Filología y Lingüística XXX (2): 171-203, 2004 ISSN: 0377-628X RESUMEN El presente artículo es el producto de una investigación geolingüística realizada en localidades situadas en las costas atlántica y pacífica de Costa Rica, en donde la principal fuente de trabajo es la pesca. El trabajo consta de 43 mapas lingüísticos puntuales y está dividido en dos partes. En la primera parte –que es la presente- figuran los marcos teórico y metodológico del estudio, además de los primeros 17 mapas lingüísticos. En la segunda parte se mostrarán los 26 mapas lingüísticos restantes, acompa- ñados de una interpretación lingüístico-etnográfica. Palabras clave: Léxico del mar, Costa Rica, mapas lingüísticos y etnográficos, análisis dialec- tológico. ABSTRACT The present article describes and analyses the vocabulary used by fishermen and sailors in Costa Rica, such as tasks related to the sea and the act of fishing. The linguistic material was gathered along the Caribbean and Pacific coasts by means of a geolinguistic field work. This is the first part of an article presenting 43 punctual linguistic maps. The theoretical frame and the first 17 maps are inclu- ded in this issue, whereas the last 26 maps, followed by a linguistic interpretation, will be published in the next edition of this review. Key Words: Terms of the Sea, Costa Rica, linguistic and etnographic maps, dialectological analysis. 1. Introducción Los atlas lingüísticos suelen dedicar una parte a los marinerismos. Se puede mencio- nar como ejemplo el ALEICan, en el que gran parte del tercer tomo (120 páginas con mapas analíticos y lingüístico-etnográficos, y además dibujos con nombres) trata el tema del mar y los seres marinos. En 1977, se publicó Terminología marinera del Mediterráneo, de Manuel EL LÉXICO DEL MAR EN COSTA RICA: ANÁLISIS GEOLINGÜÍSTICO (1) Randi Korneliussen ______________ Randi Korneliussen. Licda. en Filología Española e Inglesa. Profesora en el Colegio Oystese Gymnas y en el Colegio Técnico de Norheimsund, Noruega. Mediadora de conflictos en la region de Hordaland. Correo electrónico: rankodyret@hotmail.com Recepción: 20-5-04 Aceptación: 24-5-04 KORNELIUSSEN: El léxico del mar en Costa Rica: análisis geolingüístico172 Alvar. Este trabajo da una lista con transcripciones, pero no incluye mapas. José Joaquín Montes publicó en 1973 un estudio llamado Muestra del léxico de la pesca en Colombia. De menor escala es El léxico del pescador en Puerto Armuelles (Cáceres y Palacios 1980). Esta publicación trata una zona panameña cercana a Costa Rica, por lo que es particularmente rele- vante para la presente investigación. La meta general del presente trabajo es llevar a cabo una investigación geográfico-lin- güística sobre el léxico marinero de las costas atlántica y pacífica de Costa Rica. Esto abarca tanto el vocabulario usado para nombrar los fenómenos meteorológicos y las características geo- gráficas de estas zonas, como el léxico relacionado con las actividades pesqueras y marineras. Los objetivos específicos son los siguientes: 1. Presentar el vocabulario recopilado en mapas lingüísticos que muestren su distri- bución geográfica1. 2. Interpretar el material para determinar zonas dialectales costeras, y compararlas con la división establecida anteriormente por Agüero (1962) y Quesada (1992b). 3. Contribuir con la realización del Atlas Lingüístico-etnográfico de Costa Rica. 2. Esbozo teórico Los postulados teóricos que han dado base a la presente investigación giran en torno a la disciplina lingüística conocida como geografía lingüística o geolingüística, tal como figu- ra explicada y analizada en Coseriu (1985), Alvar (1969), Montes Giraldo (1970). El objeto de estudio de la geografía lingüística es la realidad viviente del habla en el funcionamiento de una lengua dentro de las diversas regiones de su extensión y, recientemen- te, en los diversos niveles sociales (cfr. Thun 1990). La meta principal de esta disciplina es la elaboración de atlas lingüísticos. Un atlas lingüístico pretende ofrecer un cuadro vívido y ver- dadero de la vida efectiva del lenguaje (Montes Giraldo 1970: 72-3). Además, muestra la dis- tribución geográfica de elementos lingüísticos de un dialecto o una lengua, mediante mapas lingüísticos. Incluye una serie de mapas sobre el mismo territorio; uno para cada concepto lin- güístico, al contrario de los atlas geográficos corrientes, cuyos mapas representan diferentes territorios físicos (Coseriu 1985: 111). De acuerdo con Lope Blanch (1975: 127-30), (...) son el instrumento más sistemático, homogéneo y -tal vez- económico para descubrir y presentar el estado en que se halla, en un momento determinado y en su estructura general, cualquier sistema lin- güístico. Los atlas dan una vista panorámica sobre fenómenos lingüísticos y “una observación general acerca del funcionamiento del lenguaje” (Coseriu 1985: 114). Sin embargo, también tienen sus limitaciones. Gerhard Rohlfs observa que: los atlas lingüísticos jamás podrán constituir la fuente única de nuestro conocimiento del lenguaje regional. Hay una inmensidad de elementos lingüísticos que por una u otra razón escaparán siempre a las encuestas realizadas para un atlas lingüístico (cit. por Montes 1982: 65). Los mapas muestran, por lo general, una sola dimensión de la lengua. Las variedades culturales y las diferencias de prestigio social entre sinónimos no se distinguen muy bien con el sistema tradicional. Filología y Lingüística XXX (2): 171-203, 2004 173 A partir de los años 20, creció en Alemania (Meringer) y Rumania (Schuchardt) la conciencia sobre el valor y la necesidad de relacionar el campo lexicográfico con la etnogra- fía. La escuela de Wörter und Sachen no considera solo el léxico en sí, sino también la reali- dad denotada por este, viendo la lengua como un reflejo del ambiente que expresa (Current Trends in Linguistics 1963, tomo IX: 236). Esto ha dado resultados fructíferos sobre todo en los estudios de actividades primarias, como la pesca y la agricultura. Las palabras para el léxi- co del mar, por ejemplo, están íntimamente relacionadas con la realidad etnográfica de los hablantes. Si se consideran las preguntas 95 y 123 de este trabajo, sobre los diferentes tipos de arpones y redes que se usan en Costa Rica (ver los mapas 34 y 42), se da información adi- cional a las meras palabras, sobre el mundo de los informantes; se dan indicaciones sobre el grado de industrialización, qué especies de animales marinos hay, etc. Efectivamente, el mismo Alvar utiliza en sus atlas, por ejemplo en ALEA y ALEICan, tanto mapas etnográficos que combinan la distribución lingüística de las palabras con dibujos de los objetos, intentan- do “establecer las áreas de las “realia” (M. Alvar 1975: nota preliminar), como mapas exclu- sivamente lingüísticos que responden a los planteamientos onomasiológicos. Por las limitaciones de una investigación como la presente, la relación entre palabras y cosas en este caso se manifiesta únicamente en los mapas lingüístico–etnográficos anterior- mente mencionados y en su interpretación. Esto facilita, sin embargo, estudios posteriores sobre el léxico del mar y la etnografía correspondiente. 3. Marco metodológico El presente estudio se basa en el habla de 43 informantes de 16 localidades de Guanacaste, Puntarenas y Limón, que son las tres provincias costarricenses con línea coste- ra. Personalmente llevé a cabo entrevistas con 33 personas en 12 localidades entre enero y abril de 1997. Se habían encuestado además a 10 informantes en siete lugares a priori, entre 1993 y 1995, la mayoría por Arturo Quesada Aguilar. 3.1. Las localidades Los puntos de referencia fueron elegidos con base en su distribución geográfica, para cubrir con espacios regulares toda la línea costera del país, donde se supone que el conocimien- to sobre el vocabulario del mar es más grande. También hay lugares situados cerca de ríos con actividad pesquera. Se visitaron 13 localidades en el Pacífico (Cuajiniquil, Playa del Coco, Tamarindo, Garza, San Francisco de Coyote, Puerto Moreno, Calle del Arreo, Puntarenas, Quepos, Ciudad Cortés, Puerto Jiménez, Golfito y Paso Canoas) y tres en el Caribe (Barra del Tortuguero, Puerto Limón y Puerto Viejo)2. Se dio importancia a los sitios que mostraban dife- rencias etnográficas entre sí, siendo este uno de los factores que podrían influir en el lengua- je. Hay representados pequeños pueblos aislados, como Barra del Tortuguero, y puertos gran- des, por ejemplo, Puntarenas. Al elegir localidades, se tomó además en cuenta las caracterís- ticas de los sitios visitados. KORNELIUSSEN: El léxico del mar en Costa Rica: análisis geolingüístico174 3.2. Los informantes De los 43 informantes registrados, había 29 pescadores, 4 marineros, y 7 cuyo trabajo también tenía relación con el mar y la pesca: tres indican como profesión “administrador de cooperativa de pesca”; uno, “vendedor de pescado”; uno, “comerciante de mariscos”; uno, “trabajo propio”; y uno, “carpintero de ribera”3. Los hablantes con otras ocupaciones eran per- tinentes por su interés y conocimiento del tema que nos ocupa. Siete personas tenían ocupa- ciones adicionales. La gran mayoría (27 personas) tenía entre 30 y 50 años de edad en el momento de la entrevista (primer semestre de 1997). Sólo ocho tenían menos de 30 años, y seis más de 504 . Optaba por informantes jóvenes o de edad media. Comparados con los mayores, y con- forme Jud y Jaberg, en general resultaban ser más abiertos en cuanto a las respuestas que se buscaban. También se mostraban más pacientes y atentos durante la entrevista, que duraba aproximadamente dos horas. Mi objetivo era registrar el léxico del mar en general, y no, como en muchos casos, el de rescatar un vocabulario en extinción. Esto me permitía utili- zar informantes en distintas etapas de la vida, sin poner énfasis en el rasgo “edad avanza- da”. En caso de no coincidir el lugar de la entrevista con el de nacimiento, siempre me ase- guraba de antemano de que los informantes hubieran vivido muchos años en el sitio, la mayoría desde muy temprana edad. Sobre todo en sitios pequeños fue difícil encontrar hablantes adecuados nacido en el lugar. Veintidós hablantes tenían educación primaria (en parte o completa)5. Sólo ocho tení- an educación más alta que la primaria, de los cuales uno había ido a la universidad. En adi- ción a los informantes mencionados, hay algunos sin registrar6, que eran participantes de entrevistas de grupo en Garza, Puntarenas, Puerto Moreno y Golfito. En algunos sitios me informé en el pueblo o pregunté en la playa para conseguir con- tacto con hablantes adecuados. Si el pueblo tenía una cooperativa o estación receptora de pesca, solía buscar estas. Me facilitó mucho preguntar a los informantes de un lugar por con- tactos en el siguiente. Siempre estuvieron muy dispuestos a ayudarme con nombres y de esta manera se iba desarrollando una red de contactos en el camino. En algunos sitios, las perso- nas de referencia ya me estaban esperando, pues habían sido avisadas por sus colegas en las localidades anteriores. En la costa atlántica, me acompañó un pescador limonense que servía como puente entre los hablantes y yo. De entrada había calculado al menos dos informantes por localidad7. No obstante, resultó insuficiente en ciertas ocasiones. En sitios de convergencia y cerca de las fronteras nacionales, el número de informantes es mayor; en el primer caso, para captar y reflejar la gran variedad en el habla de los habitantes, y en el segundo, para ampliar el material y aumentar la información lingüística en áreas con probable influencia dialectal entre países vecinos. En los sitios donde se realizaron entrevistas colectivas, la cantidad de informantes también fue mayor. En la lista con los datos de los hablantes (tabla 1), los nombres de los diez informantes no entrevistados por mí van en letra cursiva, y la información no obtenida se marca con [—]. Filología y Lingüística XXX (2): 171-203, 2004 175 KORNELIUSSEN: El léxico del mar en Costa Rica: análisis geolingüístico176 Filología y Lingüística XXX (2): 171-203, 2004 177 3.3. El cuestionario Para la recolección del material, se utilizó el cuestionario del Atlas lingüístico de Costa Rica (Quesada Pacheco 1992)8. En dicho cuestionario, el léxico del mar pertenece a un subgrupo llamado El hombre en su ambiente social, y consiste en 131 preguntas directas e indirectas, entre las cuales se encuentran varias del tipo múltiple9. Como no se puede esperar una respuesta simple, estas preguntas son difíciles de manejar, ya que la falta de unicidad aumenta la posibilidad de malos entendidos. Opté por conservar la mayor parte, no obstante, porque son muy útiles para reflejar diferencias etnográficas entre las zonas dialectales. Efectivamente, uno de los objetivos señalados por Quesada Pacheco (ibid.: 9) es “hallar par- ticularidades lingüísticas y etnográficas que estén condicionadas geográficamente”. Las modificaciones que he hecho son las siguientes: se han quitado la pregunta 68, por ser difícil de manejar; la 70, por su poca actualidad en el habla de los informantes; y la 125, que es en realidad una repetición de la 92. Se han depurado también las preguntas 126 – 130, sobre especies de peces y mariscos. Como no disponía de fotos o grabados para mostrar a los informantes, habría sido complicado distinguir un tipo de animal de otro. 3.4. Las entrevistas Se realizaron encuestas directas, normalmente con una persona a la vez, en la casa del informante o en otro sitio tranquilo. En algunos lugares, como en Puerto Viejo y Playa del Coco, hablé con los pescadores en la playa mientras trabajaban. En San Francisco de Coyote, los dos informantes estaban juntos, hablando conmigo y entre sí al mismo tiempo. Otra varian- te de entrevistas colectivas se hizo en Garza, Puerto Moreno, Puntarenas y Golfito, donde fui a las cooperativas y conversé con varios informantes a la vez. Las entrevistas individuales generalmente gozaron de más tranquilidad que las colec- tivas, pero estas también resultaron ventajosas. Al discutir el vocabulario entre ellos, los infor- mantes revelaron distinciones y variaciones del uso que probablemente no habrían sido des- cubiertas de otra manera. Donde las preguntas requerían respuestas con explicaciones más específicas, por ejemplo, dibujos de anclas o presentaciones de redes, barcos, etc., uno o más informantes siempre complementaron eventuales lagunas con la información adecuada, con tranquilidad, después de la entrevista colectiva10. Una entrevista en grupo duró aproximada- mente tres horas y media, dos o más individuales entre cuatro y seis horas en total, y cada una alrededor de dos horas. 3.5. Los mapas La mayoría de los mapas son del tipo mixto, donde las respuestas son representadas por números, letras o palabras. Las voces se organizan alfabéticamente, pero siempre con variantes del mismo lexema o frase juntas, con subdivisiones numeradas (ver por ejemplo el mapa 8, en el que cirial y cirio se consideran variaciones de la misma palabra (e1 y e2)). Las estructuras perifrásticas sinónimas se subclasifican según uno o más elementos de la frase. En el mapa 11, por ejemplo, todas las combinaciones con ir y una variante de costear están juntas; lo mismo KORNELIUSSEN: El léxico del mar en Costa Rica: análisis geolingüístico178 cuenta para frases con navegar más orilla, y navegar en combinación con la raíz cost-. Una respuesta siempre aparece en un sólo grupo, aunque en algunos casos podría, por su forma, pertenecer también a otros. Este es el caso para el verbo costear (ver mapa 11), que en lugar de b1, se podría haber clasificado como h1. El hecho de subdividir las respuestas contribuye a hacer los mapas más ordenados y facilita su análisis. Esto vale sobre todo para los mapas con frases verbales, donde suele haber variantes lingüísticas muy parecidas. Los mapas lingüístico-etnográficos se distinguen de los puramente lingüísticos en varios aspectos, el más llamativo es el hecho de que contienen dibujos. Mientras que los mapas puramente lingüísticos ponen énfasis en el léxico, los mapas etnográficos dan importan- cia también al objeto, y las palabras se organizan según la cosa que denota. Cada ilustración va acompañada de una lista de los nombres que se usan en los diferentes sitios. Cada objeto es representado por un número, y cada nombre por una letra9. En el mapa 34 A, por ejemplo, todos los nombres que figuran bajo el punto 1 representan el mismo tipo de red. 1a, b, c, d y e son voces sinónimas, pero con diferente distribución geográfica. En los mapas etnográficos no se destinguen subnumeraciones entre variantes del mismo lexema. En vista de que el criollo es sobre todo una lengua oral, y de que, además, en la zona atlántica se domina el inglés normativo, en el presente trabajo se dan las voces criollas trans- critas en inglés estándar; de esta manera, se evitará la necesidad de establecer un límite artifi- cial entre el continuo que existe entre los dos idiomas. 4. Mapas lingüísticos y etnográficos Filología y Lingüística XXX (2): 171-203, 2004 179 KORNELIUSSEN: El léxico del mar en Costa Rica: análisis geolingüístico180 Filología y Lingüística XXX (2): 171-203, 2004 181 KORNELIUSSEN: El léxico del mar en Costa Rica: análisis geolingüístico182 Filología y Lingüística XXX (2): 171-203, 2004 183 KORNELIUSSEN: El léxico del mar en Costa Rica: análisis geolingüístico184 185Filología y Lingüística XXX (2): 171-203, 2004 186 KORNELIUSSEN: El léxico del mar en Costa Rica: análisis geolingüístico 187Filología y Lingüística XXX (2): 171-203, 2004 188 KORNELIUSSEN: El léxico del mar en Costa Rica: análisis geolingüístico 189Filología y Lingüística XXX (2): 171-203, 2004 190 KORNELIUSSEN: El léxico del mar en Costa Rica: análisis geolingüístico 191Filología y Lingüística XXX (2): 171-203, 2004 192 KORNELIUSSEN: El léxico del mar en Costa Rica: análisis geolingüístico 193Filología y Lingüística XXX (2): 171-203, 2004 194 KORNELIUSSEN: El léxico del mar en Costa Rica: análisis geolingüístico 195Filología y Lingüística XXX (2): 171-203, 2004 196 KORNELIUSSEN: El léxico del mar en Costa Rica: análisis geolingüístico 197 Notas 1. Tres de los mapas serán lingüístico-etnográficos. 2. La cantidad de localidades visitadas es más grande en la costa pacífica, ya que es tres veces más larga que la atlántica. 3. Con respecto a los datos personales, he sido fiel a la forma dada por los hablantes. Sin embargo, estas for- mas pueden esconder información, sobre todo en lo que concierne nacimiento y ocupación. “Carpintero de ribera”, por ejemplo, equivale a “constructor de barcos”, y “trabajo propio” a “guía de pesca”, que en su lado también incluye actividades pesqueras. En algunos casos, como el de Amado Quirós (San Franciso de Coyote), se da para lugar de nacimiento el nombre del pueblo donde estaba la clínica de maternidad. 4. Dos informantes no dan este dato. 5. En Costa Rica, la educación primaria dura seis años. En la lista con los datos de los informantes se nom- bra también Escuela, o se señala con el año al que llegó el hablante; por ejemplo, 3er grado. 6. Se aseguraba que cumplieran el criterio indicado de natividad. 7. Excepciones son Tamarindo, Calle del Arreo y Paso Canoas, donde los encuestadores escogieron sola- mente a un informante por cada sitio. Aunque la información dada es más escasa que en otros lugares, es de indudable valor, ya que incrementa el material lingüístico en el que se basa esta investigación. La entrevista de Paso Canoas aumenta además el conocimiento sobre el habla de una zona fronteriza. Por estas razones, opté por incorporar también estos testimonios en el trabajo. 8. En la confección de dicho cuestionario, que toca el nivel fonético, el morfosintáctico y el léxico, Quesada Pacheco consultó cuestionarios y atlas tradicionales y más recientes. Los atlas y cuestionarios america- nos (ALEC, ALESUCH, T. Navarro 1948, Alvar / Quilis 1984) y españoles (ALEA, ALEICan, ALEA- NAR) contribuyeron a conformar “en la medida de lo posible, un panorama en conjunto de la realidad dialectal americana y española en general” (Quesada Pacheco 1992c: 9). 9. Los números 2, 45 – 49, 68, 72, 77, 85, 86, 94, 95, 110, 114, 115, 117, 123, 126–130 son del tipo múltiple. 10. En las individuales esta información se obtuvo mejor en el camino. 11. Para marcar que se usan distintos criterios en la organización de las palabras de los dos tipos de mapas, los etnográficos toman como punto de referencia un número en lugar de una letra. Bibliografía Abellán, J. L. 1972. La Idea de América. Origen y evolución. Madrid: Ediciones Istmo. Agüero, A. 1962. El español de América y Costa Rica. San José: Atenea. 1964. “El español en Costa Rica y su atlas lingüístico”. Presente y futuro de la lengua española. Madrid: OFINES. Tomo 1, 135-152. Filología y Lingüística XXX (2): 171-203, 2004 198 Akman, Haçi. Sin fecha. 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