1 EL JUEGO Una perspectiva cristiana Introducción (Preimpresión) Robert Sabean Dixon, M.Div., M.Sc. Luis Fernando Aragón Vargas, Ph.D. Lisa Anderson Umaña, M.Sc. Escuela de Educación Física y Deportes Universidad de Costa Rica Asociación Internacional de Campamentos Cristianos América Latina 2013 Este obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Costa Rica. Corrección filológica: pendiente. PR EI MP RE SI ÓN 2 EL JUEGO Una perspectiva cristiana Introducción El estrés es la enfermedad de hoy en el mundo occidental: estirados en múltiples direcciones, nosotros los posmodernos nos sentimos fracturados, desarraigados y solitarios. Ansiamos la paz, la armonía y un sentido de plenitud, de integridad. Cada día y cada semana el individuo se enfrenta con el manejo del trabajo y el juego. Pero los experimentamos como contrincantes, como experiencias fragmentadas de nuestra vida. Mientras se prepara este manuscrito, llega una revista del mes que dice que los estadounidenses poseen 26 aparatos electrónicos que sirven como medios de comunicación en el hogar promedio; que en los últimos 25 años ha habido una caída del 33% en las cenas familiares; que existe una caída del 45% en la frecuencia con que la gente invita amigos a sus casas, y que el 72% están participando menos en actividades cívicas y grupales. El trabajador de oficina promedio trabaja solamente 11 minutos sin interrupción, y necesita 25 minutos para retomar un proyecto interrumpido (Brown, 2010, pp. 56, 57). En América Latina todavía pensamos que nuestra propia cultura es distinta, que somos menos orientados al trabajo y la eficiencia, que le damos más importancia a las relaciones interpersonales y a la socialización en general, pero la realidad es que la tendencia es la misma que en la cultura norteamericana, aunque sea a un paso un poco más lento. Es solamente cuestión de tiempo para que caigamos en el mismo ritmo frenético de vida. Esta obra está centrada en el juego, la recreación y el ocio: su definición, sus nexos culturales e históricos y su integración en la vida diaria. Al tratarse de una exploración cristiana y bíblica, la meta es descubrir cómo el trabajo y el juego pueden realizarse en el contexto de PR EI MP RE SI ÓN 3 aquello que los Hebreos llaman shalom, definido como plenitud, integridad, salud, paz, bienestar, seguridad, solidez, tranquilidad, prosperidad, perfección, llenura, descanso, armonía, la ausencia de agitación o discordia (Strong, 2007, #7965, #7999). Un ejemplo de shalom sería la bendición en el libro bíblico de Números 6:24-26: “El SEÑOR te bendiga y te guarde; el SEÑOR te mire con agrado y te extienda su amor; el SEÑOR te muestre su favor y te conceda la paz” (Nueva Versión Internacional). Este concepto se define como integridad y bienestar personal en todos los aspectos, aunque obviamente en el contexto de una relación con Dios. La búsqueda del significado del juego en la vida diaria abarca un deseo por la integración y el equilibrio, por el shalom. La Biblia ofrece, en su presentación del tema de la Creación (libro del Génesis), una guía para la integración del trabajo y el juego. En la presente obra vamos a ofrecer una interpretación del Día de Reposo, modelado por Dios mismo (Génesis 2:1-4), como marco para el juego. Hugo Rahner expresa la búsqueda de shalom de la siguiente manera: La persona religiosa “anhela la libertad, el descanso, la liberación de toda preocupación de la mente, el contento del alma sin problemas; anhela una vez más ser un niño, una niña en completa seguridad y, como niño, jugar; … moverse y mecerse al compás de una danza celestial.” (Rahner, 1967, p. 60. Traducción libre). Desde una perspectiva popular y cultural, el trabajo es sagrado. Por lo tanto, el juego es trivial, es un desperdicio, quizás hasta es pecaminoso. Esa fue la conclusión que, supuestamente, nos dejó la Reforma Protestante. Al menos, esa pareciera ser la tesis presentada por Max Weber, cuyo nombre y libro (La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo, 1958/1905) se citan con frecuencia en las obras de sociología. El juego, que tenemos la intención de explorar emocional, física y espiritualmente, se investiga a menudo desde el punto de vista del sociólogo; la tesis de PR EI MP RE SI ÓN 4 Weber es el semillero del que crece toda una colección de afirmaciones y conceptos acerca del mundo del juego y del trabajo. Sus ideas aparecen una y otra vez en prácticamente cualquier libro que se refiera al tema del trabajo y el juego. Weber explora la actitud hacia el trabajo desde finales de la Edad Media, pasando por la Reforma y hasta la Revolución Industrial. Él afirma que la Reforma Protestante interpretó la idea bíblica del trabajo desde un nuevo marco de referencia, citando en particular a Lutero, a Calvino y a los puritanos (Calvinistas en Inglaterra y en las colonias Americanas). Según él, la Reforma avanza una actitud hacia el trabajo, en la cual se promueve abrazarlo como una vocación o “llamado”. El trabajo se convierte en una santa pasión, semejante al ascetismo de la Edad Media. Se deriva entonces que, si el trabajo era una santa pasión, entonces cualquier impedimento a esa pasión sólo podía verse desde una óptica negativa. Weber dice: “El puritano, como todo tipo de asceta racional (...) el fin de este ascetismo era el ser capaz de llevar una vida alerta, inteligente: la tarea más urgente era la destrucción del disfrute espontáneo, impulsivo, el medio más importante era poner orden en la conducta de sus adherentes” (Weber, 1958, p. 119. Traducción libre). “El disfrute impulsivo de la vida, que nos aleja tanto de la vocación del trabajo como de la religión, era por ello el enemigo del ascetismo racional...” (Weber, 1958, p. 167. Traducción libre). El legado de Weber son cinco palabras: “La ética protestante del trabajo”. Al escuchar la frase uno entiende ‘adicto al trabajo’, ‘aguafiestas’, demasiado trabajo y nada de juego. El trabajo es sagrado; el juego es pecado. La Nueva Inglaterra puritana (siglo XVII) y la era Victoriana (Inglaterra, siglo XIX) de los inicios de la era industrial son la razón por la cual hoy la sociedad sufre de una ambigüedad sobre el juego. Esa es la conclusión trillada. PR EI MP RE SI ÓN 5 “Más típicamente en la cultura de Occidente, donde se ha considerado el juego como trivial o secundario, se han visto las competencias como una expresión relativamente falta de seriedad del carácter general de la gente que juega en ellas” (Sutton-Smith, 1997, p. 80. Traducción libre). Esto se dice… “…para sugerir que la ética de juego puritana ha sido la más fuerte y perdurable de todas las retóricas del juego en los últimos cuatrocientos años. Es esa una antítesis a todas las otras retóricas. Ninguna de sus afirmaciones (de los teóricos modernos del juego) tiene mayor sentido a menos que se vea como una negación de la proposición de que el juego es esencialmente inútil.” (Sutton-Smith, 1997, p. 201. Traducción libre). ¿Cómo se traduce la tiranía del puritanismo de Weber en las obras contemporáneas sobre el juego y el ocio? He aquí al argentino Waichman, haciendo eco de Weber cien años después: “Más difícil aún es intentar desarrollar ideas en un territorio que se ocupa del ocio, del tiempo libre, del juego, cuando, históricamente tales nociones han sido negadas, perseguidas, anatematizadas como destructoras de lo humano del hombre, símbolo de lo pecaminoso, de lo banal. Eran (y quizá para alguien aún lo sean) épocas en que el trabajo entendido como sacrificio era la mejor (y la única) alternativa de asemejarse a lo teológico, a lo perfecto. El trabajo y sólo él ‘purifica’ al hombre, lo hacía merecedor de un destino de salvación. (…) Durante siglos se educó, se preparó, se formó para un mundo donde el trabajo era el leit-motiv (…) para el uso de un tiempo obligado en aras de una concepción axiológica centrada en la divinidad y en el pecado.” (Waichman, 2008, pp. 22, 23). Muchos autores detectan una filosofía dualista actuando aquí, y protestan porque ese dualismo ubica el trabajo como algo espiritual y el juego como algo carnal. El dualismo eleva el espíritu y denigra la carne, haciendo que lo material sea intrínsecamente malo. Un dualista que divide lo espiritual de lo carnal argumentaría que lo físico tiene poca importancia, poniendo todo el énfasis en el mundo del espíritu. Ahora bien, esta es la posición bien conocida del gnosticismo, no de las escrituras cristianas. El gnosticismo es conocido por su desprecio y devaluación de la naturaleza y de la carne, para favorecer el espíritu puro, libre y sin ataduras. PR EI MP RE SI ÓN 6 Por lo tanto, en este dualismo se concluye que el juego, en el mejor de los casos, es trivial; en el peor de los casos, es pecado. La literatura que predomina en el tema del ocio, la recreación y el juego está repleta de esas y otras interpretaciones sesgadas. Se afirma que Calvino y San Pablo son dualistas, (Freysinger & Kelly, 2004, p. 43) y que el trabajo es la expiación del pecado original (Haworth & Veal, 2004, p. 2); además se afirma que Dios, por necesidad, tenía que descansar (de Grazia, 1966, p. 24). O nos topamos con la lectura de la siguiente frase: “Las prácticas religiosas, al principio, estaban a menudo centradas en ocasiones festivas para inducir una mayor conformidad con los principios de la organización”, dentro de un artículo titulado Social Control is Induced by Leisure (El ocio induce al control social, Meléndez, 1983, p. 7). También está la afirmación del libro de Ellis (1973, p. xii. Traducción libre): “La ética puritana que afirma que nosotros vivimos para trabajar…” Es difícil que el juego consiga una buena calificación. Pero el juego es parte integral de la vida. Como la tierra, el fuego, el agua y el aire, existen cuatro expresiones básicas en la vida: trabajo, juego, amor, y adoración. El juego pertenece al orden natural; pertenece al orden de la creación. El juego no debe juzgarse como algo trivial, ambiguo, ni mucho menos como algo pecaminoso. El juego es esencial para el crecimiento, el cambio, la salud y nuestro bienestar espiritual. “El juego no es el enemigo del aprendizaje, sino más bien su compañero. El juego es como un abono para el crecimiento cerebral” (Brown, 2009, p. 101. Traducción libre). Cuando se estudia el juego, se le encuentra topándose con otras palabras como la recreación, el ocio, el esparcimiento, el trabajo, los deportes y el tiempo libre. A la mayoría de los autores les preocupa el problema de la integración y autenticidad del ocio, el juego y el trabajo; no obstante, a todos les cuesta manejar definiciones en común de cada término. Por ello PR EI MP RE SI ÓN 7 se hace necesario presentar ya una breve definición de juego, la cual será desarrollada en el Cuaderno #3: el juego es algo voluntario, libre y absorbente; un paréntesis en el tiempo. El juego va más allá de la actividad en sí, es una condición de la mente y las emociones; es placentero, y uno juega motivado intrínsecamente, sin preocupación por obtener ganancias. Se reconoce que la experiencia de juego va acompañada por una constante sorpresa por los resultados, tales como la conciencia de la creación de una comunidad, el toque de lo sagrado, o sólo el simple refrescamiento. Más aún, el juego revelador de Dios está “… marcado por la simplicidad, la espontaneidad, la inocuidad y la colaboración.” (Edwards, 1982, p. 54. Traducción libre). Algunos profesionales y autores de libros y artículos sobre el ocio y el juego nos quieren hacer creer que el trabajo es un castigo por el pecado. Muchísimos autores han planteado que el mundo industrializado occidental está sufriendo las consecuencias de alguna terrible herencia teológica, que culpa al juego como un freno o barrera a lo que debería ser nuestra primera obligación: la fidelidad al empleo o al trabajo. Aún desde el punto de vista de quienes se sientan en las bancas de las iglesias, así como de aquellos que son responsables del liderazgo religioso de las generaciones venideras existe, por lo tanto, un sentido general de ambigüedad y ambivalencia con respecto al entusiasmo con que se debería abrazar el juego. Esta actitud hacia el juego no está aislada a las iglesias. Por ejemplo, un escritor brasileño hace una afirmación parecida, refiriéndose a las actividades recreativas: “A muchos intelectuales, políticos, sacerdotes, trabajadores sociales les parecen fútiles las ocupaciones de esos grupos (excepto los grupos de arte), e intentan en vano combatir tal tipo de convivencia, por la simple superposición de otro modelo de participación, que sea más útil a la sociedad, más comprometido, más serio, y menos divergente de la moral dominante.” (Damineli, 1982, p. 24). PR EI MP RE SI ÓN 8 El cristiano recurre a la Biblia buscando orientación, instrucción, pistas para comprender el rol del juego en la vida. Un recreólogo que trabajaba con jóvenes en una iglesia escribió: “A veces, nosotros que tenemos la vocación de dirigir actividades o ministerios recreativos (trabajo juvenil, campamentos), desearíamos que las Escrituras estuvieran redactadas con tanta claridad como para prestarse para defender el uso de la recreación en nuestros programas. Desearíamos cambiar el mandamiento para que dijera ‘Acuérdate de recrearte. Seis días trabajarás y harás toda tu obra; más el séptimo día es para reposo, recreación y festividad’.” (MacMillan, 1980, p. 6. Traducción libre). El escrutinio bíblico y teológico no puede basarse en pasajes aislados, ni sólo en las metáforas deportivas que utiliza San Pablo. Tal estudio tiene que tomar en cuenta todo lo que es la teología de la creación, la Ley o Torá, los pactos, la vida, muerte, resurrección y ascensión de Jesucristo, así como la reflexión apostólica sobre esos eventos. Al mismo tiempo, existe un problema porque a menudo las conclusiones teológicas sobre el juego se precipitan en la dirección del estudio de pasajes aislados o fuera de contexto. Por ejemplo, cuando Pablo le escribe a Timoteo: “Más bien, ejercítate en la piedad, pues aunque el ejercicio físico trae algún provecho, la piedad es útil para todo, ya que incluye una promesa no sólo para la vida presente sino también para la venidera.” (I Timoteo 4:7, 8), hay una tendencia a extraer del pasaje toda una teología sobre el ejercicio corporal y el juego. La estrategia más prudente es aquella que toma en cuenta la Biblia completa para construir un argumento bíblico sólido, utilizando tanto la narración de la creación en el Génesis, como la descripción de la redención en los Evangelios. En el Antiguo Testamento está la sabiduría dada a través de Moisés, así como la literatura sapiencial de Salomón, David y otros, junto con la guía de los autores del Nuevo Testamento como Lucas, Juan, Pablo y Pedro. Una estrategia que explore la totalidad de la Biblia para establecer una base bien fundamentada para guiar el pensamiento sobre el juego, el ocio y el trabajo, será una mejor estructura para todos PR EI MP RE SI ÓN 9 aquellos que escriban sobre estos temas. Se necesita una mirada fresca a las supuestas vibraciones negativas de la Biblia en lo que respecta al juego. Por otro lado, para la persona cristiana es fácil caer en la trampa de desarrollar sus ideas, pensamientos y decisiones, usando como base el flujo reciente de propaganda que la rodea a través de todos los medios de comunicación. A menudo no estamos conscientes de la existencia de premisas no bíblicas sobre las que se construyen algunas de las ideas que supuestamente tienen un fundamento cristiano. La tesis de esta obra es argumentar que el juego no es ni trivial ni pecaminoso; se intentará fundamentar o defender el argumento conforme a las Escrituras cristianas. Cualquier conclusión de que el juego es pecado no tiene sus raíces en la Biblia. Puede ser que los puritanos de New England y los ingleses de la era Victoriana nos hayan dejado con tal ambigüedad, o puede ser que la gente moderna no sepa cómo entenderlos y sea responsable por insistir en una interpretación de dichas épocas que es, en el mejor de los casos, parcialmente equivocada. El teólogo Leland Ryken, profesor en la universidad evangélica Wheaton, en los EE.UU., dice “En la subcultura evangélica de hoy, la mayoría de la gente finge que el ocio no es digno de la vida del cristiano. Así que se desentienden de pensar sobre éste en la forma en que piensan sobre el trabajo... No existe interés en hablar sobre el ocio en la iglesia contemporánea” (Ryken, 1994, pp. 47, 48. Traducción libre). Un peruano hace eco de esa afirmación refiriéndose al humor, un aspecto del juego: “El mundo eclesiástico en general, y el evangélico en particular ha vivido alejado del humor. Se ha confundido la alegría, la risa y el humor con la mundanalidad…encontramos pasajes en los cuales nuestro Señor dio rienda suelta a su alegría… En todo caso la tristeza, como modo de vida, jamás ha sido una virtud cristiana o signo inequívoco de espiritualidad.” (Palabras del Reverendo Pedro Arana en Acosta, 2009, p. x). PR EI MP RE SI ÓN 10 No es una exageración decir que el trabajo y el juego son dos acciones o actividades básicas con las que nos topamos diariamente. Debido a las muchas afirmaciones que perciben el juego como algo negativo, es hora de echarle otro vistazo al tema, pero desde una perspectiva bíblica. Eso es lo que intenta hacer este libro, con la hipótesis de que el juego en sí mismo tiene el visto bueno de Dios. Son de interés particular los beneficios pedagógicos del uso del juego y la recreación en la formación de niños y jóvenes; se debe insistir en esto, así como articularlo bien, puesto que la afirmación del profesor Ryken no es algo aislado. Muchos líderes de jóvenes experimentan personalmente la falta de atención al valor pedagógico del juego. Con demasiada frecuencia hay malentendidos fuertes sobre el poder pedagógico del juego como medio para impactar la formación de niños y jóvenes. También sucede que los líderes juveniles experimentan ambigüedad intelectual y espiritual sobre qué tan apropiado es el juego, moralmente hablando, en la vida diaria, y no saben dónde ubicarlo en un continuum que va desde lo pecaminoso hasta lo sublime. Ya que el juego se menciona casi siempre en la misma frase que la palabra trabajo, será necesario comenzar hablando sobre ambos tal y como experimentamos la yuxtaposición hoy en día, con todos sus retos y limitaciones. A partir de ahí, se hará un repaso de la historia de la cultura occidental, para ver cómo se han entendido las ideas de ocio, trabajo y juego. Luego, se presentarán definiciones comunes en el ámbito académico sobre dichos conceptos y sobre la recreación, finalizando con una definición propia. La obra continúa con un repaso de los inicios del movimiento de la recreación a partir de la Revolución Industrial, presentando a algunos de sus principales representantes y demostrando cómo las raíces de este movimiento son cristianas. Posteriormente se presenta una confrontación PR EI MP RE SI ÓN 11 de lo lúdico frente a las tendencias del mundo moderno y posmoderno, a la luz de cuatro autores sobresalientes del siglo XX: Johan Huizinga, Joseph Pieper, Jacques Ellul y Thorstein Veblen. Se procede luego a someter nuestra definición del juego a los criterios bíblicos en un estudio de la Biblia: el día de reposo (shabbat), las tradiciones celebrativas de los hebreos, las afirmaciones de Jesús y de San Pablo. Posteriormente se presenta un estudio del shabbat en la vida de la Iglesia, con el argumento de que es desde esta perspectiva que se puede apreciar mejor una vida armoniosa alimentada por el juego. Se explorarán brevemente algunos beneficios del juego para el cuerpo, la mente, las emociones y nuestras relaciones en el contexto de una guía para recreólogos, junto con criterios para el manejo de programas de recreación. Finalmente, se ofrecerán algunas recomendaciones prácticas para la vida, como la celebración del shabbat. En términos muy generales, esa es la línea que sigue la presente obra. Se intentará además responder a algunas ideas equivocadas del entender popular, por ejemplo: ¿Enseña la Biblia que el trabajo es un castigo por el pecado? ¿Eran los puritanos unos aguafiestas? ¿Son las celebraciones cristianas instrumentos de control? Se ofrecen argumentos en contra de algunas afirmaciones que, gratuitamente, han hecho algunos autores: por ejemplo, en su artículo Sobre Metáforas y Músculos: El ‘Juego’ Protestante en la Disciplina de Uno Mismo, Simon Coleman declara: “El Calvinismo intensificaría la desconfianza Católica de la carne, al mismo tiempo que muestra un disgusto intenso por los juegos y las recreaciones distractoras.” (Coleman, 2007, p. 39). ¿Qué tanto de esa frase es digno de confianza? ¿Es teológicamente correcta la afirmación hecha por De Grazia (1966, p. 24) que Dios, por necesidad, tenía que descansar? PR EI MP RE SI ÓN 12 En fin, he aquí un esfuerzo por dotar a las personas cristianas, y especialmente al recreólogo cristiano, con una base teológica y bíblica sobre el mundo de la recreación que puede ser, además, de gran riqueza académica para quienes no profesan el cristianismo. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Acosta, M. (2009). El humor en el Antiguo Testamento. Lima, Perú: Ediciones Puma. Brown, R. 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