Filo y Lingüí. 9(1): 145-154,1983. COMENZAR POR EL COMIENZO O LA TEORIA DE LOS INCIPIT "Por dónde comenzar" intitula Barthes (1) uno de sus artículos señalando esa preocupación legíti- ma de todo principio, preocupación que adquiere dimensiones mayores cuando se trata de la aproxi- mación a un texto literario por los múltiples sentidos que sugiere simultáneamente. Para este problema Barthes propone una solu- ción (2): Partir de una condensación de sentido captada en el cuadro inicial del relato: "No es posible comenzar el análisis de un texto (puesto que este es el problema que se ha planteado) sin adoptar una primera visión semán- tica (de contenido). sea temática, sea simbólica, sea ideológica. El trabajo que entonces queda por hacer (inmenso) consiste en seguir los primeros códigos, señalar sus términos, esbozar las secuen- cias, pero igualmente proponer otros códigos, que vienen a perfilarse en la perspectiva de los prime- ros" (3). "El analista hallará ventajas en este movimien- to, dado que le proporciona a la vez el medio de comenzar el análisis a partir de algunos códigos familiares y el derecho de abandonar estos códigos (transformarlos}, avanzando no en el interior del texto (que siempre es simultáneo, voluminoso, estereográfico). sino en el interior de su propio trabajo" (4). Partir del cuadro inicial del texto, encontrar ah í una especie de condensación de sentido que se organizará en un número limitado de códigos y seguir el hilo y el orden que nuestra hipótesis impone: he aqu í la descripción sumaria del procedimiento anal ítico que vamos a efectuar a continuación, valiéndonos para ello de una novela costaricense, Cachaza, escrita en Estados Un idos en 1975. Su autor es el psiquiatra Virgilio Mora Rodríguez; nacido en San J osé, reside actualmente en Nueva York. Según Duchet (5), el comienzo de un relato es el lugar estratégico de u na "puesta en texto" condicionada de la manera siguiente: 1) Por una relación con el texto, narrativa, temática y semántica a la vez. 2) Por una retórica de la apertura que, a través de procedimientos codificados de "puesta en María Amoretti H. escena", contestará a las preguntas esenciales en todo relato: ¿Quién? Wónde? ¿Cuán- do? 3) Por una relación con el título. Duchet afirma que la primera frase aparece, por así decirlo, recortada de una página ya escrita por el mundo; (6) así, todo comienzo supone un "afuera" del texto, como lo que "ya-estaba-ahí" del mundo. De ese espacio preexistente se separa y contornea el espacio novelesco. De esta manera, entre el mundo y el texto, la primera frase es una decisión. Ella selecciona del mundo sus propios materiales de partida, entre los objetos, los lugares, los momentos, los seres, las palabras. que el mundo le propone. Con estos materiales; la primera frase decidirá el espacio, el trayecto y la lectura del texto. Para nosotros, la frase que delimita a Cachaza, su primera frase, es ese sintagma descriptivo que juega el papel de introducción y que se detiene en el primer punto: "Agitada o taciturna, siempre golpeada, nerviosa o brava o alegre, cantando hablando o rezando o recitando, otras veces por semanas, por meses se la pasa todo el día sentada invierno o verano en la misma esquina del patio de Aislamiento en la Sección de Mujeres, con las piernas flexionadas, entre las rodillas la cabeza sn donde del pelo sólo quedan mechones llenos de piojos y liendres que se rasca con la mano izquierda al tiempo que con la mano derecha se escarba el sexo, medio desnuda, más que medio desnutrida, mucho menos que medio atendida, menos que alguna vez comprendida, casi siempre indiferente, la mirada perdida, de su condición humana sólo la piel carcomida, la cara entre las piernas, las uñas sucias y largas, su lenguaje de palabras desunidas sus risotadas, su llanto que a veces dura días, sus pesadillas, de las que se despierta aterrorizada, gritando hecha un animal salvaje, despertando a todas sus compañeras del manicomio que a todo pulmón gritan a la vez que le dan patadas a las puertas de sus celdas, callen a esa hijueputa loca, cierren la puerta de su calabozo, mándenla para Enfermería o dénle un Leptozinal o un par de maquinazos, callen a esa hijueputa loca" (7). Fácilmente observable, el sintagma introducto- rio de Cachaza corresponde perfectamente a la noción de cuadro gracias a su calidad descriptiva; discurso estático, sincrónico pero, al mismo tiem- po, conjunto inmóvil de datos iniciales que hace 146 Esquina "O" Patio "O" Aislamiento "O" Sección de Mujeres "O" Manicomio FILOLOGIA y LINGUISTICA nacer una fuerza organizadora que desplegándose se hará texto: 1) Focaliza el carácter antropocéntrico del rela- to. 2) Ofrece, de entrada, la información necesaria sobre el medio, los lugares y el decorado dentro del cual se va a desenvolver la acción. 3) Ofrece, desde el principio, la información indirecta sobre el destino de los personajes; presagia su porvenir. 4) Muestra un cierto número de marcas, de procedimientos estil ísticos que se converti- rán en leitmotive retóricos. El inctpit orienta, en fin, la lectura del relato, su legibilidad, concatenando sus elementos primordia- les. Vamos ahora, en el caso de Cachaza, a hacer más explícita, por medio del examen de esos elementos primordiales, esta orientación de legibili- dad. El carácter antropocéntrico del texto Si bien Claude Bremond afirma que todo relato es un discurso que integra una sucesión de aconte- cimientos de interés humano, lo humano puede presentarse bajo formas muy diferentes. Lo huma- no puede definirse frente a lo animal, frente a la máquina, frente a la naturaleza. Sin embargo, en Cachaza lo humano se define frente a lo humano. Así, en el caso de Cachaza, el carácter humano es netamente antropocentrista. Aqu í se trata del hombre y su existencia, simplemente. Todo ese gran problema que veremos desarrollarse paragramáticamente a lo largo del texto está condensado por la siguiente frase minimal, incluida en la descripción introductoria: "de su condición humana sólo la piel carcomida". Así pues, no se trata de otra cosa que de la condi- ción humana. El lugar y el decorado: el encierro Esta condición humana está enmarcada por ciertas coordenadas espaciales, el decorado, que están establecidas en el sintagma descriptivo de una manera semánticamente progresiva: Si asumimos ahora la recomendación de Ed- mundo Cros en Propositions pour une Sociocrttt- que (9), el conjunto de signos citados anteriormen- te nos permite establecer una red de significación, una reducción semántica, gracias a la concordancia que establecen los diferentes signos entre sí. Hablamos de organizar un campo semántico para resolver -como dice Cros- "provisionalmente y según leyes que le son propias la polivalencia semántica de los signos implicados" (10). No obstante, nosotros nos atendremos a la definición que da Greimas sobre el campo semántico: "En sémantique léxicale, on appelle champ séman- tique (ou notionel, ou conceptuel, selon les auteurs) un ensemble d'unités léxicales que I'on considere, a titre d'hypothese de travaíl, comme doté d' une organisation structurelle sousjacente (... ) Elle permet de constituer intuitivemente, et comme point de départ, un corpus, léxematique dont on entreprendra alors la structuration séman- tique gráce a I'analyse sémique" (11). Regresemos entonces al sintagma introductorio. Ahí se presenta el decorado por medio de una serie lexical caracterizada por el límite, el sema del margen, la separación. Este sema se desarrolla por grados hasta transformarse, al final de la serie, en represión, sema evolucionado a partir del sema del margen. Esquina Patio Q- Aislamiento Sección de mujeres Q-I Manicomio Calabozo AMORETTI: Comenzar por el comienzo o la teoría de los incipit Espacio delimitado por dos lados Espacio delimitado por cuatro lados Nominación de un espacio que por determinación de la nomina- ción misma se define no sólo como cerrado, sino también co- mo marginado Espacio también marginado (se- paraci ón en razón del sexo) y por lo tanto también cerrado (12). Encierro pero, el ligazón con los los otros signos de los cuales él es el continentelocativo, partici- pa, por metonimia, del mismo sema de la marginalidad. Encierro, marginalidad y se agre- ga ahora represión Represión, cl ímax de la serie por la adición de parasemas de obs- curidad y de hermetismo. A la pregunta cardinal de "i.Dónde? ", el incipit responde: en un asilo (manicomio). Pero el sema establecido por la relación de ese término con los otros de la serie locativa, le da un significado nítidamente particular: lugar cerrado - encierro - margen - represión = asilo. Si representamos este campo léxico-semántico bajo la forma de oposición dialéctica, se obtiene la siguiente polarización: cerrado/abierto (13). De aqu í podr íamos extrapolar otras manifestaciones, a saber: (interior/exterior), (adentro/afuera), etc. En la polarización abierto/cerrado, 'cerrado' sobrepasa a 'abierto'. 'Cerrado' reagrupa el mayor número de signos: Cerrado Patio aislamiento Sección de mujeres manicomio Abierto esquina 147 Celda Calabozo Según Wellek y Warren: "El marco escénico es medio ambiente (sic), Y los ambientes, especialmente los interiores de las casas, pueden considerarse expresiones metoními- cas o metafóricas del personaje" (14). De esta manera, si el decorado, marco escénico, es una constelación léxico-semántica dominada por los semas 'cerrado " 'represión " la experiencia meton ímica del personaje se evidencia en las siguientes expresiones: "Callen a esa hijueputa loca", "siempre golpeada", "cierren la puerta de su calabozo". Lo que del sintagma introductorio está consa- grado al espacio, es tributario meton ímicamente del carácter antropocentrista del relato pues su función consiste en describir la situación en la cual se encuentra el personaje: la atmósfera, de la que hablan Wellek y Warren inmediatamente después de la cita que hemos hecho más arriba (15). De esa forma la atmósfera es también objeto de una digresión metonímica: "terror", "pesadilla", "vio- lencia", "golpeada", "patadas" (la risa que se transforma en "risotadas", explosión, llanto, rui- do, estridente). El personaje y su porvenir Pero ... équién es el personaje? Si el marco escénico, el lugar, es la experiencia meton ímica del personaje, el personaje del relato en cuestión sera, por consecuencia, un alienado mental (por h relación con "asilo", "manico- mio"), una mujer (por la relación con los sufijos establecidos y por la relación con el locativo "Sección de mujeres"), un marginal (aislamiento), una víctima de represión ("celda", "calabozo"). Los campos léxico-semánticos que definen a este personaje por medio de una' predicación nominal abundante, están marcados por las si- sigu ientes oposiciones: Desintegración Integración Golpeada nerviosa carcomida desunidas 148 privilegiada, no solamente como elemento de profundidad, sino también, y sobre todo, como estrategia discursiva esencial. El tiempo, como ya lo vimos, es rico en unidades convencionales de medición, como tam- bién en marcas de frecuencia. FILOLOGIA y LINGUISTICA Movilidad Inmovilidad Agitada taciturna sentada indiferente Si es cierto que el incipit presagia el porvenir del personaje, el nuestro está hipotéticamente determi- nado por una expresión fija o frase hecha: "pasar- sela". El verbo "pasar", como verbo transitivo, remite al estatismo, a la inmovilidad de la que habla el campo léxico semántico que acabamos de señalar. El complemento de objeto directo aparece ocultado y mediatizado por el pronombre "la" y constituye, por sinécdoque, la metáfora de la vida (16). "Pasársela" remite al estatismo, pero al mismo tiempo al problema de la muerte, por metonimia con la presencia de la vida, y ambas, vida y muerte, remiten a la dimensión temporal: Tiempo 1) inmovilidad Q- muerte movilidad Q- vida Por lo demás, esta dimensión temporal está insertada dentro de una copiosa serie de unidades de medición: día, días, semanas, meses. Y dentro de una serie de unidades de frecuencia: siempre, veces, vez. La dimensión temporal establece la interatividad y hace del texto un cuadro, un cuadro cotidiano (cuadro, detención, estatismo, pero insertado en el tiempo gracias a su iteración). En el sintagma "pasársela", es la duración, el consumo del tiempo, de la vida, lo que esencial- mente importa. En otras palabras, la vida no se recorre, al contrario, se pasa, Se consume en el estatismo -como dice Carmen Naranjo- en un "andar estático" que no puede ser otra cosa que un "pseudo-andar", una "pseudo-vida". Los síntomas de una retórica La introducción muestra un cierto número de procedimientos estil ísticos que se transformarán luego en "Ieitmotive" retóricos del texto: 1) El indicio temporal que acabamos de seña- lar se convertirá en el relato en una categoría 2) La dislocación sintáctica preludia la frag- mentación del relato. La diégesis se desarollará de manera discontinua (17): encontraremos una alter- nancia entre el presente, el pasado reciente y un pasado lejano. Pero esta dispersión cronológica se efectúa por relación con un presente, el de la instancia narrativa, llevada a cabo por un sujeto en todos los sentidos de la palabra ya que se realiza en una función narradora que se desenvuelve a partir de su propio instante y a partir de su propia instancia (18). 3) La disyunción es la figura sintáctica domi- nante: agitada o taciturna nerviosa o brava o alegre hablando o rezando o recitando invierno o verano mándenla para enfermería o denle un Leptozimal o un par de maquinazos. En el sintagma introductorio aparece solamente una vez la conjunción copulativa y, frente a 8 ocurrencias de la disyuntiva o. Como índice de diferenciación, la conjunción o separa. Esta conjunción representa, en el incipit, el comienzo de una larga serie de rupturas organiza- das como paradojas. 4) La paradoja o Id ambivalencia se juega tanto en el nivel semiológico como en el nivel sintáctico, en el cual se manifiesta a través de procedimientos de contradicción tales como la acentuación de la peyoración; por ejemplo: "más que medio desnu- da", "mucho menos que medio atendida". 5) Privilegio de la construcción nominal, de ahí el predominio de lo descriptivo. 6) La descripción diegética: Julieta Fonseca y Marta Rivera (19) señalan 143 pausas. A lo largo del relato la descripción tendrá un carácter particu- lar: un sujeto en acción permite siempre la presentación de la escena a través de la enumera- ción de sus actos. El narrador se transforma en un espectador (movilidad/inmovilidad) y el relato en contempla- ción (pasársela: andar estático). La descripción es, AMORETTI: Comenzar por el comienzo o la teoría de los incipit entonces, significativa. Ella instala el relato en el espacio al mostrar los acontecimientos como es- pectáculos. Así, la descripción inunda el texto ofreciendo al mismo tiempo: a) Una actitud contemplativa y pasiva frente al mundo. b) Un predom in io del ser sobre el hacer; de ah í su relación con el presente. El relato no se hace en el tiempo si no es por su desenvol- vimiento en tanto enunciación. Calificación y cuantificación de la enunciación marcarán una línea de fuerza en la retórica del relato: "angustia", "taciturna", "golpeada", "ner- viosa", "brava", "alegre", "medio desnuda", "mu- cho menos que medio atendida", "menos que alguna vez comprendida", "casi siempre olvidada", "siempre indiferente ". 7) El zoomorfismo como eje metafórico por excelencia: "hecha un animal salvaje". Este proce- dirniento retórico desembocará en la dimensión carnavalesca del relato: "al tiempo que con la rnano derecha se escarba el sexo". El comportamiento aparece aquí completamen- te anima/izado. 8) El énfasis dado a las partes del cuerpo. Este rasgo está, además, fuertemente ligado al sema de la desintegración y de la disyunción como disloca- ción, separación, los cuales, por otra parte, se transforman, en el dominio corporal, en desmem- bración; de ahí que el cuerpo se manifiesta como fragmentado, como desintegrado doblemente por: a) una desintegración de la totalidad: piernas, rodilla, cabeza, pelo, mano, sexo, piel, cara, uñas, pulmón, etc. y por b) una desintegración de la parte bajo el efecto de la invasión de los parásitos y de su acción corrosiva: "donde del pelo sólo quedan mechones llenos de piojos y liendres", " de su condición humana sólo la piel carcomida". Así, el cuerpo aparece roído, carcomido desde el exterior, invadido, violado. VARIA El incipit de Cachaza se aleja un poco de los procedimientos clásicos de "mise en texte". En cuanto a la presentación del personaje central, la novela aparece decentrada: el relato comienza focalizando un personaje que no es el protagonista. Forzosamente nos debemos preguntar por qué (20) esta novela comienza con la presentación de un personaje secundario. 149 Cachaza, el protagonista, será al mismo tiempo el narrador de su propia historia (la diégesis del relato) y el narrador extradiegético (21), el autor, lo quiere libre, espontáneo; el protagonista no será, pues, el objeto de la descripción inaugural del relato para conservar incólume su aparente autono- m ía narrativa. No presentarlo es de alguna manera naturalizarlo. Más tarde (página 5 de la novela), Cachaza hará su entrada y por sus "propios medios", tan pronto como el decorado esté com- pletamente montado. He aqu í una segunda pregunta que debemos plantearnos: si el personaje presentado en medio de esta escena inicial no es el protagonista ni tampoco un personaje secundario que conduzca luego hacia el protagonista, ¿cuál es entonces su función dentro del incipit? La función de este personaje liminar es a todas luces estratégica u operatoria: este personaje no es otra cosa que un medio que facilita la descripción. De ah í su anonimato. El sintagma irrtroductorio es una larga frase cuya expansión se debe a la inserción de numerosos complementos. El sujeto es desinencial: está directamente ausente, indirectamente presente; dicho de otra forma, su presencia no es más que funcional (22). El incipit del relato manifiesta una suerte de lemma que traza una constante de sentido y fija un imperativo de lectura a través de los semas de arranque, tal como han sido definidos por Duchet: "Le sérne, élément de signification minimale, aimante le sens des I'entrée, selon les parcours signifiants, qui traversent le texte tout au long" (23). Todo este procedimiento liminar que constitu- ye el incipit, establece un protocolo de lectura que, ligado estrictamente al título, exige ciertas condiciones de legibilidad determinadas por refe- rencias socioculturales. Un poco de titulología El título forma parte del relato (24) y lo etiqueta. Su función o sus funciones, actúan paralelamen- te a las del incipit, ya que también el título es inauguración del texto. Según Henri Miterrand (25), el título ayuda al lector a orientar su actividad de descodificación. El título funciona de manera meter: í:-:1ica: la parte permite citar el todo. 150 FILOLOGIA y LINGUISTICA En Cachaza, el título es notable por su ambiva- lencia, la cual le asegura una función conativa, incitativa o publicitaria, considerable. El título brusco, una sola palabra, Cachaza, sustantivo singular y asexuado por su propia ambivalencia, aparece marcado por la ausencia de determinantes y esta ausencia le confiere inelucta- blemente una doble lectura: 1) Remite a una cualidad o condición humana: actitud calma, impasible, lenta, inactiva (26) .. La ausencia de determinantes justifica esta lectura pues el sustantivo se transforma, entonces, en un determinante por función, un operador de calificación comportamental: sustantivo. r> Adjetivo. 2) Remite a la nomenclatura de la fabricación de nuestra melaza. Existe en el discurso de los trabajadores de la caña de azúcar una significación muy particular para el término "cachaza": residuo, desecho. En fin, la cachaza es el desecho de la melaza. En los dos casos, es la ausencia de determinan- tes la que permite la doble lectura, la oscilación del sentido. Desprovista de determinantes, la palabra puede pensarse en dos direcciones: el cachaza y la cachaza. Por otra parte, tipográficamente no hay ningún indicio revelador que pueda anular una de las dos lecturas posibles; el título aparece, lo cual es normal tratándose de títulos, completamente en caracteres mayúsculos. Imposibilitados para seleccionar, no haremos ninguna reducción y conservaremos simultánea- mente todos los sentidos: El Cachaza: Ser humano (como calificación no se aplica más que a los seres humanos). La Cachaza: Todo aquello que es desecho, residuo. Como se verá luego, este doble sentido se sostendrá y sobrentenderá a lo largo de todo el texto. Su onmipresencia será efectiva gracias a lo que Jean Ricardou llama la descripción creadora, u na descripción que se desarrolla a partir de directivas formales: "Elle invente en toute cohérence un univers e t tend a susciter un sens avec lequel elle entre en lutte. C'est comme une course contre le sens que peuvent se lire maintes oeuvres conternporaines" (27). La lectura de cachaza en tanto residuo, nos ofrece un s íntoma ideológico que nos sitúa de un golpe en un cuadro muy preciso: una sociedad de clases de la cual el relato presenta sus estratos inferiores, aquellos estratos de la escoria, de la periferia, de la marginación. La lectura de cachaza como calificación como portamental nos ofrece también otro síntoma ideológico: la visión que la periferia o la margina- ción tiene de esta sociedad. De esta manera, en el campo ideológico, la doble lectura del título se encuentra así testirno- niada; ella envía, en un movimiento de vaivén, la mirada de un espacio a otro: la visión que la sociedad tiene del individuo en cuestión y la visión que este individuo tiene de la sociedad en cuestión. Por una parte, el título remite a los rnarginalis- mos; por otra, él mismo es también margen, borde (28), ya que al institucionalizar las fronteras del texto por medio de sus imperativos de lectura, lo convierte en texto cerrado. Al respecto, debemos también agregar su carac- ter perlocutorio: es breve y, en consecuencia, fácil de memorizar; en tanto atrae para persuadir al lector de leer el texto, la función del título es evidentemente perlocutoria. Por esta razón, Leo Hoek (29) habla de la función pragmática del título. Tal función consiste en instalar un sentido previo y establecer una especie de contrato con el futuro lector: este es su valor ilocutorio, su valor contextual, ese valor que lo convierte en un acto de palabra de tipo performativo. Es necesario señalar además que esta función es extensiva al incipit; 105 dos, títulos e incipit, instauran la presuposición, la jurisdicción (105 límites)' el cuadro de lectura. Pero al incipit y al título es necesario añadir otro elemento protocolario: el subtítulo. Ya desde la cubierta que contiene al título, Cachaza pone el acento sobre su naturaleza ficti- cia. Por medio del subtítulo "novela", Cachaza confirma su carácter ficticio haciendo énfasis en su propia escritura. "Novela", es decir, "texto": "Yo soy texto, yo soy ficción" (30). De esta manera, el subtítulo, el título y el incipit, fundan un contrato de lectura o un efecto con tractual. Títulos-Incipit: Una inter-referencialidad irrecusa- ble La polivalencia del título es irreductible pues el incipit la repite y es también ratificada ulterior- AMORETTI: Comenzar por el comienzo o la teoría de los incipit mente y de manera definitiva, por el epílogo que clausura el relato. [Cachaza/ Desecho] preludia el sema del margen que inscribe el incipit dentro del campo léxico-se- mántica de la desintegración/integración (olvidada, indiferente, perdida). [Cachaza/Pereza/Lentitud/lnactividad] , preludia el sema del estatismo, sema que se manifiesta en el tncipit bajo la forma de [movilidad/inmovilidad]. El título establece un doble sentido, un sentido oscilante. Por una parte, lo animado humano ("el Cachaza"), anticipa la orientación antropocentrista del texto. Por otra, lo inanimado ("la cachaza"), anticipa las relaciones que se van a establecer en el campo social, relaciones que van del sujeto al objeto en una extraña involución. Ya hemos adelantado que este doble sentido oscilante se mantiene hasta el final del relato, de manera que es la polivalencia -puesto que se trata de dos sentidos-, la que se mantiene y se constituye ella misma, en centro productor de texto. La ambivalencia irradia y domina todo el texto, es en nuestro relato lo que eras llama el eje conceptual dominante (31). Para rnostrarlo, tomemos por el momento el sema del margen. Este sema permite al mismo tiempo dos lecturas: la marginalidad puede enten- derse como voluntaria; puede producirse por la no-intervención: [cachaza/pereza/lentitud/i rnpasi- bilidad/inactividad]. La marginalidad puede conce- birse también como producida por una situación de represión gracias a la cual el personaje es violentamente expulsado del centro: [cachaza/de- secho/ residuo/ escori a]. Vemos pues, como la ambivalencia de los elementos liminares se repite. Así, el programa de lectura fijado por el aparato protocolario (título, subtítulo, incipit) se condensa, de esta forma, en un efecto contractual. Y este contrato, en particu- lar, obliga a una lectura que oscila sobre un margen, el margen que funda la ambivalencia. Los elementos de embrague como propedéutica pa- ra una lectura ideológica del texto. En la medida en que los títulos y el incipit programan un comportamiento de lectura, al 151 proveer una clave de lectura, ellos funcionan ideológicamente. Los elementos de embrague del relato son un condensado de carácter ideológico. Regresemos un momento a la imagen inicial del texto. Ya hemos señalado que los campos léxi- co-semanticos nos remiten a un espacio cerrado: patio, aislamiento, manicomio, celda, calabozo. La significación social que impregna algunas de estas palabras es fácilmente identificable; celda, calabo- zo y manicomio son "aislamientos" impuestos por la sociedad. Ellos se refieren a las instituciones: prisión-hospital. EI texto, por esta notación, se da a leer como enfrentamiento social, como espacio ideológico. El juego de significación se presenta como juego social. Por lo demás, lo social está establecido en términos de poder. Las frases dichas por los personajes de la diégesis, en el nivel del incipit, son todas frases imperativas (32): 1) callen a esa hijueputa loca. 2) cierren la puerta de su calabozo. 3) mándenla para enfermería. 4) dénle un Leptozinal o un par de maquinazos. 5) cal/en a esa hijueputa loca (segunda recurren- cia). La emisión de órdenes en el texto tiene como componente impl ícito de su significación ciertas relaciones humanas, aquellas que se establecen con referencia al poder. Por otro lado, la palabra "aislamiento" descubre la acción de este poder instituido y enmascarado por medio de una estruc- tura sintáctica típicamente mixtificadora: la frase española impersonal de tercera persona plural (33). Entonces aislar es expulsar (34) fuera del centro de gravitacjón social sostenido por el poder. El incipit lanza las huellas de un trabajo textual productor de ideología. Las fronteras dibujadas por este trabajo textual han definido el territorio donde el sentido ronda. El incipit, es decir, la iniciativa de la palabra, fija así, por presuposición, su jurisdicción. Discurso y diégesis ejecutan ellos mismos un acto de represión y ostentación de poder. Fijando el centro de gravitación del sentido, cualquier desviación se situará más allá del margen, en la periferia. Las reglas del juego han sido ya arrojadas, no nos queda más que respetarías al jugar. 152 FILOLOGIA y LINGUISTICA (1) "Par oü commencer" en Poética. No. 1, 1970. (2) Solución que de todas maneras implica tomarse una libet tad metodológica, según lo confiesa el mismo Barthes. (3) Roland Barthes, traducción de Francisco L1inas, Barcelona, volumen especial, Cuadernos Infimos, 55,1974, p. 70. (4) Ibid., p. 70. (5) "L'idéologie de la mise en texte", en La Pensée. No. 215, octubre, Paris, 1980. (6) lbid., p. 45. (7) Utilizaremos la edición de la Editorial Universidad de Costa Rica, San José, 1977, a la cual remitire- mos de ahora en adelante sin otra indicación. (8) Análisis estructural del relato, Comunicaciones, 4ta edición, Buenos Aires, Editorial Tiempo Contem- poráneo, 1974, p. 90. (9) Edmond Cros, Proposiciones para una Sociocrítica, publicación del Centro de Estudios Sociocríticos de la Universidad de Montpellier, s.f. (10) Edmond Cros. "Conscient, inconscient et no-cons- ciento Approche Sociocrltlque de La Región más transparente de Carlos Fuentes". Imprévue, 1978 1/2, publicación del Centro de Estudios Sociocrí- ticos de la Universidad de Montpellier, p. 80. (1 i) Algirdas J. Greirnas, Sémlotique, Dlctionnutre ralsonné de la Théorle du langage. Par ís, Hachette, 1979, p. 35. (12) Esta unidad léxica nos remite también a una sociedad sexista. Se debe también destacar el rasgo institucional de términos tales como "sección". El espacio adquiere ahora mayor densidad. (13) Por lo demás, estamos legítimamente autorizados para efectuar esta operación, no solamente por la lógica binaria según la cual un significante no tiene su sentido si no es por su relación con el significante contrario, sino también por la apari- ción de la palabra "puerta" que institucionaliza dos funciones: cerrar (cerrado)/abrir (abierto). (14) René Wellek y Austin Warren, Teoría literaria, 4ta edición, Madrid, Gredas, 1974, p. 265. (15) " ... Casas que expresan a sus dueños; afectan a modo de atmósfera, (el subrayado es nuestro) a aquellas otras personas que han de vivir en ellas". Ibid., p. 265. (16) El uso de este sintagma fijo es bastante frecuente en el ritual del encuentro: "¿Cómo te va?", "Ideay, NOTAS ah í pasándola". Es muy interesante el análisis que de él hace Carmen Naranjo en su libro Cinco temas en busca de un pensador, San José, ed. Costa Rica, 1975; Carmen Naranjo lo define como "un andar estático", significación muy a propósito para nues- tros objetivos; además, la expresión mencionada constituye ella misma una ambivalencia. (17) Muy significativa es la lsotopfa de la desintegración que hemos ya señalado en el plano de la califica- ción del personaje y la que podemos observar de nuevo en la fragmentación del cuerpo humano (piernas, rodilla, cabeza, pelo, mechones, mano, sexo, piel, cara, uñas, etc.). Esta isotopía genera una concurrencia extraordinaria en número y la encontramos ahora en la sintaxis y en la diégesis del relato. (18) Nos referimos aquí a Cachaza como narrador. El tendrá a su cargo la casi totalidad del relato. Nos vemos obligados a hacer esta anotación a pesar de que no constituye un fenómeno observable en el incipit, a fin de mostrar el carácter redundante del serna "desintegración", "discontinuidad", "frag- mentación", "dislocación". (19) Julieta Fonseca y Marta Rivera. Cachaza: relato novedoso en la literatura costaricense. Tesis pre- sentada en la Universidad de Costa Rica, San José, 1979, p. 12. (20) La retórica de la apertura realista, por ejemplo, siempre sitúa al protagonista en la escena inicial. Si en la escena inicial aparece un personaje secunda- rio, es para conducir el foco, por su intermedio, hacia el protagonista. (21) Para referirnos a las diversas categorías del relato, empleamos la nomenclatura de Genette. Ver Gérard Genette, Figuras 1/1, Paris, Seuil, 1972. (22) El discurso reifica los personajes al transformarlos en monitores que registran permanentemente la acción. (23) Claude Duchet, "Idéologie de la mise en texte ", La Pensée, No. 215, Oct. 1980. (24) Según Leo Hoek, el título es un meta-signo que remite no a un referente humano sino a un libro. Citado por Miterrand en "Les ti tres des romans de Guy de Cars" en Sociocritique, op, cit. (25) Idem. (26) Esta lectura del título debe ligarse con el campo léxico semántico movilidad/inmovilidad, examina- do en el sintagma introductorio. (27) Al verificar en el texto esta clase de descripción, encontramos al mismo tiempo un elemento de más AMORETTI: Comenzar por el comienzo o la teoría de los incipit para apoyar nuestra hipótesis de trabajo. La cita viene de Problérnes du noveau toman, Paris, Seuil, 1967,p.109. (28) He aqu í otra relación entre título y sintagma intro- ductorio: margen [desintegración/integración]. (29) Op. cito (30) Por este gesto, Cachaza se aleja de las novelas de tipo figurativo que se guían por los cánones de una estética de la representación. (31) L 'Aristocrat et le carnaval des gueux. Publicación del Centro de Estudios Sociocríticos, Universidad de Montpellier, 1975. 153 (32) Para Duerot, la orden sirve para anu nciar que se está en situación de ordenar. Para él, "ordonner c'est alors prendre le rOle du supérieur". Oswald Ducrot, Dlre et ne pas dtre , 2da. ed., París, Hermann, 1972. (33) La frase impersonal de tercera persona plural es aquí, como en la mayoría de los casos, la oculta- ción de un sujeto prohibido. (34) La conmutación se justifica en la medida en que la palabra "aislam lento" entra en relación con los términos de un sema de violencia y de agresión: "gritan", "patadas", "golpeada", "hijueputa". 1. BIBLlOGRAFIA Austin, [ohn L., Quanddirec'estfaire, París, Seuil, 1970. 2. Barthes, Roland et al., Análisis estructural del relato, Comunicaciones, cuarta edición, Buenos Aires, Tiempo Contemporáneo, 1974. 3. Barthes, Roland, "Par oü comrnencer", Poé- tique No. 1, 1970. 4. Barthes, Roland; Derrida, [acques, et al, Théorie d'ensemble, París, Seuil, 1968. 5. Cros, Edmond, L 'aristocrate et le carnaval des queux, Montpellier, Publicaciones de Cen- tro de Estudios Sociocríticos, 1975. 6. 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