los que se les ha tallado una o dos puntas por percusión directa y posterior retoque a presión. Parecen haber sido enmangados y utilizados me- diante mociones que requieren fortaleza probable- mente sobre maderas. 4. Raspadores aquillados: Fueron implementos se- miovalados, tallados unifacialmente en lascas muy gruesas. Se logró registrar una secuencia de manu- factura desde las preformas hasta los objetos acaba- dos, los cuales hay finos, burdos y seudocarenados (se les ha rebajado el ápice o quilla en un extremo). Muchos de los ejemplares presentan extracciones que parecen permitir el enmangamiento y su uso en fuertes labores abrasivas en madera, hueso, cue- ros. Varios de los ejemplares presentan pulido tan- to en el borde activo como en las áreas de enman- gamiento. Snarskis los denomina raederas aquilladas y cepillos (scraper planes). 5. Raspadores plano-convexos: Se utilizaron lascas gruesas a las que se les dio forma semicircular, con- servando la faceta ventral plana y provocando ex- tracciones por percusión directa hacia la faceta convexa a lo largo del perímetro. Su tamaño y for- ma parecen indicar su utilización manual en accio- nes fuertes, probablemente maderas, y cueros. 6. Raspadores de muesca: Fueron elaborados sobre lascas normales en espesor a las que se les ha pro- vocado un boquete mediante un golpe fuerte en una orilla y pequeñas extracciones por presión, con el fin de realizar tareas abrasivas sobre objetos ci- líndricos como varas de madera para lanzas. 7. Raspadores finos ovales y discoidales: Fueron ela- borados sobre lascas variables en espesor y tamaño con retoques leves e irregulares en uno o más bor- des de ángulos agudos. Se sugiere un uso para la- bores finas de acabado en hueso, madera o cuero. 8. Raspadores amorfos: Son lascas de formas variadas a las cuales se les ha preparado levemente algún borde mediante percusión directa no bien contro- lada. Tareas variadas. 9. Bifaces o preformas de bifaz: Se dan en etapas cru- das, medias y avanzadas (algunas presentan acana- ladura). Son fragmentos de tamaño variable que re- presentan diversas etapas de manufactura con extracciones por percusión directa, indirecta y pre- sión en ambas facetas. 10. Implementos cortantes unifaciales sobre lascas. Las lascas son normales en espesor, a las cuales se 154 Cuadernos de Antropología le han hecho modificaciones leves unifaciales en uno o más bordes rectos, o en algunos casos cónca- vos, de ángulo agudo. Algunos ejemplares presen- tan extracciones en un extremo sugiriendo su en- mangamiento o presentan un lomo para el apoyo manual. En cuanto a las navajas, éstas se presentan en un número reducido, a tal punto que puede afir- marse que no existió la tecnología de producción de navajas. 11. Percutores: Tres tipos de percutores fueron utiliza- dos: los de forma alargada o rectangular, los se- miesféricos y los amorfos, los cuales presentan di- ferencias de peso y tamaño, sugiriendo variantes en el uso de labores livianas o suaves (retoques, acaba- dos) y de mayor fortaleza o duros (primeras etapas de talla, formalización). También es probable que se utilizaran otro tipo de percutores suaves o punzo- nes elaborados en maderas, astas, huesos o colmi- llos de animal, los cuales no se conservaron. 12. Tajadores: Elaborados a partir de bloques gruesos o núcleos, que por su volumen y peso sugieren su uso en labores fuertes. Tales implementos presen- tan un lado grueso apropiado para el apoyo manual, que en ocasiones tiene corteza y el lado opuesto adelgazado en dos facetas. 13. Tajador tipo “T”: Similares en forma y tamaño a los tajadores, se diferencian de éstos en que son alargados y que tienen un lado angosto que parece sugerir el enmangamiento. El extremo opuesto es amplio con extracciones en varias direcciones y for- ma triangular o de “T”. Su apariencia general es burda, sugiriendo acciones fuertes en labores difíci- les de definir. Algunas evidencias de golpeteo pue- den ser el resultado de su uso. 14. Punta de proyectil acanalada: (L:8.13-A:4.07-E:0.66 cm.) Una punta de proyectil típica de la tecnología de reducción bifacial; presenta un ligero pedúncu- lo y acanaladura reducida que abarca poco menos de la cuarta parte del objeto desde la base (Fig. 12.1). Presenta cicatrices de extracciones superfi- ciales de forma horizontal que se sobreponen en el centro del implemento. Los hombros son ligera- mente redondeados y presenta una pequeña fractu- ra en el extremo distal; guarda semejanzas con el ejemplar reportado en Lago Madden en Panamá el cual se asocia al grupo “cola de pez” (Ranere y Coo- ke, 1991: Figs. 4B y 5B, 1996: Fig. 3.2a; Bird y Coo- ke, 1977: Fig. 8, 1978: Fig. 2c y 3c). 15. Implementos hachoides en lutitas y basalto-ande- sitas (rocas sedimentarias clásticas): Son varios tipos de herramientas hachoides tallados mediante percusión directa unifacial o bifacial, acinturados de doble filo, con pedúnculo o de forma petaloide. Agradecimientos A todos los participantes en los trabajos de campo y laboratorio. Un agradecimiento especial para el Dr. Michael Snarskis por la revisión del manuscrito. Literatura citada Acuña, Víctor J. (1983 a). “Florencia-1, un sitio precerámico en la Vertiente Atlántica de Costa Rica”. Vínculos 9 (1-2): 1-14. (1983 b). “Artefactos líticos lasqueados precolombinos del Valle de Turrialba: Morfología y cronología”. Manuscrito, Laboratorio de Arqueología, Universidad de Costa Rica. (2002). “Cronología y tecnología lítica en el Valle de Turrialba”. Vínculos 25 (1- 2): 41-76. Alvarado, Guillermo y Carlos Leandro. (1997). “Actualización geológica–geofísica de los sitios en donde se construirán las gran- des obras del P.H. 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