Universidad de Costa Rica Facultad de Ciencias Sociales Escuela de Antropología Proyecto de Investigación 219-B8-077 Arqueología Industrial: Estado del arte y primer inventario nacional Autores Msc. Mónica Aguilar Bonilla (Investigadora responsable) Dr. Jeffrey Peytrequín Gómez (investigador colaborador) Marzo 2020 2 TABLA DE CONTENIDO TABLA DE CONTENIDO 2 INTRODUCCIÓN 4 ADDENDUM: PATRIMONIO INDUSTRIAL-ARQUEOLOGÍA INDUSTRIAL: REFERENTES TEÓRICOS METODOLÓGICOS 6 ARQUEOLOGÍA INDUSTRIAL EN LA REGIÓN CENTROAMERICANA Y MÉXICO 15 INFORME FINAL RELACIONADO AL OBJETIVO ESPECÍFICO 1 DEL PROYECTO 15 RESULTADOS DEL ANÁLISIS DOCUMENTAL REGIONAL SOBRE LA ARQUEOLOGÍA INDUSTRIAL (CENTRO AMÉRICA Y MÉXICO) 16 LITERATURA CITADA PARA EL OBJETIVO 1 144 INFORME FINAL RELACIONADO AL OBJETIVO ESPECÍFICO 2 DEL PROYECTO: 153 ELABORAR UN REGISTRO INICIAL DEL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO INDUSTRIAL DE COSTA RICA PARA ABRIR ESTA SENDA INVESTIGATIVA EN EL PAÍS. 153 Meta 1. Realización de una base de datos para el registro del patrimonio industrial. 153 INTRODUCCIÓN 154 INFORME FINAL RELACIONADO AL OBJETIVO ESPECÍFICO 2 DEL PROYECTO 211 ELABORAR UN REGISTRO INICIAL DEL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO INDUSTRIAL DE COSTA RICA PARA ABRIR ESTA SENDA INVESTIGATIVA EN EL PAÍS. 211 Meta 2. Caracterización de al menos 2 contextos industriales en Costa Rica 211 ECOMUSEO DE LAS MINAS DE ABANGARES G-993 EMA 212 Introducción 212 Geomorfología e hidrología 213 Clima 215 3 Caracterización del cantón 215 Contextualización histórica 216 Desarrollo de la minería en Costa Rica 217 Minería y empresas transnacionales 219 SITIO ARQUEOLÓGICO ECOMUSEO DE LAS MINAS DE ABANGARES G-993 EMA 222 Estructuras arquitectónicas 226 Generación de energía eléctrica 226 Casa de la pólvora 233 Edificio de Los Mazos 238 Taller 244 Evidencia artefactual y de maquinaria 248 Fotogrametría digital en 3 D 252 SITIO ARQUEOLÓGICO INDUSTRIAL TORTUGUERO L- 324 TG 254 INTRODUCCIÓN 254 Geomorfología e hidrología 256 Clima 257 Zonas de vida y componente costero-marino 257 Caracterización del cantón 259 Contextualización histórica 260 Tortuguero, trampa mortal de más de 300 años para las tortugas 260 Extractivismo agroforestal en Tortuguero 265 ARQUEOLOGÍA INDUSTRIAL EN TORTUGUERO 269 LITERATURA CITADA PARA EL OBJETIVO 2 280 CONCLUSIONES 285 4 Introducción A continuación, se presenta el informe final de la investigación correspondiente con el proyecto Pry01-752-2018 Arqueología Industrial: estado del arte y primer inventario nacional, inscrito ante la Vicerrectoría de Investigación de la Universidad de Costa Rica (2018-2020). El mismo se enfoca en el patrimonio arqueológico industrial del país. La importancia del abordaje de este tipo de contextos, radica en que el desarrollo industrial es un hito en la periodización de la producción tecnológica y marca grandes cambios en los modos de vida de las poblaciones alrededor del mundo. La era industrial ocasionó cambios irreversibles en los sistemas de producción, que hasta el siglo XVII eran precapitalistas, imperiales y en algunos espacios feudales. Los desarrollos productivos, comunicativos y cotidianos asociados a la era industrial cambiaron las relaciones sociales y productivas de gran parte del planeta, estableciendo polaridades económicas, centros y periferias productivas y de consumo, cuyas consecuencias sociales se aprecian hasta la actualidad; es así como la arqueología histórica adquiere tanta importancia para la comprensión de los fenómenos sociales de estas épocas. El desarrollo de las producciones, el avance tecnológico que conllevó la I y II revolución industrial generaron la producción de gran cantidad de materiales en hierro, acero y otros, lo que ha propiciado la depredación de contextos en búsqueda de materiales para vender en chatarreras, circunstancia que vulnera dichos contextos; lo que hace aún más difícil su conocimiento y conservación. En Costa Rica algunos bienes inmuebles industriales están protegidos por la ley 7555, la cual protege a las infraestructuras resaltando su valor arquitectónico, pero son necesarias acciones que visualicen y pongan en valor los contextos y bienes industriales. Por las razones anteriormente señaladas surgió este proyecto, que buscó conocer el estado de las investigaciones a nivel regional, así como realizar el primer inventario nacional de arqueología industrial con la finalidad de conocer, divulgar y poner en valor estos bienes 5 culturales. De esta manera, el objetivo general buscó analizar el aporte de las investigaciones sobre arqueología industrial a un nivel regional y su potencial de investigación para el contexto costarricense mediante la elaboración de un inventario nacional. Puntualmente, el primer objetivo quiso apoyar en la construcción de conocimiento relativo a la investigación científica en temas vinculados con la arqueología industrial en Centroamérica, México y el Caribe, mientras que el segundo objetivo consistió en la elaboración de una base de datos para el registro del patrimonio arqueológico industrial de Costa Rica, lo que permita iniciar la investigación en esta temática en el país. Por medio de la creación de dicho inventario se desea comprender la relación de las poblaciones a nivel productivo, pero, a la vez, registrar los procesos que se han generado en relación con la materialidad (a nivel de artefactos, lugares, edificaciones, paisajes, etc.) y así ver los cambios acaecidos posterior a su abandono y constitución de estos espacios como sitios arqueológicos o espacios reutilizados con otras funciones (en el caso de los arquitectónicos). De esta manera, se estaría iniciando un nuevo campo de estudio en el país, el cual permitiría aproximarse al conocimiento local de los modos de vida vinculados con una producción industrial diversa. 6 Addendum: Patrimonio industrial-arqueología industrial: referentes teóricos metodológicos Los referentes teóricos- metodológicos vinculados a la investigación sobre Arqueología Industrial se fundamentan –inicialmente- en la propia Carta de Nizhny Tagil sobre el Patrimonio Industrial de julio del 2003. El TICCIH, como se indicó en otros apartados del presente proyecto, es la organización mundial encargada del patrimonio industrial y es una entidad asesora especial del ICOMOS en aspectos relacionados con el mismo patrimonio industrial. Unido a este instrumento recomendativo internacional, también se contemplan múltiples referentes propios de la arqueología y de equipos multidisciplinarios que han elaborado un corpus amplio de conocimiento. En primer lugar, en la “carta” referida se brindan las definiciones, así como lineamientos básicos, respecto a este tipo de patrimonio cultural. Se parte de que: […] el patrimonio industrial se compone de los restos de la cultura industrial que poseen un valor histórico, tecnológico, social, arquitectónico o científico. Estos restos consisten en edificios y maquinaria, talleres, molinos y fábricas, minas y sitios para procesar y refinar, almacenes y depósitos, lugares donde se genera, se transmite y se usa energía, medios de transporte y toda su infraestructura, así como los sitios donde se desarrollan las actividades sociales relacionadas con la industria, tales como la vivienda, el culto religioso o la educación (TICCIH, 2003, p. 1). Lo potente en la definición previa es que se concibe el estudio de los recursos industriales como un todo, donde interactúan sus partes, y es clave aquí el entendimiento del proceso industrial para la generación y el consumo de bienes. Es decir, no solo interesan los artefactos per se (los productos acabados en sí), sino su proceso de manufactura, industrialización y comercio; incluyéndose en ello dónde se obtienen esos materiales, cómo y dónde se transforman, a través de qué tipo de tecnologías y los mercados de distribución de los mismos. 7 Lo anterior involucra, también, conocer respecto de las invenciones que posibilitan la masificación productiva y cómo este conocimiento se va expandiendo alrededor del globo. Para esto es esencial el estudio, más allá de los objetos (o maquinaria aislada), de los distintos tipos de complejos industriales. Así, un modo de abordaje más integral (de la información relativa al patrimonio arqueológico industrial) se da por medio de constructos teóricos como los “conjuntos históricos agroindustriales” (sensu Castillo, 2009 y Castillo et al., 2009) o, en su generalidad, los conjuntos o complejos histórico industriales (tal cual han sido manejados en la presente investigación). Estos últimos agruparían diversas estructuras (inmuebles), no necesariamente cumpliendo una sola función, y máquinas y objetos asociados a estas en un mismo momento de operación. Lo anterior, claramente, permite el estudio de “estas unidades productivas en términos de la organización técnica y social del trabajo” (Castillo et al., 2009, p. 11). A la vez, el patrimonio arqueológico industrial no solo incluye elementos materiales vinculados a dichos conjuntos histórico industriales sino, también, otros aspectos intangibles (o inmateriales) enlazados a los desarrollos industriales y propensos a ser objeto de estudio. Este tipo de elementos se vinculan a los conocimientos especializados, las técnicas en torno al trabajo industrial y sus distintos procesos productivos –extracción, transformación o transporte de materiales/ bienes manufacturados-, así como las formas de organización laboral; al igual que todas las prácticas y memorias de los obreros (entre otros agentes) ligadas a ello. De tal forma y como ejemplo […] también tenemos las costumbres, las tradiciones, los ritos, las formas de vida, las formas de vestir, la alimentación, las creencias de la gente en torno al trabajo en una fábrica o una industria en particular, que van más allá de los meros procesos industriales, e incluso de los propios trabajadores, ya que todas estas expresiones permean hacia las familias y amigos convirtiéndose en elementos muy importantes de la Cultura y el Patrimonio de las actividades relacionadas con la industria y cuya evidencia se puede encontrar incluso 8 muchos años después de que la fábrica [u otro conjunto histórico industrial] ha dejado de funcionar (García y Gómez, 2012, p. 71). Es decir, al primer conjunto de elementos los autores lo llaman “Patrimonio Industrial Inmaterial Directo”, mientras lo segundo (lo contenido en la cita), sería el “Patrimonio Industrial Inmaterial Indirecto”. Este último correlacionado a “la identidad de los trabajadores de la industria que trasciende el espacio físico y las fronteras de la fábrica, incluso a través del tiempo” (García y Gómez, 2012, p. 72). De manera correspondiente, el Patrimonio Industrial Inmaterial Directo se circunscribe a espacios y tiempos específicos (la actividad industrial per se), por tanto, es más propenso a perderse que el segundo tipo de patrimonio inmaterial definido; ya que deja de ser reproducido y transmitido con el cese de las actividades productivas. Asimismo, la Arqueología que trabaja con este tipo de patrimonio (Arqueología Industrial) debe realizar un abordaje “interdisciplinario para el estudio de toda evidencia, material o inmaterial, de documentos, artefactos, estratigrafía y estructuras, asentamientos humanos y terrenos naturales y urbanos, creados por procesos industriales o para ellos…”, esto para entender mejor el pasado y el presente industrial (TICCIH, 2003, p. 1). Como una tarea primaria en la construcción de un inventario (meta central del presente proyecto) está la descripción y catalogación de los recursos industriales estudiados/ descubiertos. Así, en el punto 3 de la Carta Nizhny Tagil se retoma la importancia de la adecuada catalogación, registro y la investigación del patrimonio industrial. En ese sentido se señala que (para cada punto se hace una contextualización directa respecto al presente proyecto de investigación): Todo territorio1 debe catalogar, registrar y proteger los restos industriales que quiera preservar para generaciones futuras. 1 Entiéndase país o nación. 9 Estudios de áreas y de diferentes tipologías industriales deben identificar el alcance del patrimonio industrial. Usando esta información, se deben crear inventarios para todos los sitios que se haya identificado. Estos inventarios deberían concebirse para ser fáciles de consultar y de libre acceso para el público. La informatización y el acceso en línea son objetivos importantes2. El registro es una parte fundamental del estudio del patrimonio industrial. Debe realizarse y almacenarse en un lugar público un registro completo de las características físicas y las condiciones de un sitio antes de que se haga cualquier intervención […] Los registros deben incluir descripciones, dibujos, fotografías y películas de vídeo de objetos móviles, acompañados de documentación de apoyo. Los recuerdos de la gente son un recurso único e irremplazable que debe ser registrado siempre que sea posible3. La investigación arqueológica de sitios industriales históricos es una técnica fundamental para su estudio. Debe llevarse a cabo en las mismas buenas condiciones que los sitios de otros períodos históricos o culturales4. Los programas de investigación histórica son necesarios para respaldar las políticas de protección del patrimonio industrial. Debido a la interdependencia de varias actividades industriales, los estudios internacionales pueden ayudar a identificar sitios y tipos de sitios de importancia mundial5. 2 Aspectos que el presente proyecto ha respetado y cumplido a cabal. 3 El inventario con más de 376 fichas de registro de recursos arqueológicos industriales, así como el estudio de los casos de estudio, son un reflejo indiscutible que estos aspectos metodológicos fueron seguidos al pie de la letra y, además, con gran éxito. 4 Tal cual se nota en el propio informe, para el estudio de los sitios Ecomuseo de las minas de Abangares (G- 993 EMA) y Tortuguero (L- 324 Tg) se utilizaron, además del levantado de información vía las fichas de registro, varias técnicas propias de la ciencia arqueológica como parte de su estudio y de la construcción de un inventario minucioso de sus recursos industriales (e.g. levantamientos planimétricos, fotografías convencionales, fotogrametrías, uso de drones para levantamientos en 3D –tercera dimensión- tanto de los bienes muebles como de instalaciones aun conservadas, levantamientos planimétricos, recorridos sistemáticos y tomas de medidas, etc.). 5 Como una tarea complementaria y paralela producto de este informe fue la concreción de contactos con los especialistas del tema en el área (ARQUINDUGA) y la participación en discusiones con los (las) mismos(as). 10 Los criterios para evaluar edificios industriales deben definirse y publicarse para lograr la aceptación del público general a un nivel consistente y racional. Sobre la base de una investigación apropiada, estos criterios deben usarse para catalogar los paisajes, los asentamientos, los sitios, las tipologías, los edificios, las estructuras, las máquinas y los procesos supervivientes más importantes6. Los sitios y las estructuras que se cataloguen como importantes deberán protegerse por medidas legales lo suficientemente fuertes para asegurar la conservación de su importancia. La Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO debe dar el reconocimiento que se merece al enorme impacto que la industrialización ha tenido sobre la cultura humana7. Debe definirse el valor de los sitios significativos y establecer pautas para futuras intervenciones. Cualquier medida legal, administrativa o financiera necesaria para mantener su valor debe ser puesta en marcha8. Los sitios en riesgo deben identificarse para poder tomar las medidas oportunas para minimizar el riesgo y facilitar esquemas adecuados para reparar o reutilizar los sitios9. La cooperación internacional es una manera particularmente apropiada de conservar el patrimonio industrial mediante iniciativas coordinadas y compartiendo recursos. Deben desarrollarse criterios compatibles para compilar inventarios y bases de datos internacionales10 (TICCIH, 2013, P. 2). 6 Precisamente, este año (2020) saldrá a la luz un artículo explícito acerca de la Arqueología Industrial en Costa Rica (a cargo de los autores de este informe), valga decir que sería el primero de su clase. Lo anterior, busca incentivar el estudio de este tipo de contextos en el país. 7 De hecho, por medio de esta investigación se registraron sitios arqueológicos de este calibre (industriales) y ya están –oficialmente- incorporados en la Base Orígenes del Museo Nacional de Costa Rica como sitios arqueológicos formales. 8 Ya esta investigación, en sí misma, va de la mano con esta recomendación internacional. 9 Las propias fichas de registro establecen, de modo explícito, el grado de conservación de los bienes catalogados. Además, una copia fiel del este informe será entregado no solo a la Comisión Arqueológica Nacional, sino, también, al Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio del Ministerio de Cultura y Juventud. 10 En efecto, como ya fue señalado, desde hace más de un año se está en contacto con varios arqueólogos(as) industriales de Centroamérica y este proyecto, como tal, permitió consolidar dichos contactos. 11 De lo anterior, se desprende que el inventario de los recursos patrimoniales e industriales debe partir de un adecuado catálogo y registro para buscar así proteger/ salvaguardar dichos bienes para las futuras generaciones. Sin embargo, en el país no se había hecho –hasta ahora- ningún esfuerzo por iniciar con esta labor11, con excepción de contados estudios aislados; ello a pesar de que algunos de los conceptos señalados ya eran valorados en Costa Rica, pero como Monumentos Histórico Arquitectónicos (por la Ley 7555). Es por esta razón se propuso como meta establecer el Primer Inventario Nacional de Patrimonio Industrial como parte de la presente investigación. Valga aclara que, primero, este no se considera acabado, por el contrario; es una labor que se debe continuar desarrollando y, posteriormente, realizar catalogaciones más específicas. Como se indicó en el punto III de la Carta internacional de recomendaciones relativas al Patrimonio Industrial, se deben contemplar las descripciones, dibujos, fotografías, películas u otra documentación asociada y, en el punto IV, para el caso de las investigaciones arqueológicas- industriales estas deben ser tan meticulosas como el estudio de sitios de otros períodos antiguos de ocupación. Tomando en cuenta lo anterior, así como que en Costa Rica no se cumple con el punto VII (relativo a las medidas legales para la protección de los sitios industriales y bienes culturales conexos; ya que la ley arqueológica -6703- solo contempla la época precolombina y hasta el contacto con las poblaciones ibéricas), al igual que no se contempla –específicamente- en otras normativas del patrimonio arqueológico; se optó por construir una ficha de registro para el inventario de esta clase de patrimonio, misma que pudiera contener información importante tanto de los bienes industriales muebles como de los inmuebles. Por esta razón la ficha debe ser descriptiva pero, a la vez, flexible, de manera que se pueda registrar desde un sitio, un conjunto cultural o complejo histórico industrial (por ejemplo todo un asentamiento o comunidad, la relación pueblo fábricas, etc.); hasta bienes particulares como herramientas, clavos, tornillos, máquinas específicas, entre otros. Todo ello 11 Esto a pesar que la Carta de Nizhny Tagil está próxima a cumplir 20 años de vigencia. 12 contemplando, en los casos que se disponía de la información base, desde ¿qué eran?, hasta el lugar de su manufactura, temporalidad, uso y estado de conservación. Junto a lo ya señalado, se recuerda que la confección del instrumento se llevó a cabo también como parte de actividades extra laborales a cargo de los investigadores, pero las pruebas de los instrumentos –en sí- formaron parte de procesos de aprendizaje con estudiantes en cursos de Arqueología Industrial impartidos en la propia Escuela de Antropología de la Universidad de Costa Rica. Esto permitió conocer cuáles eran los tópicos que, frecuentemente, iban a contar con más información, por lo que se le dio privilegio a los mismos a la hora de la recolección de los datos. En los casos en los que se contó con mayor información, se procedió a integrarla, esto en los espacios que ya tenía el instrumento contemplado para tales fines. A diferencia de otros bienes arqueológicos, al ser los recursos industriales elaborados en serie (con maquinaria y procedimientos estandarizados), algunas de las descripciones –que son características y útiles para otro tipo de bienes culturales antiguos y coloniales, o más recientes pero artesanales-, no son necesarias; mientras otras sí. Es por ello que al catalogar un bien según tipo de elemento, procedencia o lugar de fabricación, uso que se le pudo haber dado, así como lugar al que perteneció, se obtienen los datos básicos. Por ejemplo, es poco probable que se pueda identificar dónde se hizo un clavo o un tornillo, esto al menos que se tenga un elemento diagnóstico; pero sí si se utilizó (y esto se puede ver –directamente- y rastrear) en una casa, mina, edificio, infraestructura vial particular u otro; ya que este tipo de bienes no tuvo un uso restrictivo. Al contrario, es posible necesitarlo en diversos tipos de contextos industriales. Dichos datos, más específicos, se obtendrían como resultado del análisis contextual, o cuando se lleven a cabo investigaciones que incluyan excavaciones en los propios sitios industriales; razón por la cual no –necesariamente- se pueden disponer ahora, ya que la idea no es generar datos imprecisos (al ponerlos sin contar con esa clase de información contextual). Todas las fichas (N 376) fueron levantadas con el mismo formato e información. Sin embargo, al atender al supracitado punto III de la Carta Nizhny, se recomienda que “se almacene en un lugar público” (TICCIH, 2003, p. 2). Para lo cual, se levantó una robusta 13 base de datos que pudiera ser de consulta, misma que se piensa entregar al Museo Nacional de Costa Rica para que se integre con la Base de Datos Orígenes de sitios arqueológicos del país. A la vez, se guardará una copia de su versión completa en (en formato PDF) para poderla compartir en caso necesario. Las fichas que conforman la base de datos, primero fueron elaboradas en Word, corresponden a las que se pusieron de las páginas 155 a 210 del presente informe. Posteriormente, éstas fueron “vaciadas” a la base de datos (anexada en PDF). En esta base de datos se incluyó toda la información consignada en las fichas, lo que varía es el formato en Word al del inventario en digital, debido al programa que se utilizó para la confección de dicha base de datos. Es por esto que, tras el cambio en el formato puede parecer que, en la base de datos, se incluyeron menos identificaciones (o datos) que en la ficha original. Sin embargo, esto no es así, ya que, cuando se contó con la información la misma fue incluida en la base supracitada. Otro aspecto a tener en cuenta es que, una vez que se ponga a disposición del público la base de datos, se deberán omitir algunos datos con el fin de proteger los propios bienes, entre ellos los correspondientes a las coordenadas de ubicación por ejemplo. Lo anterior debido a que, como se dijo, estos bienes no están protegidos y lamentablemente son muy “apetecidos” –especialmente los metálicos- para ser vendidos como chatarra. Referencias: García, Salvador y José Ricardo Gómez (2012). Patrimonio Cultural Inmaterial relacionado al trabajo industrial: Testimonio de algunos ex-trabajadores de la antigua Casa de Moneda de México. En: Memoria Digital del IV Encuentro sobre Patrimonio Industrial, Guatemala 2012 (pp. 70-85). ARQUINDUGUA. Ciudad de Guatemala, Guatemala. Castillo, Rafael (2009). Un ejemplo de Arqueología Industrial en Guatemala: El estudio de los Conjuntos Históricos Agroindustriales San Julián y Medio Monte. Revista Estudios, tercera época: 141-161. Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Arqueológicas (IIHAA), Escuela de Historia, Universidad de San Carlos, Guatemala. Castillo, Rafael et al. (2009). El patrimonio de la Universidad de San Carlos de Guatemala: Fincas San Julián y Medio Monte. Dos Conjuntos Históricos Agroindustriales en Guatemala. 14 En: Memoria Digital del II Encuentro sobre Patrimonio Industrial Guatemalteco: Arqueólogos Industriales de Guatemala. Ciudad de Guatemala, Guatemala. TICCIH (2003). Carta de Nizhny Tagil sobre el patrimonio industrial. Texto aprobado en la Asamblea Nacional del TICCIH, 17 de julio, Moscú. Disponible en https://www.icomos.org/18thapril/2006/nizhny-tagil-charter-sp.pdf https://www.icomos.org/18thapril/2006/nizhny-tagil-charter-sp.pdf 15 Arqueología Industrial en la región Centroamericana y México Informe Final relacionado al objetivo específico 1 del Proyecto “Apoyar en la construcción de conocimiento relativo a la investigación científica en temas vinculados con la Arqueología Industrial en Centroamérica y México” Vista panorámica del Ingenio Eldorado, Culiacán, Sinaloa (circa 1961), México. Complejo histórico industrial fundado en el año 1900 (tomado de Toloza, 2012, p. 265) 16 Resultados del análisis documental regional sobre la Arqueología Industrial (Centro América y México) A través del proyecto de investigación planteado se realizó la búsqueda de diferentes líneas de información relativas al tema de la Arqueología Industrial en la región centroamericana y el Caribe. Un primer sondeo permitió comprobar la existencia de múltiples documentos referidos a dicho tópico. No obstante, la literatura especializada tiene focos fuertes de concentración en lo que es el Guatemala; país líder –junto con México- en el despliegue de trabajos referidos a esta clase de Arqueología. En relación a lo anterior, Guatemala se ha destacado por organizar (de modo recurrente) una actividad que lleva por nombre “Encuentros sobre Patrimonio Industrial Guatemalteco”. Dichos eventos tienen como base de operaciones la Universidad de San Carlos y son organizados por un conjunto de investigadores llamado “Grupo de Arqueólogos Industriales de Guatemala” (ARQUINDUGUA); valga decir, el único colectivo establecido alrededor de esta temática en toda la región y, como un nodo del mismo, está la figura central del arqueólogo Rubén Elí Larios. El primero de esos encuentros fue celebrado en noviembre del 2008 y, a partir de este, se han realizado 7 encuentros más; el último de ellos data del 201912. Una importante sección de este informe se enfoca en el análisis de todos los productos presentados en varios de esos Encuentros de especialistas de la Arqueología Industrial. Es más, llama la atención como en la propia Ciudad de Guatemala existe un Museo del Ferrocarril. Aprovechando un Congreso de Historia en el cual participaron los autores de este 12 Si bien el primero de estos Encuentros sobre Patrimonio Industrial se desarrolló en el 2008, su memoria digital sale a la luz hasta el siguiente año (2009). Además, se aclara que el último evento de esta clase se realizó el año anterior, en octubre de 2019, por lo que su Memoria aún no está disponible; lo mismo aplica para el Encuentro correspondiente al año 2018. En vista de lo anterior, sus contenidos todavía no pueden ser sujetos al presente análisis. 17 informe en el año 2018, se visitó dicho Museo (inaugurado el 24 de septiembre de 2003 en parte del antiguo edificio de la estación central ferroviaria [finales siglo XIX])13; quedando sorprendidos por el enorme potencial de musealización que tiene el patrimonio industrial, en particular, el ferroviario. Recurso con el cual, ampliamente, cuenta Costa Rica. Hay que recordar que el proceso que involucró el trazado de líneas férreas en toda Centroamérica estuvo a cargo de las mismas compañías extranjeras, por ejemplo, la International Railroad of Central America, la que años más tarde se convertiría en la International Railways of Central America (Larios, 2007, p. 57, 2009, p. 4)14. Dichas empresas tuvieron a favor grandes concesiones dispuestas por los Estados nación, esto como una principal fuente de atracción para inversionistas extranjeros. Es decir, existen coyunturas históricas, económicas y culturales conexas a finales del siglo XIX en Centroamérica. En vínculo con lo expuesto, estamos ante reformas liberales en las distintas naciones del istmo (incluyendo las agrarias para la creación de latifundios), mismas aparejadas con la búsqueda de un ideal del progreso (socio-económico-cultural) y la consecuente modernización de los países; ello en asocio directo con la producción industrial de ciertos productos clave como el café o el azúcar y, ya entrado el siglo XX, el banano. Respecto al Primer Encuentro sobre Patrimonio Industrial Guatemalteco podemos resaltar lo siguiente. 13 Este como museo se abre al público el 12 de enero del 2004 y forma parte del Centro Cultural FEGUA (Ferrocarriles de Guatemala). Además, existen diferentes salas de exhibición en otras estaciones ferroviarias ubicadas en distintas localidades, como la de Zacapa. La estación central se constituyó, primero, en la terminal de la ruta del Puerto de San José a Guatemala (1884) y, luego para 1908, en la terminal de la ruta del “ferrocarril del norte” o Interoceánica (Flores y Bailey, 2009, p. 4) 14 Valga decir que la International Railways of Central America (IRCA) fue una empresa perteneciente al consorcio de la United Fruit Company (UFCo) (Larios, 2007, pp. 46-55). 18 Cuadro N° 1 Síntesis de los trabajos presentados en el I Encuentro sobre Patrimonio Industrial Guatemalteco (2008) Trabajos relativos a Cantida d Tipo de economía/ industria relativa País Se menciona detalles del estado conservaci ón de los bienes Vínculos con aspectos inmateriale s de la cultura (e.g. prácticas, identidad, memoria, relación comunidad) Cambios en modos de vida/ producció n Puesta en valor del recurso (turismo/ museos) Ferrocarril (estaciones, vías férreas, museos del) 3 Transporte Guatemal a 1 X X 1 Ingenios 1 Agroindustr ia Azucarera Guatemal a X 1 (mozos de rancherías/ fincas) 1 X Inventario de cultura material (artefactos, fotografías históricas) 3 1 Transporte férreo 2 Transporte vehicular (1940- 1970) 1 Fabril (Cementera ) Guatemal a X 1 X 1 Beneficios (incluye talleres) 2 Agroindustr ia Cafetalera Guatemal a 2 X 1** 1 Vehículos/ maquinaria de motor, zonas viales (predios creación de caminos, gasolineras), talleres 2 Transporte Guatemal a 1 1 1 1 (Museo de la Dirección General de Caminos) Fuente: Elaboración propia, 2018-2020. Llama la atención un primer inventario de la cultura material de la estación central del ferrocarril de Guatemala en el cual se registraron 1700 piezas, desde locomotoras hasta la vajilla original utilizada en los vagones presidenciales (Flores y Bailey, 2009, pp. 3-4). 19 Por su parte, la agroindustria azucarera en Guatemala arrancó en 1870, específicamente localizada en su costa sur. El primer ingenio se llamó Santa Teresa e inicia funciones en 1863. A raíz de la industrialización en la agricultura de exportación se modificaron intensamente las relaciones de producción en el agro centroamericano (e.g. el asalariado) y la distribución tradicional de los asentamientos (junto o en medio de las fincas) a orbitar en centros urbanos. Sin embargo, a través del tiempo elementos como las estructuras de las viviendas (aspectos internos y externos) y el menaje (y en este contenido diversa cultura material) pudieron servir a modo de supervivencias culturales de los trabajadores y como una forma de conectar la memorabilia con el ideal de su vida en las fincas (Herrera, 2009, pp. 4, 6). Para el caso del monocultivo del café en Guatemala, este se implementó con consecuencias importantes en el ambiente circundante; esto ya que la foresta tuvo que talarse para implementar otros árboles que le dieran “sombra” al café. Además, de forma usual, los plantíos se establecerían en extensas zonas planas; obligando a los habitantes y trabajadores a desplazarse a lugares con cierta inclinación y, por consiguiente, modificar el paisaje también en esos lares tanto para poder erigir sus sitios de asentamiento como para sembrar productos de subsistencia; todo ello con un impacto profundo en la flora, fauna y los caudales de los ríos (Benítez, 2009, p. 4). De toda la Memoria del I Encuentro sobre Patrimonio Industrial Guatemalteco, deseamos destacar el trabajo presentado por el antropólogo y sociólogo Edgar Mendoza (2009), el cual se focaliza en el beneficio Chocolá, ubicado en el Departamento de Suchitepéquez. Esta investigación resalta por su nivel de detalles descriptivos (aspectos arquitectónicos del beneficio y su taller asociado, así como planos, fotografías y el señalamiento de las marcas, fechas de maquinarias inglesas, escocesas, norteamericanas y alemanas) y la contextualización socio-histórica de dicho complejo industrial accionado por maquinaria a base de fuerza hidráulica; esto incluyendo secadoras Guardiola y una rueda Pelton. Es decir, 20 el café tratado allí llevaba dos secamientos: uno solar y el otro artificial (Mendoza, 2009, pp. 4-7). Lo anterior es muy similar a lo visto por los autores en la antigua finca La Marta, misma ubicada en Pejibaye de Jiménez, provincia de Cartago, Costa Rica. Valga decir que en dicho lugar una estudiante del Posgrado en Antropología de la UCR, quien en su momento fungió como asistente del actual proyecto (Bach. Olga Lidia Madrigal), llevará a cabo su trabajo final de graduación con el tema de la Arqueología Industrial -examen de candidatura sustentado a mediados del 2019-. Para el Segundo Encuentro sobre Patrimonio Industrial Guatemalteco, esta vez celebrado en el Museo Carlos F. Novella en octubre del 2009, hubo un aumento en cuanto al total de los trabajos presentados; siendo que se pasó de 14 (en el año anterior) a 21 ponencias y una conferencia magistral. Además, para esta segunda versión se incorporaron investigadores más allá del ámbito guatemalteco en sí, como es el caso de académicos de El Salvador (2) y México (6). Cuadro N° 2 Síntesis de los trabajos presentados en el II Encuentro sobre Patrimonio Industrial Guatemalteco (2009) Trabajos relativos a Cantidad Tipo de economía/ industria relativa País Se menciona detalles del estado conservación de los bienes/ biografía de los bienes Vínculos con aspectos inmateriales de la cultura (e.g. prácticas, identidad, memoria, relación comunidad) Cambios en modos de vida/ producción // Historia socio- productiva Puesta en valor del recurso (turismo/ museos) Enfocado en objetos industriales: Vidrio y gress15 1 Producción fabril en masa México X 1 1 X Ferrocarril (estaciones, vías férreas, túneles, puentes, bodegas, museos del) 3 Transporte 2 Guatemala 1 México 2 1 1 1 Ingenios 3 Agroindustria Azucarera 3 Guatemala 2 X 1 X Inventario de cultura material (artefactos, fotografías históricas) 5 1 contenedores de bebidas 1 Beneficio 1 Ingenio 1 Ferrocarril 1 Casa de moneda 1 Cementerio Municipal 2 México 3 Guatemala (diarios y facturas muy detalladas) 1 El Salvador 2 1 2 (1consumo) 1 Beneficios (incluye 3 Agroindustria Cafetalera 3 Guatemala X X 1 X 15 Gress: un tipo de cerámica que después de cocida a altas temperaturas (1300° C aprox.) muestra una porosidad menor al 1%. Su pasta, usualmente, está compuesta por arcilla refractaria, feldespato y cuarzo. Su aspecto es de tipo vitrificado y opaco, tiene sonido metálico y su fractura es concoidal. 22 talleres) Trabajos relativos a Cantidad Tipo de economía/ industria relativa País Se menciona detalles del estado conservación de los bienes/ biografía de los bienes Vínculos con aspectos inmateriales de la cultura (e.g. prácticas, identidad, memoria, relación comunidad) Cambios en modos de vida/ producción // Historia socio- productiva Puesta en valor del recurso (turismo/ museos) Fábricas/ beneficios de añil 2 Procesos fabriles en masa 1 Cemento 1 Tinte (añil) Guatemala 2 2 2 1 Talleres artísticos 1 Forja industrial Guatemala X 1 (San Sebastián) 1 X Fabricación de licores 1 Procesos fabriles en masa (embotellado) Guatemala X 1 1 X Objetos religiosos en serie (estatuas de bulto) 1 Comercio/ importación Guatemala 1 1 X X Vivienda obrera 1 Reproducción de la fuerza de trabajo fabril México 1 1 1 X Infraestructura pública (política) 1 Administración pública (Palacio Nacional) El Salvador 1 1 1 X Casa de la moneda (ceca) 1 Administración pública (acuñación de monedas) Guatemala 1 X 1 1 Cementerios 1 No Aplica (Arte y arquitectura funeraria) El Salvador 1 1 X X 23 Trabajos relativos a Cantidad Tipo de economía/ industria relativa País Se menciona detalles del estado conservación de los bienes/ biografía de los bienes Vínculos con aspectos inmateriales de la cultura (e.g. prácticas, identidad, memoria, relación comunidad) Cambios en modos de vida/ producción // Historia socio- productiva Puesta en valor del recurso (turismo/ museos) Proyectos (explícitos) de investigación enfocados en Arq. Industrial 3 1 Ferrocarril 1 Agroindustria Azucarera y Cafetalera 1 Agroindustria Azucarera 3 Guatemala (USAC- Laica16, DGI). Tipo de proyecto: documental y fuente oral 1 1 (no conservación pero si precios de las máquinas) X X X Educación/ Difusión del Patrimonio Industrial 3 No Aplica 1 (Centro Histórico Retalhuleu) 1 Fábrica textil 1 Museo 2 Guatemala 1 México 1 2 1 3 Fuente: Elaboración propia, 2018-2020. 16 Laboratorio de Investigaciones de Campo. Si bies es un proyecto de inventario y “mapeo” arqueológico, los documentos presentados en el II Encuentro sobre Patrimonio Industrial tienen énfasis en lo documental (con ciertas visitas a campo); esto se aduce como una etapa necesaria y previa a las intervenciones de campo. A nivel general, los productos finales presentados en la memoria del II Encuentro no solo son más extensos, sino, además; de una mayor calidad en cuanto al nivel de información suministrado (detalles), la contextualización del objeto de estudio abordado (a nivel nacional y global) y el nivel de especificidad (más allá de solo un registro –indicación de presencia-, la catalogación de objetos y máquinas por casa de fábrica y año de producción), etc. Parte de esa clase de contextualización es conocer bien la historia mundial de la producción de ciertos cultivos. De tal forma, por ejemplo, con el trabajo de Wagner (2009), su puede pasar revista por el inicio y desarrollo (hasta llegar a los procesos mecanizados con maquinaria particular implicada) de la agroindustria del café y la caña de azúcar. A ese mismo nivel es fundamental comprender cómo existieron otras actividades ligadas a los ingenios y beneficios, como el hecho de la necesidad constante de hacer reparaciones en las invenciones industriales (incluso hubo máquinas e inventos locales cuyas marcas fueron patentadas a nivel internacional17) para mantener la producción, haciendo que entraran en el panorama herreros y carpinteros18; u otras actividades paralelas como sería la destilación de ron y aguardiente en los ingenios. Concomitante con los restos materiales más perdurables en el tiempo (como el caso de máquinas y otros bienes elaborados en metal), es fundamental destacar que gran parte de las estructuras que le daban soporte a las edificaciones (donde se realizaban los procesos industriales) estaban construidas con madera; material que –evidentemente- debido a las inclemencias del tiempo, y en un contexto como el nuestro (tropical), no llega a mantenerse hasta el presente. 17 Ver Wagner (2009, pp. 4-7). 18 Otro caso donde se puede notar esta necesidad de constantes reparaciones –en máquinas varias y la rueda (hecha de madera) del molino hidráulico triturador- es el de la Real Fábrica de pólvora (ver Johnston, 2010, pp. 9, 13). 25 En ese sentido, la posibilidad de hallar en sitios arqueológicos industriales restos constituidos por este material es poca. Al respecto se torna crucial subrayar que, en general, para la Centroamérica de la segunda mitad del siglo XIX “Todos los poblados se caracterizan por construcciones realizadas en madera [extraída de la misma región] con sillares de piedra y ladrillo unidos con argamasa en viviendas y comercios […], contrastando con [una menor proporción de] edificaciones monumentales de concreto y mampostería de ladrillo con detalles en madera” (Suasnávar, 2009, p. 2). Esto último correspondiente a edificaciones ligadas con la política, el arte o los centros económicos (e.g. municipalidades, palacios, cuarteles, teatros nacionales, mercados centrales/ municipales). A su vez se explicita ya un modo de abordaje más integral de la información, por ejemplo, por medio de constructos como los “conjuntos históricos agroindustriales” (sensu Castillo et al., 2009) que agruparían diversas estructuras (inmuebles), no necesariamente cumpliendo una misma función, y máquinas y objetos asociados a estas en un mismo momento de operación. Lo anterior, potencia el estudio de “estas unidades productivas en términos de la organización técnica y social del trabajo” (Castillo et al., 2009, p. 11). O sea, casos como las fincas de San Julián y Medio Monte en Guatemala son reflejo de la existencia de espacios cañero-cafetaleros. Precisamente, y para lograr comprender el auge de los proyectos de producción en masa de la segunda mitad del siglo XIX en la región, no se puede desapegar del contexto industrial las circunstancias político-administrativas de los nóveles Estados- nación centroamericanos. De tal modo, las reformas liberales (agrarias) hacen que la naturaleza y las categorías de las propiedades cambien. Una figura a resaltar en este ambiente es la “tenencia” de tierras. Así “en el concepto de tenencia se incluyen tanto los derechos temporales debidamente garantizados, como los absolutos, derivados de la plena propiedad. Es decir que su utilización es a disposición total 26 del propietario, en este marco de referencia las tierras cumplen una función económica importante porque de acuerdo a su disposición geográfica, y utilización o explotación de la misma pueden ser de autoconsumo o industrial, que a su vez determinará el desarrollo económico de la región” (Serech, 2009, p. 4; resaltado en el original) Por ejemplo y bajo ese prisma, no se puede pasar por alto que Las primeras máquinas para beneficiar café fueron traídas [a Guatemala] de Costa Rica por el gobierno del doctor Mariano Gálvez a inicios de la década de 1830. Para dar a conocer las técnicas de siembra cultivo, cosecha y beneficio de café en Guatemala, el Consulado de Comercio publicó en 1845 un manual titulado Memoria sobre el cultivo del café, arreglada a la práctica que se observa en Costa Rica, que fue escrito por el costarricense Manuel Aguilar, miembro de la Sociedad Económica (Wagner, 2009, p. 4). Es en ese sentido muy interesante ver como la industria cementera va de la mano con la construcción del ferrocarril y de varios ramales, como es el caso de la finca La Pedrera y la estación La Ermita, estando en ello también implicada la figura de Minor C. Keith (e.g. Compañía de Cementos Novella Incorporated); así el cemento se constituye en un bien necesario para la construcción de la infraestructura ferrocarrilera y bananera (Samayoa y Larios, 2009, p. 5). De la misma forma, es menester asociar los espacios de plantaciones de ciertos productos con otros lugares dedicados al remojo, maceración y batido de estos (como el añil), tal cual sería el caso de la finca San Julián (con canales y tanques para el obraje) y los asentamientos del siglo XIX llamados “Las Ruedas”, “El Obraje” o el caserío “La Pila”; todos 27 ubicados en Ipala, Chiquimula, y aludiendo a aspectos propuestos de la producción del añil (Putzeys, Lemus y Pérez, 2009, pp. 5-6)19. Al igual que con el caso guatemalteco, se hace notar como en El Salvador del siglo XIX fueron aprovechadas las laderas de montañas y volcanes para el principal producto de exportación de ese momento: el café. No obstante, también ligado a ello, dicho aprovechamiento localizado de las tierras implicó la movilización de los indígenas y la justificación de ello se amparó en las reformas liberales (Erquicia, 2009, p. 2). Asimismo, el alza en el precio del café propició diferentes cambios sociales a través del bienestar económico y la importación de bienes varios de Europa; dentro de este fenómeno se incluyen gravámenes y la inversión en obra pública. Para este II Encuentro nos enteramos que en México existen varios Museos dedicados a los ferrocarriles: uno en la capital llamado Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos, fundado en 1988; así como otros en Mérida (Yucatán) y Acámbaro (Guanajuato) y un Centro de Estudios e Información Ferroviarias (Cedif) en Ciudad de México20. Al mismo tiempo, existe una gran experiencia de gestión relativa a este patrimonio industrial que es muy interesante (incluyendo censos de 2721 estaciones, el registro de más de 30.000 bienes muebles, 200.000 planos, 85.000 fotografías y un programa de rescate) y de la cual se pueden recuperar enseñanzas para el propio caso costarricense. Además, es notable una tradición investigativa en México respecto a “arqueología ferroviaria” que data de hace casi 3 décadas (Gómez, 2009, pp. 2-5). 19 El epíteto “Las Ruedas” apela a la maquinaria básica para poder realizar el procesado del añil en esta gran hacienda (al menos, allí hubo 2 ruedas de funcionamiento hidráulico o llamadas localmente “de paletas”). 20 También otro museo en la Ciudad de México aloja patrimonio ferroviario de distinto tipo, este llamado Museo Tecnológico de la Comisión Federal de Electricidad. 28 También, el arranque del siglo XVII es el contexto para el surgimiento de distintos procesos en vía a ser industriales, ya para el siglo XIX. Por ejemplo, primero todo era manual y con cierto auxilio de bestias de carga y, luego, con máquinas/ ruedas para oxigenar y precipitar o “batir” el agua con el tinte; esto en el caso del procesado de un colorante para textil de un color azul profundo, el índigo, popularmente conocido como añil o xiquilite en Guatemala (Indigofera tinctoria) (Putzeys, Lemus y Pérez, 2009). Los espacios industriales del añil, u obrajes, contaban ya sea con una sola gran pila (pilón), una batería de 3 pilas de mampostería en distintos niveles (o “en grada”), los obrajes reales; o eran amplios complejos de 5 a 7 pilas con canaletas y ruedas hidráulicas, esto último sucedió en importantes haciendas añileras (Putzeys, Lemus y Pérez, 2009, p. 7) Respecto a la agroindustria azucarera, es importante destacar que para mediados del siglo XIX existían más de 20 ingenios en la costa sur de Guatemala (en Escuintla y el Departamento de Suchitepéquez); esta concentración se dio bajo la expectativa de que el comercio –vía el océano Pacífico- aumentaría a causa de los nuevos poblamientos de Oregon y California (EEUU). Para la década de 1870 se instalan las primeras fábricas modernas en las fincas El Modelo y Concepción; ya para 1900 el ingenio Pantaleón estaba altamente mecanizado (Wagner, 2009, pp. 3-4). Es claro que en este II Encuentro no se podía obviar el tema del patrimonio ferroviario. Acá se vislumbra la catalogación de diferentes tipos de estaciones y, por consiguiente, restos materiales distintos asociados a las mismas. Así, sabemos que existen amplios recintos físicos que brindaban varias facilidades a los pasajeros y al servicio como tal (estaciones formales), otros espacios apenas demarcados con estructuras sencillas como casetas (estaciones de bandera) y unos exclusivos para aspectos mercantiles con solo personal administrativo y operativo (Morales y Álvarez, 2009, p. 9) 29 Esta variopinta muestra alcanza matices que se sobreponen a la mitad del siglo XX en tópicos destacados como el estudio de las viviendas obreras de trabajadores ligados a la industria del papel en México (siglo XIX/ 1925-1986), resaltando aspectos atinentes a ejemplares relaciones obrero-patronales con la puesta en escena de servicios gratuitos para los trabajadores como escuelas, clubes deportivos, iglesias, baños públicos, entre otros; así como la exención del pago del agua y la luz eléctrica para los obreros residentes (Lucas, 2009, pp. 1-2, 9; cfr. Sánchez y Carranza, 2009, p. 6). Fábricas de papel como la Loreto y Peña Pobre “se inscriben en la usanza de los grandes centros productivos que heredaron una importante base constructiva venida de los contextos hacendarios, en el entendido de que dichas unidades fabriles contaron con multitud de servicios que hicieron posible la vida de un gran número de trabajadores en plantas industriales donde los grandes centros urbanos se encontraban muy alejados por lo que eran necesarios la presencia de ciertos servicios para la existencia de la población obrera. […] Tal fue el desarrollo de esta industria que al poco tiempo se necesitó de áreas de vivienda para sus trabajadores, ofreciendo a los mismos un lugar cómodo y seguro para que éstos no se desplazaran largas distancias” (Lucas, 2009, pp. 3-4). Lo anterior también aplicaría para el caso de los complejos residenciales- fabriles ligados a la producción de textil en serie durante el siglo XIX y XX (o conjuntos histórico industriales). Como una buena muestra de este fenómeno están las fábricas de la ciudad de Puebla, México, en ligamen a su entorno obrero- barrial (zona de producción del Mayorazgo); lo que evitaba el desplazamiento de sus trabajadores a otros lugares para satisfacer sus necesidades inmediatas (Sánchez y Carranza, 2009, p. 3). Volviendo al ejemplo de la industria papelera, se hallan conjuntos habitacionales con 75 unidades (6 hileras de casas, 7 calles) contiguos a las fábricas de papel y que datan de la década de 1930. Las viviendas (construidas con ladrillo para las columnas y muros, cantera para los cimientos) contaban con varias piezas y alcanzaban los 72.90 m2, había áreas comunes como lavaderos, baños públicos y una enfermería, entre otros. 30 Hay casas que se distinguen de otras por su arquitectura, dimensiones, tipos de materiales utilizados y ciertos diseños distintos en las fachadas, lo cual es un reflejo de las jerarquías al interior de las fábricas. Por ejemplo, en asocio con la fábrica de Loreto (saliendo por su puerta trasera) se identificaron en un conjunto habitacional 5 clases distintas de viviendas (1940-1970). Para el caso del personal especializado y los ingenieros, sus casas eran dúplex y multifamiliares. Estos complejos reflejan una planificación –en Loreto más que en Peña Pobre- ello, según Lucas (2009, p. 10), “pensando en las necesidades del gremio papelero”. Dándole más vida al estudio de este objeto de investigación, surgen trabajos ligados a colectivos específicos, como sería el caso del gremio de herreros en Guatemala, sus actividades, dinámicas y estatus internos establecidos (maestros, oficiales, aprendices); además de las expresiones de la forja artística en varias capitales centroamericanas de la segunda mitad del siglo XIX. Llama la atención como la industria de la forja no se desarrolló tanto, manteniéndose en muchos aspectos a un nivel artesanal (“industriosos artesanos”), esto debido a un impacto limitado de la Revolución Industrial en la región; mismo resultado de un alto contrabando, como del hecho de que los propios habitantes producían lo que requerían (a pedido), lo cual hizo innecesario impulsar la producción en serie de algunos bienes (Galeotti y Garnica, 2009, pp. 4-5). En ese contexto resaltan los talleres familiares de herrería, como el Ramírez, de la ciudad de Guatemala. Instaurados en 1920, el equipo de Talleres Ramírez interviene en las obras de herrería (e.g. forja de puertas) y plomería realizadas –entre otras edificaciones- en el Palacio Nacional de la Cultura de Guatemala, el antiguo Palacio de la Policía Nacional, el Museo de Arqueología y Etnología; así como en todas las estructuras metálicas del estadio nacional Mateo Flores y múltiples tuberías de la capital chapina (Galeotti y Garnica, 2009, pp. 8-9). 31 Valga aclarar que el estudio de oficios particulares y gremios en Costa Rica, esto desde una perspectiva antropológica, sigue siendo casi ausente en la tradición investigativa de este país centroamericano; ello a excepción del trabajo acerca de los zapateros de Montero (2000). Otro constructo interesante que se ha formulado a raíz de este encuentro de especialistas es de la “industria de necesidad”, la cual no incluye la presencia de intermediarios o el intercambio de productos en sí; esta precedería a la industria de bienes y servicios. Un buen ejemplo de esta clase de industria es la acuñación de monedas (proceso productivo especializado, en serie y siguiendo medidas y controles de calidad), misma que comienza en las postrimerías del siglo XVI en México y Perú –con cecas mecanizadas- y en países de Centroamérica, como Guatemala, desde el siglo XVIII (Polanco, 2009, pp. 3-5). El estudio de la acuñación de monedas también debería ser abordado en asocio a los distintos procesos productivos necesarios para obtener las mismas, es decir, a modo de “conjuntos históricos” que incluyan los lugares de fundición y aplanamiento del metal (hornaza), la formación (y “blanquición”) de los cospeles21 (oficina de talla), ensaye, así como casas de fabricación de punzones y troqueles y donde se terminaban acuñando los cospeles ya con prensas de volante, prensas con fuerza motriz o a golpe de martillo (“portal”). Así como algunos oficios tuvieron un desarrollo local, algunos bienes –por sus características- se destacaron por siempre ser importados, tal es el caso de la imaginería religiosa en serie. Ya con una población –a nivel general- asalariada, parte de sus ingresos podían invertirse en elementos ligados a la identidad como sería el aspecto religioso entre los feligreses. 21 Cospel era la pieza de metal de la forma y peso previsto para la moneda. Este era liso (sin marcas de amonedación). 32 Desde finales del siglo XIX, pero siendo patente durante toda la primera mitad del siglo XX, muchas esculturas religiosas de bulto redondo eran importadas (desde España) a Guatemala, mismas producidas en reconocidas fábricas ibéricas22. El régimen conservador de Rafael Carrera hizo que el fervor religioso se acentuase, requiriéndose de cultura material afín a estos propósitos (imágenes y templos de estilo neoclásico), mucha de la cual era traída del extranjero (Urquizú, 2009, pp. 2, 4)23. Un repunte en la importación de grandes “estampas” y efigies religiosas producidas en serie (principalmente pasos del Vía Crucis para las procesiones24), se da con el ascenso al poder de José María Reina Barrios (en 1892) y su tolerancia hacia el catolicismo. Así, los vínculos entre políticos, religiosos y empresarios se fueron acentuando con el pasar de los años. La importación (profusa, oficial y abierta) de estos conjuntos escultóricos arranca en 1929 como muestras públicas de la capacidad económica recuperada de la Iglesia católica (y de personas influyentes ligadas a ese sector); así como también eran adquiridas variadas piezas –esculturas de bulto domésticas- por parte de ciertas familias pudientes (Urquizú, 2009, pp. 8, 10-12). En vínculo con lo anterior, es importante subrayar también cómo el desarrollo industrial de las capitales centroamericanas tiene un impacto –social y económico- en ciudades periféricas y más pequeñas. Un ejemplo de ello es lo estudiado y correspondiente a las primeras dos décadas del siglo XX en el cementerio Municipal de San Miguel (oriente de El Salvador), donde el arte escultórico y la arquitectura funeraria (mausoleos) permitieron honrar a varios 22 Fábricas “El Arte Cristiano” (de Joaquín y María Vayreda Villa) y “El Arte Católico” (de Francisco Bochaca). 23 Esto al menos en alzada hasta 1865, cuando caen severamente las exportaciones de grana –y con ello el poder adquisitivo de los grupos de poder guatemaltecos- debido al descubrimiento de colorantes artificiales. Lo anterior fue el caldo de cultivo para la reforma liberal (1871) y la transformación hacia un Estado laico donde se privatizaron las tierras y a la Iglesia se le despojó de grandes propiedades. 24 Conocidas popularmente como “santos de pasta española”. 33 personajes destacados de la esfera política y comercial de esa sociedad (González, 2009, p. 5). Asimismo, hay documentos y trabajos muy interesantes que desentrañan los nexos matrimoniales (a modo de alianzas económicas) entre las élites industriales guatemaltecas (terratenientes) del sector azucarero (e.g. familias Arrivillaga y Herrera= Ingenio Pantaléon; Lavagnino, Skinner Klée) y el cafetalero (familias Samayoa, Arrivillaga y Lavagnino) (Dosal, 2005, p. 48; Miguel, 2009, pp. 5-7, 11; Serech, 2009, p. 6). La investigación anterior permite dejar al descubierto las intersecciones presentes entre los sectores políticos, religiosos y económicos; todo ello en medio de un contexto caracterizado por la producción industrial de bienes en serie. Otro producto consumido y relacionado a aspectos de celebraciones populares e identidad comunal son los licores (y su producción a un nivel más allá de lo artesanal). Al respecto, contamos con un sugestivo trabajo que aborda el papel de la bebida alcohólica Quetzalteca Especial (más conocida como “Indita” o “Indita Quezalteca”), esta producida por la Industria Licorera Quezalteca (Quezaltenango), muy utilizada en celebraciones y tradiciones varias de carácter complejo, como sería el caso de ciertas ceremonias mayas k´iché; además de otras sincréticas practicadas por ladinos (Galeotti, 2009)25. De tal modo, se aborda cómo “-a partir de los envases conocidos popularmente como ´pulmones´ (1 litro), medios pulmones (1/2 litro) y octavos, (1/8 de litro), como las etiquetas han ido evolucionando y en algunas de ellas pueden advertirse algunos cambios sociales o 25 En muchas de estas, por ejemplo, para recibir el “cariño de los compadres” en bautizos y matrimonios, realizar ofrendas a Rilaj Mam –más conocido como Maximóm (en el panteón cristiano, San Simón) (Galeotti, 2009, pp. 4-6). 34 culturales en nuestro país, [Guatemala] […] evidenciando como se ligan la tecnología y la imagen con la vida social y la cotidianeidad de las personas” (Galeotti, 2009, p. 1). Así, la autora realiza una tipología de las etiquetas de dicho aguardiente y vincula sus cambios diacrónicos (9 etiquetas en el lapso 1939 a 1999) con ciertos hechos políticos y económicos de la vida nacional guatemalteca. Se sabe que para 1914 ya había en Guatemala –al menos- 145 fábricas de aguardiente; esto junto a múltiples lugares donde era preparado el “licor de olla” o “barranco” (la bebida tradicional alcohólica a base de caña de azúcar) de forma clandestina. Para 1939 la “Licorera”, como el pueblo se refería a la primera Unión de Destiladores de Guatemala, se establece en un antiguo convento (actual locación del Instituto de Antropología, Etnología e Historia). La producción de la “Indita Quezalteca”26 allí viene a darse como un golpe directo a competidores y a todos los productores independientes de licor. De tal forma, varios empresarios de la destilación organizan su producción masiva en un local con todas las facilidades, inaugurándose así la Industria Licorera Quetzalteca S.A. En suma, el trabajo de Galeotti (2009) permite problematizar el hecho de cómo la industrialización de un producto permite y facilita su acceso a una mayor cantidad de población; haciendo ver que, si este bien era apreciado antes, con su elaboración en serie dicho aspecto aumenta y se populariza más, ello –inclusive- a un nivel nacional. El Tercer Encuentro sobre Patrimonio Industrial Guatemalteco se celebró en octubre del 2010, de nuevo, en la primera sede de este evento: el Museo del Ferrocarril. La propia convocatoria pone al descubierto que se desea expandir el estudio de dicha materia más allá 26 Cuya etiqueta se inspiró en el retrato de la k´iché Rosa de Paz (ataviada con su traje tradicional o huipil), primera reina indígena de Xelajú (concurso de belleza 1934-1935). 35 de las fronteras de Guatemala, impulsando la creación de una red de investigadores afines a este tópico y utilizando para ello la plataforma de ARQUINDUGUA (con ya 3 años de experiencia y camino andado en estas lides). Para este Encuentro hubo una disminución general en cuanto a los trabajos presentados un año antes; en específico, se impartieron 7 ponencias menos volviendo a la cantidad original de participaciones del primer evento celebrado (14 trabajos). Asimismo, continuó la tendencia de arribo de ponentes extranjeros con académicos de México (6) y de El Salvador (1) (es decir, 1 persona foránea menos que en el Encuentro anterior). A la vez, como una forma de contraste directo con los eventos anteriores, es de destacar que el tema de los beneficios e ingenios (producción agroindustrial cafetalera y azucarera) no fue abordado. No obstante, se da un énfasis27 en las fábricas –o, al menos, en productos elaborados allí y consumidos a nivel masivo- como de: pólvora, papel, tabaco, bebidas alcohólicas y carbonatadas. 27 Antes ausente. Cuadro N° 3 Síntesis de los trabajos presentados en el III Encuentro sobre Patrimonio Industrial Guatemalteco (2010) Trabajos relativos a Cantidad Tipo de economía/ industria relativa País Se menciona detalles del estado conservación de los bienes/ biografía de los bienes Vínculos con aspectos inmateriales de la cultura (e.g. prácticas, identidad, memoria, relación comunidad) Cambios en modos de vida/ producción // Historia socio- productiva Puesta en valor del recurso (turismo/ comercio/ museos) Lo conceptual: lo industrial (teórico) 1 Diversidad de escala temporal y espacial México X 1 1 X Enfocado en objetos industriales: machetes 1 Forja Guatemala X 1 X X Ferrocarril (vías férreas) 1 Transporte 1 Guatemala X X 1 X Ingenios de hierro 1 Siderurgia 1 El Salvador 1 X 1 X Inventario de cultura material (artefactos, fotografías históricas) 2 2 Forja 1 Guatemala (tipología de machetes) 1 El Salvador 1 1 1 X Sistema hidráulico (acueductos) 1 1 Abastecimiento de agua, reproducción de fuerza de trabajo 1 Guatemala 1 X 1 X Beneficios (incluye talleres) X Agroindustria Cafetalera 3 Guatemala X X 1 X Fábricas 3 Procesos fabriles en masa 1 Pólvora 1 Aguas gaseosas 1 Papel 2 Guatemala 1 México 2 1 3 (1 ** ) 1 37 Trabajos relativos a Cantidad Tipo de economía/ industria relativa País Se menciona detalles del estado conservación de los bienes/ biografía de los bienes Vínculos con aspectos inmateriales de la cultura (e.g. prácticas, identidad, memoria, relación comunidad) Cambios en modos de vida/ producción // Historia socio- productiva Puesta en valor del recurso (turismo/ comercio/ museos) Fabricación de licores 1 Procesos artesanales- fabriles Guatemala No aplica 1 1 1 Tabaco 1 Procesos artesanales- fabriles Guatemala X X 1 X Objetos religiosos en serie (turnos de procesiones) 1 No aplica Guatemala 1 1 (Jesús Nazareno de Candelaria) X X Proyectos (explícitos) de investigación enfocados en Arq. Industrial 2 1 Canal de la Perla y Centro Histórico de Torreón 1 Ingenio de hierro hidráulico 1 México (INAH Coahuila28) 1 El Salvador (UTEC29) 1 1 1 1 Educación/ Difusión del Patrimonio Industrial 1 (Centro Histórico Canal de la Perla)= radio prensa escrita y web 1 México X 1 X 1 Fuente: Elaboración propia, 2018-2020. 28 Instituto Nacional de Antropología e Historia, México. 29 Universidad Tecnológica de El Salvador. Un antecedente directo de esto es el Proyecto Arqueológico Casco Colonial de la Hacienda San José El Ingenio del siglo pasado (Rodríguez, 1995). El texto producto de este III Encuentro arranca con un trabajo de síntesis acerca de los procesos y la historia industrial en América Latina, mismo a cargo de Jorge Gómez que, valga la pena señalar, forma parte del Comité Mexicano para la Conservación del Patrimonio Industrial. Aquí el autor parte de la premisa de que hay que entender lo industrial –a nivel general- como las actividades que implican la transformación de los recursos naturales (o materias primas) en productos elaborados; esto para la satisfacción de necesidades humanas. Con esto, se “antropologiza” más el concepto de lo industrial y se le circunscribe a otras escalas de análisis, no solo la limitada a las consecuencias de la revolución industrial europea. De tal forma, industria ahora debería entenderse como “la elaboración de cualquier tipo de utensilios o bienes de consumo, bajo condiciones o grados de desarrollo productivo diversos” (Gómez, 2010, p. 2; el subrayado es nuestro). Lo cual implicaría no excluir las actividades productivas correspondientes al período precolombino; ni tampoco posteriores y distintas modalidades artesanales, de obrajes, fincas, talleres (de forja, de cerámica, de orfebrería), haciendas, beneficios, fábricas (de papel, textil y licor), ingenios, madereras, embotelladoras, vías de tránsito/ comercio, entre otras, propias de los siglos XIX y XX. Todo lo anterior sin dejar de lado “un rico conjunto de hábitos, costumbres y tradiciones que forman parte de la identidad de nuestros pueblos” latinoamericanos (Gómez, 2010, p. 3). Es decir, no queda duda –con estas simples pero contundentes definiciones y afirmaciones- que el Patrimonio Industrial posee varias caras materiales como inmateriales/intangibles. Así, por ejemplo, tenemos el caso del sistema de producción de pólvora a finales del siglo XVIII en Guatemala, misma administrada por el Estado30. 30 Para producir la pólvora son necesarios tres elementos que eran triturados y mezclados: azufre, salitre y carbón; las proporciones recomendadas eran 11%, 75% y 14% de cada uno respectivamente. Estos se molían en húmedo, se secaban y cernían por separado, para luego mezclarse (también en húmedo) y volverse a moler, secar y tamizar (lo último según la calidad esperada). 39 Debido a la distancia desde México (en Chapultepec estaba la fábrica principal) y a varias dificultades para importar este producto, para el año 1601 un ingeniero flamenco llamado Guillermo Mercado contaba ya con una licencia para la fabricación de pólvora en Guatemala. A la vez, se sabe que para 1767 debían hacerse pruebas para constatar la calidad del producto (si era delgado, fino o superfino); para ello se requería un espacio particular donde se utilizaban cañones y rifles. Un conjunto de experiencias acumuladas hace que en 1770 se funde la Real Fábrica de Pólvora, con sus instalaciones hechas en mampostería31; la cual fue ubicada en la ribera sur del río Pensativo (cerca de Antigua), hoy finca El Cabrejo, y la cual cierra en la segunda década del siglo XIX. Para la manufactura de la pólvora, viendo esto como un conjunto histórico industrial, existían y eran necesarias tomas de agua, embalses hechos en el río, taujías (canales o “acueductos”), estanques para regular el líquido, un edificio con un molino hidráulico y los morteros para moler, una casamata (almacén de pólvora), bodegas, la parte de la administración y algunos patios de secado y pruebas del material (Johnston, 2010, pp. 2, 4). Llama la atención como en pleno siglo XVIII (una fecha muy temprana) en Centroamérica las viviendas de los operarios, que trabajaban en la fábrica de pólvora, estaban apenas a 75 varas (62.7 metros) de esta; inclusive dentro de un mismo conjunto arquitectónico que se encontraba rodeado por un muro perimetral. Asimismo, para estas fechas ya existía un gremio de salitreros, personas encargadas de recuperar esta sustancia salina (Johnston, 2010, pp. 4, 6) Este trabajo de Johnston (2010) sobre la industria de la pólvora es necesario destacarlo por su nivel descriptivo, pero también por el nivel de información de fondo que brinda, entre esto él detalla los “métodos” de producción de la pólvora, las especificidades de las materias 31 Hecha a base de la mezcla de varios materiales (o ripio) constituida por cal, piedra y ladrillo; todos estos unidos con mortero. 40 primas requeridas para su fabricación, dónde estaban sus fuentes de explotación / recolección; cómo esos materiales eran tratados para adquirir las calidades necesarias y óptimas para producir el mixto de pólvora; además de cómo se ligan los diferentes procesos productivos para obtener el producto final (en conjunto con las instalaciones y máquinas requeridas), entre otros aspectos. Lo anterior, claro está, contextualizado en un plano histórico local y regional. Todo ello permite tener una visión muy clara no solo de los elementos productivo-económicos vinculados a este tipo de fábricas, sino, también; rasgos particulares relacionados con la vida obrera de finales del siglo XVIII y las primeras décadas del XIX, ello incluyendo los montos de gastos y salarios (de administradores, contadores, constructores, rescatadores de salitre, guardas, soldadores, carpinteros, operarios y empleados, entre otros), al igual que las enfermedades ligadas a las labores o datos sobre la división sexual del trabajo y cómo variaba la cantidad de trabajadores según la estación del año (Johnston, 2010, pp. 8-12). Cabe recordar que para efectos del II Encuentro fue presentado un trabajo que se enfocó en la bebida alcohólica –producida a nivel industrial- llamada Quezalteca Especial, ya para este tercer evento (organizado por ARQUIDUNGA) hubo una ponencia focalizada en las bebidas carbonatadas o gaseosas32 (Morales, Pinzón y Ranchos, 2010). Este tipo de bebidas empezó a fabricarse en la ciudad de Nueva York para el año 1832. Luego se ideó embotellar las mismas a modo que quedaran herméticamente selladas (y no perdieran el gas); arrancando así una competencia férrea por este mercado y estableciéndose marcas de renombre que aún están vigentes (ver siguiente tabla). 32 Su nombre se deriva del hecho de que son aguas saborizadas y mezcladas con gas de dióxido de carbón. 41 Cuadro N° 4 Principales y más antiguas bebidas carbonatas del mercado mundial, según su creador, lugar y primer año de producción, principales ingredientes y nombre comercial. Fuente: Basado en Morales, Pinzón y Ranchos (2010, p. 2) Nombre comercial de la bebida Primer año de producción/ salida a la venta Creador Lugar de origen Ingredientes principales Dr. Pepper 1885 W. B. Morrison Waco, Texas Mezcla de sabores Coca Cola 1886 John S. Pemberton Atlanta, Georgia Nuez de kola africana y hojas de coca Pepsi 1898/ 1903 Caleb Bradham Carolina del Norte Pepsina 7-Up 1929 - San Louis, Missouri Lima- limón Fuente: Elaboración propia, 2019-2020. Para el caso guatemalteco, a finales del siglo XIX se arranca con fábricas artesanales que ofrecían este producto; poco a poco –ello debido a competencia mundial por el mercado de bebidas y su impacto mediático- fue aumentando la instalación de puestos de aguas saborizadas y fábricas de gaseosas a lo largo de la capital. En ese contexto nace la industria de aguas carbonatadas en este país centroamericano. Para 1914 la primera fábrica importante de gaseosas en Guatemala es La Corona, cuyo producto estrella era el agua mineral artificial SALUTARIS; el cual se promocionaba para “todas las personas de delicado estómago”, es decir, era una bebida digestiva. Además, ofrecía refrescos de 23 diferentes sabores. Otra fábrica que producía agua mineral se llamaba La Sabina, misma a cargo del empresario Miguel Echeverría33 (Morales, Pinzón y Ranchos, 2010, p. 4). Luego entra en el panorama la Fábrica de aguas gaseosas Centro Americana, comerciando marcas como la Ginger Ale y otras 14 diferentes clases de aguas carbonatadas. De seguido, 33 Dentro de su publicidad afirmaba que sus bebidas eran preparadas con sal mineral de “Apollinaris”, directamente importada de Londres. Lo que garantizaría la calidad de las mismas. 42 la fábrica Eduardo Lainfiesta y Cia; ambas no sobrevivieron los embates del mercado y tuvieron que cerrar sus puertas. Todas esas fábricas contaban con un área especial para la preparación de las bebidas (el “laboratorio” que incluía filtros “Pasteur”), otra para la adición del gas y una última para el embotellado. Lo anterior sin olvidar un espacio para el “despacho” de los productos (donde se podían adquirir/ comprar); eso sí, pocas contaban con un edificio propio. Aun así, todavía existen empresas locales de bebidas carbonatas que surgieron en las primeras décadas del siglo XX y siguen vigentes. Estas arrancaron siendo, prácticamente, artesanales (con escasa maquinaria) pero fueron introduciendo distintos equipos que hicieron que su producción alcanzara un nivel industrial. Buenos ejemplos serían las fábricas La India Quiche, fundada en 1926 por José Luis Rodríguez Barrios, y la Embotelladora San Bernardino (en Mazatenango) con marcas propias como Delaware Punch, Bubble Up, Nesbitt´s y Chaps; así como las Bodegas de Carlos Kong ofreciendo productos como Splash (bebida refrescante de vino blanco y agua mineral saborizada) (Morales, Pinzón y Ranchos, 2010, p. 6). El establecimiento definitivo de la industria de gaseosas en Centroamérica se da a mediados de la década de 1940 con el ingreso del capital internacional en el ramo. El mejor ejemplo de esto es la Pepsi Cola Company (1945) y The Coca Cola Company (1960), las cuales subieron todavía más el nivel de productividad y pudieron llenar la alta demanda; esto –claro está- a costa de la desaparición de varios pequeños productores de bebidas y la instauración de fuertes alianzas comerciales con fábricas embotelladoras locales34. Paralelo a la industria de aguas carbonatadas se aborda el tema de una bebida artesanal en el contexto guatemalteco: el caldo de frutas, una especie de “aguardiente” a base de frutas 34 El caso guatemalteco más explícito se da entre la Embotelladora La Mariposa (de Enrique Castillo Hnos.) y la Pepsi Cola Company. Luego aparece la Embotelladora El Zapote “Salvavidas S.A.”. 43 fermentadas muy popular en el Municipio de Salcajá (Quetzaltenango) y cuya preparación (que data de 300 años) ya es parte de las tradiciones culturales de ese lugar. El caldo de frutas es elaborado en el seno de las familias y su consumo es interno y receloso, por ello su calificativo de bebida “clandestina”. Desde tiempos de la colonia hubo persecución y castigos a quienes produjeran estas bebidas fermentadas, hecho que no cambió con la venida de la Independencia y continuó en el siglo XX con multas y decomisos de artefactos ligados a la fabricación de dicho aguardiente. Cuando hubo mayor persecución por su clandestinidad, para proteger el producto –inclusive- se construían pasadizos debajo de las casas de habitación o este se enterraba debajo de las camas (Méndez, 2010, pp. 3, 5). Será hasta pasados los Acuerdos de Paz (y la disolución de la Guardia de Hacienda) que este licor pasa a ser considerado como uno típico de la zona de Salcajá y su consumo es más “abierto”. No obstante, aunque pierde su etiqueta de clandestinidad, sigue siendo –en términos formales- ilegal. Hoy día, aunque la venta de esta bebida es manifiesta, las botellas que la contienen no se exhiben en los aparadores de las tiendas, cantinas u en otras ventas de licor (Méndez, 2010, pp. 4-5). El conocimiento de la preparación de esta bebida se ha ido heredando de generación en generación (vía la tradición oral y las prácticas culturales/ familiares), aprovechándose el uso de frutas de la región como: mora, cereza, durazno, membrillo, nance, jocote, guayaba, manzanilla y marañón, entre otras; a las cuales se les agrega aguardiente artesanal para su mayor fermento35. Esta mezcla se preparaba, usualmente, en ollas de barro de gran dimensión; mismas que eran enterradas en el pasado por un período de 4 a 12 meses, lo que en el presente se realiza en bodegas exclusivas para este fin. 35 En la actualidad se le agrega ron u otros licores industriales. 44 Para el envasado (manual) del caldo de frutas se re-utilizan botellas desechadas, tanto de vidrio como plástico, de otras bebidas producidas a nivel industrial. Sin embargo y para el caso de las etiquetas de ciertas “fábricas”, estas si son elaboradas en serie, impresas y contienen información como la “marca”, el nombre del/la fabricante y su teléfono para pedidos. Todo ello hace más apetecible el producto y se constituye en un atractivo turístico más de la zona (a nivel nacional e internacional), lo que involucra la disposición de “etiquetas especiales” para las botellas compradas por extranjeros. En suma, el caldo de frutas se asocia con Salcajá, forma parte de su identidad cultural y las personas reconocen esto. Por su parte, otro trabajo sobre un bien de consumo que destaca se relaciona a la producción industrial del tabaco. Primero es necesario curar las hojas de esta planta al aire y al sol, luego, estas se acondicionaban y “añejaban”; un proceso donde adquirían las propiedades físico-químicas esperadas para que dicho producto pudiese ser comercializado. Una vez elaborados a mano los puros (o habanos) se les colocaba su correspondiente vitola, ello previo a ser empaquetados en cajas medidoras (de 100 unidades) (Galeotti y González, 2010, p. 5). Los españoles fueron quienes idearon las vitolas, esos cintillos que indican la marca específica y el tipo de habano. Lo anterior se hizo, por primera vez, en una fábrica de Sevilla en el año 1620. El objetivo de la vitola era (y es) evitar falsificaciones y asegurar la calidad del producto adquirido. A mediados del siglo XIX se inventó una máquina para enrollar cigarros, lo que implicó el inicio de su producción masiva, la expansión de su comercio. En esa línea, 45 El auténtico despegue de esta industria [tabacalera] que va a cubrir el mundo se produce con la máquina de vapor estadounidense Bonsack, que es capaz de liar millones de cigarrillos, invento de James Albert Bonsack, cuya patente compró James Buchanan Duke en 1885 (Galeotti y González, 2010, p. 8). En las postrimerías del siglo XIX ya existía en los Estados Unidos toda una industria de cajas de habanos y cigarrillos que presentaban diseños artísticos y a varios personajes destacados de ese entonces. Lo anterior creció exponencialmente con la avenida de múltiples medios de publicidad que propiciaban el consumo del tabaco. Por ejemplo, al comienzo de la década 1910 surgió la marca francesa de cigarros “Gauloises” y la “Gitanes” fue establecida en 1927; ambas muy reconocidas y consumidas a nivel mundial. A nivel específico, se aborda un caso de estudio particular en Centroamérica, el del tabaco en Guatemala. Al respecto, en el siglo XVI la Corona había gravado un impuesto para dicho producto (lo que se conocía como estanco36) y ya para 1792 se inaugura la Dirección General de Tabacos en la nueva Guatemala de la Asunción. En 1825 se construye una factoría de tabaco en la capital de ese país; la producción de puros va de la mano con otra industria local: los cigarros de tusa37, ello como consecuencia de la escasez de papel para liar los cigarros. La elaboración de los cigarrillos de tusa caseros era una actividad marcadamente femenina, esto sin importar la clase social; los cuales se vendían tanto en el mercado central como a domicilio (Galeotti y González, 2010, pp. 6-7). La siembra de tabaco era realizada por ladinos rurales, mientras que la fabricación de cigarros o puros estaba a cargo de españoles empobrecidos, mestizos, negros y mulatos. 36 Este fue eliminado por 5 años, ya entrada la Independencia (de 1840 a 1845), quedando así libre la siembra y exonerado de todo gravamen el producto durante ese lapso. 37 El envoltorio de la mazorca de maíz. Dentro de este se colocaba el tabaco desmenuzado. Este fenómeno también se registra en el México del siglo XVIII. 46 Al arranque de la década de 1940 se funda la Tabacalera Nacional S.A. en Guatemala, misma que produjo varias marcas de cigarrillos como: Club, Víctor, Payasos y Regios. A su vez, al oeste de dicho país se fundó la empresa Tabacalera La Altense con la oferta de sus productos Cacique y Pilot (extra suaves), entre otros. La primera de estas compañías es vendida en 1990 a la transnacional British American Tobacco, cuya casa matriz se encuentra en Honduras; pasándose a denominar TACASA (Galeotti y González, 2010, p. 12). El fenómeno anterior no es ajeno a otros países de la región, incluyendo a Costa Rica, donde los grandes emporios y el capital internacional compra las infraestructuras de exitosas empresas locales y hace que estas inversiones/ esfuerzos económicos pasen a manos de extranjeros, resultando con ello en la desaparición sistemática de las industrias locales. Otra interesante investigación se desarrolla respecto a la Fábrica Papelera de Peña Pobre, fundada en 1924 por Alberto Lenz y ubicada al sur de la ciudad de México, donde se contextualiza cómo fue necesario para el desarrollo industrial/ productivo la importación de nuevas tecnologías, así como el apoyo del capital extranjero para el acceso a maquinaria sofisticada cuyo uso era asesorado –en muchos casos- por personal técnico foráneo. En Peña Pobre se llegó a producir un promedio de 20 toneladas de papel, ello a través de una operación continua las 24 horas al día (de 3 turnos de ocho horas de los operarios)38. Aquí se hace énfasis en las calderas, o generadores de vapor; mismas requeridas por las altas necesidades energéticas de la planta papelera en cuestión39 (Lucas, 2010). Así, Un generador de vapor es la unidad compuesta de dos o más recipientes [sujetos] a presión [es decir, las “calderas” junto a la], tubería, aparatos y dispositivos especiales que tienen por objeto aprovechar la mayor cantidad de 38 Este nivel de producción solo era superado por la fábrica papelera San Rafael. 39 Misma que cierra sus puertas el 17 de marzo de 1986. 47 vapor proporcionada por un combustible [petróleo crudo], para obtener vapor en las mejores condiciones y con la mayor eficiencia (Vázquez, 1959, p. 52) Esta planta contaba con dos fábricas: la de celulosa40 y la de papel. En la primera destacó una antigua caldera “San Francisco”. Esta área especializada contaba con espacios y maquinaria como: las “tongas” (depósitos de madera), el chiper –o triturador-, tanques donde se almacenaba la madera ya triturada (silos), 3 hervidores (1 manual y 2 automatizados), un receptáculo de 9.000 litros para agua, espacios para las laminadoras, los laboratorios y un almacén de químicos; además de donde se ubicaban las turbinas y las calderas. Todos los espacios y la maquinaria antes enumerada ya no existen. Para el caso de la fábrica de papel se conservan solo su “casco fabril” y los tiros de las chimeneas en tabique. No obstante, se sabe que en dicha área hubo 3 calderas alemanas con tabique refractario y una turbina (Lucas, 2010, p. 3). Para la conocida “Área de calderas o Planta de fuerza”, un apéndice energético de la planta productiva (de 700 m2 y con una altura máxima de 20 metros), si se conserva alguna maquinaria, por ejemplo turbinas y calderas con forro de lámina; mismas con su complejo sistema de tuberías (“planchas cilíndricas”) que sobrepasaban los 600o C y distribuían el vapor a otros contenedores que soportaban (como tope) 70-80 kilogramos de presión de vapor –antes de distribuir el mismo a los demás equipos en operación por medio de tubos, válvulas y llaves de paso41-. Dichas calderas contaban con alturas entre los 7 y 11 metros. Además, había zonas de ignición compuestas por sus “hogares”, cámaras donde se realizaba la combustión (Lucas, 2010, pp. 4-5, 7). 40 Materia prima necesaria para la producción de papel a base de madera. 41 Tal es el caso de las enrolladoras, cortadoras, transportadoras y la energía para las oficinas. 48 Este muy detallado trabajo, el cual incluye las marcas de las calderas usadas, también explora aspectos de acondicionamiento de la fábrica para un mayor confort de los operarios (e.g. ventilación, ruido), lo que hoy día calificaríamos como de salud ocupacional; así como ciertas dinámicas internas entre los fogoneros, el turbinero y sus controles cruzados para el buen funcionamiento del equipo, los cambios de turno y la hora de comer, todo ello para un contexto latinoamericano con énfasis en el lapso de 1940 hasta mediados de la década de 1980. También para México se aborda la arquitectura industrial de la ciudad de Monterrey desde una perspectiva de su valor social (de uso) y simbólico42. Haciendo ver con esto que esos inmuebles –y su arquitectura en sí- están llenos de vida, historias, modas y conceptos visuales que caracterizan su período de uso/ ocupación, es decir; su interés y análisis debe ir más allá de los elementos estéticos. De tal modo, La reutilización de tales inmuebles favorecen por una parte, la conservación de una arquitectura industrial y de algunos de sus elementos que, no obstante su descontextualización, no dejan de ser claro ejemplo del desarrollo de nuevas técnicas y del empleo de materiales de construcción de su época, además de promover la creación de una conciencia del patrimonio industrial de la comunidad donde se encuentra (Tovar y Malbrán, 2010, p. 3). Por ello es fundamental indagar en las significaciones fundadas en el vínculo entre las personas y ese tipo de infraestructuras industriales. En otras palabras, estudiar “lo industrial” no puede desligarse de las historias culturales y laborales desarrolladas entorno a las edificaciones fabriles. 42 Los cuales en tándem le dan un valor patrimonial. 49 Este caso de Monterrey es (literalmente) emblemático, esto ya que en el escudo de armas del Estado de Nuevo León (1943) está incorporado, en uno de sus cuadrantes –el inferior derecho-, un símbolo que representa el complejo industrial de esta ciudad; definiendo así a dicho Estado como industrial y a sus habitantes como obreros de fábricas, además de construir con ello una identidad colectiva muy fuerte43. La imagen es una reminiscencia del horno alto 1 (con sus 5 estufas de precalentamiento) de la antigua Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey S.A. (Tovar y Malbrán, 2010, p. 5). Esta compañía fundidora (primera acerera de América Latina) fue abierta en el año 1900 y dura en operaciones 86 años. Su establecimiento como tal empieza a cambiar el paisaje urbano- arquitectónico y social del oriente de esa ciudad regiomontana, migrando hacia ella múltiples obreros y una masiva fuerza trabajo especializada; la cual poseía una estructuración definida del tiempo (según los horarios de esta fábrica) y ello influía en la cotidianidad de toda la urbe. A la vez, al norte de Monterrey había un elegante edificio que formaba parte del antiguo complejo de la Cervecería Cuauhtémoc (fundada en 1890), este construido en tres etapas, la última de ellas en 1905. Esa obra de cinco pisos y una cúpula central en su vértice contaba con vigas “l” dobles de acero en sus columnas, mismas forradas en concreto, además de muros hechos de sillar y tabique. Todas las ventanas de su fachada ostentaban arcos y los pisos internos eran de barro cocido (Tovar y Malbrán, 2010, pp. 13-14), acabados muy elegantes. Luego de un fallido intento de apertura, que involucró la quiera de otra empresa afín, en 1909 se instaura la Vidriera Monterrey (VITRO) con una edificación de ladrillo compuesta por cuatro columnas de hierro, un techo de lámina de “fierro”, mosaicos y varios acabados 43 En particular, lo que se representa es la industria nuevoleonesa a través de una fábrica con 5 chimeneas humeantes. 50 internos en madera; empresa que contratara a muchos trabajadores (Tovar y Malbrán, 2010, p. 14). Así la identidad de los habitantes de Monterrey, en relación a la vida laboriosa y fabril de esta ciudad (aquí estaba presente tanto una compañía acerera, como una vidriera y una cervecería), comenzaba con su nacimiento y cuido en la Maternidad María Josefa de Fundidora, uno de los beneficios que poseían los hijos (y la familia en sí) de los operarios de una de las fábricas en cuestión; lo mismo que acudir a las escuelas construidas por las empresas, hacer deporte en sus terrenos o sustituir en el trabajo a los padres cuando ellos se pensionaban, además de casarse en el Centro Social “de Fundidora” y hasta ser despedido de este mundo en velas organizadas por los propios sindicatos de obreros (Tovar y Malbrán, 2010, p. 6). Este trabajo de Tovar y Malbrán (2010, pp. 8-12) da muchas pistas acerca de acciones concretas para transformar y resignificar antiguos espacios industriales en lugares recreativo- culturales y educativos. Algunos de esos elementos, si bien antes habían sido pensados y considerados para locaciones nacionales como Abangares y Tortuguero, con los ejemplos materializados en Monterrey cobran fuerza en cuanto a su potencial de implementación en Costa Rica. Todo lo anterior se sintetizaría en la siguiente máxima relacionada al patrimonio industrial (mueble e inmueble) de nuestros países centroamericanos: “Los objetos se convierten en documentos in situ de los procesos industriales que les dieron origen” (Tovar y Malbrán, 2010, p. 11). 51 Por otro lado, tenemos un ejemplo de la siderurgia44 en El Salvador. Para este país se cuenta con los trabajos pioneros de William Fowler en el sitio arqueológico Ciudad Vieja, donde localizó dos herrerías de la primera mitad del siglo XVI; en estas se habrían manufacturado varias herramientas y armas (Fowler y Gallardo, 2002; Fowler, 2003 en Erquicia, 2010, p. 1). Ya para el siglo XVIII la industria del hierro comienza con la explotación (a través de minas abiertas) de yacimientos de ese metal en la localidad de Metapán (conocida con el mote de “Metapán del fierro”), destacándose que el aumento en esta extracción se liga también a la necesidad directa de confeccionar equipos para los obrajes de añil distribuidos en ese país (Erquicia, 2010, p. 1). En síntesis, luego de un primer procedimiento más de corte artesanal (“refogar”), las rocas con hierro eran llevadas a los ingenios para ser fundidas. Allí el material se disponía en hornos (de “una vara de alto por una de circunferencia”) que llegaban a alcanzar una temperatura de 1540o C por medio de carbón vegetal y corriente de aire de soplo. Dichos hornos poseían una concavidad central y usaban fuelles (o “barquines”) movidos vía fuerza hidráulica. Ya frío el hierro, este se cortaba y se martillaba (Erquicia, 2010, pp. 2-3). De tal forma, Erquicia (2010, pp. 3-11) presenta un inventario de los ingenios de hierro salvadoreños, el traspaso de propiedades (arrendamiento) a lo largo del tiempo, pagos y costos de impuestos de operación (funcionamiento comercio y explotación). Los siguientes son los ingenios registrados. -El ingenio de hierro Atapasco (Quetzaltepeque) de los siglos XVII y XVIII, perteneciente en un principio a la orden de dominicos, con restos arqueológicos asociados y ubicados a la orilla del río Sucio (hoy hacienda Río Claro) tales como: cimientos, paredes, muros de 44 Sector de la industria del metal ligado a la extracción y trabajo del hierro. 52 contención, canaletas, pilas de caída y contención de agua; todos ellos ligados a la inversión de fuerza hidráulica para la fundición del hierro. -El ingenio de hierro Santo Ángel de la Guarda (Sonsonate) del siglo XVIII y movido por el río Grande. Este también perteneció en sus inicios a los religiosos dominicos y solo se conservan algunas paredes principales de este y un posible horno de fundido. -El ingenio de hierro San José (Metapán) de la familia Luna de finales del siglo XVIII y siglo XIX. Este está ubicado en el actual Parque Nacional de Montecristo y sus máquinas eran movidas por el río San José. Se conservan solo algunas paredes con inscripciones. -El ingenio de hierro San Miguel (Metapán) de la familia Arbizú. De todos, este es el ingenio registrado en el proyecto que cuenta con las proporciones más grandes. Parece que fue contemporáneo al ingenio de San José, o sea, arranca su funcionamiento en el último cuarto del siglo XVIII; pero sobrevive hasta las postrimerías del XIX. Su fuerza hidráulica era alimentada por el río San Miguel El Ingenio (nombre explícito en asocio a la actividad productiva industrial). Aun se pueden observar allí ciertas canaletas, muros de contención, paredes, cimientos, columnas, pilas de caída y contención de agua; pero sobre estos restos se han ido construyendo casas modernas, lo cual está alterando dichos vestigios. -El ingenio de hierro El Rosario (Metapán) del siglo XIX con poca información documental y de un propietario de apellido Planas. Se conserva en un muy buen estado la antigua casa patronal asociada (con algunos elementos arquitectónicos originales intactos). En contraste, el ingenio está bastante deteriorado en ciertos puntos, pero se observan algunas estructuras en mampostería, piedra y ladrillo; mientras 15 pilastras y toda la parte superior de la canaleta lucen incólumes. El río El Rosario fue la fuente energética de este inmueble. 53 -El ingenio de hierro Santa Gertrudis (Metapán). Cuenta con datos de su existencia para inicios del siglo XIX, mismo perteneciente a Antonio Martínez. Al igual que en el resto de los ingenios descritos, aquí existió en su momento una canaleta principal sobre la que bajaba el agua hacia una pileta que hacía girar una rueda de madera; lo cual producía la energía hidráulica necesaria para las labores desarrolladas. El río aprovechado para la producción fue el Tahuilapa. -El ingenio de hierro San Francisco de Paula o El Brujo (Metapán) de principios del siglo XIX y en la propiedad de Juan de Dios Mayor; este es el inmueble más pequeño de todos los registrados. Fue el último ingenio construido durante el auge de explotación del hierro en esta zona y estuvo en operación muy pocos años. Era alimentado por el caudal de los ríos El Brujo y Anguitu; dentro de sus restos se conserva una larga canaleta que conducía el agua – por lo menos- por 200 metros y un puente de mampostería para esta canaleta. Hoy día el espacio del antiguo ingenio es utilizado como un establo de ganado. -El ingenio de hierro El Carmen (Metapán) funcionó desde mediados del siglo XVIII (primer ciclo sidedúrgico del Reino de Guatemala), a cargo de Juan Bernardo Posadas, hasta el siglo XIX; con la característica particular que sus operaciones se circunscribían –prácticamente- a la época de invierno. Es muy probable que la importancia y el nivel de producción, sobre los demás ingenios del área, sea lo que explique la complejidad arquitectónica y dimensiones de sus edificaciones que eran alimentadas por el río Chimalapa. Se conservan 2 canaletas que se dirigían a las piletas, paredes de fachada, los cimientos, etc. Aunque cercadas por el actual propietario, las ruinas están expuestas por su cercanía a una carretera; donde son aprovechadas por los conductores para hacer sus necesidades. -El